No sé por dónde leí que si no tienes nada agradable que decir, es mejor cerrar la boca.
Esto ha sido lo que ha pasado este mes con mi blog. No tenía ganas de nada. Siempre intento ver las cosas de manera postiva, pero hay ocasiones en las que sencillamente no puedo. No podía aplicar mi visión cómica sobre todo lo que me estaba pasando día a día. Y por eso dejé de escribir. Penas ya tiene cada uno las suyas, así que para qué compartir las mías.
Tras infinidad de pruebas, ingresos hospitalarios, intervenciones, tanto mías como de miembros de mi familia, la única conclusión a la que he llegado a parte de que toda mi estirpe está hecha una mierda, es que en realidad a la gente le importa un comino la gente. Sé que no estoy haciendo el descubrimiento del siglo, es probable que todo el mundo lo haya pensando alguna vez, pero yo jamás me lo había encontrado tan a la cara.
Jamás había tenido la sensación de ser para otras personas un nombre, un número, o un sobre. Personas a las que le importa un carajo que alguien lleve UN AÑO esperando para un determinado tratamiento y son capaces de anularlo el día de antes porque le falta un cuño absurdo en un certificado. Personas a las que les resbala absolutamente que alguien esté acojonad@, que no sepas qué le pasa y que nadie sea capaz de decirle ni una palabra para tranquilizarle. Será cierto que a fuerza de ver esas cosas a diario se insensibilizan?
Intento entenderlos porque tanto mi madre como mi tía pertenecen al personal sanitario, que es del que estoy hablando. Entiendo que tienen mucho trabajo, que no sólo me tratan a mí ni a mis familiares, pero en serio cuesta tanto que te miren a la cara cuando te dan una mala noticia en lugar de estampar la firma en un papel y despacharte en menos de dos minutos?
Y del personal funcionario…mejor no hablo. Si algún día consigo serlo como es mi propósito, espero no ser nunca así de desinteresado con la gente. Espero no mandar a nadie a mil sitios, a recoger infinidad de documentos cuando en realidad solucionar el problema de esa gente está en mi mano realizando una simple llamada.
Ya llevo unos cuantos días bastante regular de ánimos, hasta el punto de que ayer me puse a llorar mientras hablaba con una persona a la que adoro. Sé que le asusté y le preocupé un montón sin tener culpa de nada:
“…me gustaría que me dijeras qué te pasa…nada, es igual. No te preocupes, yo me echo un nudo en la garganta y otro en el corazón y solucionado…Los nudos son temporales, llegará un momento en el que estallarás…”
Y qué razón tenías. Porque estallé.
Pero igual que hay días muy muy malos…hay días bastante buenos.
Hoy, al despertarme y encender el móvil, tenía un sms sólo con un “requetemuuuuuuaaack” que me ha “quitao er sentío”.
Luego he ido a enviar algo por correo y me he puesto contenta sólo de pensar en la carita que pondría la persona a la que iba destinado cuando lo recibiera.
Al salir, me he encontrado con D, mi ex (ahora nos llevamos un poco mejor) que desde que lo han ascendido trabaja menos que el sastre del oso Yogui. Se ha ofrecido a acompañarme hasta donde tenía el coche aparcado, y mientras caminábamos hemos pasado por delante de los recreativos en los que nos pasábamos las horas cuando íbamos al instituto. Acababan de abrir, era temprano y estaba vacío. D me ha propuesto entrar a echar una partida por los viejos tiempos. Yo no tenía demasiado que hacer en mi casa, así que he aceptado.
Pero cuando nos hemos puesto a mirar las máquinas, no conocíamos ningún juego. Las habían cambiado todas, no quedaba ninguna de las de nuestra época. Ya nos íbamos, cuando D ha divisado en el último rinconcito una máquina más vieja, se ha acercado a mirar qué juego contenía y se ha puesto a chillar:
- Churri, churri, ven!!!!!
- Qué pasa?
- Que aquí está aún el juego de las guarras* !!!!!!
