logotipo

img_google
Discurso de la osa
y tal
Sindicación
 
el imperio del miedo
Me lo acaban de decir, como una advertencia para medir pasos: es el imperio del miedo.
Y justo tres minutos antes estaba pensando que me cago en los imperios.
(Hay quien hoy está triste, desilusionado, porque uno ganó en la cancha. En una de las canchas. Denles (démosles) mimos; como se pierda la ilusión estamos perdidos)
Dice el diccionario —uno, en una acepción, la primera— que el imperio es la organización política del estado que domina varios países además del propio. Y domina varios estados (el de ánimo, el líquido, el sólido, el gaseoso) además del propio.
Un imperio —uno, el del dineroyquegustomedaelpoder; al final van todos de lo mismo, ¿no?— se cargó hoy la ilusión de alguien (varios alguien, seguro) que apuesta por defender su trabajo con trabajo, y sus derechos con el derecho que le es propio. Se cargó su ilusión, su trabajo y sus derechos; y los nuestros. Y lo hizo para sembrar el miedo, que son buenos grilletes.
Una cosa cabrona que tienen los imperios, que son cabrones por definición, es que, además de encoger en miedo a los dominados, engendran cabrones. Está muy bien calculado el asunto para garantizar la continuidad de la especie. Creo que en realidad los cabrones tienen miedo, porque a lo que ellos se agarran se puede perder, y sin eso no son nada.
Hoy que —felicidades— Julio Cortázar cumple 90 años —la energía no muere— estaría bien que de una vez nos hiciéramos cientos por cada uno de los suyos (LP) y Fantomas les pudiera dar por fin una patada en el culo a los vampiros multinacionales. Tienen miedo.
 
por tu mente al sol
Creo que tengo una fijación con los soles. A lo mejor porque echo de menos el cielo abierto, o porque en esta ciudad hay una capota casi perpétua, o porque mi gente tiene mejor color cuando calienta, o porque lo cubre todo de bonito, o porque no estamos hecho con frío... o porque me llueve, o porque
Llevo años intentado dibujarlo, pero no lo he conseguido. Como me salen mejor las estrellas, lo intente aplicándoles mutaciones, pero tampoco. Es que el sol, en realidad, no es una forma geométrica, y eso lo complica. Es, en realidad, esa luz que saca los brillos, y eso ¿cómo se pinta con plastidecor?
Pues no sé. Pero hay quien lo ha hecho.
Hoy le dejé un sol dibujado a mi nena A para cuando se levantase, pero por su cara de media mañana creo que no ha hecho el efecto deseado.
Cuando lo dibujaba me estaba acordado del bordado de Mary en Qué bello es vivir, el de George cazando la luna a lazo para ella.
No quiero cazarlo, pero apetece sacarle guardar un cachín para cuando no sale.
 
ahora esa mujer va a sonreír
Rayuela. (Capítulo 68)
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.



(Hay un estudio de la Sorbona: http://perso.wanadoo.fr/elkaleidoscopio/Textos/gliglico.doc
llegan a la conclusión de que se trata de un lenguaje musical; pues vaya.
No hace falta destriparlo, ¿verdad?)
 
el aspersor loco
F está siempre en una calle estrecha de losas y vinos, siempre en el mismo tramo. Es un gran analista; el mejor contertulio, sin programa; tiene ojos limpios y palabra hábil, y oído fino. Así que suele comentar las jugadas de la calle estrecha; unas veces es árbitro severo, pero creo que no le gustan las caras tristes (las de la tristeza), así que a esas les regala una carantoña. Las malhumoradas las deja pasar. A veces pide un cigarro o un moneda; bueno, a veces apetece darle un cigarro o una moneda, o compartir chocolate con churros en la pastelería del final de la calle. (egoísmo, neniño T)
“Pero mira cómo se mojan los hombres de negocios”, decía ayer por la mañana. Y quienes no se consideran hombres de negocios se rieron; y quienes sí, apuraron el paso, que el horno no está para bollos.
Un día le dije a F que, mira tú, tu nombre significa feliz, y le pareció que tenía sentido.
Y “cuídate mucho”, al marchar.
No sé por qué todos me decís que me cuide mucho, cuando quien necesita cuidarse sois vosotros. Yo estoy bien, dijo F.

♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦

Mi neno J (el solista de las letras más hermosas) estaba mirando el mar. Me dice que no tenga miedo. Que me lo va a ahogar en un abrazo.
No sé si sabe que me da todos los abrazos, que me lee todos sus libros, que me miro todos sus mares. Sí que tengo miedo. No sé si sabe cuántas ganas tengo de poder abrazar. Sí, eso sí lo sabe.
Quizá no sepa que te sientes sucia cuando te alejas de la vida de quienes quieres y ya no sientes derecho a volver. Quizá no sea eso. No, no es sólo eso.

♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣

N no tiene miedo y redecoró toda la casa con sólo mirarla. Te da dos besos suaves y, punto y coma, abraza. Bajas la vista y no puedes dejar de mirarla. Y esa silla puede quedar mejor frente a la ventana, y ese cuadro es feo, y qué tal una colcha de colores. Y mírate en esa foto. Mírame. Tú no quieres seguir haciéndolo mal, ¿no ves que es una tontería seguir haciéndolo mal, si es tan fácil?
Me traje tu sonrisa en una foto (bueno, sólo entró media), bendita.

‰‰‰‰‰‰‰‰

Meu neno, aínda temos que come-la neve de Praga.
Acórdate de que temos que mandarlle unha foto de plastilina a Tre para a súa colección de sorrisos. O noso anxo de ouro.
 
confirmación de pedido
Hay días en los que se necesita decir, vomitar, y no se articula palabra.
Hay días en los que reclamas un asistente "de creación y publicación" como el de los blogs, para subir, para colgar, para pegar, para recortar fotos, dibujar cielos. para hacer los días que hay, y hay varios Una libreta cuadriculada, preguntas de examen. Un libro de instrucciones para romperlo y saber hacia donde no, qué no, cómo no.
Hay días en los que sólo puedes subir al monte y gritar. Subir a Internet y gritar. Bajar y gritar, bajito.
Hay días en los que se echa de menos mañana con furia. No porque mañana vaya a ser mejor. No porque mañana vaya a ser. o no ser. Sí porque mañana ibas a estar, y ayer te miré te miré te miré, te vi, te olí, y no sabes (sí sabes) qué gusto olerte mañana ayer.
Hasta que no hubo mañana no me di cuenta de qué maravilloso saberte mañana
 
la playa
 
al sol
Pienso en espuelas recortadas. Se me aparecen en los sueños diurnos. En los nocturnos, los pasos oscuros. En el día, eso, espuelas para azuzarme. Y miedo. No funciono en las marchas altas (y necesito mi memoria). No quiero emprender carrera porque hay que empezar carrera. (me asalta Peckinpah a punta de pistola, en pleno wester) Aunque quizá me bata en duelo conmigo misma.
Dice mi ‘hermana’ que soy muy fuerte pero cobarde, que no soporta verme encogida en el agujero que me amueblé con recortes. Y me echa la bronca. Y me revuelvo. En realidad tengo ganas de pedirle el beso, pero no puedo, porque me está echando la bronca, y yo no sé explicar. Y me da el beso sin que se lo pida. O sí.
No voy a afilar las espuelas. Pero tengo unas zapatillas preciosas que me regalaste.
Voy a cerrar los ojos muy fuerte y los voy a abrir mucho. Además, voy a respirarte.
 
murmullos
Un amigo me acarició un día compartiéndome la fórmula de la existencia comunicada. ¿Para qué coño sirve que esté yo aquí cuando no te puedo dar?
Resulta -me explicó- que somos círculos comunicados aun sin saberlo ni pretenderlo expresamente. Y me dibujó un ejemplo. Dibujó círculos: Aunque tú no lo sepas, yo tomo de ti serenidad; estoy mejor, y por eso quien está a mi alrededor puede tomar de mí mejor lo que le sirva, sin que yo lo sepa, ni ellos lo hayan preparado. Yo corto tu círculo -me meto en él-, y tú el mío; y los demás, los nuestros. Y así hasta el infinito. Una red inmensa.

Y sonrió.
Mi amigo me habló de ganar, pero también se toma y se da lo que mata.
Mi amigo repetía a menudo una frase: memataronlosmurmullos. Adoraba a Rulfo. Creo que lo entendía sintiéndolo mejor que nadie. Repetía frases, cantaba y escribía con una risa sonora enorme y una tristeza inmensa. murmullos.
Ya no. Aunque yo aun lo escucho.
Dicen que la vida es cabrona en esto. Que se nos va marchando en las ausencias. Cuando te faltan personas que te constituyen.
Es que se te queda el círculo flotando perdido en el vacío; aislado. Si te faltan los eslabones primeros te desenganchas del resto del universo.
Las ausencias son cabronas. A veces no hay ni murmullos.
Pero es curioso como quien deja el vacío te sigue dando. Por eso -y porque me da la gana, porque sigo amando- me niego a despedirme. Prefiero el "vamos".
Pero el círculo queda un poco sin sentido. Tomas pero no das. Hasta que das.
Me pesan las ausencias, y me pesa que nos hayan derrotado. Hunden.
Si puedo levantar la cabeza, te cuento que Claudio Rodríguez dice que se puede estar en derrota pero nunca en doma.
"Vamos".