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Donde viven los camiones de basura
Diletancias de un neurasténico en el exilio
Acerca de
Y te enseñaré algo diferente:/ tanto de tu sombra por la mañana yendo detrás de ti,/ como de tu sombra en el ocaso saliendo a tu encuentro,/ te enseñaré el miedo en un puñado de polvo. T.S. Eliot, La tierra baldía
Sindicación
 
Trenes
Pongamos que eran los primeros años del siglo pasado. Eusebio, cercano a la ochentena y lleno de achaques, no entraba en razón. Todos los días la misma cantinela. "Anda, llévame a Granada, que quiero ver a tu hermana antes de morirme". Y su pobre hijo, Juan, ya no sabía qué responderle. "Pero padre, no ve usted que ya está muy mayor, que el viaje es largo y que ya no es un chiquillo".
El caso fue que tras un tiempo de esta guisa, sin saber por qué, un día Juan tuvo que levantarse con el pie cambiado y accedió a los deseos de su padre.
Cogieron el tren en su pueblo, con un atillo y provisiones para el viaje. Eusebio todo cariacontecido, Juan preocupado por la salud de su padre.
Y llegaron a Granada, y se alojaron en casa de la Niña, y a Juan se le olvidó el problema de la vuelta al pueblo y de la salud de su padre.
Pero el destino es el destino y no atiende a razones. El día que volvían a coger el tren de vuelta a su pueblo, Eusebio amaneció muerto en la cama de la Niña. Los peores presagios de Juan se hicieron cruel realidad. ¿Qué hacer ahora con su padre muerto? Fueron largas, a la vez que atropelladas, las conversaciones que mantuvo con su hermana y con su cuñado. No tenían el dinero necesario para pagar su traslado hasta el pueblo, si apenas si le había llegado con los últimos jornales para pagar los dos billetes de tren. Y enterrarlo en la capital tampoco era opción. No, su padre tenía que descansar junto a su madre, como había sido siempre su voluntad. Así que no les quedó otra opción.
Entre su cuñado y él, sin llamar la atención, subieron a Eusebio al tren. Buscaron un compartimento vacio y dentro se encerraron hijo y padre rígido. El primero rezando porque se le hiciera corto el viaje, el segundo cayéndose hacia todos los lados con cada traqueteo del tren.
Juan pensaba avisar de la muerte al revisor justo antes de llegar al pueblo, así por lo menos tendría a alguien que le echara una mano, aunque fuera al cuello, para bajar al finado del tren.
Pero el vieje no fue corto, y el calor del compartimento cada vez era más agobiante. Y a dónde iba a ir el pobre Eusebio si nunca iba a ser ya capaz de volver a decir esta boca es mía. Por eso Juan decidió salir al pasillo y encenderse un cigarro y quién sabe si pegar la hebra con algún improvisado contertulio.
Así que el tren siguió su camino sin mayores contratiempos y, en éstas, en una de aquellas interminables paradas de tránsito, Julián, quinto llamado a filas, se despidió de su novia intercambiándose la última carta que en la vigilia nocturna precedente ambos habían atacado con dispares fortunas, y subió al tren.
Otra vez el destino irreductible jugó su baza ,y quiso que Julián entrara en el compartimento ocupado por Eusebio y por su despreocupado hijo, ocupado ahora en debatir sobre la muerte de Canalejas con otros dos circunstanciales viajeros dos vagones más allá en dirección a la locomotora.
Julián, con su uniforme recién planchado y su petate bien liado, saludó al entrar. La educación por delante, como siempre decía su madre. No fue Eusebio quien le saludara, aunque él jurara y perjurara después que el saludo fue devuelto con deferencia y discreción. El caso es que con todas sus fuerzas intentó colocar en los portaequipajes colgantes su ato, con la mala fortuna que el tren se puso en marcha y no pudo caer nada más que sobre la cabeza del ya de por sí sufrido Eusebio, derribándolo.
"Ay Dios mio, ay Dios mio que lo he matao". Esas fueron las únicas palabras que podía articular Julián mientras hacía frente a su aciaga realidad. No podía presentarse en el cuartel con un muerto ya sobre sus espaldas. Le formarían un consejo de guerra. Incluso hasta podían fusilarlo. No, no le quedaba otra opción. Así que como mejor pudo, agarró a Eusebio, en una posición muy poco honorable para los dos, y lo tiró por la venta. Diciendo así adiós a sus problemas. Muerto el perro se acabó la rabia.
O por lo menos eso pensaba hasta que llegó Juan. Al principio Juan pensó que se había equivocado de compartimento. Rehizo su camino contando las ventanas del pasillo tres veces, mientras que la angustia crecía en progresión geométrica. Cuando ya no le cabía ninguna duda, su cara era aún más pálida que la de su difunto padre. "¿Y el hombre que estaba aquí sentado?" Pregunta embarazosa donde las haya para el propio verdugo. Pero en disimular Julián era un maestro y le salió tan natural. "Pues ha dicho que se estaba poniendo muy malo y se ha bajado en la última estación".
Cuentan que de madrugada todavía vieron a Julián y a Juan recorriendo las vias en dirección a Granada.

