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¿CÓMO ES DAPHNE?
Soy mujer que disfruta sintiendo, recreándose en las sensaciones, explorando lo que le rodea de forma apasionada. Iniciándose dentro del relato erótico para nadar en el interior de los sueños de una chica normal, poniendo voz a fantasias para compartir con los demás. Huyendo del sexo fácil cotidiano que ofrece la sociedad, tejiendo placer con sus palabras. Ven a soñar conmigo.

CUENTAME TUS SUEÑOS

Yo los haré realidad en mi blogTu musa
ME ACUNAN
*** ATENCIÓN*** ESTO ES UN BLOG EROTICO. NO RECOMENDADO PARA MENORES DE 18 AÑOS
 
Tócate
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Le has visto y no has podido contener un escalofrío que te ha recorrido el cuerpo. Tan guapo como siempre, con esa camisa azul que le queda tan bién y sin corbata, dejando al descubierto un cuello digno para mordisquear. Sólo de pensarlo, tus pezones reaccionan estirandose en alturas infinitas bajo la tela del sujetador que se adivina bajo tu blusa.
Separas instintivamente un poco las piernas mientras notas como se humedece tu entrepierna.
Piensas en su boca, llena y generosa, iluminada siempre con una sonrosa que ahora imaginas es para tí. Un beso suyo provoca inmediatamente una corriente en tus dedos que se deslizan sobre tu blusa desabrochando uno a uno los botones para dejar ver tu breve sujetador donde pugnan por salir dos pechos generosos abrumados por el vaivén agitado de tu respiración. Cae tu brusa deslizandose como una caricia por tus brazos haciendo que tu bello se ponga de punta.
Te molesta tu falta y la quitas mientras deslizas una mano juguetona sobre tus bragas humedecidas por el jugo de tu sexo.
Te recuestas sobre el sofá imaginando su cuerpo desnudo sobre tí, embistiéndote con fuerza con su generoso sexo que te lleva a un climax placentero.
Te desprendes de tu sujetador y tus pechos saltan en libertad sin que tus manos puedan abarcar a cubrirlos en su totalidad. Returces los pezones entre tus dedos mientras las primeras contracciones de tu vulva te provocan un dolorosos placer.
Te quitas las bragas y deslizas tus ansiosas manos sobre tu bello púbico mientras dos cuirosos dedos se introducen entre tus labios vaginales empapándose de tu placer. Pronto esos dos dedos recorren el camino infinito entre tus muslos hasta acompañarse de otros dos hábiles compañeros que se agitan hasta provocarte el orgasmo que en tus sueños el te proporcionó.
Tócate. En este sueño, el placer se consumó.
 
