logotipo

img_google
¿CÓMO ES DAPHNE?
Soy mujer que disfruta sintiendo, recreándose en las sensaciones, explorando lo que le rodea de forma apasionada. Iniciándose dentro del relato erótico para nadar en el interior de los sueños de una chica normal, poniendo voz a fantasias para compartir con los demás. Huyendo del sexo fácil cotidiano que ofrece la sociedad, tejiendo placer con sus palabras. Ven a soñar conmigo.

CUENTAME TUS SUEÑOS

Yo los haré realidad en mi blogTu musa
ME ACUNAN
*** ATENCIÓN*** ESTO ES UN BLOG EROTICO. NO RECOMENDADO PARA MENORES DE 18 AÑOS
 
Acto de despedida
Image hosted by Photobucket.com
Te veo vestirte despacio y con sigilo, con termor a despertarme y sin hacer ruido.
Te vas como un ladrón portando algo que es mío, algo que compartimos los dos, aprovechando un descuido.
Hace sólo dos horas que hemos yacido en ese colchón, que me has arrancado de los labios besos y gritos de pasión.
Me he entregado a tí completamente, sometiéndome a tus deseos hasta límites que jamás pensé cruzar. Todo por amor.
Un amor que tú no sientes, sexo casual, por compasión. Luego consumado, aún con tu sexo mojado de mí, te arrepientes. Dices que que ha sido un error.
¿Cuántos años hace que estás equivocado?
Me buscaste tú, no fui yo. Los besos de ella te habían cansado y su conversación vacía no te lleno. Sin embargo la escogiste a ella para anidar tu corazón. Ella sol y yo la estrella que reflejaba un calor que con los años ella perdió.
Era tu cuerpo el que me buscaba como casualmente cuando coincidíamos en el ascensor.
Era tu mano la que me rozaba por accidente, dejando recorrer un escalofrío en mi interior.
Finalmente en una cena de empresa, fuera de nuestra ciudad, durante una convección, te ofreciste a acompañarme a mi habitación.
Una conversación provocada, risas disfrazadas para ocultar el deseo que en nuestros ojos brillaba. Era tarde. Llevábamos varias copas. Una última te ofrecí yo. Y esa última... fue el principio de mi perdición.
Mientras los hielos caían en el vaso, comentaste que hacía calor mientras te acercabas despacio y descalzo, hacia donde servía las copas yo. Derramé whisky que cayó sobre mi mano y lo lamiste con suavidad y entrelazaste mi mano entre las tuyas. Intente esquivar tus labios y me giraste hacia tí el rostro al tiempo que me basabas aumentando la intensidad a cada segundo. Me sentí mojada por el deseo, atemorizada por lo inevitable de la situación. Tú estabas casado, yo lo sabía. Pero a tí entonces no te importó.
Nos quitamos ávidamente la ropa y lo hicimos en el sofá como dos perros en celo, con codicia y desesperación.
Al despertar tú ya no estabas, una nota te sustituyó. Una nota a la que siguieron muchas otras.
Ahora, mientras te pones el pantalón dándome la espalda, ni siquiera me dices adiós.
Me echas la culpa de tus fracasos. Me culpas porque ella se marchó. Pero me castigas con sexo, porque lo necesitas. Haces conmigo lo que ella te negó.
Yo soy la zorra. Tú el pobre marido perdedor.
No