REINVENTANDO MI VIDA
Quizás ocurrieron así o quizás son reinventados
Acerca de
Mujer con sueños rotos intentado reinventar su vida
Leyendo: "El mundo de Komori, La Tierra de Alidra" de Javi Araguz
Compartiendo con mis hijas: La saga de "La materia oscura" de Philip Pullman y el manga "Fruits basket" de Natsuki Takaya
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Vacaciones, adioses y hasta pronto
Con el verano y las vacaciones, nos olvidamos de las obligaciones, aunque éstas sean autoimpuestas... como escribir un blog.

Ya he escrito antes sobre el tema y no quiero repetirme, pero me da cierta rabia y pena las bitácoras que suelo seguir habitualmente y que en ocasiones se quedan en un post, sin despedidas, sin adioses, sin hasta pronto... como cuando ves una película y ésta se bloquea en una imagen. Conoces el principio, pero no terminas por saber el final.

En ocasiones pienso en como terminaría mi blog, cual sería su artículo de despedida, como sería mi adiós. No tengo en mente hacerlo todavía, pero hay instantes en que se viene la idea a la cabeza. Soy impulsiva a ratos y en otros quiero tenerlo todo cubierto. Es decir, mis contradicciones habituales de un ser humano normal y corriente. Pero aunque no hay nada decidido todavía, si tengo muy claro que mi educación me impone una despedida, sobre todo por respeto a esas personas que me leen en el otro lado de la pantalla.

Así que este es un artículo de adiós, o mejor dicho de hasta pronto, prometo volver a mediados de agosto... porque me esperan quince días de sentir y atrapar recuerdos de esos imborrables, de los que te provocan que vuelvas a ver a oscuras, de esos que hueles, de esos que saboreas y escuchas aunque estés a miles de km y mucho tiempo después del lugar y momento que se produjeron.

Os echaré de menos, pero os prometo usar todo mi tiempo en disfrutad de estas vacaciones.

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Falta poco...
... poco, pero quisiera que fuese ya.

Cuando Wendeling era niña, contaba los días para que llegaran las vacaciones, ya fueran de verano, de Navidad o de Semana Santa, porque en esas vacaciones corría a su vida anterior en casa de sus abuelos.

Último día de colegio y preparar la maleta para que su padre, al día siguiente y después de despedirse de su madre, le llevara a la estación de autobuses, montar en uno de ellos que le dejaría en Granada (desde los diez años hizo esos viajes a solas), donde le recogería su abuelo o su tío, para acompañarla a su casa del fantasma, en el pueblo en que pasó su infancia. Y aunque ya no era lo mismo que cuando vivía allí, recuperaba la libertad de entrar y salir cuando quisiera, la libertad de recorrer el pueblo o los campos adyacentes, la libertad de no tener que dar explicaciones de lo que hacía o dejaba de hacer, la libertad de tener la única obligación de vivir y sentir...

Esos últimos días tenían la facultad de hacerse interminables, el tiempo no iba a la misma velocidad, los minutos tenían la propiedad de encontrar más segundos por el camino y los días más horas.

Y justo es lo que sucede ahora, falta poco, sólo cuatro días más para volver a encontrarme con él, para vivir durante quince días juntos, para levantar la mirada y ver sus ojos sonreír, para poder acariciarle la mejilla con solo alargar un brazo, para calmar mi sed de besos.

Falta poco...

... poco, pero quisiera que fuese ya.


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Hoy en día...
Hace unos años:

Diiiiing... Dong


Wendeling acude a abrir la puerta, se mira en el espejo del mueble de la entrada para ver si está decente. Su mala costumbre de andar por casa como su madre la trajo al mundo le ha costado en alguna ocasión pasar vergüenza al abrir la puerta, así que ha tomado por costumbre mirarse lo estupenda y guapa que está cada vez que alguien llama.

- Hola ¿Está tu marido en casa?

Es el administrador de la finca. Se extraña por la pregunta, su ya ex-marido hace meses que no vive con ellas. No lo ha ocultado, pero tampoco ha publicado que viven ahora en "casas separadas".

- Pues no ¿para qué es?

- Es que necesito hablar con él. Es importante.

- Bueno, dígame la razón y cuando lo vea, se lo digo.

- No... no...

El administrador duda, la mira pensándoselo y al final afirma:

- Tengo que hablar con él.