 
Comentario:
Hola, por 1º vez entro a esta tu Blog y he elegido este post para leer y oye es estupendo, me he metido en el tren y todo. En lo referente al petate yo no creo que sea exagerado es que el miedo de antes podía con todo... pobre Julian.

Un saludo
 
Comentario:
Wolffo, gracias. Sí esa era mi intención, que fuera divertida. Me suelo pasar de serio por aquí.

Oculista, qué curioso, no la relacionaba con Sabina. ¿No la habrá sacado éste de otro sitio? No sé

mmm, que alegría volver a verte, estás muy perdida. Ya no escribes nada. Eso no puede ser, que se te sube a la chepa Chow.
 
Comentario:
¡Pensar que ya nadie en esta tierra recuerda un rasgo o un gesto del buen Eusebio, y sin embargo trascendió y se volvió leyenda sólo por morirse a destiempo!
(Buen destino final: un fantasma para entretener a los tataranietos)

¡Saludos desde Buenos Aires!
 
Comentario:
Del maestro Sabina es la frase. Gracias por la visita. Yo también te enlazo.
 
Comentario:
Yo creo que lo que cuenta es... ¿divierte la historia?
A mí me parece que sí. Y creo de que barato no tiene nada.
Felicidades y a seguir en la brecha.
Un abrazo.
 
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Pequeña aclaración: Este relato lo he escrito tal cual me lo contaron hace ya bastantes años. Era una historia familiar, el bisabuelo y el tatarabuelo del narrador son los mismos protagonistas de este extraño episodio Según me juraron y perjuraron todo es cierto, aunque ya se sabe lo que pasa con esa grosería que llaman leyendas urbanas. Los retoques y la literatura barata son cosecha propia.
Por eso no me extraña que el Santo Padre diga que conoce la historia. Yo y mis amigos la hemos contado por esos mundos de Dios durante mucho tiempo.
Por otro lado, Tautina y Gatopardo, no me he inventado lo del petate, me lo contaron así. Y es verdad, puede que sea un poco forzado en el fondo, pero si le quitas la personalidad de soldado a Julián, la cosa pierde sabor.
Sr Oculista: esa frase es de una película, ¿verdad? ¿O de un libro? Ahora mismo me tienes dándome cabezazos contra el teclado por no acordarme de su procedencia.
Man, Yambra: no he puesto el nombre del pueblo porque mi memoria ya no es lo que era y no quería levantar falsos testimonios. Así que no sé si era cerca de Almería o no.
(Espero entonces a que lo ubiques definitivamente para poner un enlace)
Choi, Roberto, Andaya: ¿esto es un contuvernio para sacarme los colores?
 
Comentario:

Desde que no ponen películas de Chaplin ni de Orson Wells no voy al cine, y como no tengo tele no sé si esto es un guión de película; pero como relato abundo en lo que ha dicho Tautina.
Un abrazo
 
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jajja me ha encantado el post!! jeje en cuanto puedo me pongo al dia con tu blog!!
gracias x tu visita, y perdona el caos, jaja ha sido temporal!! vuelve a estar con aguas calmadas
Besitos salados de CHOI
 
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F A N T A S T I C OOOOO!!!!!
Zucco.
 
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Jajajajaj pero k ocurrencias jajajajaja. Genial, la história y como la cuentas
 
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Esta historia la conozco
 
Comentario:
Cuando era más joven viajé en sucios trenes que iban hacia el norte...
 
Comentario:
Vaya, escribes impecablemente, casi me veía allí con el muerto y el pobre Juan, aunque si hay que poner una pega a un relato tan entretenido y correcto, yo diría que lo de cargarse al muerto con el petate queda pelin forzado, pero vamos, por decir algo, que a mi me ha encantado.
 
Comentario:
jajajjaaaaaaaaaaaaaaaa, espero que no sea en dirección a almería, si no igual me lo encuentro un día.

Un abracito fallero
 
Comentario:
¡Bravo! como me he reido, y como he visualizado todo, faltó saber el nombre del pueblo pero mejor elijo uno de mi gusto.

(El otro tema lo estoy replanteando, creo que hoy mismo lo mudo por que blogger me falla mucho)
No