Una mentira sobre la muerte
[...] El acto de la muerte como acto erótico. [...] los etruscos la representaban con una enorme vagina. Ésta, probablemente, significa varias cosas. De allí venimos y allí vamos quería decir aquella gente. Nacemos por un acto erótico, a través de una mujer, y debemos morir por otro acto erótico, a través de otra mujer, a través de la muerte - hetaira, la figura contraria y complementaria de la Madre... [...]
[...] En las sociedades civilizadas la muerte es el concepto tabú por excelencia. No se habla de ella, ni se menciona su nombre, se la describe con una perífrasis, como si fuera una marranada, al muerto se le denomina difunto, fallecido o finado, se habla de todo ello de la misma manera que de los actos relacionados con la digestión. De lo que no se habla, tampoco se debe pensar. Es una defensa de la civilizacion contra el terrible mal, esa horrible amenaza que consiste en que en el hombre, al lado del instinto de la vida, trabaja también un instinto contrario, un instinto muy astuto, dulce y fuerte que nos incita a desaparecer. Ese instinto es tanto más peligroso para el alma del hombre civilizado cuanto que el hambre primordial de vida de éste ha disminuido considerablemente. Por eso debe reprimir el otro deseo con la capa y con la espada. [...]
No obstante, es común a la humanidad el sentimiento de autodestrucción ante la vorágine, o, lo que es lo mismo, al exponerse a grandes alturas. El fenómeno del vértigo, común a todos nosotros, es aquello que nos crea el deseo de la muerte como acto de entrega a la naturaleza. En nuestra civilización, dejando, obviamente, fuera el concepto afectado de suicidio, es el único sentimiento sublime que nos alcanza; el concepto de la muerte, por todo lo demás, no es tratado de ningún otro modo si no eufemísticamente. ¿Herencia cristiana?
[...] En las sociedades civilizadas la muerte es el concepto tabú por excelencia. No se habla de ella, ni se menciona su nombre, se la describe con una perífrasis, como si fuera una marranada, al muerto se le denomina difunto, fallecido o finado, se habla de todo ello de la misma manera que de los actos relacionados con la digestión. De lo que no se habla, tampoco se debe pensar. Es una defensa de la civilizacion contra el terrible mal, esa horrible amenaza que consiste en que en el hombre, al lado del instinto de la vida, trabaja también un instinto contrario, un instinto muy astuto, dulce y fuerte que nos incita a desaparecer. Ese instinto es tanto más peligroso para el alma del hombre civilizado cuanto que el hambre primordial de vida de éste ha disminuido considerablemente. Por eso debe reprimir el otro deseo con la capa y con la espada. [...]
No obstante, es común a la humanidad el sentimiento de autodestrucción ante la vorágine, o, lo que es lo mismo, al exponerse a grandes alturas. El fenómeno del vértigo, común a todos nosotros, es aquello que nos crea el deseo de la muerte como acto de entrega a la naturaleza. En nuestra civilización, dejando, obviamente, fuera el concepto afectado de suicidio, es el único sentimiento sublime que nos alcanza; el concepto de la muerte, por todo lo demás, no es tratado de ningún otro modo si no eufemísticamente. ¿Herencia cristiana?
El viaje al océano
Un túnel.
La niña llora, y una farola, falsa luz, la recibe.
Oscuridad pintada de amarillo con un inevitable final.
Blanco.
Ahora la niña está rodeada de agua, y espera en una estación de tren.
"Antes había tren de ida y vuelta; ahora sólo lo hay de ida".
Se detiene ante ella. La niña se sube.
Piensa en amarillo para entrar en blanco.
Movimiento del tren,
que sólo el tiempo conoce.
Su parada. Niña, bájate.
Se encuentra ante otro túnel, pero no hay farola de por medio.
Avanza sola, iluminada por sí misma.
Amarilla luz que desprende su alma.
Vuelve al punto de partida, pero más vieja y con nueva luz en su interior.
