Envidia
La envidia es una de esas cosas que afean el espíritu. Uno de los pecados capitales, una de las reacciones más ruines de nuestra naturaleza, uno de los sentimientos más insanos, una de las peores imperfecciones de este engranaje mental. Y que tire la primera piedra el que esté libre de pecado. La envidia es casi tan universal como el día de la madre (por poner una fiesta cercana en el tiempo).
Me viene a la memoria Ciudadano Kane, o William Randolph Hearst en su versión real. En el momento de su muerte, el personaje ficticio, pronuncia una sola palabra: Rosebud, la marca del trineo con el que jugaba cuando era un niño. Añoraba la infancia, la sencillez de la vida sin artificios. Envidiaba un pasado lejano, envidiaba una vida que perdió porque decidió cambiarla por otra llena de necesidades artificiales. Incluso aquellos que lo tienen todo o, por lo menos, todo está a su alcance, sienten ese irrefrenable sentimiento que les empuja envidiar algo ajeno, algo que no les pertenece.
La envidia se instala en nuestras vidas y se hace tan cotidiana como la costumbre de lavarse los dientes cada mañana. Y llega un momento en el que no nos damos cuenta de que envidiamos al vecino de enfrente por la vida tan tranquila que lleva, al compañero de oficina por el cambio de trabajo que le espera, al pariente lejano por los hijos tan perfectos que pasea. Envidiamos, y en la mayoría de los casos no sabemos por qué. Pero de nuestra putrefacta naturaleza no nos salen más que pensamientos ruines.
Esta mañana me he descubierto con una nueva envidia. He envidiado a todos aquellos que no tienen que coger el coche para ir a trabajar. Pero no me valen los del transporte público que se hacinan en trenes y autobuses. No. Envidio a todos aquellos que pueden ir a trabajar dando un paseo, sin malgastar una hora de todos los días de sus vida encerrados en un coche. Querría ser uno de ellos. Envidio a tanta gente...

Me viene a la memoria Ciudadano Kane, o William Randolph Hearst en su versión real. En el momento de su muerte, el personaje ficticio, pronuncia una sola palabra: Rosebud, la marca del trineo con el que jugaba cuando era un niño. Añoraba la infancia, la sencillez de la vida sin artificios. Envidiaba un pasado lejano, envidiaba una vida que perdió porque decidió cambiarla por otra llena de necesidades artificiales. Incluso aquellos que lo tienen todo o, por lo menos, todo está a su alcance, sienten ese irrefrenable sentimiento que les empuja envidiar algo ajeno, algo que no les pertenece.
La envidia se instala en nuestras vidas y se hace tan cotidiana como la costumbre de lavarse los dientes cada mañana. Y llega un momento en el que no nos damos cuenta de que envidiamos al vecino de enfrente por la vida tan tranquila que lleva, al compañero de oficina por el cambio de trabajo que le espera, al pariente lejano por los hijos tan perfectos que pasea. Envidiamos, y en la mayoría de los casos no sabemos por qué. Pero de nuestra putrefacta naturaleza no nos salen más que pensamientos ruines.
Esta mañana me he descubierto con una nueva envidia. He envidiado a todos aquellos que no tienen que coger el coche para ir a trabajar. Pero no me valen los del transporte público que se hacinan en trenes y autobuses. No. Envidio a todos aquellos que pueden ir a trabajar dando un paseo, sin malgastar una hora de todos los días de sus vida encerrados en un coche. Querría ser uno de ellos. Envidio a tanta gente...

Comentario:
Comentario:
Oye campeón, hablando de envidias... Acabo de crear un blog de esos, está aquí por si lo quieres leer: http://blogs.ya.com/emboscadura/
Ya he mandado un mensaje, es que me ha dado envidia, pero sana eh no de desear nada malo a éste, lo bueno que es éste y lo mucho que me gusta y me he animado yo a hacer otro; me está empezando a gustar el mundillo éste de los blogs, es mejor que los foros.
Un abrazo
eddu
Ya he mandado un mensaje, es que me ha dado envidia, pero sana eh no de desear nada malo a éste, lo bueno que es éste y lo mucho que me gusta y me he animado yo a hacer otro; me está empezando a gustar el mundillo éste de los blogs, es mejor que los foros.
Un abrazo
eddu
Comentario:
Mi pecado capital, aunque la vejez morigera todo.
Yo trabajo desde mi living, supongo que te puede dar endibias :)
Comentario:
Sana es un adjetivo bastante hipócrita que le ponemos a la envidia. La envidia es deseo de lo que no se tiene por definición. Es un tipo de deseo insano, porque deseamos algo que ya pertenece a otra persona y es esa pulsión la que activa toda la inquina que puede acumular nuestro organismo pluricelular. Luego, como en todo, hay distintos grados que también tiene mucho que ver con los tipos de personas... Pero envidiar, envidiamos. Y mucho
Comentario:
La envidia sana no es mala,lo peor es la gente que ni si quiera es consciente de la envidia que le invade y proyecta odio hacia la situación o persona envidiada difamandola o anulando sus cualidades...