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Diario de un indeciso (supongo)
Acerca de
Todavía no sé muy bien quién soy, pero estoy en ello.
Sindicación
 
El mundo de dentro. Martes 25 de octubre de 2005. Lecturas (I).
Esta mañana he comenzado a realizar una prospección de lecturas en mi círculo más cercano (C., la secretaria compartida; J. el asesor con el que comparto secretaria; M., otro de los asesores; un conserje que ha venido a traer unas carpetas y Serafín, el camarero del bar donde bajamos a desayunar).
Renuncio a describir las caras de sorpresa, los adjetivos valorativos podrían suponer un verdadero conflicto (afortunadamente nadie del mundo de dentro me lee —espero—, y ustedes, amables lectores del mundo de fuera creo que me entienden). Pero vayamos por partes (esta frase no es original: está ampliamente documentado que era la expresión favorita de Jack el Destripador).
El hecho de ser un indeciso no entra en contradicción con que sea un observador, creo; es más, incluso me atrevo a calificarme de buen observador. Pues bien, vengo notando de un tiempo a esta parte en el mundo de dentro que muchos acuden con libros al trabajo, y he constatado en mi círculo cercano la profusión de gruesos volúmenes, casi todos ellos forrados [Apunte para idea de fomento campaña lectura: leyendo al trabajo]. Esta observación me ha llevado a un análisis somero de la cuestión, de donde he inferido un dato verdaderamente estremecedor: yo no traigo libro, como mucho traigo El País.
Una vez repuesto del dato (la estadística atonta, pero no mata) he concluido en primera instancia que la posesión de un libro está en relación directa con el medio de transporte empleado, es decir, las personas que vienen a este mundo en transporte público leen en el trayecto, quienes venimos en coche, obviamente, no podemos hacerlo [Apunte para idea fomento lectura transporte público: la novela para el metro, la poesía para el autobús, ¿o acaso al revés? Ojo: encajar teatro y ensayo: ¿tren, avión?...). A pesar de lo fundado del razonamiento, la tesis inicial se tambalea, pues repasando datos empíricos concluyo que algunos de los que traen libro vienen en coche.
Tengo que reunir toda la información y procesarla adecuadamente, y para ello es imprescindible que conozca el título del libro y el género al que este se adscribe. Estos dos últimos datos me faltan, por el momento.
He empezado por C. El libro, forrado, estaba sobre su mesa. Le he pedido permiso para echarle un vistazo: Últimas noticias de nuestro mundo, de Alejandro Gándara. Novela. El volumen estaba forrado con un bonito papel de color vino, debe ser el color de moda para forros de este otoño-invierno. Lo he hojeado brevemente y he visto que había subrayado algunas partes. En ciertas páginas había pegadas esas notas amarillas en las que había algo escrito. He sentido un poco de vergüenza y he devuelto el libro a su lugar. C. me ha preguntado si conocía el libro. No. Antes de que me preguntase por el autor le he dicho que he leído de él una novela titulada Un amor pequeño. Me ha dicho que me lo presta cuando termine de leerlo. La verdad es que el título me ha llamado especialmente la atención.
Le he dicho directamente que estaba haciendo una encuesta minimalista, de andar por casa, vamos, sobre la lectura en nuestros despachos y alrededores. Se ha reído, supongo que por lo de los alrededores. Evidentemente la primera encuestada eres tú. Se ha seguido riendo. Yo creía que esto era algo serio pero me lo voy a tener que replantear. Cuando me ha preguntado para qué hacía esa encuesta, no he sabido qué decirle, aunque he retomado la iniciativa y le he dicho que no lo sabía, ¿acaso desconocía a estas alturas que yo era un asesor indeciso? Más risas. En fin, espero retomar el tema mañana un poco, sólo un poco, más en serio.
 
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¿C.? C. de Calamity. Aunque por un instante pensé en la otra C. -es evidente que es una simple asociación de ideas-, enseguida recordé que llevaba mediada la novela de Gándara. Aunque no descarto que esta mujer lea a Plutarco, si es que no lo ha leído ya, vaya.
Un saludo y bienvenida (o bievenido).
 
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Hola Ricardo.
Vengo aquí básicamente por dos motivos. Uno, por recomendación del Señor de Portorosa -un referente para mi todo lo que él diga-. Y veo que llevas poquito tiempo en esto, así que me he leído casi todo tu blog. Me ha gustado. Así que vendré más veces.

Y la segunda. Pues porque ayer me llamó la atención un comentario tuyo en la bitácora de Ernesto respecto a una fotografía de él con su madre. Leche, me recordaste a Barthes.

Y, la tercera, vale, esta no estaba puesta arriba, para contribuir a tu estudio sobre las lecturas. Yo, ahora mismo, llevo "Vidas Paralelas" de Plutarco y sin forrar. Suelo ir en transporte público (bus o metro, da igual) básicamente porque no tengo coche. El hecho de que hoy lleve ese libro no significa que mañana no lleve otro diferente o incluso algún periódico o revista. ¿De qué depende? Pues no lo sé. Es probable que fluctúe junto al humor conque me haya levantado ese día. ;)

Espero no haberte aburrido... Un saludo. C.
No