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Don Rufus
En los asuntos de mayor importancia, el estilo, y no la sinceridad, es vital
Sindicación
 
Una mentira sobre la muerte
[...] El acto de la muerte como acto erótico. [...] los etruscos la representaban con una enorme vagina. Ésta, probablemente, significa varias cosas. De allí venimos y allí vamos quería decir aquella gente. Nacemos por un acto erótico, a través de una mujer, y debemos morir por otro acto erótico, a través de otra mujer, a través de la muerte - hetaira, la figura contraria y complementaria de la Madre... [...]

[...] En las sociedades civilizadas la muerte es el concepto tabú por excelencia. No se habla de ella, ni se menciona su nombre, se la describe con una perífrasis, como si fuera una marranada, al muerto se le denomina difunto, fallecido o finado, se habla de todo ello de la misma manera que de los actos relacionados con la digestión. De lo que no se habla, tampoco se debe pensar. Es una defensa de la civilizacion contra el terrible mal, esa horrible amenaza que consiste en que en el hombre, al lado del instinto de la vida, trabaja también un instinto contrario, un instinto muy astuto, dulce y fuerte que nos incita a desaparecer. Ese instinto es tanto más peligroso para el alma del hombre civilizado cuanto que el hambre primordial de vida de éste ha disminuido considerablemente. Por eso debe reprimir el otro deseo con la capa y con la espada. [...]

No obstante, es común a la humanidad el sentimiento de autodestrucción ante la vorágine, o, lo que es lo mismo, al exponerse a grandes alturas. El fenómeno del vértigo, común a todos nosotros, es aquello que nos crea el deseo de la muerte como acto de entrega a la naturaleza. En nuestra civilización, dejando, obviamente, fuera el concepto afectado de suicidio, es el único sentimiento sublime que nos alcanza; el concepto de la muerte, por todo lo demás, no es tratado de ningún otro modo si no eufemísticamente. ¿Herencia cristiana?