- De acuerdo, le avisaré.

Varios días después, recordándolo de improviso, Wendeling le pregunta a su ex la razón de que el administrador quisiera hablar con él.

- No era algo importante, solo avisar que van a subir la comunidad.

Wen abre mucho los ojos, sorprendida.

- ¿Y eso no podía habérmelo dicho a mi?






Hace unos días:

Wendeling espera el ascensor en la planta baja de su edificio, segundos después entra el administrador. Es la dos de la tarde y hace mucho calor. Ella, avergonzada, suda por cara poro de su piel y muestra grandes señales de zonas húmedas en su camiseta. Llega del trabajo y está loca por llegar a su casa, refrescarse algo y sentarse a descansar, pero no podrá hacerlo porque la esperan dos leonas de vacaciones muertas de hambre.

Entra el administrador, chaqueta en mano, se miran, se saludan. Silencio, segundos después...

- Ufff... ¡Qué calor! ¡Qué ganas de llegar a casa y poner el aire acondicionado.

- Eso será para quien lo tenga - Con cierta pena afirma Wen.

- ¿No tienes aire acondiconado? ¿Y cómo vives?

Ella lo mira, sin saber si bromea o lo dice por completo en serio... por su semblante parece que si, realmente piensa lo que le ha dicho. Él sigue:

- Pues serás la única que no tiene aire acondicionado. Hoy en día no se puede vivir sin el aparatito.

- Pues hace quince años sólo los muy ricos tenían aire acondicionado... y la humanidad ha sobrevivido hasta ahora.

Llega el ascensor y Wen, muy digna entra en él... no vuelve a cruzar palabra durante el pequeño viaje, salvo el "adiós" cuando baja en su piso.


Nota: Sin comentarios.

 
Amor por los libros
Siempre he amado los libros, desde mi primer recuerdo, esos cuentos troquelados que me compraba mi abuelo y a los tebeos semanales de "Zipi y Zape", "Mortadelo y Filemón", "tbo",... más adelante los "LiLy" o "Esther y su mundo".

Cuando pasé a vivir con mis padres, me leí la pequeña biblioteca que tenían en casa que fue aumentando gracias a mi constancia y paciencia en pedir más libros, hasta el descubrimiento de la biblioteca pública a kilómetro y medio que recorría semanalmente en busca de mi ración lectora.

Con la llegada de mis primeros sueldos me independicé de la biblioteca y siempre dediqué una parte a intentar aumentar los para mi, pocos libros en propiedad que disponía.

Hoy en día, para algunos (entre ellos mi madre) tengo demasiados libros que solo sirven para pillar polvo. A mi siguen pareciéndome pocos...

Por eso entiendo el amor y pasión por los libros de algunas personas.

Lo que ya me cuesta entender es que una persona, de origen marroquí, que no habla castellano, me ha costado una barbaridad entenderle y hacerle comprender el precio, me haya realizado un pedido de libros, en concreto, uno de cocina, otro de reflexología (masaje en los pies) y un tercero sobre sexo, en un idioma que practicamente no entiende.


Nota: Aclarar que mi mayor defecto como comercial es la empatía que siento hacia determinados clientes. Me cuesta vender un producto que sé fehacientemente que no necesita. Esos libros no se los he vendido yo, me los ha comprado él.


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Lo único que de verdad importa
El de un padre por sus hijos.
El de una madre por sus hijos.
El de los hijos por sus padres.
El de los hermanos.
El de la familia.
El de los amantes.
El de los semejantes.
El del creador por sus criaturas.
El de las criaturas por su creador.
El de los amigos.
El del prójimo.
Al fin y al cabo, somos seres humanos, aunque un porcentaje enorme sea por instinto, lo que realmente nos mueve es...

(No seguir leyendo, spoiler....)



Lo único que de verdad importa es el amor.

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Dejar atrás
Cuando Wendeling volvió a su pueblo años después, aparte de encontrarse que ya no pertenecía al lugar, descubrió que también había dejado atrás mucho de ella.

Por la calle mayor del pueblo, volviendo a casa de sus abuelos, escucha a su lado un:

- ¿Ya no saludas a los amigos?