Un falso acercamiento al mundo (no prometí la verdad)
¿Por qué se empeñan en entregar su alma al trabajo? Tienen fama de ordenadas, responsables, organizadas. Construyen enormes galerías, pasean todo el día en busca de comida; están dominadas por sus obligaciones.
¿Qué es la vida para estos insulsos bichejos? ¿A qué se dedican? Si se entregan a la comunidad, ¿qué queda de ellos? Cada individuo queda negado por el bien común. Tristes insectos, ni la reproducción está a su alcance, pues ya hay una señora que se encarga ella sola de la continuidad de la especie. Y ni siquiera lo hace con gusto: es su obligación.
Entregan su vida a la muerte, que juega con ellas a su antojo. Cegadas, trabajan con ahínco amenazadas por el miedo al sufrimiento... "¿y si en invierno no tenemos suficientes provisiones? ¿Qué haremos? Trabajar, trabajar, trabajar... hemos de trabajar!"
En verano hay recolección. En invierno, en cambio, encerradas bajo tierra, prefieren trabajar en sus galerías. Cavan su propia tumba.
En nuestro planeta habrá millones y millones de ormigas, seres imperfectos, incompletos. ¿Qué les falta? No viven, su existencia consiste en colaborar con el resto de ormigas.
Igualdad. Todas son iguales. Cada una tiene una función, tal y como exige la comunidad. Pero todas son iguales. Se han entregado. Se han vaciado por el bien común, aunque ese bien no exista (como ellas, que han dejado de existir). Es todo una mentira. Pero ellas no se engañan a sí mismas. Ellas son felices trabajando.
Nacen y mueren, pero ellas no saben lo que es nacer y morir. Nunca les ha importado. Si una muere, bueno, no pasa nada. La moribunda, el día de su muerte, queda tranquila: su trabajo será continuado por las ormigas jovenes.
¡Qué insoportable vacuidad! No necesitan consuelo metafísico. Realmente, no hay metafísica. Dios debe castigar a este ser monstruoso, frío y calculador. Este animal consigue cabrear hasta a las piedras, que, normalmente, intentan abalanzarse sobre la boca del hormiguero para ahogarlas y acabar de una vez por todas con su no-existencia. Naturalmente, las 40 000 ormigas, juntas, empujan con todas sus fuerzas y consiguen mover una y otra vez todas las piedras que las obstaculizan. Esa piedra... algo frío, piensan, que les impide salir a por la comida del siguiente invierno. Una mísera piedra, que ni asusta ni da que pensar, que no es más que eso. Una piedra.
Menos mal que el lenguaje se ha encargado de poner a cada uno en su lugar, y las ha dotado de una lápida pesadísima que demuestra su vacuidad como especie, su insignificancia. Las ormigas se reúnen alrededor de un concepto: "hormiga". No había mejor manera, no había manera más fascinante de deseternizar algo. Su finitud queda reflejada. No son nada, así que delante de su nombre Dios decide reflejar la nada. Lo merecen.
- Mamá, mira qué dibujo más bonito he pintado para ti.
- ¡Ay!, hijo mío, qué cosas tienes. ¿Y qué es? Es un sombrero?
- ... Mamá... es una boa comiéndose a un elefante.
- Jejeje... pero criaturita mía, no es lo tuyo esto del dibujo eh! Chiquitín, no te preocupes, que eso no es importante. Ahora, a los 6 años, puedes dedicarte a pintar boas y jirafas, pero no olvides que en un tiempo deberás empezar a trabajar. No puedes ser mi chiquitín toda tu vida. Tendrás que hacerte un Hombre.
... Los ombres son seres vacíos.
[ - Formica y uomo no llevan "h" - pensó un señor muy inteligente.
- Señor, demuestra usted una incompetencia despesurada - repliqué yo -; ¿no se da usted cuenta de que los italianos tienen helados y pizzas? Ellos no necesitan "h". Una pizza y un helado son suficientes para aplacar cualquier turbación metafísica.
- ¡Oiga usted, insolente mamarracho! ¡Despesurado lo será usted, masca-pizzas, sorbe-helados!
