logotipo

img_google
Donde viven los camiones de basura
Diletancias de un neurasténico en el exilio
Acerca de
Y te enseñaré algo diferente:/ tanto de tu sombra por la mañana yendo detrás de ti,/ como de tu sombra en el ocaso saliendo a tu encuentro,/ te enseñaré el miedo en un puñado de polvo. T.S. Eliot, La tierra baldía
Sindicación
 
Bares
Llaman al teléfono y lo coge L. Habla un par de minutos y se acerca, acelerada, con la ilusión de una colegiala para decirme que hemos quedado a las nueve en el Formosa. Preguntar sería una estupidez. Qué más da. Me encanta el Formosa. Lo demás son valores añadidos que no caben en ninguna buena mentalidad espartana. Ir al Formosa supone cerveza y conversación. Eso es todo.
Siempre me han encantado los bares. Los recorro acompañado de L. o en solitario y me mezclo entre su clientela, intentando no llamar la atención a los parroquianos, para observar con espíritu empírico.
Saber que en cualquier parte del mundo, por muy alejada que esté, siempre habrá un bar abierto, tranquiliza.
El mejor lugar para tomarle el pulso a una ciudad es un bar. Bajar del avión, llegar al hotel, darse una ducha y salir en busca de un poco de música, de una copa, de una charla con el camarero. Esa es la mejor toma de contacto. Desde los pubs irlandenses hasta los chiringuitos de la Costa del Sol, desde las terrazas parisinas hasta los clubs de diseño de Nueva York, todos tienen su encanto, incluso en Los Angeles.
Uno siempre tiene sus preferencias, desde luego, y aquí paso las horas muertas en el Frolic, el único sitio de esta ciudad donde saben servirte un JB como Dios manda (su vaso de tubo, nada de vasos de licor, con poco hielo). Desde la pared, las caricaturas de Al Hirschfeld te observan en la lejanía de aquel legendario Hollywood que vendían las películas y, al mismo tiempo, el deslucido de la barra y de sus taburetes te habla de otro tiempo, tal vez del que hablaba el "profeta" Anger. Y otro nuevo director de cine, como K., se sienta a tu lado y empieza a hablarte de sus proyectos y de sus ilusiones.
Desde el Teatro Scrive junto a la Via Ghibelina de Florencia no había conocido otro sitio así. Pero aquello eran otros tiempos, otros lugares, otras historias, otros bares.

 
 
Comentario:
Ah el café de oriente que sitio más delicioso para tomarse un gin tonic a media tarde acompañado de una rubia extranjera o el Real para desayunar muy temprano una mañana de domingo. Has mencionado dos debilidades mías de pequeño burgués.

Bueno corto, que tampoco quiero darte la brasa aquí o que esto parezca un chat. Voy a seguir leyéndote.
 
Comentario:
Sí, tienes razón, el chicote es un gran sitio, pero creo que se lo han cargado. Antes de que se volviera a poner de moda tenía mucho más encanto, con su decadencia y su olor a rancio. Ahora parece otro sitio más, y es una pena.

En Madrid me quedo con los cafés, de esos que aquí no hay, como el Gijón o el del Real o el de Oriente...
 
Comentario:
¿Sabes que se podría hacer una obra de teatro genial con un pequeño bar de barrio donde van entrando los parroquianos? Hace años vi una de un dramaturgo español, me gustó mucho.

Y de bares pues el Chicote de Madrid te ha faltado, con sus legendarios cocktails y su barra metálica, aún hoy parece vanguardista.
 
Comentario:
A mi me gusta sentarme y mirar, observar e imaginar sus vidas como yo creo que son, como parecen.

No me gusta cotillear ni que me cuenten la vida de nadie que no conozco :-D
 
Comentario:
María no son obreros, son homeless, sintecho, londinenses. Son fotos de fotografo inglés llamado Pyke. La verdad es que son muy buenas, a mi me encantaron.

Babel, si los bares son el alma de la ciudad, los camareros son su corazón. Si quieres saber cualquier cosa, pregunta a un buen camarero, principalmente los que están detrás de las barras. Es mejor sentarse solo y charlar que sentarse solo mirar al infinito.
 
Comentario:
me gustan especialmente tus fotos de obreros, las he visto en muchos posters por los mercadillos de Londres, de donde salen?
 
Comentario:
Estoy de acuerdo contigo. Los bares son la vida de una ciudad. Es un placer sentarse solo a observar a la gente que entra y sale, que se sienta o que baila...

Aunque hablar con el camarero siempre me ha dado la sensación de ser un poco borracho o no tener amigos ;-)
No