Como siempre, va pensando en cualquier tema menos en el que tiene delante y se sorprende por la frase, mira a su alrededor buscando a quien va dirigida y encuentra a un hombre... un pedazo de hombre de más de dos metros quince centímetros de alto. Cree que no va con ella pero no hay nadie más alrededor... no sabe como reaccionar...

- ¿Perdón? ¿Se refiere a mi?

- Pues si, a ti malagueña...

- No soy malagueña, soy de aquí.

- Ya lo sé, Wen. Pero parece que tu has olvidado a tus amigos.

Wendeling rebusca en su memoria, intenta localizar quien es ese pedazo de hombre... sigue sin saber que decir. Con la cabeza levantada mirándole a la cara, se muerde el labio... No sabe quien es.

Él se ríe abiertamente.

- Uisss... pues parece que no me recuerdas, pero yo a ti si. Te llamas Wendeling y hasta los diez años vivías aquí con tus abuelos. Ibas al colegio del pueblo y tu profesor de quinto era D. Antonio ¿me equivoco?

- N... no.

- Tus apellidos son D**** M**** y tenías unas notas espectaculares. Tenías un compañero de banco bastante gamberrete que se llamaba Enrique y te gustaba dibujarle de vez en cuando, sobre todo su perfíl.

Wen asiente. Recuerda esos dibujos y a su compi. Incluso recuerda que en cierta ocasión tuvo problemas porque la pillaron pasándole un examen.

- Todavía guardo alguno.

Fogonazo en los recuerdos de Wendeling.

- ¿Enrique?

No puede ser. Enrique tiene su edad y ella lo recuerda más o menos de su estatura. Sólo han pasado ocho años ¿Tanto ha podido crecer?

Sonrie mirándola mientras asiente. Es él, su último compañero de banco en el colegio del pueblo. Se agacha y besa en la mejilla a Wendeling.

- ¿Sigues quedándote en casa de tus abuelos?

La acompaña y quedan para esa noche... y para la siguiente y para la otra... Durante más de dos años siguieron viéndose cada vez que ella volvía de visita.

Con el tiempo, él abandonó el pueblo en busca de mejores oportunidades laborales y terminaron por perder el contacto, pero Wendeling siempre se sorprendió que él la tuviera tan presente a pesar del tiempo transcurrido hasta su nuevo reencuentro.


Nota adicional: Cuando dejamos un lugar, siempre dejamos atrás mucho de nosotros. Nuestros recuerdos y nuestra interacción con las personas que nos rodean nos hacen distintos tanto a nosotros como a los demás. Sobre todo cuando es alguien como Zarem la persona que interacciona con los demás, una persona que da todo lo que tiene, es imposible que no deje tras de si algo... y ese algo han sido unos calcetines usados de su hija pequeña y el cargador de la ds...

Te queremos Zarem y os echamos de menos a todas.




 
La voz de un niño
Frase del día escuchada en la terraza de una cafetería:

- La voz de un niño, por sincera que sea, apenas tiene valor para los adultos.

Lo sorprendente del caso es que ha sido dicha en una conversación entre madres con hijos pequeños.

Lo mas extraño es que me suena una barbaridad, tal vez sea una cita de alguien conocido. ¿Alguna sugerencia de quien puede ser el autor? Aunque tal vez sea original de la señora que lo ha pronunciado, mi intuición me dice que la he oído antes en alguna otra situación.

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Una semana
Para los tristes, para los contentos...
Para los melancólicos, para los felices...
Para los que trabajan, para los que están de vacaciones...

Para todos, el tiempo pasa inexorable, aunque en ocasiones se nos haga eterno y en otras no nos demos cuenta de su velocidad.

Y en esta semana genial, también ha pasado.

La casa se siente vacía, sin conversaciones, sin voces y risas infantiles, sin salidas a la playa o a sentir el fresco en una terraza. Eso sí, quedan los recuerdos y esos están guardados a buen recaudo, porque producirán intereses en enormes sonrisas.

Gracias mañas por esta semana genial. Yo también os voy a echar mucho de menos.

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Chicas ye-yé
Entre las mañas y problemas de conexión, llevo varios días con el ordenador confiscado... es lo que tiene vivir seis mujeres en casa y todas con inquietudes en internet .

Y aunque os he echado de menos, la verdad es que lo estoy pasando muy bien. Me gusta tener amigos alrededor con los que poder hablar, reír, ir a la heladería o tomar el sol, y la arena... sobre todo la arena, en la playa.

