Mi segunda Maestría y el repaso del fin de semana
Como si me faltaran pretexto para un salir a festejar en fin de semana, el viernes me enteré que conseguí la excelencia académica en mi segunda Maestría. Ahora viene todo el papeleo y, conociéndome, quizá no me de tiempo de realizar cada uno de los trámites. El problema es que la realicé con la Universidad Autónoma de Barcelona y de no tener toda la documentación efectuada para los primeros días de enero tendré que efectuar de manera personal el trámite de titulación en España. No es tan grave, al fin y acabo la vida me daría un pretexto para viajar.
Hablando de viajes, me enteré el fin de semana que mi hermana y mi madre desean pasar el año nuevo en Nueva York. Bonito plan, así que me les uniré. Además, todavía tengo por ahí la posibilidad de un viaje express a Venezuela o quizá a Centroamérica. Por viajes no pinta mal los últimos meses del año.
En cuanto a mis actividades, el jueves fui a ver dos películas (El ilusionista y El decadente). El problema fue el exceso de palomitas. Todavía en la noche me sentía una bola cuando fui a una galería de arte, y más tarde en una fiesta de sombreros (que estuvo regular).
El viernes salí con un amigo, su esposa y su cuñada. Primero a su bar, donde efectuamos juegos de borrachos (como si a él le hicieran falta jueguitos tontos para beber) y más tarde al bar Bar. Creo que los juegos etílicos se excedieron por que, al poco tiempo de llegar, ambas mujeres terminaron roncando en un sofá. La botella de Absolut ya estaba servida en la mesa así que no quedó más remedio que terminárnosla entre él y yo.
El sábado una fiesta familiar. Siempre es interesante ver como con los años se rompe la brecha generacional entre padres e hijos, sobrinos y tíos. Se llega a una edad en que simplemente te conviertes en adulto. La salvedad se presenta con los ancianos. A veces, poco a poco con los años llegan a están sin estar. Pero bueno, mañana es mi cumpleaños así que será mejor no comenzar a hablar del tema de la edad.
Hablando de viajes, me enteré el fin de semana que mi hermana y mi madre desean pasar el año nuevo en Nueva York. Bonito plan, así que me les uniré. Además, todavía tengo por ahí la posibilidad de un viaje express a Venezuela o quizá a Centroamérica. Por viajes no pinta mal los últimos meses del año.
En cuanto a mis actividades, el jueves fui a ver dos películas (El ilusionista y El decadente). El problema fue el exceso de palomitas. Todavía en la noche me sentía una bola cuando fui a una galería de arte, y más tarde en una fiesta de sombreros (que estuvo regular).
El viernes salí con un amigo, su esposa y su cuñada. Primero a su bar, donde efectuamos juegos de borrachos (como si a él le hicieran falta jueguitos tontos para beber) y más tarde al bar Bar. Creo que los juegos etílicos se excedieron por que, al poco tiempo de llegar, ambas mujeres terminaron roncando en un sofá. La botella de Absolut ya estaba servida en la mesa así que no quedó más remedio que terminárnosla entre él y yo.
El sábado una fiesta familiar. Siempre es interesante ver como con los años se rompe la brecha generacional entre padres e hijos, sobrinos y tíos. Se llega a una edad en que simplemente te conviertes en adulto. La salvedad se presenta con los ancianos. A veces, poco a poco con los años llegan a están sin estar. Pero bueno, mañana es mi cumpleaños así que será mejor no comenzar a hablar del tema de la edad.
Bares de intercambio de pareja
Llegué tarde al Big Red con dos amigas mientras ellos ya esperaban.
-¿Sabes? -me dijo uno de ellos- La amiga de mi prima, que estuvo hace rato, nos platicó cosas bien locas. Le gustan los bares de intercambios de parejas y ese tipo de cosas. Una vez ella fue con un amigo y lo primero que les pidieron fue que se quitaran el pantalón y la falda para entrar sólo en ropa interior. El problema era, que ella llevaba una diminuta tanga transparente y no deseaba pasar así, por lo que el amigo se puso solidario y decidió cambiar de ropa con ella. Al final, él entró con la tanga y ella en calzoncillos.
