EConde: Diario de un borracho
Por que no todo es alcohol, anotaciones de cuando estoy sobrio
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Me encanta viajar y he contado con la fortuna de poder conocer un poco de los cinco continentes, disfruto mucho de la literatura y el cine... pero sobretodo soy un ser social que ama las fiestas

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Entre bodas y cumpleaños
Este fin de semana se casó uno de mis mejores amigos en Cuernavaca, y antes (el viernes para ser exacto) fue el cumpleaños de otro. No se si fue por culpa del mariachi, pero al despertarme el sábado para ir para la boda, no amanecí crudo sino todavía borracho (odio que pasé eso). Al ver a mis amigos me di cuenta de que ellos lucían peor pero mal de muchos, consuelo de tontos. A pesar de la demora por culpa de nuestras respectivas desveladas (nos quedamos de ver a las 8:30 am y salimos dos horas después) llegamos 5 minutos antes de comenzara la misa religiosa. Para la boda civil le dije a mi amigo que, aunque no creía que hiciera falta, leyera las letras pequeñas antes de firmar. Se rió, pero eso si, se tardo un buen rato leyendo el documento (al igual que ella). Al final, una linda boda y un soltero menos, supongo que es un buen balance.

Después de la boda seguimos festejando en la casa de un amigo en Cuernavaca hasta la madrugada. El domingo cada quien se fue despertando como pudo pero, unos para curarse la cruda y otros para conectarla, todos volvieron a beber. Las mujeres traían buena disposición etílica y yo también, pero el cansancio se hacia presente en el grupo después de tantas desveladas y ya el cuerpo pedía descanso, ¿la solución? una pequeña siesta y todos volvían, incluyéndome, con ánimos renovados. Nos dimos cuenta que nos la estábamos pasando tan bien que decidimos quedarnos un día más.

Este lunes a medio día, los veía contentos con chela en mano y mejor dije basta, habría que volver sino nos esto iba a ser el cuento de nunca acabar. Además, el fin pasado estuve en Morelia, este en Cuernavaca y a partir de la próxima estaré varios días en Guadalajara así que ya tengo algunos pendientes de trabajo y con la tesis de la segunda maestría, pero eso si, lo bailado nadie me lo quita.

PD: Copié algunas partes del texto de Big Blogger porque si no pas
ó días y no actualizó esto (me esta costando trabajo mantener el hábito)

 
Nos amamos, nos casamos, te invitamos
Por fin recogí la invitación de la boda de Bernardo (estaba en el bar de mis amigos). Me gustó la frase impresa; efectiva sin ser cursi. En realidad, había ido al bar a ver al futuro esposo. -Son mis últimos días de soltero -me dijo- hay que vernos para festejar. Buena idea, lastima que el lacra nunca llegó. Sin embargo, dio la casualidad que hoy era el cumpleaños de una amiga (no cercana pero amiga) así que no la pase mal.

Tenía una junta de trabajó, y para cuando llegué al bar, ya todos parecían alegres bailarines al caminar. Se deslizaban tambaleándose entre las mesas como inquietos trompos rodantes. De un lado para otro, iban haciendo equilibrio para no caerse y solo por arte de magia no terminaban en el piso. Pero este mundo no es mágico. La fortuna les falló, y no una, sino varias veces hasta terminar embarrados en el piso (mañana traerán raspones y seguro no sabrán ni porque).

Un amigo me abrazó apenas estaba entrando. Me miró a los ojos y me dijo serio:
-De los once que me faltaban, ya solo me faltan seis.
Guarde silenció.
-Bueno, a ti no te puedo mentir… Ok, ok. En realidad me faltan tres.
Seguí en silenció. No era porque dudará de lo que me decía, sencillamente no sabia de que carajos me hablaba.
-Esta bien, esta bien… yo que he viajado contigo a África, a Sudamérica… y a África, y a…. bueno, y a donde diablos hayamos viajado. A ti no te miento: Son solo dos. Me abrazó y me dijo con tono serio: Te quiero cabrón. Ante tal muestra de sinceridad y afecto, sólo me quedó abrazarlo y decirle que todo iba a estar bien (ya más tarde me trataría de enterar de que diablos me hablaba).

La gente es muy sincera cuando se emborracha. No sé si por estar sobrio, pero hoy puse especial atención a algunas frases de las conversaciones:
-No soy fea, se que valgo la pena… -Me dijo ella con mirada triste (es linda: piel blanca, rubia de ojos verdes)- ¿Por qué amó y a mi nadie me ama? -se cuestiona al tiempo que sus ojos se llenan de lágrimas.
-¿No estas desilusionado de mi? -me pregunta un amigo, ya un poco entrado en copas- ¿Verdad que no estas desilusionado de mi? ¿Verdad que me comprendes?- (digamos, que en estos momentos él esta haciendo un fraude educativo). No sé que le contesto. Para empezar, ¿quién soy yo para andar desilusionándome de alguien? Se que el alcohol habla por él, pero de todas formas le doy unas palabras de aliento. Me escucha y después me abraza. Algo similar pasa con mi amiga. Nunca me he considerado alguien que da buenos consejos, quizá no los doy. Muchas veces la gente no quiere que le digas como resolver su vida sino simplemente que la escuches; al parecer eso si lo se hacer.