... Y hablando de playa, después de treinta años no es inusual encontrarse en plena playa familiar mujeres en topless, tal vez lo inusual es que esas mujeres pasen de los sesenta años, usen piercing y hablen de sus respectivo novios, con deje andaluz, mientras toman el sol con vuelta y vuelta y beben gazpacho de una botella de refresco. Esas chicas ye-yé fueron las que nos tropezamos Zarem y yo ayer en plena playa de la Malagueta, mientras aguantábamos la risa al oírles hablar de los físicos de sus respectivos novios o de los problemas legales de la Pantoja.

Nota: para los morbosos, hablaban de novios, no de parejas o maridos.


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Ya vienen
¿Qué se puede decir cuando faltan horas para que lleguen?

Pues que os estoy esperando, que estoy deseando conocer a esas leonas maravillosas, que me muero de ganas por abrazarte, por pasar horas hablando, riendo y si se nos antoja, llorando. Que nos vamos a comer el mundo y a quien no le guste, que se rasque.

¿Algo más?

Pues que te quiero y quien piense mal, que se vuelva a rascar.

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Salmonella
A Ithilien le falta mes y medio para cumplir su segundo año de vida. Verano del año noventa y nueve. Vacaciones... y la pequeña vomita tras comer.

Wendeling está acostumbrada a que lo haga a su hija mayor, que nació con problemas de píloro... pero ¿la pequeña? Tal vez sea un hecho aislado. La niña se la ve contenta. Sigue jugando igual esa tarde.

Pero no, por la noche vuelve a hacerlo justo tras la cena.

Esa noche duermen poco. Wen empieza a preocuparse. Al día siguiente acuden al pediatra que le diagnostica un virus estomacal y le recomienda dieta blanda.

Pero la niña no se recupera... después de dos días vomitando, le toma miedo a comer, no quiere tomar nada, ni un poco de agua... llega la diarrea.

Cuatro días después y tras tres visitas al pediatra, éste la envia a urgencias... la pequeña se está deshidratando. Ha perdido una cuarta parte de su peso y se encuentra lacia, sin ganas de reir, ni de moverse.

Una vez en el hospital y tras unas pruebas, llega la sorpresa:

- Le hemos encontrado salmonella. Tenemos que ingresarla para recuperarla de esa deshidratación.

La niña, al ver que la separan de su madre, reacciona, a pesar de sus pocas fuerzas, llora y patalea.

No la dejan pasar con su pequeña, le informan que está en la sala de observación, con suero. Wen se siente inútil sentada en esa sala de espera, con caras preocupadas a su alrededor y niños llorando.

Pasan las horas cuando por fin la llaman para ver a Ithilien. Tras una celadora recorre pasillos hasta una enorme sala en la que hay varias cunas y camas, al menos 8 niños se encuentran en la sala... no ve a su pequeña.

Mira alrededor y está a punto de preguntar cuando le señalan una cuna en una esquina. La niña está tumbada... con el suero en uno de sus brazos y el otro atado a los barrotes.

Mira a la enfermera que hay en la sala... que al instante sabe lo que va a preguntar:

- La hemos tenido que atar porque se quitó el suero de un tirón.

Ithilien dormita. A Wendeling se le cae una lágrima viéndola en esa cuna tan grandota, en esa cama con barrotes, atada... alarga una mano y acaricia a la niña que al instante abre los ojos y grita, intentando ponerse de pie para que ella la coja en brazos.

Varias horas después de caricias y nanas, consiguen que Ithilien termine por dormirse, también agotada de llantos e intentos de quitarse la vía del brazo. Wendeling se prepara para pasar la noche al su lado cuando la enfermera le indica que tiene que marcharse.

- ¿Cómo? ¿No puedo quedarme con mi hija?

- Si estuviera en planta si, pero está en observación. No se preocupe usted, aquí estamos varios atendiendo a los niños. No le ocurrirá nada, mañana a las ocho puede estar usted aquí para darle el desayuno.

A Wen se le encoge el corazón cuando por fin sale de la sale, mirando atrás cada pocos pasos.

Se marcha a casa, pero esa noche no consigue pegar ojo. Incluso en un momento determinado pega un salto de la cama y acude a la habitación de su hija, le ha parecido que la llamaba... pero la cama estaba vacía.

