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Donde viven los camiones de basura
Diletancias de un neurasténico en el exilio
Acerca de
Y te enseñaré algo diferente:/ tanto de tu sombra por la mañana yendo detrás de ti,/ como de tu sombra en el ocaso saliendo a tu encuentro,/ te enseñaré el miedo en un puñado de polvo. T.S. Eliot, La tierra baldía
Sindicación
 
Pasado (I)
El problema de tener un coche es que, a veces, hay que llevarlo al taller. Y el problema de llevar al taller un coche es que, a veces, tienes que tratar con los mecánicos. Y es en ese punto en el que entras en ese tipo de conversaciones surrealistas que 23 recoge de esa manera tan satírica en su blog.
No me vi, porque no había espejo, pero me da miedo pensar la cara que tuve que poner cuando me dijeron que iban a tardar dos horas en cambiarle una bombilla a un faro. Dos horas, a unas 12 millas de mi casa, sin transporte público y sin un sitio lo suficientemente confortable donde esperar.
Justo enfrente del taller localicé un Starbucks donde tomar un café, y cuando crucé, a medio camino, me topé, así, de sopetón, con una librería de viejo. Las cosas parecían arreglarse. Las librerias de viejo en Los Ángeles son auténticos paraísos. Como en todos los Estados Unidos, aquí los mercados de segunda mano funcionan con una envidiable vitalidad. Los libros no son una excepción. Y como no tenía nada qué hacer, y tomar un café sin nada que leer es un engorro, entré sin pensármelo dos veces.
Los libros, amontonados, sin ningún orden predecible llegaban hasta el techo. El librero, de unos 80 años, haciendo honor a su nombre, no podía hacer otra cosa más que leer. Levantó la vista y me miró. Saludó. Y siguió con su lectura como si quisiera decirme que nada iba a distraerle de aquella empresa.
No estuve buscando mucho tiempo. Prácticamente nada más entrar mis ojos lo vieron. Era como si alguien me dirigiera hacia aquel libro. Desde el faro de mi coche, hasta los ineptos mecánicos. Se encontraban en lo alto de una pila de libros amontonados hasta un metro y medio de altura. Sus tapas azules delataban una buena edición en buen estado, y en su lomo el título: Obras escogidas de William Blake. Una edición de 1910, en perfectas condiciones. Le pregunté al librero el precio. Observó el libro y me dijo: Está anotado por el antiguo propietario. No me había fijado, pero le dije que no me importaba. Me miró con cara rara y tan sólo dijo: Diez dólares. Le pagué, más pensando en el fatum que en la ganga que me estaba llevando, y me fui a tomarme el café prometido.
Una vez en sentado en el Starbucks leí su nombre: Mary Fuller, y justo detrás, de la misma manera en que catalogo yo mis libros, la fecha (marzo de 1912) y la ciudad (Los Ángeles).


 
Comentario:
Sin duda alguna las librerías de viejo son lugares mágicos en los que el destino se confabula a nuestro favor... Yo he tenido sobre todo dos momentos de revelación en librerías, uno en Taiffa en Barcelona, y otro en Paroles (creo que ése era el nombre) en Buenos Aires... Espero escribir un par de post acerca de esto en mi blog.

¿y por qué no iba a ser de esa misma mary fuller el libro?
 
Comentario:
POdría ser el inicio de una novela ¿lo has pensado?

Un saludo
 
Comentario:
Es inaudito como la entrada en una libreria de viejo puede cambiarnos un trocito de nuestra historia.
Una persona que estuvo en Portsmouth, a su regreso, me regalo unas obras completas de Byron, fechadas en 1852 y firmadas por navidad, con una letra gotica perfecta, por una muchacha.
Yo, que no llego a saber ingles, ahora vivo en USA y amo ese libro.
No