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¡Ojú, qué barbaridad!
Acerca de
Ignacio Díaz Pérez es periodista. Trabaja en la sección local de El Mundo en Sevilla desde 1998, donde también realiza labores de cierre. Ha trabajado en Diario 16 Andalucía, Canal Sur Radio, Radio Guadaíra, Radio Utrera y la agencia Mencheta, entre otros medios.
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Otra prueba más y me voy a comer
Es lo que tiene este trabajo, que no tiene horas. Bueno, mejor dicho, tiene muchas, demasiadas... Pero es lo que elegí. Al fin y al cabo soy un afortunado. O eso creo.

Los niños del pegamento

Oficialmente no existen. Pero en las calles de Sevilla hay menores durmiendo a la intemperie. Como el pequeño marroquí que ingresó el sábado en el Hospital Virgen del Rocío después de quedar atrapado entre la maquinaria de un camión de recogida de basura, que volcó en su cuba el contenedor en el que se resguardaba. Ayer, por fin, abandonó la UCI del Hospital Infantil y pasó a planta, donde se recupera de la fractura de fémur que sufrió.
El menor, de 12 años, pasaba la noche dentro de un contenedor en la avenida de Málaga, junto a la estación de autobuses del Prado. No es lo habitual, según fuentes consultadas por este periódico. «En la calle hay muchos sitios mejores que un contenedor para dormir», aseguran. Pero en la calle, también, se dan otras circunstancias.
El fenómeno de los menores viviendo en la calle está ligado directamente con el de la inmigración. El perfil de los adolescentes que duermen en las calles de Sevilla –como los del resto de Andalucía– es el de un varón –por encima del 98%–, de entre 12 y 18 años, la mayoría de entre 15 y 16 –existen muy pocos por debajo de 12 años–, sin formación o con un grado de formación básico y de nacionalidad marroquí.
«Y en Marruecos se sigue esnifando pegamento». Esa práctica, erradicada casi por completo en España desde hace veinte años, está muy extendida entre los menores inmigrantes que llegan a Andalucía. Y eso explicaría, según algunos de los expertos consultados, extravagancias como la de dormir dentro de un contenedor de basuras. No consumen alcohol –lo que explica el hecho de que en su mayoría sean de origen musulmán–, pero sí tabaco y otras sustancias estupefacientes.
Casi todos son marroquíes, pero también los hay de otras nacionalidades, según indicó a este periódico el Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo. Del Magreb y de Europa del Este: rumanos, búlgaros, de la antigua Yugoslavia... También suramericanos –colombianos, ecuatorianos...–, australianos, y hasta de la Europa comunitaria, aunque éstos no tengan la consideración de inmigrantes.
¿Por qué hay menores inmigrantes en las calles? Según el Defensor del Pueblo, porque muchos llegan por carretera, sin control de ningún tipo y sin que la Policía o los cuerpos de seguridad los detengan y deriven hacia los centros de protección de menores de Andalucía, como ocurre con los que llegan a España a bordo de las pateras que se interceptan.
Pero, en muchas ocasiones, los menores que recalan en estos centros se fugan de los mismos. La Oficina del Defensor del Pueblo emitió en 2003 un informe sobre los menores inmigrantes, en el que ya se analizaba esta cuestión.
Según aquel informe, del orden del 80% de los menores que terminan recalando en estos centros acaba fugándose, en un intento por alcanzar el objetivo del viaje emprendido. No son delincuentes, ni personas procedentes de entornos familiares desestructurados; son pobres, vienen buscando trabajo, y se topan con una realidad frustrante: en España no pueden trabajar, ni por su corta edad en algunos casos, ni por culpa de los papeles que no tienen.
Y esa frustración los lleva a rebelarse. No quieren estar encerrados, prefieren continuar su aventura en la calle, aunque en ella, en ocasiones, corran el riesgo de caer en las garras de mafias dedicadas a la prostitución o a la venta de drogas, según se recoge en el informe de la Oficina del Defensor del Pueblo.

Datos oficiales
Los datos oficiales hablan sólo de menores inmigrantes en los centros de protección de la Junta. Para la administración no existen menores durmiendo en la calle. El que se detecta es derivado, de inmediato, a alguno de los centros de atención de menores que conforman la red asistencial. En los nueve primeros meses del año, estos centros han recibido a un total de 1.398 menores inmigrantes, más del doble que los que ingresaron en el mismo periodo del año 2004. Aun así, hasta el 30 de septiembre de 2005 ya se habían registrado unos 360 casos más que en todo el año pasado.
2005, año en el que hasta el 30 de septiembre se ha atendido a 1.884 menores inmigrantes –a los nuevos ingresos hay que sumar los casi quinientos que había en los centros el 1 de enero–, se ha convertido en el año que más casos de menores inmigrantes se han registrado.
Desde junio, según fuentes de la Consejería de Bienestar Social, se ha activado el plan de emergencia en seis ocasiones. Andalucía dispone de un total de 18 centros específicos para atender a la población menor inmigrante, si bien en caso de necesidad se atiende en toda la red. El dispositivo de emergencia supone la puesta en marcha de otros once centros, cuando hay que atender la elevada demanda que se produce en casos de avalanchas de inmigrantes.
El Defensor del Pueblo echa en falta un mayor «trabajo de calle». Sólo algunas asociaciones y organizaciones no gubernamentales trabajan con los menores que vagan de un lado a otro de las ciudades, pero sólo de manera colateral. Trabajan con inmigrantes, y estos menores lo son, o trabajan con personas sin hogar, y éstos tampoco lo tienen.
«El seguimiento es muy complicado», asegura Chamizo. Fundamentalmente, por la facilidad que tienen para moverse de un sitio a otro. «Lo mismo están hoy en Sevilla, que mañana en Málaga, que el otro en Barcelona o Amsterdam», indicó el Defensor. Así es imposible saber el número de los que duermen en la calle. «Igual hoy hay 15 o 20 que ninguno».

La amnistía de Mohamed VI
Aunque el problema en Andalucía no es muy grave –desde el punto de vista de la estadística, claro–, podría llegar a serlo con el paso del tiempo. En Barcelona, los menores inmigrantes representan un colectivo muy numeroso. Entre otras cosas, porque también hay mayor población inmigrante que en Andalucía.
Pero cada vez se dan más casos en Andalucía y Sevilla. El fenómeno de la inmigración de menores no acompañados por sus familiares es relativamente reciente. Empezó a mediados de la década pasada, y en el cambio de centuria se produjo una gran oleada, coincidiendo con la llegada al trono de Mohamed VI y su amnistía general, en la que también llegaron a Andalucía inmigrantes menores que, además, ya traían un perfil más «problemático», según el informe de la Oficina del Defensor del Pueblo.
La consejera para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta, Micaela Navarro, señaló ayer que el caso del menor marroquí herido en Sevilla cuando dormía en un contenedor de basura es un caso «puntual y aislado».
Navarro dijo que «se nos está pidiendo más responsabilidad en casos puntuales» que en el resto de las situaciones.

(Publicado en El Mundo, el 25 de octubre de 2005)
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