
Salgo de la ducha. Me pongo el albornoz y a oscuras voy hasta el sálón.
Enciendo un cigarrillo y me asomo a la ventana con mirada inquisitiva y extraña.
Abajo en la calle, cohes, ruido de gente en los bares.
Voy subiendo la mirada por la calle oscura por la tenue luz de farolas iluminada.
Voy posando mis ojos en cada ventana: cortinas, stores, siluetas, sombras, luces azules, amarillas, blancas...
Sigo subiendo y me detengo en su ventana. La misma que noche tras noche espío en la madrugada.
Es la única con las persianas abiertas y cuyos cristales no se tapan.
Le veo como llega, como lee, como se asoma, como fuma y luego se desplaza bajo la luz de una ténue lámpara hasta que desaparece en otra habitación. Cuando vuelve, lo hace desnudo de cintura para arriba y lleva puesto un pantalon blanco con cordón en la cintura. Se lleva las manos a la cabeza en un gesto coqueto mientras empuja su pelo hacia atrás y cierra los ojos y echa su cabeza a un lado y a otro para intentar hacerla más ligera.
Le veo tumbarse en el sofá y un deseo inquieto me recorre el cuerpo.
Apago el cigarro para que su luz delatora no le indique que le observo desde mi cristal.
De repente se levanta, se escapa de mi campo de visión para aparecer acompañado de una hermosa mujer. Se abrazan, se besan.
¡Ojala fuera yo!.
Camino inquieta por el salón y enciendo la luz. Me siento, me levanto. Paso fugazmente delante de la ventana y miro tímidamente hacia la suya. Les veo reir y sentarse. Él la desnuda.
Vuelvo a levantarme, apago la luz, me sirvo una copa y enciendo otro cigarro. Tengo calor. Me quito el albornoz y lo tiro con rabia al suelo.
Noto un escalofrío a través del camisón ligero que me cubre.
Me acerco despacio a la ventana y vuelvo la mirada con decisión a su salón. Él también esta mirando y como un relámpago me escondo en un rincón. ¿Me habrá visto?. Me vuelvo a acercar lentamente y descubro que sigue allí. Mirando hacia mi ventana, ¿me verá a mí?.
Pego mis labios al cristal y noto el frío que me invade cuando mi cuerpo lo roza através de la fina tela de mi camisón. Sigue mirando. Sonrie. La tira de mi camisón caé sobre mi hombro y yo no la quiero detener. Me froto contra el frío vídrio. El cierra los ojos y también los cierro yo mientras se escapa de mis labios un gemido de placer.
Cuando los abro ella le está abrazando desde atrás y sus manos bajan por entre sus piernas hacia su sexo. Desnudos se frotan mientras se comen a besos y caen al suelo mientras comienzan a hacer el amor.
Les veo. A mi nadie me vio.