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Donde viven los camiones de basura
Diletancias de un neurasténico en el exilio
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Y te enseñaré algo diferente:/ tanto de tu sombra por la mañana yendo detrás de ti,/ como de tu sombra en el ocaso saliendo a tu encuentro,/ te enseñaré el miedo en un puñado de polvo. T.S. Eliot, La tierra baldía
Sindicación
 
Fantasmas
En San Diego hay una isla. Y en la isla un hotel. Hotel e isla comparten nombre: del Coronado. Y sus historias se confunden desde hace ya más de un siglo.
Famoso por su presencia en películas y por su arquitectura victoriana, pasear por su interior trae el mismo sabor decadente de otros hoteles cinematográficos, como aquel al pie de la playa del Lido de Muerte en Venecia.
Y como a todo hotel decadente no le pueden faltar sus historias de fantasmas. Se llamaba Karen Morgan, la conocen como la hermosa extraña. Llegó al hotel en 1892. Iba a esperar a su marido. Nunca nadie apareció buscándola. A los pocos días la encontraron muerta a orillas del Oceano Pacífico. Poco más se sabe sobre la vida de Karen. Y sin embargo todavía hay gente que la sigue viendo pasear por el hotel y sus playas.
Hace poco, L. y yo fuimos a pasar el fin de semana a este hotel. Las ganas de encontrarme a Karen Morgan eran enormes. Me hubiera gustado preguntarle qué la llevó allí, por qué quitarse la vida en semejante paraje, por qué la abandonó su marido. No tuve suerte.
Una noche, al volver de pasear por la playa, entramos en uno de los salones del hotel. El foxtrot impregnaba de otros tiempos un ambiente de por sí démodé. En el centro una pareja en su bien entrada sesentena bailaba y bailaba girando sin mucha ortodoxia. La sala desierta, nos hizo dudar sentarnos. Los observamos, pertrechados desde la entrada, y les vimos girar y girar en el centro de la pista de baile.
En un descuido nos vieron y nos hicieron señas para que nos unieramos a su baile interminable. Sonreimos, con toda la amabilidad que la sorpresa nos permitía reflejar en la cara, e intentamos dar media vuelta, pero antes de conseguirlo, aquel señor ya había secuestrado a mi L. y yo me vi arrastrado por los interminables giros de aquella bailarina anacrónica.
Hablamos, también al ritmo de la música, y mientras aquel foxtrot nos llevaba por todos los ángulos de aquel salón me fue contando su historia. Era viuda desde hacía dos años. Conoció a su apuesto bailarín hacía uno. Lo hizo bailando y así seguían todo este tiempo después. Eran novios desde aquel primer baile y así seguirían el tiempo que les quedaba. Un noviazgo a los sesenta. Cada fin de semana venían a bailar al Coronado, al mismo sitio donde se conocieron.
Cesó la música y recompusimos las parejas deshechas. Nos despedimos y nos dirigimos a la puerta. Antes de salir un vals vienés en toda regla empezó a sonar. Y allí se quedaron aquellos novios bailando.
Me gusta imaginar que dentro de unos años, cuando hayan muerto, habrá gente que los vea bailar en los salones del hotel, al ritmo de un vals interminable.

En San Diego hay una isla
y en la isla un hotel
y en el hotel un pareja
que baila al anochecer
un, dos, tres
un, dos, tres
un, dos, tres.

(pequeño homenaje lorquiano. Espero sepan disculparme)

 
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Great work!
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Comentario:
Brocco, sí, me encanta esta foto. Suelo dedicar bastante tiempo (a veces demasiado) a buscar fotos que ilustren de alguna manera lo que cuento. Ésta es una de las primeras fotos que se hizo del Hotel, conservando todavía su estructura original.

Cyránobix, no creo en fantasmas, no más allá de lo estrictamente literario. Siempre me han encantado las novelas góticas, pero no creo que nuestra energía se quede por este mundo, qué aburrimiento, mejor buscar nuevos caminos.

Gatopardo, en realidad ya son los fantasmas de mi presente, cuando vengo hasta aquí y escribo sobre ellos. Todo es física cuántica. Dejaron de existir en el momento que me di la vuesta mientras bailaban, y han vuelto a existir, y sólo a medias, desde que les describí aquí. En realidad desaparecerán cuando este blog se pierda.

Princesadelguisante, sí, así es como me gusta imaginármelos. Totalmente ajenos al mundo real que les rodea. Felices, en definitiva.

Yambra, pues no tenía en mente el resplandor, pero sí que es cierto que Stephen King ahí coge muchos elementos de las decimonónicas novelas góticas. Me gustaría más recordar La caída de la casa Usher, la verdad.

Hermione, gracias, eso es exactamente lo que pretendía que le sucediera a alguien. Has sido tú.
 
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Esa foto, chaaaarming! ;)
 
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Me ha gustado este homenaje a los sobrenatural. Quién sabe qué procesos se desencadenan a nuestro alrededor como fruto de nuestra propia energía, de nuestra interacción con el medio. Qué huellas dejaremos en la dimensión espacio-temporal. Un abrazo.
 
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Sé que tú crees que los que bailaban quizás sean en el futuro fantasmas... lo que no sabes es que son los fantasmas de tu futuro, mi joven amigo.
 
Comentario:
serán unos fantasmas amables, sin duda, bailando eternamente ajenos a las personas reales que pasan a través de ellos.
 
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hummm, ¿sabes?, por lo que decías del fantasma, del ambiente y el clima que has creado, me ha venido a la mente El Resplandor, la de Kubrick, con bailarines anacrónicos que por lo que dices podrían ser espectros...

Un abrazo.
 
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Muy visual. Me siento dentro de la escena :)
No