DUEÑO DE MI VIDA
A Delfina Tacón el nombre de Terri Schiavo no le dice nada. En su casa las noticias llegan tarde, si llegan, porque no hay un segundo de respiro para sentarse a ver la televisión o leer la prensa. Para cuando Delfina supo, el martes pasado, que EEUU se ha dividido entre quienes creen que una mujer en coma irreversible debe seguir viviendo y los que piensan que no, ya hacía cuatro días que a Terri Schiavo la habían desconectado. Desde 1990, la existencia de Terri ha dependido de un tubo de alimentación, un frágil cordón umbilical de cuyos extremos unos y otros llevan años tirando, llevándola y trayéndola de la muerte. En esta ocasión, hasta George W. Bush ha querido medir sus fuerzas dictando una ley especial para atarla a este mundo.
En la casa de Delfina también hubo tira y afloja cuando el martes el caso de Schiavo se puso sobre la mesa. Nadie mejor que ella y sus hijos para opinar con conocimiento de causa.
-Mamá, ¿y cómo sabemos qué es lo mejor? ¿Y si Noli está pidiendo a gritos que lo dejemos morir y no lo escuchamos o no somos capaces de entenderlo?
-¡¡¡Pero hijos, ante la duda!!!
-No te pongas así mamá. Nosotros no seríamos capaces de tomar una decisión así para nuestro hermano, pero no sabemos las razones de cada uno.
Delfina, 63 años, no quiso hablar más. «Zanjé el debate porque me estaba haciendo daño. Nadie es quién para quitarle la vida a otra persona. No quiero decir con esto que no tengan derecho a descansar pero... ¡Es tan complicado!», dice alejándose de una reflexión que la incomoda.
La primera planta de la casa de Delfina, en Vilalonga (Pontevedra), era el taller de carpintería de uno de los hijos hasta que hace cinco años hubo que reconvertirla en la habitación de Noli. Sobre el cabecero de la cama cuelga un cuadro con su nombre bordado en punto de cruz. Noli es en realidad Celso Manuel González Tacón, 32 años, el segundo de siete hermanos, en coma irreversible desde los 27 tras sufrir un accidente de tráfico.
La estancia donde Noli yace en estado vegetativo está decorada con todos sus recuerdos, por si la cercanía con lo que lo apasionó pudiera sacarlo del letargo. Sobre las dos bombonas de oxígeno cuelga una bufanda del Real Madrid. El tazón de la mesilla, también con el escudo del equipo grabado, está ahora lleno de jeringuillas.Tiene un reloj madridista y un peluche igualmente vestido de blanco. No hay día en que sus hermanos no le comenten la última desdicha de un equipo galáctico que él ni siquiera ha llegado a conocer aunque le pongan todos los partidos por televisión.
Noli no habla. Ni se mueve. Como Terri Schiavo, depende de un tubo para alimentarse. Y apenas respira. Un pulmón ha dejado de funcionar y el otro se colapsa con frecuencia. Varias veces al día tienen que meterle un tubo y aspirar para que no se asfixie.Su familia sale no menos de cuatro veces al mes corriendo en busca de una ambulancia. Además, necesita oxígeno. Aparentemente, sus únicos signos de vida son que puede abrir y cerrar los ojos y que se escucha el latido de su corazón. Los médicos dicen que vegeta. Ni siente ni padece.
Alrededor de la cama de Noli, Delfina se deshace en atenciones.Lo arropa y lo vuelve a arropar, le habla atropelladamente, y lo acaricia, y lo besa. «¡Ay, mi rey, mi niño, pero qué guapo es!». Este Domingo de Ramos tampoco se ha olvidado de ir a buscar una ramita de olivo para ponérsela en su habitación. «Es que si dejo de hacer cosas con él o dejo de hablarle es como convencerte de que no existe y Noli existe, ¿eh?», dice.
