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Diario de un profe (casi) novato
2º año de experiencias en el instituto, ahora en el norte de Madrid
Acerca de
No nací una tarde lluviosa de septiembre, me dijo mi madre que naci a la una y cuarto de la madrugada (lo tenía mal antes) y no se me da muy bien hablar de mí. El caso es que este va a ser mi segundo año como profesor de secundaria y poco a poco voy encontrando mi sitio... Por lo menos aquí, ya que he encontrado algo qué contar ;-)
Sindicación
 
¡QUÉ MALA PATA!
El post de antes de ayer anunciaba partido ayer y hoy escribo con la pata en alto...

Mi escasa imagen de deportista ha quedado por los suelos. Y eso que ni llegué a jugar el partido oficial de profes contra alumnos. Haré una breve cronología del día de ayer:

5:57 de la mañana: me levanto ilusionado: ¡último día de clase! En vez de la acostumbrada ropa, pantalón de chándal, pantalón corto debajo, camiseta, sudadera y zapatillas deportivas.

7:30, Móstoles. Me encuentro con C., mi compi de lengua. Él va con vaqueros, pero debajo con los pantalones cortos, como me dice. El partidito nos hace ilusión.

8:10, alrededores del pueblo: vacío. Ese vacío se extiende más tarde al instituto. Apenas hay alumnos. A primera hora tengo a los de 2º. Tengo a 4 y les da por jugar al fútbol. Después de colocar una loseta del techo (con una escalera) en el pasillo y leer los periódicos, me decido a sacarles al patio, previa aprobación de J., el secretario (o jefe de estudios adjunto o algo, jeje).

Me acompaña B., la compi de orientación, así que perfecto. Además tengo la coña con ella, puesto que uno de mis alumnos está loquito por sus huesos. Antes de acabar la clase salen también al patio los de 3º, con los que me toca después. Me piden que les lleve al pabellón. Me informo si los de Educación Física tienen clase y como no tienen les llevo. Además me dice B. que me vuelve a acompañar (sus alumnos no han venido...).

09:10: los de 3º quieren jugar un partido, pero son pocos y nos piden que juguemos con ellos. B. ha sido jugadora en sus tiempos mozos (jeje, más o menos como mis tiempos mozos). P., el de geografía, y yo, nos habíamos metido con sus dotes futbolísticas y nos había amenazado con pegarnos en la rodilla pese a jugar con nosotros. El caso es que llevo sin jugar al fútbol desde mi época de estudiante en el insti, así que por precaución me pongo de portero.

Pero me pasa lo de siempre cuando jugaba, que aunque el físico no me acompañe me acabo emocionando: alguna salida a lo Higuita (que me costó un gol, por cierto...), subidas por la banda, falta de oxígeno, un pulmón y parte del otro tirado por la pista...

Ganamos al equipo de B., que fue más lista y se retiró antes que yo, que no me conformé con emular a Casillas ni tampoco con disfrutar de nuestra holgada victoria sobre esos alumnos con los que había estado vacilando a primera hora.

Llegamos al momento cumbre: subida por la banda izquierda, intento de recortar hacia la derecha, mi cuerpo va a ese lado, pero mi pie izquierdo se clava en el suelo. Oigo un chasquido (crackkkk) y pal banquillo, con B. Pese a que me dolía pensé que sería una de mis típicas dolencias. No se me quitó la cojera en toda la mañana, pero vaya, aguanté el tirón.

El resto fue cuesta abajo: quedé eliminado en 1ª ronda al futbolín, de pareja con P., la profe de biología. Tampoco pasaba nada, no me apetecía estar de pie y el futbolín no es algo que me apasione. Prefería estar sentado en una de las butacas, con buena compañía (como me dijeron, cuanto mayor sea la dolencia, más chicas están a tu alrededor :p), mi bote de Acquarius y conguitos (B. aseguró que era lo mejor, junto con los frutos secos, para las agujetas que tendríamos tanto ella como yo como C., mi compi, que echó dos carreritas, y A., de música, que entró como una flecha y su fuego se fue apagando conforme fue perdiendo oxígeno, jeje).