-¿Solidario? -pregunté- a mí se me hace que el dichoso amigo estaba caliente y quería entrar aunque fuera en tanga. Como sea, que desagradable que también fuera la primera experiencia de muchos y lo primero que veas al llegar sea la imagen de un tipo gordo, en tanga y con el trasero peludo.
-Sí, que asco -comentó una amiga.
-El asunto es -continuo mi amigo- que les pusieron nombres a todos. Posteriormente, con unos listones…
-¿listones? -interrumpió mi amiga- ¡Ah! ¡Era en la Envidia!
Todos nos quedamos mirándola. ¿Qué? -preguntó ella intrigada. ¿Conoces el lugar? -pregunté. Al darse cuenta de lo que implicaba su cometario quiso dar una rápida respuesta. Este…eh… no, lo que pasa es que ya me habían contado.
-Si claro, -interrumpí- seguro la “amiga de una amiga” te contó. Que se le va a hacer, te traiciono el subconsciente. Mejor cuéntanos tú que es lo que pasa ahí.
Ella sólo rió disimuladamente al tiempo que daba otro trago a su vodka.
-¿Sabes? -me dijo uno de ellos- La amiga de mi prima, que estuvo hace rato, nos platicó cosas bien locas. Le gustan los bares de intercambios de parejas y ese tipo de cosas. Una vez ella fue con un amigo y lo primero que les pidieron fue que se quitaran el pantalón y la falda para entrar sólo en ropa interior. El problema era, que ella llevaba una diminuta tanga transparente y no deseaba pasar así, por lo que el amigo se puso solidario y decidió cambiar de ropa con ella. Al final, él entró con la tanga y ella en calzoncillos.
-¿Solidario? -pregunté- a mí se me hace que el dichoso amigo estaba caliente y quería entrar aunque fuera en tanga. Como sea, que desagradable que también fuera la primera experiencia de muchos y lo primero que veas al llegar sea la imagen de un tipo gordo, en tanga y con el trasero peludo.
-Sí, que asco -comentó una amiga.
-El asunto es -continuo mi amigo- que les pusieron nombres a todos. Posteriormente, con unos listones…
-¿listones? -interrumpió mi amiga- ¡Ah! ¡Era en la Envidia!
Todos nos quedamos mirándola. ¿Qué? -preguntó ella intrigada. ¿Conoces el lugar? -pregunté. Al darse cuenta de lo que implicaba su cometario quiso dar una rápida respuesta. Este…eh… no, lo que pasa es que ya me habían contado.
-Si claro, -interrumpí- seguro la “amiga de una amiga” te contó. Que se le va a hacer, te traiciono el subconsciente. Mejor cuéntanos tú que es lo que pasa ahí.
Ella sólo rió disimuladamente al tiempo que daba otro trago a su vodka.
Martes por la ciudad
Tuve un tiempo libre y fui a perfeccionar mi “técnica” en las maquinas tragamonedas. El secreto es, según mi punto de vista, estar siempre consiente de que las maquinas están diseñadas para que la casa gane y tu pierdas. ¿Cómo revertir esta tendencia? Con variaciones en el monto de las apuestas, las líneas que se juegan, en fin, cuando perfeccioné la técnica quizá escriba un libro y me haga millonario a costa de apostadores compulsivos (por lo menos creo que voy bien, he ganado las últimas seis veces que ido).
Estaba en mi investigación de campo cuando sonó el teléfono. Era mi primo para invitarme a salir. Acepté. Además, iba ganando y siempre es bueno saber retirarse a tiempo. Terminamos en el bar de mis amigos pero estaba vacio. En martes no teníamos muchas opciones así que decidimos cenar ¿la Mansión o el Bellini? Escogimos comer acompañados de la vista de la ciudad.
Subimos al piso 45 del WTC. Estábamos a punto de comenzar a cenar cuando, por las luces, me percaté de que había un evento en Sky Bar (un piso arriba). Subí a investigar. Era un evento privado para la presentación de una cadena hotelera (o algo así). Disimuladamente tomé un fólder promocional y bajé por mi primo. Le pregunté si quería cenar o beber. Decidió lo segundo, no por nada somos familia.
