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Donde viven los camiones de basura
Diletancias de un neurasténico en el exilio
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Y te enseñaré algo diferente:/ tanto de tu sombra por la mañana yendo detrás de ti,/ como de tu sombra en el ocaso saliendo a tu encuentro,/ te enseñaré el miedo en un puñado de polvo. T.S. Eliot, La tierra baldía
Sindicación
 
Ceremonias (II)
En Broadway, el otro Broadway, el de la costa Oeste, casi en frente del Bradbury building, existe un local muy extraño para nosotros, los europeos, y tristemente normal por estas tierras. A su entrada un enorme cartel anuncia: Bodas legales. Y justo debajo, otro que termina de definir la razón social: Divorcios instantaneos.
La primera vez que tropezamos con él, durante aquellos días en los que todavía estabamos descubriendo esta ciudad, no pudimos más que reirnos. Una foto ante semejante descubrimiento inmortalizó el momento.
Podía imaginarme a mucha gente que acudiría allí para consumar su divorcio. Algo rápido, efectivo, indoloro, aunque no creo que muy limpio, dado el aspecto del local. Sin embargo, no me entraba en la cabeza nadie que quisiera casarse allí, aunque la música que, como un mantra, saliera del local fuera la marcha nupcial en un bucle infinito. Tampoco hemos tardado mucho en desvelar el secreto.
Hace unos días volvíamos a Broadway haciendo de cicerones para la única visita patria que hemos tenido en todo este tiempo. Perdidos entre los negocios de tiendas de segunda mano, bazares y decomisos, después de comer unos tamales en Central market, recalamos otra vez en la puerta de las bodas y los divorcios instantáneos.
La marcha nupcial seguía bramando desde los altavoces de dentro. Sin embargo, esta vez, tal vez por el día, sábado, algo cambió. Mientras contemplabamos con ironía e, incluso, puede que con cierto desprecio, el paradójico cartel, una algarabía proveniente del interior nos sorprendió. Unas treinta personas riendo y gritando (en castellano, claro, aquí solo se grita en castellano), irrumpieron en la calle. Mejicanos todos. Y entre ellos, de blanco ella, con corbata él, los novios, radiantes, sonrientes, felices, sin lugar a dudas.
No había ningún exceso en aquella estampa. Era patente la humildad de la nueva pareja y de la ceremonia, humildad que se veía reflejada tanto en novios como invitados.
Ni siquiera hubo arroz, costumbre también común en este continente.
Unos cuantos vivas los novios y llegó lo que nos resultó más llamativo de toda la escena. Aquel que parecía el padrino, como por arte de birlibirloque, hizo aparecer varias bolsas con el logotipo del K-Mart y comenzó a repartir su contenido (latas refrescos de todos los pelajes) entre todos los invitados.
Los novios terminaron de saludar. Abrieron cada uno una cocacola (la de ella light, así de coqueta), brindaron, allí en medio de la calle, con sus invitados y se fueron seguidos del estruendo de cuatro latas en un coche que el mismo novio conducía.
Se nos heló la sonrisa en los labios cuando comprendimos que ese había sido todo el banqueta de aquella ceremonia.

También fuimos testigos. Entre una y otra ceremonia a penas si pasaron 20 horas.

 
Comentario:
JuicyLucy, sí, tienes razón, son situaciones muy extremas, pero reales como la vida misma. No me he inventado nada (en realidad, todo está inventado).

Ararat, fast food, fast wedding, todo fast, y con mucha cocacola, eso es lo que no puede faltar nunca.

Yambra, jaja, digamos que aquí el pastrami no goza del mismo éxito que por otras tierras, pero una hamburguesita, tal vez... depende de la alegría que le produzca a cada uno...
 
Comentario:
joer, y qué darán los padrinos del divorcio? ¿emparedados de pastrami? :P

Saluditos
 
Comentario:
Fast food y fast Wedding, es su cultura, ahora, donde esté una boda en Las Vegas, con sus Elvis voladores que se quiten todas las bodas.
Gracias por enlazarme, yo también te enlazo.
Un abrazo
 
Comentario:
Me ha gustado mucho el contraste entre las dos ceremonias o "desceremonias". Son situaciones muy extremas y no dejan de confirmar que los seres humanos, por muy modernos que seamos, no prescindiremos nunca de los ritos tribales.
No