- Porque, en el fondo, y como a todos, me gusta ser hombre. Pero me gusta también jugar a ser piedra, eso sí, siempre dentro de la vacuidad de un ejemplar mozalbete. Es simplemente un juego. Juguemos todos, y divirtámonos de Verdad.]
... ¡Bárbaro!
Los utilitarios ciudadanos defienden una formación universitaria diferente, renovada, que dé resultados, que nos ayude a construir un mundo más cómodo.
La ciudadanía exige el estudio sobre una base práctica donde se erradique cualquier posible placer por el conocimiento, reduciéndolo a la "necesariedad" de éste para ser "útil" a la sociedad del siglo XXI.
Los locos que rechazamos estas propuestas lo hacemos en nombre del amor y en una lucha constante contra la lógica. Basar la formación de una sociedad en ese principio resulta mortal para el hombre, que se limita aún más a una funcionalidad - pila y a una existencia hueca.
Hace poco me di cuenta, leyendo un artículo, del verdadero sentido de la palabra "Bárbaro".
Resulta que proviene de "barbarus, a, um", adjetivo latín que significa extranjero, inculto, bárbaro, rudo. No obstante, ha aparecido en estos últimos años una nueva acepción; bárbaro también puede significar "estupendo".
Como no podía ser de otra manera, los hijos de Eneas, pueblo egocéntrico por excelencia, daban una significación absolutamente negativa a un término que significaba "los no-romanos". Formaron una civilización que creyó en sí misma y por eso pudo mantenerse durante tanto tiempo como dominadora de Occidente, aunque degeneró finalmente hacia una superficial moralidad, diluyéndose también su vanidoso sentimiento de superioridad.
Saltemos ahora hasta el siglo XXI. Nuestra sociedad mantiene un gusto por el progreso técnico y científico absolutamente dominador. Nuestras vidas son controladas por esta modalidad de pensamiento. De herencia Socrática, esta mentalidad conlleva el eterno optimismo limitador y fronterizo cuya consecuencia directa es un estudio preliminar y superficial del mundo, y la inevitable impotencia ante misterios no desvelables. A efectos prácticos, conseguimos simplemente aumentar nuestras comodidades y hacer más amena, y no más interesante, nuestra existencia.
Ante este hecho, recurro a mi querida palabra "bárbaro" para reirme de esta sociedad de científicos y batas blancas, y transmito a todos cuantos lean esta insípida reflexión que el lenguaje, reflejo de la comunidad, está intentando expresar la insatisfacción del estado actual de las cosas. Sólo se recurre a una revalorización de lo "no-intrínseco en nuestra cultura" cuando ésta no nos satisface plenamente. No me refiero al sano interés, hijo de la curiosidad humana, proyectado hacia otras culturas o realidades. Me refiero expresamente al intento de evasión de esta sofocante tradición Occidental por parte de la misma sociedad, aunque, de momento, los individuos, seres inanimados y con ganas de pasar una plácida existencia, no se den cuenta de esta rebelión.
Por eso sonrío ante las declaraciones de las autoridades que pretenden este cambio educativo y que después, en el bar, comentan que "Ronaldinho es un bárbaro", sin querer decir que es un extranjero sucio y maloliente, queriendo decir simplemente que es un gran jugador.
Naturalmente, ésta, como prueba verídica para demostrar la insatisfacción generalizada de los Occidentales, es inaceptable. Claro que, si pensara en pruebas irrefutables, yo mismo debería pensar de una manera fría y calculadora, a través del sano juicio y de la razón; nada más lejos: esta reflexión me sirve para jugar con las palabras y sus significados, para creer en el cambio de esta sociedad urbana y sucia, para defender un cambio al gusto por el absurdo, y para demostrar mi amor por pequeños detalles insignificantes y no-productivos que hoy en día están olvidados.
