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Diario de un indeciso (supongo)
Acerca de
Todavía no sé muy bien quién soy, pero estoy en ello.
Sindicación
 
El mundo de fuera. Una sonrisa a las 7:20 de la mañana
Madridmemata empieza a despertar por las vísceras del metro. Es un acontecimiento metálico y ruidoso que tiene lugar en el subsuelo arterial de la ciudad. Las miserias de la noche se retiran entonces y dejan paso a las miserias del día. La contraposición oscuridad luz no tiene aquí ningún sentido. Se diría que la ciudad empieza a salir del corto letargo de la noche siguiendo unas pautas milimétricas, perfectas, como el cuerpo de esos insectos en los que la cabeza es un complemento exacto del abdomen y éste justifica la existencia de las extremidades de acuerdo a unas leyes naturales que rigen desde épocas remotas.
Abajo siempre es la misma hora, los trabajadores del metro lo saben bien, tal vez por ello buscan con avidez el sol, como si necesitasen encontrar la constatación de un raro fenómeno. A veces los observo cuando cambian de turno y se dirigen al exterior; al alcanzar la calle levantan la cabeza y entornan los ojos, es un gesto mecánico mil veces repetido. Les es indiferente que el día esté soleado o nublado, que llueva, o sea de noche. El gesto se repite de manera invariable, casi como una seña de identidad, cuyo sentido está en la repetición sistemática del movimiento del sujeto, no en su objeto.
En la boca del metro una mujer con una sonrisa me pone cada mañana un periódico gratuito en la mano, es sudamericana. Me dice gracias, lo mismo que el día anterior, invariablemente le devuelvo la sonrisa y las gracias y me dirijo al andén escuchando música. Hoy, Charlie Haden, Pat Metheny y el recuerdo del café han convertido el viaje subterráneo en algo soportable. Los pequeños auriculares me aíslan del ruido metálico y oscuro, el monstruo se despereza y la luz fría que ilumina sus entrañas parece por momentos que va a solidificarse. En el vagón casi nadie habla y la lectura superficial del periódico empieza a despertarme a la realidad. La ciudad respira un aire pastoso y caliente en su interior que contrasta con el de fuera, frío y húmedo.
La sonrisa de esa mujer es un eco en mi retina. Nunca leo más allá de la portada el periódico que me entrega. Lo dejo siempre sobre mi mesa y allí me lo vuelvo a encontrar al día siguiente. Al final de la semana los ejemplares acumulados terminan en la papelera con un leve sentimiento de culpabilidad o de traición, no lo sé muy bien.
No sé cómo se llama. Pero sé que contribuye a ayudarme a afrontar la jornada. A veces pienso que debería pararme un instante, cuando el papel nos une, momento en que siento que empieza el día, y después de devolverle las gracias preguntarle qué tal, cómo va todo, qué frío hace hoy, ¿verdad?, qué tal por aquí, cuánto tiempo lleva en Madrid... Darle las gracias por su amabilidad a cero grados, no sólo por su periódico.
Lo he comentado en una reunión esta mañana: una sonrisa y un periódico gratuito, por ese orden. Parece algo banal, tal vez puede que lo sea. Es una buena forma de empezar el día, supongo. Me pregunto cuánto ganará esa persona, si entre sus obligaciones contractuales está sonreír, cuál será su horario, qué habrá dejado en su tierra y qué ha encontrado en esta, quién será su familia, qué pensará de alguien que lleva un periódico bajo el brazo y la boca tapada por una bufanda que le devuelve un gracias que con toda seguridad no oye.
Alguno de mis compañeros, trajeado funcionario de nivel A, de verdades y convicciones absolutas, Audi A4 en el parking oficial, de esos que se quejan de lo carísimos que se han puesto los adosados en Pozuelo y hablan por el móvil a todas horas, puso muy bien puesta su condescendiente sonrisa cuando he pedido disculpas por no ceñirme al tema de la reunión e introducir digresiones que no vienen a cuento. ¡Lástima que las únicas digresiones que a estos les interesan sean únicamente aquellas relacionadas con el adelanto de las elecciones generales! Tan inanes y vacías.
Probablemente también mañana amanezca un día frío en Madridmemata, pero voy a dejarme la bufanda en casa.
 
Comentario:
¡Bravo!. Magnífico texto, querido, entrañable compañero. ¿Prisas en las últimas líneas? (repásalas). Un abrazo y una sonrisa sin bufanda.
 
Comentario:
¡Qué buen post! No tengas ninguda duda de que hoy has sido tú quien me ha regalado una sonrisa. Escribes muy bien. Gracias.
p.d. me es imposible añadirte en mis feeds de bloglines y no controlo cuándo actualizas el blog y tengo que ir a google cada vez que quiero leerte. ¿sabes qué puedo hacer?
un saludo
No