
Le has visto y no has podido contener un escalofrío que te ha recorrido el cuerpo. Tan guapo como siempre, con esa camisa azul que le queda tan bién y sin corbata, dejando al descubierto un cuello digno para mordisquear. Sólo de pensarlo, tus pezones reaccionan estirandose en alturas infinitas bajo la tela del sujetador que se adivina bajo tu blusa.
Separas instintivamente un poco las piernas mientras notas como se humedece tu entrepierna.
Piensas en su boca, llena y generosa, iluminada siempre con una sonrosa que ahora imaginas es para tí. Un beso suyo provoca inmediatamente una corriente en tus dedos que se deslizan sobre tu blusa desabrochando uno a uno los botones para dejar ver tu breve sujetador donde pugnan por salir dos pechos generosos abrumados por el vaivén agitado de tu respiración. Cae tu brusa deslizandose como una caricia por tus brazos haciendo que tu bello se ponga de punta.
Te molesta tu falta y la quitas mientras deslizas una mano juguetona sobre tus bragas humedecidas por el jugo de tu sexo.
Te recuestas sobre el sofá imaginando su cuerpo desnudo sobre tí, embistiéndote con fuerza con su generoso sexo que te lleva a un climax placentero.
Te desprendes de tu sujetador y tus pechos saltan en libertad sin que tus manos puedan abarcar a cubrirlos en su totalidad. Returces los pezones entre tus dedos mientras las primeras contracciones de tu vulva te provocan un dolorosos placer.
Te quitas las bragas y deslizas tus ansiosas manos sobre tu bello púbico mientras dos cuirosos dedos se introducen entre tus labios vaginales empapándose de tu placer. Pronto esos dos dedos recorren el camino infinito entre tus muslos hasta acompañarse de otros dos hábiles compañeros que se agitan hasta provocarte el orgasmo que en tus sueños el te proporcionó.
Tócate. En este sueño, el placer se consumó.