¡Ohh, hombre positivo, que todo quieres descubrir a través de demostraciones puramente lógicas y razonadas! ¡Una gran piedra se cierne sobre ti! ¡El lenguaje! Ésta es sólo la primera palabra prohibida que amenaza tu destrucción... aparecerán muchas más, porque el destino está escrito. Un gusano saldrá de tu garganta, pronunciará la palabra "bárbaro" y abrirá un camino hacia el más allá, hacia el olvido, hacia la pasión! ¡Iluminará a toda la raza, que, arrepentida, se dejará llevar por su instinto natural y trágico ¡Y ese gusano habrá estudiado Historia del Arte!
La ciudadanía exige el estudio sobre una base práctica donde se erradique cualquier posible placer por el conocimiento, reduciéndolo a la "necesariedad" de éste para ser "útil" a la sociedad del siglo XXI.
Los locos que rechazamos estas propuestas lo hacemos en nombre del amor y en una lucha constante contra la lógica. Basar la formación de una sociedad en ese principio resulta mortal para el hombre, que se limita aún más a una funcionalidad - pila y a una existencia hueca.
Hace poco me di cuenta, leyendo un artículo, del verdadero sentido de la palabra "Bárbaro".
Resulta que proviene de "barbarus, a, um", adjetivo latín que significa extranjero, inculto, bárbaro, rudo. No obstante, ha aparecido en estos últimos años una nueva acepción; bárbaro también puede significar "estupendo".
Como no podía ser de otra manera, los hijos de Eneas, pueblo egocéntrico por excelencia, daban una significación absolutamente negativa a un término que significaba "los no-romanos". Formaron una civilización que creyó en sí misma y por eso pudo mantenerse durante tanto tiempo como dominadora de Occidente, aunque degeneró finalmente hacia una superficial moralidad, diluyéndose también su vanidoso sentimiento de superioridad.
Saltemos ahora hasta el siglo XXI. Nuestra sociedad mantiene un gusto por el progreso técnico y científico absolutamente dominador. Nuestras vidas son controladas por esta modalidad de pensamiento. De herencia Socrática, esta mentalidad conlleva el eterno optimismo limitador y fronterizo cuya consecuencia directa es un estudio preliminar y superficial del mundo, y la inevitable impotencia ante misterios no desvelables. A efectos prácticos, conseguimos simplemente aumentar nuestras comodidades y hacer más amena, y no más interesante, nuestra existencia.
Ante este hecho, recurro a mi querida palabra "bárbaro" para reirme de esta sociedad de científicos y batas blancas, y transmito a todos cuantos lean esta insípida reflexión que el lenguaje, reflejo de la comunidad, está intentando expresar la insatisfacción del estado actual de las cosas. Sólo se recurre a una revalorización de lo "no-intrínseco en nuestra cultura" cuando ésta no nos satisface plenamente. No me refiero al sano interés, hijo de la curiosidad humana, proyectado hacia otras culturas o realidades. Me refiero expresamente al intento de evasión de esta sofocante tradición Occidental por parte de la misma sociedad, aunque, de momento, los individuos, seres inanimados y con ganas de pasar una plácida existencia, no se den cuenta de esta rebelión.
Por eso sonrío ante las declaraciones de las autoridades que pretenden este cambio educativo y que después, en el bar, comentan que "Ronaldinho es un bárbaro", sin querer decir que es un extranjero sucio y maloliente, queriendo decir simplemente que es un gran jugador.
Naturalmente, ésta, como prueba verídica para demostrar la insatisfacción generalizada de los Occidentales, es inaceptable. Claro que, si pensara en pruebas irrefutables, yo mismo debería pensar de una manera fría y calculadora, a través del sano juicio y de la razón; nada más lejos: esta reflexión me sirve para jugar con las palabras y sus significados, para creer en el cambio de esta sociedad urbana y sucia, para defender un cambio al gusto por el absurdo, y para demostrar mi amor por pequeños detalles insignificantes y no-productivos que hoy en día están olvidados.