Delfina se enfrentó a la disyuntiva de si merecía o no la pena que Noli se quedara con ella hace cinco años. Unas semanas después del accidente tuvo la oportunidad de desconectarlo. Dice que el médico del Hospital de Santiago de Compostela que le planteó el asunto no anduvo sobrado de delicadeza.
-Tener a este chico así no es bueno para él ni para nadie. Si fuera familiar mío le sacaba todas estas máquinas ahora mismo.Además, está ocupando la cama de una persona recuperable.
-Por encima de mi cadáver. Para que usted desenchufe a mi hijo tendrá que matarme a mí antes.
Desde esa conversación, Delfina no volvió a separarse de él por si alguien apagaba a Noli sin su consentimiento.
Cada vez que a Noli le falta el aliento es como si le diera un ataque epiléptico. Su cuerpo se retuerce y se contrae y parece que quisiera escapar de la cama. Nadie le quita a Delfina la idea de que en esos momentos su rostro es todo dolor por mucho que los médicos le aseguren que Noli no sufre. Sólo si el episodio dura más de dos horas llaman a la ambulancia. Es tan dramática la escena, que la hija pequeña, Patricia, de 27 años, sufrió un shock en una de las crisis de su hermano. A la joven le impresionó tanto que perdió el habla y ha estado casi dos años sin articular palabra. Aún hoy, a ratos, se le va la voz.
«El dolor que sientes cuando se muere un hijo es tan físico que no lo aguantas. Estamos preparadas para el dolor de un parto pero no para ver irse a un hijo. Dejarlo morir es una decisión que una madre no puede tomar de ninguna manera».
* Qué sentirán esas personas,qué harían ellas si tuvieran que tomar una decisión respecto a otros...?
No me gustaría verme en ese cuerpo, tener que estar en estado vegetativo, ni por el contrario tener que decidir desconectar de la vida a un ser querido,pero si sirve de algo, quiero dejar aquí escrito lo que podría ser mi pequeño testamento vital; no quiero que prolonguen mi "no vida" si alguna vez quedara en un estado parecido. Quiero morir con dignidad,cuando me llegue el momento, no antes, pero siempre tengo muy claro que la vida es sentir... amar...llorar...y si ello no es posible...
* Vi "Mar adentro y me impactó una frase,era del padre de Ramón Sampedro decía: Hay algo peor que se te muera un hijo...que quiera morirse.
*No se le deben poner puertas a la vida,ni ventanas a la muerte"
Quiero se dueño de mi vida...y de mi muerte.
En la casa de Delfina también hubo tira y afloja cuando el martes el caso de Schiavo se puso sobre la mesa. Nadie mejor que ella y sus hijos para opinar con conocimiento de causa.
-Mamá, ¿y cómo sabemos qué es lo mejor? ¿Y si Noli está pidiendo a gritos que lo dejemos morir y no lo escuchamos o no somos capaces de entenderlo?
-¡¡¡Pero hijos, ante la duda!!!
-No te pongas así mamá. Nosotros no seríamos capaces de tomar una decisión así para nuestro hermano, pero no sabemos las razones de cada uno.
Delfina, 63 años, no quiso hablar más. «Zanjé el debate porque me estaba haciendo daño. Nadie es quién para quitarle la vida a otra persona. No quiero decir con esto que no tengan derecho a descansar pero... ¡Es tan complicado!», dice alejándose de una reflexión que la incomoda.
La primera planta de la casa de Delfina, en Vilalonga (Pontevedra), era el taller de carpintería de uno de los hijos hasta que hace cinco años hubo que reconvertirla en la habitación de Noli. Sobre el cabecero de la cama cuelga un cuadro con su nombre bordado en punto de cruz. Noli es en realidad Celso Manuel González Tacón, 32 años, el segundo de siete hermanos, en coma irreversible desde los 27 tras sufrir un accidente de tráfico.