A las ocho está en la puerta del hospital, esperando a entrar.

A las ocho y pocos minutos, entran en la habitación los padres de los niños ingresados... Ithilien está de pie en la cuna, le han desatado su bracito, aunque sigue con el suero puesto... la llama, grita un

- Mamiiiiiiii

Y las dos se ponen a llorar cuando la coge en brazos y la saca de la cuna.

Durante más de una hora intentan entre el padre de la pequeña y ella, que tome algo de desayuno, el médico les ha informado que hasta que no consiga comer y que su cuerpo no lo expulse, seguirá ingresada. Hay cuentos por medio, nanas, carreras por la sala tras una niña con una botella de suero y al final, consigue comerse un yogur. Ithilien se ve más contenta, juega como una niña que no está enferma, a pesar del inconveniente de la vía de su bracito.

Esa misma tarde consigue el alta del hospital, con la promesa en firme de un tratamiento a cumplir a rajatabla... Al final sólo ha dormido fuera de su cama una noche... Ithilien se la ve contenta, ríe, grita y se pelea con su hermana al poco de llegar a casa... eso si, tres kilos más delgada.

Varias semanas después celebra su cumpleaños, por completo recuperada... Todo se quedó en un buen susto, aunque durante muchos meses, cada vez que pasaba por la puerta del hospital, le gritaba a su madre.

- Mami, voy a ser buena y comerme todo... ahí no me lleves...


Nota: Ithilien fue la única que tuvo salmonelosis, a pesar de ser una enfermedad contagiosa, nadie más en la familia lo padeció. Los médicos llegaron a decirme que tal vez se había contagiado de algún otro niño en el parque. Varios meses después le dieron el alta definitiva.

 
Tallas
De rebajas. Para los que no llegamos a final de mes es un buen sistema para ahorrarnos unos pocos euros.

Lo malo es ir de rebajas con dos leonas.

Lo peor es su edad... y su talla.

Estel tiene once años y hasta el invierno pasado ha usado la talla dieciseis (16) infantil. Pero es una niña grande, con sus ciento cincuenta y cinco centímetros de altura. Para los que no lo saben, el tallaje infantil va por edad... aunque pocas veces se cumple que un niño de ocho años, use la talla 8 o un niño de doce años use la talla 12.

Una falda, un pantalón, un vestido... nada, cintura demasiado ajustada que le hace daño al sentarse. Pero ella necesita ropa de verano, así que nos decidimos por acudir a la sección juvenil del gran centro comercial. En la entrada nos informan que es ropa para personas de 18 a 25 años, que sigue las tendencias actuales en la moda juvenil.

Entramos... miramos... caras raras de las tres. Faldas minúsculas, pantalones a la cadera, camisetas con cortes bajo el pecho... y poca variedad en colores...

- Mami, no me gusta esa ropa.

- Ni a mi, no tienes edad para usarla. Pero necesitas un pantalón corto, a ver si encuentras algo que te guste.

Miramos, remiramos y me sorprendo cuando tengo en mis manos la talla 36 de "supuesto" adulto. Por curiosidad, se la acerco a Ithilien, ella usa una talla 12 infantil, pero la talla 36 de adulto no llega a cubrir su cadera.

- ¿Qué pasa mami? - pregunta Estel.

- Estas tallas están mal.

Al final encontramos un pantalón corto vaquero que le gusta a Estel. La talla 36 ni la miro, paso directamente a una 40, me llevo también una 42 al probador y cuando estamos allí compruebo lo que a simple vista se ve.

- Mami, no me sube.

- Ya... ya, pruébate éste.

La talla 42 le está exactamente igual que la talla 16 infantil que le probé en la otra tienda. Le ajusta mucho, no ya a la cintura la prenda que no tiene, sino a la cadera. Salgo y busco una talla 44 en varios modelos de pantalón corto. Me vuelvo a sorprender al encontrar la talla 46 en la sección XL de la tienda... talla máxima del lugar.

- Perfectos, estos te están clavados.

Salimos, pago el pantalón y camino a casa decido dar a las niñas una charla sobre obsesiones juveniles y tallas en la ropa.



Nota: Estel es una niña lo bastante madura para darse cuenta que una talla no indica sobrepeso, pero no dejo de pensar en la de problemas y obsesiones que este mal tallaje provoca actualmente en muchas personas.