Sólo para tus ojos
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Acabo de llegar al aeropuerto. Tras recoger el equipaje me dispongo a tomar un taxi que me lleve al hotel donde estaré alojada este fin de semana. El conductor se ha pasado mirándome por el espejo interior prácticamente todo el trayecto obligándome a subirme el cuello de la gabardina hasta cubrirme por encima de la garganta y a mirar con repugnancia hacia las atestadas calles llenas de gente. He sentido el lascivo brillo de sus ojos posarse sobre mis rodillas descubiertas. Creo que intuye que bajo esta gabardina, no llevo nada. Me siento asustada. Deseo llegar cuanto antes. Resulta un trayecto violento.
Al llegar a mi destino y pagarle, me ha retenido brévemente la muñeca mientras miraba hacia mis pechos cuyos pezones erectos se notaban bajo la tela beige.
He retirado violentamente la mano y al salir la abertura de la gabardina me ha jugado una mala pasada y el muy cerdo ha visto mis nalgas. He caminado precipitadamente y de forma inestable sobre los tacones hasta llegar a la recepción. Noto las mejillas encendidas por el sofocón y apenas acierto a pedir la llave reservada a mi nombre.
- Tiene un mensaje - me dice el recepcionista mientras su sonrisa sin dobleces me invita a calmarme. Me entrega un sobre que tiene este mensaje:
"Al entrar, encontrarás sobre la cama, la ropa que quiero que te pongas para recibirme".
Suspiro profundamente mientras le doy las gracias al recepcionista y le dejo una pequeña propina sobre el mostrador. Tomo el ascensor y cuando llego a mi planta, recupero la confianza en mi misma. Abro la puerta y entro en la habitación en penumbra. Voy directamente hacia la cama y desenvuelvo el paquete cuidadosamente anhelando descubrir su contenido: ropa interior de organza negra y encaje con tirantes de brillante terciopelo negro.
Dejo caer a mis pies la gabardina y con ella cualquier resto de verguenza mientras comienzo a vestirme con esta ropa breve. Abro mi bolso y saco unas medias de seda negra con liga de tul negro y las deslizo con suavidad sobre mis piernas. Me invade una oleada de calor y embriagada de deseo deposito unas gotas de perfume sobre mi pulso, en mi nuca, tras mis rodillas, en mis tobillos sin olvidarme de unas gotas sobre las bragas que cubren mi sexo.
Suenan unos golpes en la puerta. Un escalofrío me recorre y se contraen los músculos de mis muslos y noto como se humedece mi pubis. El corazón me late rápido haciendo que emita breves jadeos mientras mis pechos pugnan por salir hacia fuera con sus subidas y bajada sobre la tela del sujetador. Me tumbo sobre las inmaculadas sábanas y siento abrise la puerta y tus pisadas sobre la moqueta.
Depositas un ramo de rosas a mis pies mientras comienzas a lamerme la piernas sobre la seda de las medias y vas subiendo tus manos hacia arriba en un ávido recorrido hasta depositar tus dedos entre mis labios. Los chupo golosamente y te siento sobre mí.
¡Qué se muera de envidia el taxista! Esto es sólo para tí.
 
Les veo
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Salgo de la ducha. Me pongo el albornoz y a oscuras voy hasta el sálón.
Enciendo un cigarrillo y me asomo a la ventana con mirada inquisitiva y extraña.
Abajo en la calle, cohes, ruido de gente en los bares.
Voy subiendo la mirada por la calle oscura por la tenue luz de farolas iluminada.
Voy posando mis ojos en cada ventana: cortinas, stores, siluetas, sombras, luces azules, amarillas, blancas...
Sigo subiendo y me detengo en su ventana. La misma que noche tras noche espío en la madrugada.
Es la única con las persianas abiertas y cuyos cristales no se tapan.
Le veo como llega, como lee, como se asoma, como fuma y luego se desplaza bajo la luz de una ténue lámpara hasta que desaparece en otra habitación. Cuando vuelve, lo hace desnudo de cintura para arriba y lleva puesto un pantalon blanco con cordón en la cintura. Se lleva las manos a la cabeza en un gesto coqueto mientras empuja su pelo hacia atrás y cierra los ojos y echa su cabeza a un lado y a otro para intentar hacerla más ligera.
Le veo tumbarse en el sofá y un deseo inquieto me recorre el cuerpo.
Apago el cigarro para que su luz delatora no le indique que le observo desde mi cristal.
De repente se levanta, se escapa de mi campo de visión para aparecer acompañado de una hermosa mujer. Se abrazan, se besan.
¡Ojala fuera yo!.
Camino inquieta por el salón y enciendo la luz. Me siento, me levanto. Paso fugazmente delante de la ventana y miro tímidamente hacia la suya. Les veo reir y sentarse. Él la desnuda.
Vuelvo a levantarme, apago la luz, me sirvo una copa y enciendo otro cigarro. Tengo calor. Me quito el albornoz y lo tiro con rabia al suelo.
Noto un escalofrío a través del camisón ligero que me cubre.
Me acerco despacio a la ventana y vuelvo la mirada con decisión a su salón. Él también esta mirando y como un relámpago me escondo en un rincón. ¿Me habrá visto?. Me vuelvo a acercar lentamente y descubro que sigue allí. Mirando hacia mi ventana, ¿me verá a mí?.
Pego mis labios al cristal y noto el frío que me invade cuando mi cuerpo lo roza através de la fina tela de mi camisón. Sigue mirando. Sonrie. La tira de mi camisón caé sobre mi hombro y yo no la quiero detener. Me froto contra el frío vídrio. El cierra los ojos y también los cierro yo mientras se escapa de mis labios un gemido de placer.
Cuando los abro ella le está abrazando desde atrás y sus manos bajan por entre sus piernas hacia su sexo. Desnudos se frotan mientras se comen a besos y caen al suelo mientras comienzan a hacer el amor.
Les veo. A mi nadie me vio.
 