Más tarde, la festejada (quien terminó en el piso en un par de ocasiones) regresó al bar. Había perdido su cámara digital. Su hermano y su novio la sermonean, al parecer, lo tiene muy merecido por ponerse tan borracha. Ella llora mientras va de un lugar a otro buscando su cámara. Yo perdí mi cámara hace poco tiempo y se lo mal que se siente (no la perdí literalmente, pero eso es otra historia). Me pongo en su lugar y me doy a la tarea de buscarla: ¡esa cámara va aparecer!

Buscamos en todos lados pero la cámara no esta y ella esta muy borracha para recordar donde fue la última vez que la vio. Para esa hora solo quedábamos los dueños del bar, el cantinero, un mesero y yo, y ninguno de nosotros la tenía así que, o estaba en el piso o uno de sus amigos se la queriía robar. Para no hacer el cuento largo, (porque duro un buen rato la búsqueda) ésta apareció gracias a que el ladrón cometió un error (un amigo suyo, por cierto): el cordón de la cámara se asomaba del bolsillo trasero de su pantalón.

Para colmo, después de que la dueña, enfrente de todos, le arrebato la cámara de su trasero él simplemente lo negó. -¿Cuál cámara? ¿De que hablan? Yo no vi nada- dijo cínicamente como si nada hubiera pasado. No era mi cámara, no era mi problema pero me dieron ganas de golpear a ese cabrón, ya no tanto por su intento de robo sino por su cinismo. Me calme y… (Creo que ya me quedó muy largo este post). Mmm... ya es tarde, será mejor dormir. Para otro día serán mis relatos. No hay nada memorable, solo cosas de borrachos.

 
Hipódromo
El sábado fui al hipódromo, era cumpleaños de mi hermana y decidió comer en el restaurante 1943 mientras hacíamos apuestas. Un trago en mano y el placer de apostar, recordé al escritor Bukowski. Muchos no saben que hacer en la media hora de espera entre carrera y carrera; él bebía. Yo también lo hago y nunca me he aburrido.

Para la segunda carrera hice una mala apuesta. Mi caballo no llegó en segundo lugar ni en tercero, sencillamente nunca llegó; quedó tendido a unos metros de la meta. No sé si sufrió un infarto o se tropezó con las patas traseras pero al caer tuvo una muerte instantánea. El jockey también quedó bastante mal herido.
-¿Qué le van a hacer al jockey? -preguntó un amigo mientras llegaban las asistencias.
-Si se rompió una pierna lo van a tener que sacrificar.
-¿En serio? -contestó sorprendido.
No respondí, sencillamente hay gente que no entiende el humor negro.

Mi hermana se puso un poco triste por el caballo muerto. Para que se sintiera mejor pensé en hablarle del cielo de los caballos o decirle alguna cifra comparativa, algo así como que mueren más animales en corridas de toros o pingüinos en manos de cazadores canadienses. Al final, mejor sólo guardé silencio.

Las carreras prosiguieron sin mucha suerte. Ahora si llegaban los caballos pero no en la posición que yo hubiera deseado, y cuando lo hicieron, mis quinielas pagaron poco. Tengo más suerte apostando a los galgos. Como sea, no estaba ahí para hacer fortuna sino para festejar el cumpleaños de mi hermana. Aunque cancelé un plan en Cuernavaca para estar con ella, no me arrepiento. Es bueno estar con la familia, y cuando menciono a familia hablo en general, aunque sea de vez en cuando, porque eso de esperar sólo a las bodas y funerales no es muy sano. Sobre todo cuando ya quedan pocas primas solteras y cada vez son menos los viejitos.

 
Despertando
La luz del día me da en la cara y descubro que amanecí borracho ¿Por qué será? Según yo no bebí tanto… ¿o si? Trato de hacer memoria mientras busco mi reloj para ver la hora. Recuerdo que me habló Caro y la alcancé en la cantina La polar para convivir con una semideidad y otros blogeros, pero no me bebí demasiado. De ahí fui al bar de mis amigos y tomé unos vodkas mientras platicaba con una amiga. Pero vamos, solo fueron unos cuantos vodkas no es para amanecer borracho. De repente me viene el recuerdo. Por eso de las tres de la mañana, cuando le estaba dando un aventón a un amigo, me dijo:
-Se va poner bien.
-¿Qué se va poner bien?- pregunté extrañado
-Don Quintín, ¿vamos a ir, no?
-¿Ah si? No sabía que ese era el plan.
-Vamos. Mira, si no esta bueno te invitó un tragó
.
Facilote como soy, al final acepté. Después vinieron muchos tragos (ahí venden cubas de litro). Recuerdo que filosofaba sobre la minifalda de la vocalista. Llegué a la conclusión de que esa minifalda tenía personalidad propia; creo que sobra decir que ya eran pensamientos de borracho.

Miro la hora en mi reloj. Ya tendría que estar en una reunión de trabajo. Creo que este será un fin de semana largo… otra vez.