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Todo es lo mismo
Conversación en el parque entre varias conocidas justo cuando estoy llegando:

- El desengaño que sientes por alguien a quien creías antes.

- El dolor que te provoca.

- Pues que pierdes la confianza. Si alguien me engaña, que no me pida ayuda, porque soy de las rencorosas. Se iba a enterar de lo que vale un peine.

- Pero ¿y si no te enteras de que te está engañando?

- Ya sabes, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

- Siempre antes o después, terminas por enterarte.

- Siempre y cuando quieras enterarte, que esa es otra.

- Ya... ya... pero si mi marido me engaña, se la corto.

- Uiss... he llegado a tiempo, ¿de qué hablais? ¿de cuernos?

- No exactamente, sino de mentiras.

- Pues que queréis que os diga, para mi lo peor no es el engaño, ni la mentira en si, lo peor es que otra persona miente y encima a una le toca demostrarlo.

Las conocidas me miran y asienten.

- Encima de cornuda, apaleada...

- ¡¡Eh!! que yo no hablaba de cuernos, sino de mentiras...

- Pero ¿no se reduce todo a lo mismo?

Y el silencio se instala en medio de todas.

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Cuestión de preferencias
No es la primera vez que lo digo y como no quiero repetirme mucho, solo recordar que todo es cuestión de preferencias...

... y en este momento el cansancio me puede. Agobio por la falta de horas del día para estar, cuidar y disfrutar de mis hijas en sus vacaciones. Agobio por la falta de horas para cumplir con mi trabajo, que el sueldo manda y se necesita. Agobio por no poder disfrutar de mi ratito de relax leyendo los blogs que me gusta... y agobio por no tener tiempo para escribir algo medio decente.

Así que lo siento, pero por hoy, me meto en cama, mi cerebro no está para hacer un artículo medio genial que os merecéis.

Una cuestión de preferencias y hoy, en primer lugar, está descansar.

De regalo, por ser tan buenos, os dejo con uno de mis sonetos preferidos:

BENDITO SEA EL AÑO

Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora
y el país, en el cual su encantadora
mirada encadenóse al alma mía.

Bendita la dulcísima porfía
de entregarme a ese amor que en mi alma mora,
y el arco y las saetas, de que ahora
las llagas siento abiertas todavía.

Benditas las palabras con que canto
el nombre de mi amada; y mi tormento,
mis ansias, mis suspiros y mi llanto.

Y benditos mis versos y mi arte
pues la ensalzan, y, en fin, mi pensamiento,
puesto que ella tan sólo lo comparte.

Petrarca, Francesco (1304-1374). Por descontado, el soneto está dedicado a su amada Laura.

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Cambio de valores
Conversación oída en el autobús ¡cómo no! que últimamente necesito coger día sí, día también, por cuestiones legales.

Conferenciantes: dos hombres, bastante mayores, pasados los setenta años aunque ni idea de cuántos. pantalón gris y camisa de cuadraditos. Hablan a gritos, ligera intuición de que su oído no funciona muy bien últimamente, achaques de edad seguramente.

- Pero que poca vergüenza tienen las niñacas de hoy en día.

Sorpresa ante la expresión niñaca. Es la primera vez que la oigo en una persona de esa edad. Intento volver a mi libro... pero como estoy sentada justo detrás de ellos y con esas voces, imposible abstraerme.

- Tienes toda la razón Uan. Enseñando el ombligo con los aretes esos que se ponen ahí. Y las piernas abiertas, que poco más y te lo enseñan todo... y tan renegrías de la playa. Es que dan asco.

- Pero es que no tienen ninguna verguenza... ¡¡¡si hasta fuman delante de sus padres y todo!!!

- Pues yo, a mi Paqui, no le di permiso para que fumara delante de mi hasta los treinta años, cuando ya estaba casada y con tres hijos.

- Mi niña jamás ha fumado delante mía. Aunque sé que fuma, porque en alguna boda la he visto coger cigarros... pero ya se guardaría de hacerlo... ya... Mi hija me tiene respeto, que para eso la he educado yo.

Es mi parada y me bajo del autobús con cierta pena por no oír el resto de la conversación. Me han dado ganas de intervenir y decirle algo sobre respeto y educación a esos dos abuelos. Mi respeto hacia los mayores y mi educación me lo han impedido.