Prohibido pasar
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Nunca hacemos lo que queremos hacer, ¿verdad?. Hacemos lo correcto y decimos que eso es lo que queremos.
 
Sacrificio de amor
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He venido tal y como me has pedido. Me ha costado mucho, pero al fin me he decidido.
No he querido dejar la oportunidad de pasar unos instantes a solas contigo.
Sé que dije que nunca más te volvería a ver. No quería sólo estar en tu cama amándote y verte luego marchar hasta que quisieras volver.
Sé que establecimos esto, que no te podía pedir más. Pero soy mujer... y de pronto, todos mis pensamientos se han vuelto tú.
Me despierto de madrugada angustiada preguntándome con quién estarás, dónde, a qué lugares irás.
Y recorro mentalmente cada rincón de tu casa, donde nuestros cuerpos se han unido y lloro de rabia al no saberte mío, al llenar con recuerdos mi soledad.
Cuando te conocí, ni siquiera quería saber de tí. Me pareciste prepotente y engreído, el rey de un nido de serpientes que se arrastraban ante tí. No, yo no quería acabar así.
Quizá mi esfuerzo por evitarte, te llevó hasta mí o mi cuerpo desprendía un salvaje aroma a gata en celo cada vez que distraidamente te sentabas cerca de mí.
Fue cuando la conocí. Vino a recogerte un día y todas las cobras que te rodeaban soltaron venenosos comentarios que te llegaron, no sé como, hasta a tí.
En cambio yo te alabé el gusto y en secreto envidié ese cuerpo que te esperaba por las noches, esos labios que te besaban sin reproches y esos regalos que lucía orgullosa a la menor ocasión. Soy mujer... ¿qué le puedo hacer?.
De repente, el obstáculo que ella suponía, fue mi puente hacia tí y primero por cosas vanas y después por rutina, comenzamos a coincidir al salir de la oficina.
Me llevábas, me traías y en cada viaje, caía en un abismo sin fin. En un carrusel de sentimientos que me llevaba a tí. Cuando hablabas sólo veía moverse tus labios carnosos, como emitiendo códigos secretos, señales de tí hacía mí. Y sucedió que un día, cuando te despedía con unos besos en las mejillas, tu comisura y la mía se rozaron en un segundo que para mí no tenía fin. Se detuvo el tiempo y se agitó mi aliento. Una descarga me recorrió el cuerpo y mi piel se erizó. Tuviste que sentirlo igual que lo sentí yo. Todo quedó ahí.
Esa noche, mientras me duchaba, pensé en tí, y mientras el agua me resbalaba, sentí unas enormes ganas de tí. De que me besaras, de que tu lengua se bebiera las gotas que me resbalaban por los senos, por mi cuello, por mi vientre, por mis muslos y entre ellos.
Me acaricié y gemí.
Al día siguiente al verte, mis ojos se bajaron vergonzosos, como si realmente tú hubieras estado allí. Me sentí sucia. Apenas te hablé.
Me preguntaste si algo me había molestado, si quería hablar. Y nos fuimos a aquel bar. La música, el ambiente, el tiempo que entonces no te pareció importar.
Me miraste y me dijiste que desde hacía algún tiempo no podías dejar de pensar en mí. Que sentías algo especial. ¡Ingenua de mí! Cai en tu red y me dejé atrapar.
Me sentía orgullosa de haber triunfado sobre las serpientes, y sobre la diosa que creía tenerte. ¡Qué engañada!. Mientras yo me enamoraba, mientras más deseaba, tú me conosolabas con bonitas palabras, con encuentros ardientes ... y por las noches una vacía cama.
Hoy vengo de nuevo, sin esperar nada, porque prefiero tenerte a medias, que no tener nada. Sé que no me quieres, pero dejé mi cabeza olvidada. Hoy sólo te traigo mi cuerpo, para que muera mi alma.