¡Ohh, hombre positivo, que todo quieres descubrir a través de demostraciones puramente lógicas y razonadas! ¡Una gran piedra se cierne sobre ti! ¡El lenguaje! Ésta es sólo la primera palabra prohibida que amenaza tu destrucción... aparecerán muchas más, porque el destino está escrito. Un gusano saldrá de tu garganta, pronunciará la palabra "bárbaro" y abrirá un camino hacia el más allá, hacia el olvido, hacia la pasión! ¡Iluminará a toda la raza, que, arrepentida, se dejará llevar por su instinto natural y trágico ¡Y ese gusano habrá estudiado Historia del Arte!
Un gusano en mi habitación
¡Ohh verdes valles, valles verdes, altas montañas, montañas altas!
Frondosos bosques donde Dios halla cobijo, ardiente Sol que arde en la noche, blanca Luna, azul durante el día, criaturas de la Naturaleza, animales, plantas, seres vivos...
Yo os quiero! Yo os sueño! No encuentro el día en que pueda pasar a formar parte de vosotros! Qué onírica visión, la Madre Naturaleza, qué deseo de formar parte de ella! Correr por las verdes praderas, tenderse, de noche, ante el negro silencio y contar las estrellas que se muestran ante nosotros; escuchar, en el silencio, el intrépido cantar de los grillos, un búho se deja oír a poca distancia, no hay distancias, no hay espacio, no hay tiempo.
¡Raíces naturales de mi esencia, dominadme, anuladme, haced que forme por fin parte de Dios, dejad que me nutra de él! ¡Mi libertad, mi descanso, mi eterna salvación! ¡Quiero llegar a ella! ¡Que alguien me muestre el camino!
Hoy he encontrado un gusano en mi habitación. Un pequeño y gracioso gusano, sinuoso, jugando con las teclas de esto que llaman teclado, sonriente.
He gritado con horror, me he estremecido, he controlado mis nervios y, con odio, ira y violencia, le he aplastado con la yema de mi pulgar. Su escasa sangre ha quedado dibujada en mi dedo, y la más completa calma, sosiego, felicidad, se ha apoderado de mí.
Un camino borrado, dicen los que borran caminos, es mejor que un camino.
Frondosos bosques donde Dios halla cobijo, ardiente Sol que arde en la noche, blanca Luna, azul durante el día, criaturas de la Naturaleza, animales, plantas, seres vivos...
Yo os quiero! Yo os sueño! No encuentro el día en que pueda pasar a formar parte de vosotros! Qué onírica visión, la Madre Naturaleza, qué deseo de formar parte de ella! Correr por las verdes praderas, tenderse, de noche, ante el negro silencio y contar las estrellas que se muestran ante nosotros; escuchar, en el silencio, el intrépido cantar de los grillos, un búho se deja oír a poca distancia, no hay distancias, no hay espacio, no hay tiempo.
¡Raíces naturales de mi esencia, dominadme, anuladme, haced que forme por fin parte de Dios, dejad que me nutra de él! ¡Mi libertad, mi descanso, mi eterna salvación! ¡Quiero llegar a ella! ¡Que alguien me muestre el camino!
Hoy he encontrado un gusano en mi habitación. Un pequeño y gracioso gusano, sinuoso, jugando con las teclas de esto que llaman teclado, sonriente.
He gritado con horror, me he estremecido, he controlado mis nervios y, con odio, ira y violencia, le he aplastado con la yema de mi pulgar. Su escasa sangre ha quedado dibujada en mi dedo, y la más completa calma, sosiego, felicidad, se ha apoderado de mí.
Un camino borrado, dicen los que borran caminos, es mejor que un camino.
Un primer acercamiento al mundo: Don Gregorio
Don Gregogio duerme todos los días hasta las ocho y media. Le encanta despertarse oyendo el “tic – tac, tic – tac” del antiguo reloj colgado en el salón. Lo primero que hace cada mañana es acercarse a él y, sonriente, darle cuerda para que no se detenga.
Viejo gruñón, don Gregorio no acostumbra a salir de casa. Vive solo y pasa casi todo el día en un cómodo sillón cercano a la chimenea. Le rodean una infinidad de libros, propietarios de su vida. Una vieja mesa, testigo de sus inquietudes juveniles, había sido también invadida por una montaña de aquellos satánicos objetos, compiladores de papel.
