Hoy ha sido una agobiante noche de calor. Ni siquiera con el aire acondicionado puesto, conseguí dormir a gusto. Estuve inquieta, nerviosa y recorrí mi cama de un lado a otro mientras soñaba.
Cuando me he mirado al espejo al levantarme, he visto el resultado:
mi largo pelo enredado, el camisón completamente mojado de sudor.
He abierto el grifo para ducharme y para mi desesperación tras un corto hilillo de agua ha comenzado a gotear hasta quedarse seco del todo. ¡Maldita sea! Han restringido el agua un día más. Eso significa que me he debido despertar cerca de la hora de comer. Miro mi muñeca y compruebo que efectivamente, pasan veinte minutos de las tres. Voy a la cocina para sacar de la nevera una botella de agua con la que al menos calme un poco la sed y me pueda lavar un poco.
Como soy poco previsora, sólo me queda la mitad de una de litro y medio. Por fortuna, ayer me había depilado piernas, pubis y axilas.
Hemos quedado en menos de una hora y he de conseguir estar mínimamente presentable.
Me agobia pensar en el calor que debe hacer en la calle, pero pensar en tí hace que merezca la pena soportar ese castigo. Por suerte, hemos quedado en tu piso. Aprovecharé para ducharme acompañada por tí. Calmaré así la sed que noto entre las piernas cada vez que me acuerdo de tí.
Decido no llevar ropa interior, después de todo, siempre terminas quitándomela antes de detenerte a mirarla, Me pongo mi minifalda vaquera gastada, la misma que llevaba el día de la fiesta de Fran y me pongo una camiseta blanca corta. Se me notan los pezones, pero no me importa, en cuanto salga a la calle se amansarán y sólo saldrán cuando tú me abras la puerta de tu casa. Confío en no pensar en tí de camino, porque sino más de una mirada ávida se posará sobre mi y llegaré nerviosa a tu encuentro y no quiero que los nervios me conviertan en un animalillo inseguro entre tus manos.
Voy a ponerme las sandalias negras, las que tienen ese tacón tan alto que te vuelve loco. Por suerte, como ayer pinté mis uñas, mis pies estarán preparados para aventurarse en tu cuerpo sin complejos y para ponerse a prueba con tus besos.
Por fin llego a tu casa. Las persianas bajadas lo dejan todo en una íntima y calida penumbra. Me invitas a pasar. Me ofreces una copa pero yo ya he abierto la ducha del cuarto de baño. El sonido del agua ha llamado tu atención y antes de quitarme la ropa, me has metido directamente en el plato de la ducha para ver como me empaba con el agua mientras mi cuerpo se insuaba bajo mi vestimenta.
- ¡Refréscame cariño! - Te he pedido.
Y vaya si lo has hecho.