(*Juego de las guarras: Videojuego de una o dos personas cuyo objetivo era ir completando porciones de puzzle. A medida que se completaban iban mostrando trozos del fondo, y cuando lo descubrías entero se veía a una japonesita en paños menores o desnuda. Por eso se llamaba las guarras. Que conste que nosotros no jugábamos por ver a las guarras, sino por completar el puzzle, que era bastante divertido. Prueba de ello era que en mis tiempos esa máquina era a la que más jugaban las chicas, y no creo que todas lo hicieran por ver a las japonesitas en pelotas…)
- El juego de las guarras??????Madre mía anda que no nos hemos viciado tú y yo con esa máquina!!!!
- Sí, sí, por eso! Venga vamos a jugar!!!!
El cuadro era digno de ver (menos mal que no había nadie más que el que cambia las monedas): Un tío de casi dos metros con traje y corbata jugando con una tía pequeñaja y que gritaba todo el rato: Pero correeeeeeeeee, enciérraloooooooooo , que te mataaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ¡¡¡¡¡¡
Resultado: Yo me he gastado casi 3 euros y D casi 4, en total casi 7. En una hora. Y no hemos pasado de la tercera pantalla, cuando en nuestra juventud nos pasábamos más de ochenta jugando juntos. Con cinco duros y la misma partida jugábamos toda la tarde.
Al salir, nos dirigimos hacia mi coche y, Dios sabe cuánto me he acordado de Cristina en ese momento, porque alguien había arrancado de cuajo uno de los retrovisores y me lo había dejado delicadamente encima del capó. Por suerte, he topado con una persona honrada que me dejó la siguiente nota:
He llegado a casa, se lo he dicho a mi padre y cuando ya estaba cerrando los ojos en previsión de la bronca que me iba a echar, simplemente me ha dicho: “No pasa nada, trae la nota que llame a ese señor y arreglemos todo”.
Y me he dado cuenta, de que después de todo, aún tengo muchísimas razones para seguir sonriendo. Así que eso voy a hacer.
ACTUALIZACIÓN: He tenido que quitar la imagen de la nota que me dejaron porque el espacio web donde la tengo alojada me colapsa el blog y hace que no se pueda acceder.Así que os fíais de mi palabra :P

Esto ha sido lo que ha pasado este mes con mi blog. No tenía ganas de nada. Siempre intento ver las cosas de manera postiva, pero hay ocasiones en las que sencillamente no puedo. No podía aplicar mi visión cómica sobre todo lo que me estaba pasando día a día. Y por eso dejé de escribir. Penas ya tiene cada uno las suyas, así que para qué compartir las mías.
Tras infinidad de pruebas, ingresos hospitalarios, intervenciones, tanto mías como de miembros de mi familia, la única conclusión a la que he llegado a parte de que toda mi estirpe está hecha una mierda, es que en realidad a la gente le importa un comino la gente. Sé que no estoy haciendo el descubrimiento del siglo, es probable que todo el mundo lo haya pensando alguna vez, pero yo jamás me lo había encontrado tan a la cara.
Jamás había tenido la sensación de ser para otras personas un nombre, un número, o un sobre. Personas a las que le importa un carajo que alguien lleve UN AÑO esperando para un determinado tratamiento y son capaces de anularlo el día de antes porque le falta un cuño absurdo en un certificado. Personas a las que les resbala absolutamente que alguien esté acojonad@, que no sepas qué le pasa y que nadie sea capaz de decirle ni una palabra para tranquilizarle. Será cierto que a fuerza de ver esas cosas a diario se insensibilizan?
Intento entenderlos porque tanto mi madre como mi tía pertenecen al personal sanitario, que es del que estoy hablando. Entiendo que tienen mucho trabajo, que no sólo me tratan a mí ni a mis familiares, pero en serio cuesta tanto que te miren a la cara cuando te dan una mala noticia en lugar de estampar la firma en un papel y despacharte en menos de dos minutos?
Y del personal funcionario…mejor no hablo. Si algún día consigo serlo como es mi propósito, espero no ser nunca así de desinteresado con la gente. Espero no mandar a nadie a mil sitios, a recoger infinidad de documentos cuando en realidad solucionar el problema de esa gente está en mi mano realizando una simple llamada.
