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Donde viven los camiones de basura
Diletancias de un neurasténico en el exilio
Acerca de
Y te enseñaré algo diferente:/ tanto de tu sombra por la mañana yendo detrás de ti,/ como de tu sombra en el ocaso saliendo a tu encuentro,/ te enseñaré el miedo en un puñado de polvo. T.S. Eliot, La tierra baldía
Sindicación
 
Vicios
Las boleras son sitios extraños. Es una pena que no sea tan extraña la gente que las puebla. Entras con la sensación de que te vas a encontrar al Nota y a sus colegas y sales como si acabaras de ver una indigesta película de adolescentes adocenante. Aún así, el pasatiempo de ir a una bolera debería ser una asignatura obligatoria en este país. Y no por jugar a los bolos, un “deporte” cuestionable que se convierte en pesadilla para todos aquellos incapaces de coordinar los movimientos de sus extremidades, sino por atesorar una experiencia distinta en este mundo gris de hormigón y autopistas.
Las boleras levantan pasiones entre los yankees. No hay más que oír el jolgorio que se desata irrefrenable desde sus tripas entre la chiquillería y las interminables colas que te prometen una pista para ejercitar la puntería y el equilibrio a partes iguales. La gente tiene que dar rienda suelta a sus vicios y en el país de la corrección, pocos sitios más adecuados que una bolera para permitirte la debilidad de tener alguno.
Sin embargo, sales con la sensación de haber presenciado otra metáfora más del nihilismo urbanita. Y si no que lo pregunten en la ciudad de Columbine, supongo que allí podrían hablar largo y tendido sobre nihilismo y bolos.
En la bolera, no cabe un alfiler, la música demasiado alta y cada dos minutos alguien celebra sin ningún tipo de inhibición una jugada maestra. Mientras, el bar del mismo establecimiento, donde te sirven las cervezas para poder sacarlas hasta la pista, está casi desierto. Y aquí es donde cualquier zoólogo se sentiría como pez en el agua. Sólo en la puerta del bar, en una esquina, se encuentra un cartel que permite fumar. Es en estos sitios mágicos, paraísos de permisividad, donde en California puedes conocer a la gente más variopinta.
Así, sin saber cómo, puedes acabar compartiendo cervezas y humo en la puerta de una bolera en Santa Mónica con un piloto de las islas Fidji, discutiendo entre lo distintos que suenan los acentos mejicano y español. Un día en Los Ángeles y dos en Suva, ese es su plan semanal. Después cuando te despides y vuelves a entrar, esperando no haber abusado de la paciencia de tus amigos, acostumbrados ya a tu dependencia del humo, te das cuenta de que el piloto de Fidji se sienta sólo en la barra e intenta empezar otra conversación con el camarero.
Distintos vicios como manifestación del nihilismo.



 
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Mira tengo ahora mismo un catálogo de 3.000 y pico libros en formato doc aunque no me extrañaría que estuvieran algunos en pdf; y acabo de leer en mi ordenador "Cartero" de Charles Bukovski, creo que te gustaría. Respecto a Thompson, estuvo viviendo mucho tiempo en California y tiene varios libros sobre temáticas de ese estado, yo en español leí "Los Ángeles del Infierno" donde te cuenta su experiencia con esa gente a finales de los 60, "A la Caza del Tiburón" que es una recopilación de artículos suyos para Rolling Stones, que habla de los disturbios raciales de los Angeles, a principios de los 70 con casos de brutalidad policial sobre hispanos, que cuenta en un reportaje que aparece en el libro, vamos que toca muchos temas de tu ciudad actual.

De todas formas te mando el catálogo ese en formato excell a tu dire de correo que pones en la page y buscas tú cosas, que tienes donde elegir.

Un saludo
eddu

PD Que cabrones me banearon del forito jajajaja
 
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Fear and loathing in las vegas, claro. Gracias por la recomendación. No he leido nada de él, conozco ese libro (y a su escritor) por la película de mi querido Terry Gillian y, la verdad, cuando la vi me quedé con las ganas de leer el libro porque me dejó un poco a medias. Recuerdo haber pensado que el libro debía de ganar mucho.

¿Alguna recomendación en particular, eddu? Hoy termino libro y no sé qué voy a empezar. Tengo que darme esta tarde una vuelta por el Barnes&Noble
 
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Deberías leer a Hunter S. Thompson, yo he leído todo lo que encontré de él y creo que te encantaría. De verdad que tu estilo me recuerda a él, para mí es uno de los mejores escritores que hay en EEUU, además seguramente podrás leerlo en inglés.
 
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Sí, este son el tipo de cosas que dada nuestra mentalidad nunca entenderemos. ¿Qué puede aportar en un instituto una asignatura que se llama "bowling"? Menuda formación. En vez de conmover conciencias dándoles expresiones artísticas para educarlas, las anquilosas en un sitio ruidoso, les das pan y circo, para que estén calladitas y no se muevan. Aunque esté desfasado, esto no es más que otra forma de alienación.

Y es verdad, el bar de la bolera me dio una sensación tremenda de soledad, de tristeza, de vacio. Fue un contraste demasiado fuerte.

Aunque es cierto lo que dices, eddu, mis amigos están acostumbrados a mis desaparaciones en post de la nicotina y a mis conversaciones extreñas. Luego se rien con mis historias, claro.
 
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En cuanto empecé a leer tu relato, me vino a la mente instantaneamente ese documental que comentas, donde contaban que los chicos aquellos tenían como asignatura "los bolos", me quedé flipado con el sistema educativo de los norteamericanos.

Luego me ha gustado el retrato de la soledad que haces, sobre alguien que acude a un sitio tan social como una bolera, donde nunca se suele ir solo, simplemente para tener compañía, alguien con quien hablar...

Tengo entendido que los bares norteamericanos, no son como los españoles, sino estancias más frías donde la gente bebe en silecio. Debe ser difícil la comunicación allí entre extraños.

Te felicito por tu relato; pero recuerda que todos somos ese piloto de las islas Fidji, incluso tú preferiste su compañía que la de tus amigos, te sentías solo con ellos. A mí me ha pasado a menudo, sentir esa soledad rodeado de gente; y preferir a veces la charla con un desconocido. De hecho pienso que tu excusa del cigarrillo, te hizo acercarte a aquel hombre y a la postre recordar su presencia y conversación allí, más que las cosas de las que hablaste con quienes fuiste a jugar.

Un saludo, puagh
eddu
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