<<¡Tiempo, tiempo, tiempo! ¿Qué voy a hacer yo con el tiempo? ¡No tengo tiempo, el tiempo me tiene a mí! Y, en sus manos, ando prisionero y muerto.
< <<¡Qué suicidio, el conocimiento! ... Leer, leer... tengo que leer y encontrar algún remedio a la muerte, ahora que aún continúo mortalmente en vida! Volver a ser hombre, volver a la humanidad. La cura debe estar en alguno de estos libros, eternizada para almas perdidas. ¡Leer, leer! ¡Tiempo, pienso resucitar ahora que estoy muerto! ¡Me desharé de ti!
Tendido en su sillón, don Gregorio volaba entre las páginas al ritmo del “tic – tac” que retumbaba en el salón. Sus ojos, a medida que iban absorbiendo huecas palabras, se deslizaban más y más hacia el reloj. Sus ojos formaban parte del reloj, que era quien realmente leía. Una lectura acompasada, regular, mecánica, obligada. Algo tediosa, pero inevitable. Textos apasionantes, duros, reflexivos, de fuego, de hielo. Daba igual, él notaba el fuego o el hielo y permanecía indiferente, una amalgama de sensaciones temporales anulaban toda pasión. Tenía prisa por revivir, no se fundía con ningún escrito, no podía quitarse de la cabeza la noción de él mismo como individuo-archivador. Así, su existencia no existía, y su vida se consumía inexorablemente apartado de toda humanidad.
Tic – tac, tic – tac... El rítmico tic - tac se fundía con sus sueños. Eran las nueve menos veinte, y Don Gregorio todavía dormía. Sobresaltado, se levantó violentamente y corrió hacia el salón... jamás se había excedido de su horario. Debía llegar a tiempo para dar cuerda al reloj. Durante los escasos segundos que tardó en llegar hasta él, temió que la sinfonía se detuviera para siempre. El pánico se apoderó de su cuerpo por un momento; el reloj no se detuvo, y Don Gregorio llegó a tiempo para eternizarlo de nuevo. Su cuerpo, contraído y alterado, se dejó caer sobre su sillón. Pero no conseguía recuperar el aliento, y su cuerpo se contraía más y más. Sus músculos estaban agarrotados; el viejo yacía inmóvil y asustado, sin saber qué estaba pasando.
Tic... Silencio.
De repente, las llamas de la chimenea se avivaron y rodearon a Don Gregorio y el sillón. Fuego, intenso fuego al alcance de su mano. Entre las llamas, se hizo clara ante los ojos del viejo una inscripción roja e incandescente:
<< Donde acaba el fuego y empieza el calor...>>
Calor. A don Gregorio le dominaba un calor angustioso, un dolor inaudito... un dolor especial... un dolor que le hacía sentir vivo. Se levantó del sillón, cerró los ojos y abrazó el fuego; lo hizo suyo, se hizo de él.
Cuando volvió a abrir los ojos, se encontraba en una verde pradera, bajo un cielo azul que le mostró una nueva inscripción:
<< Donde acaba el ojo y empieza la mirada...>>
Una piedrecita sobresalía entre la verde hierba. Don Gregorio la miró con detenimiento... y descubrió que en ella se escondía Dios. El anciano, levitando, tomó forma de éter, tierra, fuego y agua, y abrazó la piedra. Convertido en mundo, pasó a formar parte de esa piedrecita; se fundió en ella, y su memoria y entendimiento se nublaron para siempre.
... tac.
Yacía, sin vida, el cadáver de un muerto.
Viejo gruñón, don Gregorio no acostumbra a salir de casa. Vive solo y pasa casi todo el día en un cómodo sillón cercano a la chimenea. Le rodean una infinidad de libros, propietarios de su vida. Una vieja mesa, testigo de sus inquietudes juveniles, había sido también invadida por una montaña de aquellos satánicos objetos, compiladores de papel.