A eso de las 12 llegó el partido estrella de fútbol. Quise jugar, y de hecho empecé: como portero y sin moverme demasiado, eso sí. Me metieron un gol, pero no tuve la culpa, me fusilaron tras una pérdida de balón justo delante de mí del profe sustituto de Plástica. En los segundos cambios, el profe de E. Física (el de turno completo, I.) me sustituyó y ya no jugué más :-(

A las 13 horas, después de nuestra remontada (2-1) y primera victoria (bueno, segunda, también habían ganado al fútbolín M., la secretaria, y M., de Tecnología) tocó el basquet, donde la estrella de nuestro equipo fue A., de E. Física, con sus más de metro noventa. Huelga decir que ganamos, claro.

Ya para entonces estaba más en labores de profe-guarda de seguridad que de otra cosa. La única nota negativa la puso el imbécil (o impresentable) de A., de 1º C, que tiró un petardazo a la pista y tuvo que venir su hermana para llevárselo. Y que los chicos querían salir y no les podíamos dejar irse (órdenes del jefe, aunque no las compartamos). B. y yo, apostados en la puerta principal, hacíamos el tapón por nuestro lado. Otros profes vigilaban las puertas de las gradas.

A eso de las 2 menos cuarto, los profes que quedábamos nos fuimos a un bar (con un diseño de paredes tipo cebra, muy "fashion") a tomar unas cervezas, coca colas y cervecitas. Estuvo genial. Si algún día me decido a decirles a mis compis que hago esta página, deberían de saber que gracias a ellos en parte me encanta ser profe, y sentirme parte de algo, y no fuera de lugar como en la gran mayoría de ocasiones.

Poco a poco fueron marchándose y nos íbamos quedando menos. Sobre qué hablábamos, mejor hacer un voto de censura. Digamos que si un inspector o algún padre estuviera por ahí, pondría el grito en el cielo. ¿Y estos son los que se encargan de la educación?, jeje. A eso de las cinco los que quedábamos decidimos (decidieron, yo me pegué a G., para que me trajera a Madrid...) irnos.

Incluso en el coche proseguimos con la conversación animada, gracias en gran medida al puntito chisposo que tenía I., el profe sustituto de Plástica. Propuse que siguiéramos un poco más, pero G. tenía que hacer las maletas y no prosperó la moción. G. se pasó de la estación de Cuatro vientos y me dejó en Campamento. Pensaba que era línea 10 y resultó que no, así que tuve que dar más vueltas que nunca y eso que iba cojo.

Miré el móvil, que lo llevaba en la mochila, y tenía llamadas de casa. Avisé a mis padres de que llegaba en malas condiciones. Se lo decía a mis compis: que más que el dolor que tenía, lo peor era que mi madre me había avisado: "a ver cómo llegas...", con el tonito que me recordaba a cuando me hice un esguince.

Comí y al médico de urgencias (otra caminata...), que me remitió a que me hicieran una radiografía para descartar lesión ósea, lesión que luego se confirmó: pequeña fisura en el quinto metatarsiano del pie izquierdo. Tras la odisea de rigor en el Clínico, por culpa de un cambio de horario de los traumatólogos, me pusieron una férula. Espera en la salida para que mi padre se enterara de que estaba fuera, taxi y a casa a las doce y algo (había llegado al hospital algo pasadas las nueve).



Y colorín colorado, este cojo y sus agujetas incorporadas (me duele más que el pieeeeeee), han terminado.
 
Comentario:
Jjajajajjja........ mira que sabia la historia y ya me rei lo suyo por fono..... pero la radiografia y la foto.... jajajajajjaja

Eres unico.... unicamente torpeeeeeeeee,... jajajajjaa
 
Comentario:
jajajajajajaja, me va a perdonar Ud pero es que no puedo parar de jajajajajaja torpóoooooooooooonnnnnnnnnnnn
Mira q te avisé!!!!!!!
No