logotipo

img_google
Diario de un indeciso (supongo)
Acerca de
Todavía no sé muy bien quién soy, pero estoy en ello.
Sindicación
 
El mundo de dentro: purgatorio.
Escribo desde el despacho, el mundo de dentro. Me ha tocado venir esta tarde. Simulo estar trabajando, pero en realidad estoy escribiendo esto. Y lo cierto es que debería estar revisando las notas y los informes de una reunión de esta mañana, pero me siento incapaz.
Estoy solo. C., la secretaria que comparto con otras dos personas, se ha marchado hace rato. Casi ni la he mirado cuando nos hemos dicho adiós. Tengo un mal día, o mejor dicho: tengo una mala tarde después de haber tenido una pésima mañana. En esa reunión algo ha salido mal y no sé bien por qué. Ahora veo que J. y yo hemos cometido un error de análisis y hemos inducido a otros a ese terreno resbaladizo en el que las cosas empiezan a salir todas mal. Me he empeñado absurdamente en una línea equivocada y he tardado demasiado tiempo en darme cuenta. No ha sido cuestión de vanidad, es algo bastante más simple: cuando no controlas el tema, es fácil que el tema te controle a ti.
Quiero pensar que no ha sido nada personal. J. se ha subido a mi carro y ya éramos dos. He creído que al estar con él podíamos hacer valer el enfoque que teníamos, a pesar de que apenas se sostenía, como me he dado cuenta más tarde.
Lo he estado hablando con él en la comida, es un optimista convencido y no ve ningún problema, luego he despachado el tema con la jefa. Por esa parte todo bien, se ha dado perfecta cuenta de que J. estaba conmigo de convidado de piedra. No he querido hablar más del asunto, y menos con J. ausente.
La jefa me ha intentado explicar muy pedagógicamente el sistema: nosotros estamos en un nivel intermedio y, como el sistema funciona por elevación, si aquí hacemos algo mal (he entendido “haces”) cuando traslademos (debería haber dicho “traslade”) el tema a los grandes jefes de arriba pues... No la he dejado seguir, me he dado por enterado y he pedido nuevamente disculpas. Ella, muy condescendiente, ha quitado hierro al asunto. Y me ha preguntado por qué me he mostrado tan vehemente, cuando suelo estar casi siempre en la zona gris. Todavía no tengo una respuesta a eso. Tampoco insiste, me conoce bien o al menos así lo cree. Ella fue quien me trajo aquí. Por su forma de mirarme sé que aún no se arrepiente de ello y espero de verdad que no tenga que hacerlo. Me cae bien, es buena gente.
Me voy, al mundo de fuera. A casa. Ya son casi las nueve. Si lloviera elegiría el camino más largo. El coche bajo la lluvia es un buen lugar para pensar en los daños colaterales cuando no te has preparado la lección. Le he dejado a C. El País sobre su mesa, con el crucigrama a medias. Seguro que lo entiende.

 
Comentario:
¡Qué bien!. Qué bien escrito está esto, caramba. Un texto que transmite tan bien tus emociones de esa tarde que uno se identifica y se zambulle hasta las cejas. Al acabarlo, he deseado que lloviese para dar un paseo largo...
No