Con fólder en mano, entré confiado al lugar. Un guardia de seguridad se me acercó a preguntar ¿viene al evento? Contesté con un rotundo “si”. No mentí. Iba al evento, que no tuviera invitación era otro asunto. Nos sentamos en la barra y pedimos un whisky y una cuba. Al segundo trago nos dimos cuenta de que el evento era de barra libre. Iba a ser una noche larga.
Estaba en mi investigación de campo cuando sonó el teléfono. Era mi primo para invitarme a salir. Acepté. Además, iba ganando y siempre es bueno saber retirarse a tiempo. Terminamos en el bar de mis amigos pero estaba vacio. En martes no teníamos muchas opciones así que decidimos cenar ¿la Mansión o el Bellini? Escogimos comer acompañados de la vista de la ciudad.
Subimos al piso 45 del WTC. Estábamos a punto de comenzar a cenar cuando, por las luces, me percaté de que había un evento en Sky Bar (un piso arriba). Subí a investigar. Era un evento privado para la presentación de una cadena hotelera (o algo así). Disimuladamente tomé un fólder promocional y bajé por mi primo. Le pregunté si quería cenar o beber. Decidió lo segundo, no por nada somos familia.
Con fólder en mano, entré confiado al lugar. Un guardia de seguridad se me acercó a preguntar ¿viene al evento? Contesté con un rotundo “si”. No mentí. Iba al evento, que no tuviera invitación era otro asunto. Nos sentamos en la barra y pedimos un whisky y una cuba. Al segundo trago nos dimos cuenta de que el evento era de barra libre. Iba a ser una noche larga.
Intentando revivir esta bitácora
Mi blog esta casi muerto. No es tan grave. Es como volver a escribir en una hoja en blanco solo para mí. En realidad, no quiero que muera el hábito pero últimamente no sé de que escribir. Quizá alguna idea me llegará esta noche. Con una amiga salí a un evento en la Condesa. Ella me relata que pasó la semana en Nueva York, cortesía de un amigo gay que la invitó con todos los gastos pagados. Sin duda, le dio un buen recorrido por la ciudad. La llevó en helicóptero a conocer la estatua de la libertad, obras en Broadway y buenos restaurantes. No se puede quejar. ¿Dónde se consiguen amigos así? Pensé que sería lindo tener una amiga gay que me invitara a Paris o las Vegas.
La plática continúo. Me confesó que sueña conocer Estambul y yo le relaté un par de anécdotas de mi viaje a Turquía. Cuando ella fue al baño pensé en mi blog. Quizá debería de escribir sobre mis viajes, hay muchos de los que no he escrito ni una sola palabra. Pero son historias largas, quizá después. Primero seguiré con historias banales etílicas, quizá escriba la anécdota que ella me acaba de contar. Una noche pasó 45 minutos intentando abrir un coche que no era el suyo.
Mi amiga regresa del baño y partimos a otro bar. Terminamos la noche en Pata negra hasta que nos prendieron las luces y comenzaron a trapear. Son casi las cinco de la mañana. Yo estoy filosofando de tener algunos amigos que ya se han hecho viejos, pero me doy cuenta que tan solo es un síndrome precumpleaños. Me abrigo y busco mi auto. Al final, me quedé sin historia para el blog. Ya mañana será.
La plática continúo. Me confesó que sueña conocer Estambul y yo le relaté un par de anécdotas de mi viaje a Turquía. Cuando ella fue al baño pensé en mi blog. Quizá debería de escribir sobre mis viajes, hay muchos de los que no he escrito ni una sola palabra. Pero son historias largas, quizá después. Primero seguiré con historias banales etílicas, quizá escriba la anécdota que ella me acaba de contar. Una noche pasó 45 minutos intentando abrir un coche que no era el suyo.
Mi amiga regresa del baño y partimos a otro bar. Terminamos la noche en Pata negra hasta que nos prendieron las luces y comenzaron a trapear. Son casi las cinco de la mañana. Yo estoy filosofando de tener algunos amigos que ya se han hecho viejos, pero me doy cuenta que tan solo es un síndrome precumpleaños. Me abrigo y busco mi auto. Al final, me quedé sin historia para el blog. Ya mañana será.














