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Don Rufus
En los asuntos de mayor importancia, el estilo, y no la sinceridad, es vital
Sindicación
 
Don Gregorio
Don Gregogio duerme todos los días hasta las ocho y media. Le encanta despertarse oyendo el “tic – tac, tic – tac” del antiguo reloj colgado en el salón. Lo primero que hace cada mañana es acercarse a él y, sonriente, darle cuerda para que no se detenga.
Viejo gruñón, don Gregorio no acostumbra a salir de casa. Vive solo y pasa casi todo el día en un cómodo sillón cercano a la chimenea. Le rodean una infinidad de libros, propietarios de su vida. Una vieja mesa, testigo de sus inquietudes juveniles, había sido también invadida por una montaña de aquellos satánicos objetos, compiladores de papel.

<<¡Tiempo, tiempo, tiempo! ¿Qué voy a hacer yo con el tiempo? ¡No tengo tiempo, el tiempo me tiene a mí! Y, en sus manos, ando prisionero y muerto.
<<<¡Qué suicidio, el conocimiento! ... Leer, leer... tengo que leer y encontrar algún remedio a la muerte, ahora que aún continúo mortalmente en vida! Volver a ser hombre, volver a la humanidad. La cura debe estar en alguno de estos libros, eternizada para almas perdidas. ¡Leer, leer! ¡Tiempo, pienso resucitar ahora que estoy muerto! ¡Me desharé de ti!

Tendido en su sillón, don Gregorio volaba entre las páginas al ritmo del “tic – tac” que retumbaba en el salón. Sus ojos, a medida que iban absorbiendo huecas palabras, se deslizaban más y más hacia el reloj. Sus ojos formaban parte del reloj, que era quien realmente leía. Una lectura acompasada, regular, mecánica, obligada. Algo tediosa, pero inevitable. Textos apasionantes, duros, reflexivos, de fuego, de hielo. Daba igual, él notaba el fuego o el hielo y permanecía indiferente, una amalgama de sensaciones temporales anulaban toda pasión. Tenía prisa por revivir, no se fundía con ningún escrito, no podía quitarse de la cabeza la noción de él mismo como individuo-archivador. Así, su existencia no existía, y su vida se consumía inexorablemente apartado de toda humanidad.

Tic – tac, tic – tac... El rítmico tic - tac se fundía con sus sueños. Eran las nueve menos veinte, y Don Gregorio todavía dormía. Sobresaltado, se levantó violentamente y corrió hacia el salón... jamás se había excedido de su horario. Debía llegar a tiempo para dar cuerda al reloj. Durante los escasos segundos que tardó en llegar hasta él, temió que la sinfonía se detuviera para siempre. El pánico se apoderó de su cuerpo por un momento; el reloj no se detuvo, y Don Gregorio llegó a tiempo para eternizarlo de nuevo. Su cuerpo, contraído y alterado, se dejó caer sobre su sillón. Pero no conseguía recuperar el aliento, y su cuerpo se contraía más y más. Sus músculos estaban agarrotados; el viejo yacía inmóvil y asustado, sin saber qué estaba pasando.

Tic... Silencio.

De repente, las llamas de la chimenea se avivaron y rodearon a Don Gregorio y el sillón. Fuego, intenso fuego al alcance de su mano. Entre las llamas, se hizo clara ante los ojos del viejo una inscripción roja e incandescente:
<< Donde acaba el fuego y empieza el calor...>>
Calor. A don Gregorio le dominaba un calor angustioso, un dolor inaudito... un dolor especial... un dolor que le hacía sentir vivo. Se levantó del sillón, cerró los ojos y abrazó el fuego; lo hizo suyo, se hizo de él.

Cuando volvió a abrir los ojos, se encontraba en una verde pradera, bajo un cielo azul que le mostró una nueva inscripción:
<< Donde acaba el ojo y empieza la mirada...>>
Una piedrecita sobresalía entre la verde hierba. Don Gregorio la miró con detenimiento... y descubrió que en ella se escondía Dios. El anciano, levitando, tomó forma de éter, tierra, fuego y agua, y abrazó la piedra. Convertido en mundo, pasó a formar parte de esa piedrecita; se fundió en ella, y su memoria y entendimiento se nublaron para siempre.

... tac.

Yacía, sin vida, el cadáver de un muerto.


 
Comentario:
holasoy poaco. el cuento me ha guistado pero voy a dernunciatrte por mata a un gusano.
 
Comentario:
Buenas! Bienvenido al mundo de los bloggers, te deseo mucha suerte y que sigas deleitándonos con tu facilidad de palabra
Un saludo

Corto pero intenso


 
Comentario:
creo que todos somos un poco don Gregorios en un momento de nuestras vidas.....don gregorio4ever!! el cuento fantástico, un cuento de sensaciones y sentidos...
No