Ya llevo unos cuantos días bastante regular de ánimos, hasta el punto de que ayer me puse a llorar mientras hablaba con una persona a la que adoro. Sé que le asusté y le preocupé un montón sin tener culpa de nada:
“…me gustaría que me dijeras qué te pasa…nada, es igual. No te preocupes, yo me echo un nudo en la garganta y otro en el corazón y solucionado…Los nudos son temporales, llegará un momento en el que estallarás…”
Y qué razón tenías. Porque estallé.
Pero igual que hay días muy muy malos…hay días bastante buenos.
Hoy, al despertarme y encender el móvil, tenía un sms sólo con un “requetemuuuuuuaaack” que me ha “quitao er sentío”.
Luego he ido a enviar algo por correo y me he puesto contenta sólo de pensar en la carita que pondría la persona a la que iba destinado cuando lo recibiera.
Al salir, me he encontrado con D, mi ex (ahora nos llevamos un poco mejor) que desde que lo han ascendido trabaja menos que el sastre del oso Yogui. Se ha ofrecido a acompañarme hasta donde tenía el coche aparcado, y mientras caminábamos hemos pasado por delante de los recreativos en los que nos pasábamos las horas cuando íbamos al instituto. Acababan de abrir, era temprano y estaba vacío. D me ha propuesto entrar a echar una partida por los viejos tiempos. Yo no tenía demasiado que hacer en mi casa, así que he aceptado.
Pero cuando nos hemos puesto a mirar las máquinas, no conocíamos ningún juego. Las habían cambiado todas, no quedaba ninguna de las de nuestra época. Ya nos íbamos, cuando D ha divisado en el último rinconcito una máquina más vieja, se ha acercado a mirar qué juego contenía y se ha puesto a chillar:
- Churri, churri, ven!!!!!
- Qué pasa?
- Que aquí está aún el juego de las guarras* !!!!!!
(*Juego de las guarras: Videojuego de una o dos personas cuyo objetivo era ir completando porciones de puzzle. A medida que se completaban iban mostrando trozos del fondo, y cuando lo descubrías entero se veía a una japonesita en paños menores o desnuda. Por eso se llamaba las guarras. Que conste que nosotros no jugábamos por ver a las guarras, sino por completar el puzzle, que era bastante divertido. Prueba de ello era que en mis tiempos esa máquina era a la que más jugaban las chicas, y no creo que todas lo hicieran por ver a las japonesitas en pelotas…)
- El juego de las guarras??????Madre mía anda que no nos hemos viciado tú y yo con esa máquina!!!!
- Sí, sí, por eso! Venga vamos a jugar!!!!
El cuadro era digno de ver (menos mal que no había nadie más que el que cambia las monedas): Un tío de casi dos metros con traje y corbata jugando con una tía pequeñaja y que gritaba todo el rato: Pero correeeeeeeeee, enciérraloooooooooo , que te mataaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ¡¡¡¡¡¡
Resultado: Yo me he gastado casi 3 euros y D casi 4, en total casi 7. En una hora. Y no hemos pasado de la tercera pantalla, cuando en nuestra juventud nos pasábamos más de ochenta jugando juntos. Con cinco duros y la misma partida jugábamos toda la tarde.
Al salir, nos dirigimos hacia mi coche y, Dios sabe cuánto me he acordado de Cristina en ese momento, porque alguien había arrancado de cuajo uno de los retrovisores y me lo había dejado delicadamente encima del capó. Por suerte, he topado con una persona honrada que me dejó la siguiente nota:
He llegado a casa, se lo he dicho a mi padre y cuando ya estaba cerrando los ojos en previsión de la bronca que me iba a echar, simplemente me ha dicho: “No pasa nada, trae la nota que llame a ese señor y arreglemos todo”.
Y me he dado cuenta, de que después de todo, aún tengo muchísimas razones para seguir sonriendo. Así que eso voy a hacer.
ACTUALIZACIÓN: He tenido que quitar la imagen de la nota que me dejaron porque el espacio web donde la tengo alojada me colapsa el blog y hace que no se pueda acceder.Así que os fíais de mi palabra :P