<<¡Tiempo, tiempo, tiempo! ¿Qué voy a hacer yo con el tiempo? ¡No tengo tiempo, el tiempo me tiene a mí! Y, en sus manos, ando prisionero y muerto.
<
Tendido en su sillón, don Gregorio volaba entre las páginas al ritmo del “tic – tac” que retumbaba en el salón. Sus ojos, a medida que iban absorbiendo huecas palabras, se deslizaban más y más hacia el reloj. Sus ojos formaban parte del reloj, que era quien realmente leía. Una lectura acompasada, regular, mecánica, obligada. Algo tediosa, pero inevitable. Textos apasionantes, duros, reflexivos, de fuego, de hielo. Daba igual, él notaba el fuego o el hielo y permanecía indiferente, una amalgama de sensaciones temporales anulaban toda pasión. Tenía prisa por revivir, no se fundía con ningún escrito, no podía quitarse de la cabeza la noción de él mismo como individuo-archivador. Así, su existencia no existía, y su vida se consumía inexorablemente apartado de toda humanidad.
Tic – tac, tic – tac... El rítmico tic - tac se fundía con sus sueños. Eran las nueve menos veinte, y Don Gregorio todavía dormía. Sobresaltado, se levantó violentamente y corrió hacia el salón... jamás se había excedido de su horario. Debía llegar a tiempo para dar cuerda al reloj. Durante los escasos segundos que tardó en llegar hasta él, temió que la sinfonía se detuviera para siempre. El pánico se apoderó de su cuerpo por un momento; el reloj no se detuvo, y Don Gregorio llegó a tiempo para eternizarlo de nuevo. Su cuerpo, contraído y alterado, se dejó caer sobre su sillón. Pero no conseguía recuperar el aliento, y su cuerpo se contraía más y más. Sus músculos estaban agarrotados; el viejo yacía inmóvil y asustado, sin saber qué estaba pasando.
Tic... Silencio.
De repente, las llamas de la chimenea se avivaron y rodearon a Don Gregorio y el sillón. Fuego, intenso fuego al alcance de su mano. Entre las llamas, se hizo clara ante los ojos del viejo una inscripción roja e incandescente:
<< Donde acaba el fuego y empieza el calor...>>
Calor. A don Gregorio le dominaba un calor angustioso, un dolor inaudito... un dolor especial... un dolor que le hacía sentir vivo. Se levantó del sillón, cerró los ojos y abrazó el fuego; lo hizo suyo, se hizo de él.
Cuando volvió a abrir los ojos, se encontraba en una verde pradera, bajo un cielo azul que le mostró una nueva inscripción:
<< Donde acaba el ojo y empieza la mirada...>>
Una piedrecita sobresalía entre la verde hierba. Don Gregorio la miró con detenimiento... y descubrió que en ella se escondía Dios. El anciano, levitando, tomó forma de éter, tierra, fuego y agua, y abrazó la piedra. Convertido en mundo, pasó a formar parte de esa piedrecita; se fundió en ella, y su memoria y entendimiento se nublaron para siempre.
... tac.
Yacía, sin vida, el cadáver de un muerto.
La intención del Blog
Aviso a navegantes!! Tierra firme a la vista!
Nos desplazamos sobre estas palabras con dirección hacia la verdad. Ya se intuye en el horizonte, sólo nos falta jugar un poco más con nuestra embarcación, remar con fuerza y esperar un soplo de aire fresco para llegar hasta ella.
Pero no nos demoremos entre palabras que no conducen a ningún sitio como estas, de inútil presentación, y continuemos bailando sobre nuestro barco dejando que nuestros cuerpos imaginen, sueñen y se conviertan en mástiles y velas para llegar lo antes posible a nuestro inexorable destino.
¡Súbete, lector-timonel, a esta nave, y acompáñame en este viaje; baila conmigo, escribe cuanto quieras y ayúdame a descubrir una nueva mentira de la verdad! ¡No, no quieras conocer la verdad! Conténtate con una nueva versión falsa, porque si la descubrieras... perecerías en tierra firme y te convertirías en un coco.