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ECOS DE SILENCIOS
...PORQUE ES DEMASIADO ABURRIDO SEGUIR Y SEGUIR LA HUELLA...
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hanz polilla (en algún lugar, hace algun tiempo)
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PERDÓNEME USTED
por Arturo Accio (México, 1975)




Perdóneme usted,
no le conozco,
no sé de doctorados,
de pedigríes,
de honorabilidades bien ganadas.

Perdóneme usted,
anciano,
joven,
profesor,
golfo,
patán,
maniaco,
farmacodependiente,
cura,
madre soltera.

Perdóneme usted,
soy un estorbo insignificante,
nada de qué preocuparse,
siga con su vida,

hágame el favor de tirar esto que está leyendo
no le va a gustar se lo anticipo.

Perdóneme usted,
por qué escribir con dolor afea el panorama,
nos recuerda que existe la mierda,
los limpia botas,
cadáveres en las alcantarillas,
desaparecidos,
injusticias sin perseguirse,
hígados en la calle casi reventados
sin mucha justificación.

Perdóneme usted,
de corazón lo digo,
como el canto de los perros que me arrulla,
sepa usted ser más gentil que este yo,
mis días han sido horribles
he odiado la genialidad
sin tener derecho a hacerlo,
mis días mejoran por lo regular después de media noche.

Perdóneme usted,
tengo demasiado miedo,
la ciudad está muda, nadie habla y eso es espantoso;
no pasa nada importante;
sólo mi hundimiento normal,
mi bostezo de seguridad antes de mirar al piso.

Perdóneme usted,
soy demasiado propenso al alcohol barato
y a quedarme ciego,
nadie meterá las manos al fuego por mí;
de vez en cuando consigo tener mis orgasmos prudentes,
con alguna nadie,
le aseguro que no son nada ruidosos,
justos para quitarme las ganas.

Perdóneme usted,
no le encuentro sabor al té de medio día,
a beber de una copa degustando,
a mirar el tenis con cuidado;
el tiempo de las bestias ha regresado a mí
y he perdido la brújula de mi existencia.

Perdóneme usted,
el humo de los holocaustos no me deja ver bien,
esa constante tiniebla llena de fetidez mi existencia;
me divierte quebrar las cosas,
maldecir cuando pierdo el control;
mi dicha consiste en no pensarlo mucho.

Perdóneme usted,
productor de cine,
ama de llaves,
gerente de sucursal,
mesero reprobado,
ilustre humanista,
sepan ustedes excusarme,
ni yo entiendo lo que escribo.



Tomado de la Revista Ecos De Silencios, 3
 
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