logotipo

img_google
Diario de un indeciso (supongo)
Acerca de
Todavía no sé muy bien quién soy, pero estoy en ello.
Sindicación
 
La peor cara del mundo de dentro
Cuando el trabajo se complica en determinadas situaciones surgen encontronazos entre la lealtad y esa parcela rebelde que cada uno lleva dentro.
Lealtad y sumisión por una parte y autonomía por otra. Ese es el dilema.
El hecho de ocupar un puesto de confianza no implica automáticamente que uno tenga que ser fiel inexcusablemente a ciertos postulados. Confiazan sí, sumisión absoluta, no.
1ª norma básica a tener en cuenta: el dedo que te puso puede ser el que te quite. Muy bien. Yo no tengo apego al cargo y vistas las encuestas del CIS más de uno puede empezar a pensar lo mismo.

Apunte para una posible revisión del código ético de mi puesto de trabajo: soy un asesor, no un sirviente. Se supone que estoy en este lugar porque alguien, con un criterio meramente subjetivo, vio en mí o en mi trabajo una cierta idoneidad para hacer lo que estos momentos estoy haciendo: intentar hacer las cosas lo mejor posible. Lo cual no implica necesariamente formar parte del coro de aduladores de turno. Cuando todo va bien, todos somos felices, pero ¿y cuando las cosas se tuercen?
Las afinidades son eso afinidades, nada más.
Pero que no se me pida decir lo que no quiero decir, por mucho que otro u otros quieran oírlo.
Lo malo de estar jodido es que siempre habrá alguien que quiera joderte del todo. Si alguien lee esto, que me disculpe el empleo de este lenguaje, pero me parece que es expresivo de mi estado de ánimo.
Tal vez debería cerra esta bitácora, aunque como lugar donde monologar con uno mismo no está mal del todo.
En fin. Mañana es viernes. Reunión a media mañana, lugares comunes, algo de cinismo, el visionario de turno y poco más.
Guardemos las distancias y la compostura. Si la cosa se tuerce, sonrisa irónica y dosis de autocomplacencia.
 
 
Comentario:
Pues aprovecho el rebufo de Ernesto para decirte que yo también entro todos los días, y que también siento que no escribas. Que sepas que tendrías lectores.
Felices fiestas, Indeciso, y que todo te vaya bien.
 
Comentario:
Obviamente, donde dice "hecho" debe decir "echo". Lo siento. Ha sido una (de mis frecuentes) "disteclias".
 
Comentario:
Te lo dejo dicho aquí, porque no sé dónde: siempre entro a ver si has escrito algo. Me entristece ver que no. Escribes muy bien. Y con enjundia. Me había acostumbrado a disfrutar de tu literatura, a gozar de la emoción de tantos guiños, a sentir sintonía, a sorprenderme con tus recursos. Te hecho de menos. Nada me gustaría más que volver a entrar en tu casa y ver que has subido las persianas para que entre la luz, has puesto flores frescas en el jarrón y has hecho café.

Un abrazo de verdad, de los de apretar.
 
Comentario:
Hola Ricardo.
No creo que tengas que cerrar ninguna bitácora... Entiendo a la perfección tu estado de ánimo y no pretendo darte consuelo (salvo que tú me lo pidas ;)). Mira cada vez me doy más cuenta de una cosa: el trabajo no dignifica a nadie. Yo también me vine a Madrid con la proposición de "triunfar" (muuuy entrecomillado esto de triunfar) en lo mío, esto es, la comunicación, y cada vez estoy más segura de que no es precisamente a cuenta de las empresas que me contraten por lo que lograré tal objetivo. Además, cada día me interesa menos ese objetivo. Se me han apaciguado las bestias internas de hace seis años que ondeaban el estandarte de la ambición...

El trabajo, normalmente, debería servir para obtener un sueldo que te permita hacer las cosas que quieres y te gustan. Lo de encontrar un puesto ideal, vamos, que te guste, bien remunerado, con un ambiente agradable... eso es casi utópico. Aquí nos ponemos la máscara, lanzamos sonrisas a diestro y siniestro y luego, cuando llegue la hora de marcharse (lo antes posible, por favor), si te he visto no me acuerdo. Que lo den por el saco.

En fin, voy a dejar la logomaquia que a lo mejor no es ni de esto de lo que nos hablas hoy, indeciso. Hoy ya es viernes.
No