La estancia donde Noli yace en estado vegetativo está decorada con todos sus recuerdos, por si la cercanía con lo que lo apasionó pudiera sacarlo del letargo. Sobre las dos bombonas de oxígeno cuelga una bufanda del Real Madrid. El tazón de la mesilla, también con el escudo del equipo grabado, está ahora lleno de jeringuillas.Tiene un reloj madridista y un peluche igualmente vestido de blanco. No hay día en que sus hermanos no le comenten la última desdicha de un equipo galáctico que él ni siquiera ha llegado a conocer aunque le pongan todos los partidos por televisión.
Noli no habla. Ni se mueve. Como Terri Schiavo, depende de un tubo para alimentarse. Y apenas respira. Un pulmón ha dejado de funcionar y el otro se colapsa con frecuencia. Varias veces al día tienen que meterle un tubo y aspirar para que no se asfixie.Su familia sale no menos de cuatro veces al mes corriendo en busca de una ambulancia. Además, necesita oxígeno. Aparentemente, sus únicos signos de vida son que puede abrir y cerrar los ojos y que se escucha el latido de su corazón. Los médicos dicen que vegeta. Ni siente ni padece.
Alrededor de la cama de Noli, Delfina se deshace en atenciones.Lo arropa y lo vuelve a arropar, le habla atropelladamente, y lo acaricia, y lo besa. «¡Ay, mi rey, mi niño, pero qué guapo es!». Este Domingo de Ramos tampoco se ha olvidado de ir a buscar una ramita de olivo para ponérsela en su habitación. «Es que si dejo de hacer cosas con él o dejo de hablarle es como convencerte de que no existe y Noli existe, ¿eh?», dice.
Delfina se enfrentó a la disyuntiva de si merecía o no la pena que Noli se quedara con ella hace cinco años. Unas semanas después del accidente tuvo la oportunidad de desconectarlo. Dice que el médico del Hospital de Santiago de Compostela que le planteó el asunto no anduvo sobrado de delicadeza.
-Tener a este chico así no es bueno para él ni para nadie. Si fuera familiar mío le sacaba todas estas máquinas ahora mismo.Además, está ocupando la cama de una persona recuperable.
-Por encima de mi cadáver. Para que usted desenchufe a mi hijo tendrá que matarme a mí antes.
Desde esa conversación, Delfina no volvió a separarse de él por si alguien apagaba a Noli sin su consentimiento.
Cada vez que a Noli le falta el aliento es como si le diera un ataque epiléptico. Su cuerpo se retuerce y se contrae y parece que quisiera escapar de la cama. Nadie le quita a Delfina la idea de que en esos momentos su rostro es todo dolor por mucho que los médicos le aseguren que Noli no sufre. Sólo si el episodio dura más de dos horas llaman a la ambulancia. Es tan dramática la escena, que la hija pequeña, Patricia, de 27 años, sufrió un shock en una de las crisis de su hermano. A la joven le impresionó tanto que perdió el habla y ha estado casi dos años sin articular palabra. Aún hoy, a ratos, se le va la voz.
«El dolor que sientes cuando se muere un hijo es tan físico que no lo aguantas. Estamos preparadas para el dolor de un parto pero no para ver irse a un hijo. Dejarlo morir es una decisión que una madre no puede tomar de ninguna manera».
* Qué sentirán esas personas,qué harían ellas si tuvieran que tomar una decisión respecto a otros...?
No me gustaría verme en ese cuerpo, tener que estar en estado vegetativo, ni por el contrario tener que decidir desconectar de la vida a un ser querido,pero si sirve de algo, quiero dejar aquí escrito lo que podría ser mi pequeño testamento vital; no quiero que prolonguen mi "no vida" si alguna vez quedara en un estado parecido. Quiero morir con dignidad,cuando me llegue el momento, no antes, pero siempre tengo muy claro que la vida es sentir... amar...llorar...y si ello no es posible...
* Vi "Mar adentro y me impactó una frase,era del padre de Ramón Sampedro decía: Hay algo peor que se te muera un hijo...que quiera morirse.
*No se le deben poner puertas a la vida,ni ventanas a la muerte"
Quiero se dueño de mi vida...y de mi muerte.