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Donde viven los camiones de basura
Diletancias de un neurasténico en el exilio
Acerca de
Y te enseñaré algo diferente:/ tanto de tu sombra por la mañana yendo detrás de ti,/ como de tu sombra en el ocaso saliendo a tu encuentro,/ te enseñaré el miedo en un puñado de polvo. T.S. Eliot, La tierra baldía
Sindicación
 
Ceremonias (y III)
Parece que ni a posta (y no piensen que ha estado premeditado), pero es casualidad que termine de hablar de ceremonias todavía con la resaca de los oscars zumbando en nuestros oídos.
Pero si no fueran los oscars (palabro que tiene copyright o trade mark registrado, espero que nadie me pida responsabilidades por usarlo) hubiera sido cualquier otra entrega de premios con su correspondiente ceremonia llena de oropeles, espejuelos y avalorios, que tanto siguen deslumbrándonos a todos. No nos engañemos, esta es una ciudad tomada por las ceremonias.
Y con este bombardeo, ¿quién puede resistirse a ser el ganador por un día? En la ciudad donde hay más estrellas que en el firmamento, todo el mundo quiere ser el triunfador de la ceremonia de su vida, quiere que el protagonismo recaiga, por una vez, sobre su gris vida. Y sin la incertidumbre de los nominados.
Así, el momento más emocionante para cualquier chica no es el sí quiero, ni el momento de dar a luz, ni su licenciatura, ni su primer trabajo o su primera casa. No, el momento que los desbanca a todos es la propuesta de matrimonio, la declaración de amor que tiene que hacer el chico y el regalo del anillo con brillantes (porque eso sí, el anillo tiene que tener, por lo menos, brillante, si no el día pierde empicado valor) es requerimiento sine qua nom. Porque eso no es un invento cinematográfico, sino la realidad más frustrante y discriminadora. ¿Y si no hay dinero para ponerle un brillante al anillo?
Y es que todas estas costumbres, aquí como en cualquier otra parte del mundo, no hacen más que marcar nuestras diferencias. Y no sólo por la exigua celebración que os acabo de relatar ahí abajo, he visto también banquetes de otras bodas en los buffets libres de los hoteles de Las Vegas, con las novias de blanco (y no de Elvis) yendo con su plato a coger un poco más de cocktail de marisco.
Todo son ceremonias en esta vida angelina, ajenas y propias.


 
Comentario:
en mi casa se sigue haciendo así: pulsera de pedida para ella, gemelos o reloj para él ;) Pero de la familia no, las joyas de cada madre son para la hija o hijas, al menos casi todas.
 
Comentario:
Bienvenido, cyránobix, ponte cómodo, como si estuvieras en tu casa. Yo mientras voy sacando unas cervecitas para charlar tranquilamente.

Princesa, ¿ves? yo no tenía ni idea de lo de la pulsera. Yo sabía que el novio le regalaba a su futura esposa alguna joya (sea anillo, pulsera, colgante, pendientes...) de su familia (madre, abuela...) y ella a él (porque ellas también hacían regalos que parece que se os ha olvidado a todas) un reloj (de la familia o no, claro).

Pero nada, ahora todo el mundo a comprar pedrolos, que es lo que las películas dicen que tiene que gustar.
 
Comentario:
Es verdad que las costumbres marcan nuestras diferencias, pero importamos muchas de ellas, por ejemplo la costumbre del anillo la hemos importado, ya quedan pocas "pulseras de pedida", que aquí era lo tradicional y casi nadie lo recuerda.
Un beso.
 
Comentario:
¡Coño!.¡Estoy alucinado con tu blog!. Me estoy leyendo todo desde el principio y me gusta horrores. Encuentro tantas similitudes contigo en cuanto a gustos, que debemos tener almas bastante gemelas... Permíteme que siga leyendo, y ya vuelvo para seguirte contando. GRACIAS POR LLEGAR HASTA MÍ. Un abrazo.
 
Comentario:
Gracias por tus comentarios, Ararat.

Llevo aquí poco más de un año. ¿Y qué mejor manera de glosarlo que con un blog? Este tiempo ha pasado volando, la verdad, pero no me puedo quejar lo más mínimo.

Un saludo
 
Comentario:
Sí, pero en unos sitios son más vistosas que en otras.
¿Hace mucho que estás allí?
Un abrazo
No