Menos mal que hoy en día, ciertos valores han cambiado.

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Sonrisa sandía
- ¿Y cómo os conocísteis?

- Más bien nos tropezamos, literalmente...

- Aps, pensé que os habíais conocido gracias al blog.

- Pues si, pero no gracias al suyo o al mío, sino al de un conocido común. Ese mismo que me retó a escribir el mío. Ocasionalmente leía comentarios suyo a distintos artículos y en uno de ellos me piqué. No hablaba precisamente bien de su ex y yo, recién separada también, generalicé su comentario a todas las ex... No pude reprimirme y le contesté de mala manera. Tuvimos un mal comienzo.

- Vaya.

- Varios comentarios después, pasamos la discusión a via mail. Ahi fue cuando tuve la primera intuición de que era un ser distinto.

- ¿Qué ocurrió?

- Me pasó la dirección de su blog para demostrarme la razón de su comentario. Me lo leí en una noche, aunque llevaba casi un año escribiendo... al final no tuve más remedio que disculparme. Poco a poco se convirtió en un genial amigo... Aunque por aquella época jamás se me pasó por la imaginación que podría enamorarme de él. Mi anterior relación se encontraba en su momento más intenso, estaba por completo colada por otra persona... Pero él supo estar siempre ahí, a mi lado, apoyándome cuando la cosa fue a peor.

La amiga de Wen sonrie mientras la escucha.

- Terminé enamorándome de él. Pasito a paso, sin grandes pasiones ni aspavientos. Sin deseos descontrolados ni tirar la casa por la ventana. Me sorprendí amándole de tal manera y de una persona de la que me separan mil kilómetros. Pero ¿sabes? tengo ilusión por el futuro, él supo dármela y aumentarla día a día. Y a pesar de mis complicaciones personales de los últimos meses, sigo teniendo mi sonrisa sandía en la cara cada vez que pienso en él.

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Vamos a por el tercero
El día que decidí aceptar el reto de escribir una bitácora, pensé que sería capaz de aguantar unas semanas. No era la primera persona que me pedía hacerlo... durante un par de años habían aparecido por ahí más peticiones de que abriera mi propia página personal pero no terminaba por decidirme.

Mis diarios personales eran precisamente eso, demasiado personales. Tenía la sensación de perder mi intimidad, de en cierta manera, sentirme más frágil, si dejaba que alguien los leyera y de ahí mi reticencia.

Pero siempre habían sido peticiones en privado, nunca tan abiertamente como lo hizo Segfault.

Me había retado publicamente y soy una mujer a la que le gusta demostrarse que si puede. Así que áquel día último de noviembre empecé por fin mi primer blog. Durante unos días había estudiado las distintas páginas que ofrecían espacios gratuitos para blogs personales. Mi inglés es bastante zarrapastroso y además está olvidado después de más de 15 años sin usarlo... así que fuera las páginas que entonces explicaban su configuración en inglés. Y entre las que estaban en castellano, me gustó precisamente ésta por una opción de bloqueo que entonces no tenían otras.

Había un inconveniente, no tenía espacio ilimitado, sólo diez megas... pero para unas semanas...

Ocurrió lo inesperado. Me gustó sentir que me leían, me gustó escribir para que me leyeran, aunque siempre, en el fondo, me escribía a mi misma, como esos más de veinte años de diarios íntimos que siguen perdidos por los fondos de mi armario.

Y unas semanas terminaron por ser unos meses y año y algo después, se me acabó el espacio de mi primer blog.

En enero del 2006 llegó el segundo

Año y medio más tarde, es decir, dos años y medio largos del primero, o seiscientos setenta y seis post después, vuelve a ocurrirme lo mismo... me quedo sin espacio. Veinte megas de letras unidas, de palabras, de comentarios de esas personas al otro lado de la pantalla, son muchas letras unidas, muchas palabras... por las que os doy las gracias por aguantarme sueños, recuerdos, reinvenciones, anécdotas, babas y cabreos varios en esta mesa camilla.

Estamos en el nuevo blog. No será necesario que os preocupeis en cambiar enlaces, reciclaré la dirección como hice anteriormente.

Se os quiere.



Para nostálgicos varios: Reinventando mi vida