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Discurso de la osa
y tal
Sindicación
 
la máquina de escribir
Vi a un hombre feliz. Te tuve felizfeliz. Fue una ráfaga, un destello. Precioso. Se apagaron los murmullos que rayaban nuestras noches y días nocturnos. Nuestros días sin huella; de rueda. Cuando se nos rompían las uñas dando vueltas.

Pero eso, que te vi feliz. Se te hicieron inmensos esos ojos tuyos inmensos, alargados, inmensos, cargados, limpios, apunten disparen. De super 8. De scope. De máquina de escribir y diccionario de sinónimos.
Pues que se te hicieron inmensos. Ojalá los hubieses visto.
Guardo el beso.
Ayer reencontré Subid la música en una tienda. Perdida.
Sería bonito que volviese a abrir otros ojos; a regalar otro beso. Pero no confío. No hay otros ojos como estos, ni otras manos que esperen igual esa música, ni otra sangre por la que corra de esa manera.
Pero voy a confiar. Sería precioso.

Si en algún momento hay alguien aquí (hola, un beso), un favor: tarareen la canción de mi tu su vuestra nuestra vida. Y sáquenle notas.
(Cántenle también bajito algo del ataque a la gravedad de Los Planetas)
 
Gilda

Se me está poniendo la cara de hace una década; y las arterias de dentro de cinco; y los callos de la reencarnación que marqué a sacho.
Me quité los guantes un momento para la música que se escucha descalza sobre brasas; y me congelé. elllanoenllamas



La noche es la parte del ¿día? en la que se levanta la carpa de esta ciudad de teatrillo del XIX. Se abre la trampilla de la brisa que se guarda en latas para los planetarios, cuando se baja su carpa y se abre el mundo.
Ahora que se me abre el mundo y se me cierra la rutina, voy a bajarsubirllanear a casa haciendo los planes para esta noche, ahora que hay aire. Voy a programarte una cena, una peli, un café con la música del paraíso. Excusas.
Esta noche voy a volver a comerme todas las caricias que ya no sé dar.
Pero te sigo haciendo el programa para cada noche.
 
La hoja del lunes
Pesan los periódicos con café solo, fantasmas de esfuerzos (con perdón). Sólo existen y valen cuando alguien lo relee.


(De una entrevista a Elías Querejeta)
(…) - ¿Qué es lo que le importa realmente?
- Me importa tener una relación con personas con las que se pueda hablar de cualquier cosa, de todo. Me importa sentir la necesidad de estar con alguien, con alquien muy concreto, muy preciso, con una persona que es única para mí y de la que, con absoluta precisión, puedo decir su altura, describir su pelo… Y también me importa eso que algún escritor llamó una pasión menor, que es la amistad. (…)

(De una entrevista a Edward Said)
(…) - Cuando era pequeño sus padres le llevaron a estudiar a Estados Unidos, ¿cómo vivió aquel tiempo?
- Me sentía desgraciado. Pero si uno sonríe y resiste, se hace más fuerte. Y, en consecuencia, resta importancia a la identidad singular.

(Y en un discurso)
“Llevo 40 años enseñando literatura, arte y música, y lo que sobre todo he querido transmitir a mis alumnos es que lean las grandes obras. Y que aprendan a leerlas de manera dinámica, no como textos cerrados. Lo más importante es que cada uno aprenda a pensar por sí mismo y no dejarse nunca intimidar por la autoridad. Más bien, retar a cualquier autoridad, sea del tipo que sea, y enzarzarse en un debate para explorar la fortaleza de nuestras ideas”.

(En una entrevista a Joan Manuel Serrat)
(…) En las ausencias uno se va muriendo. Porque se mueren los argumentos. Cuando la historia compartida deja de serlo, uno se queda huérfano. La vida es cabrona en esto, se te va llevando.

(Y otra, a Miguel Fisac)
(…) Una vez que sale el espíritu del cuerpo pasas a otra cosa. Yo estoy completamente convencido de que no me voy a morir.

(Una más, a Ángel Gabilondo)
- Cuando jugaba al fútbol en la playa, con su pandilla, ¿cuáles eran sus sueños?
- Nunca he sabido soñar bien. Me da envidia la gente que sabe soñar bien. No sé dónde se aprende a soñar. Tampoco sabría distinguir mucho los sueños de las cosas que entonces me atraían… El mundo de los afectos, el mundo de la comunicación, de las relaciones, siempre ha sido para mí muy atractivo… No sé por qué pense que nunca iba a estar bien del todo. Era como aprender a vivir desde chico con un fastidio constitutivo, eso me hizo sufrir mucho. Hasta que aprendí que ese mismo fastidio era un buen compañero mío. Creía que tenía que ver con un mal momento, que se me iba a pasar… pero hay una incomodidad constitutiva que estoy procurando que sea fecunda, y en vez de deteriorarme he aprendido a vivir con ella. Si algún sueño tenía entonces era pensar que esa incomodidad y ese fastidio iban a eliminarse, y he visto con el tiempo que no ha sido así…
 
10:01

A Fidel le hacía mucha gracia la expresión trendevida. Siempre la pronunciaba un par de veces cuando ponía a andar la locomotora de lata que le habían regalado los Reyes' 82, cuando decidió asumir que los Magos non traían trenes de juguete a los treintañeros.
(nunca lo reconoció públicamente. simplemente dejó de escribir la carta de diciembre y hizo fuego de los chalecos de lana, pantuflas y calzones estampados que había guardado de los últimos veinte eneros)
Decía trendevida;trendevida; y disparaba una risotada que había aprendido con la tele.
Ponía a andar la locomotra todos los días exactamente a las 10:01; no le gustaban las horas en punto; supersticiones; le gustaban los capicúa; supersticiones. Decía trendevida;trendevida; reía; y dejaba arrastrar los ojos por la locomotora, siguindo la circunferencia imperfecta.
Pero si había una parte del ritual de la que realmente estaba satisfecho era —dicen— de haber cubierto el tren con un pedazo de sábana blanca vieja. Era, decía, la única manera de que los otros viesen que tenían ante sí un tren fantasma, y el insistía en que lo era. Los otros eran, decía, tan torpes que necesitaban sábanas para reconocer las imágenes salidas de outro mundo. Y nadie osaba tirar de la sábana.