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Diario de un indeciso (supongo)
Acerca de
Todavía no sé muy bien quién soy, pero estoy en ello.
Sindicación
 
El mundo de fuera. Domingo 23 de octubre. Vesania.
La lectura de este artículo del diario El País de hoy me produce sentimientos contradictorios, que oscilan entre la sorpresa y la indignación. Es difícil imaginar que situaciones como las que aquí se refieren se produzcan en la realidad y afecten a personas que están intentando mejorar su vida, trabajar, desarrollarse y desarrollar una labor en una empresa a la que acuden en busca de trabajo, abriendo horizontes, y que se encuentran con auténticas vejaciones en la entrevista por parte de la persona que la realiza.
Bien es cierto que también se afirma que estas prácticas vejatorias no son lo habitual, pero asusta pensar que se produzcan con esa impunidad con la que se dice en el artículo. Esas personas que acuden bien vestidas, revestidas de dignidad, con toda su ilusión, con las esperanzas puestas en mejorar su situación laboral o simplemente acceder a un empleo no se merecen ese trato denigrante que está rayando, si es que no entra de pleno, en actitudes ilegítimas, aunque alguien las considere legales.
En mi actual trabajo no tuve que enfrentarme a ningún sujeto como esos de los que se habla en el artículo, con actitud despreciativa y grosera, indagando en mi vida privada, distante, juzgando mi forma de vestir y de ser.
En mi actual trabajo soy yo el que cada día se enfrenta conmigo mismo, el que se interroga sobre la valía y el esfuerzo tanto de uno como de los demás con los que trabajo. No se construye una auténtica relación humana, del grado que sea, laboral o de cualquier otra clase, si basamos esta en la desconfianza, las jerarquías como única medida, y los prejuicios de todo tipo.
Le he mandado el artículo por correo electrónico a C., aunque es seguro que también lo habrá leído. Me gustará comentarlo con ella mañana lunes. Ya he dicho en otra ocasión que C. me parece una persona capaz e inteligente, con la que suelo hablar de cuestiones como esta. Es fácil que la conversación con ella trascienda los límites del despacho después de hacer alguna referencia a los asuntos convencionales al uso propios del momento. También es fácil la charla con los otros asesores, o, al menos, con alguno de ellos, especialmente J., con el que tengo cierta empatía.
J. me comprende y yo intento comprenderlo a él en justa reciprocidad. Los dos estamos aquí por parecidas razones y compartimos básicamente el sentido del trabajo que hemos venido a desarrollar a este lugar. Lo conocí aquí y desde el primer momento ocupamos la retaguardia de las reuniones. A veces somos remisos a opinar y entonces callamos, pues valoramos tanto las palabras que nos resistimos a usarlas vanamente para no gastarlas. Nuestros silencios en las reuniones son ya famosos. No es que no tengamos nada que decir, ocurre simplemente que en ocasiones es mejor no decir nada o ya está todo dicho. Esa es nuestra condición, la del observador indeciso, contradictorio en la apariencia, silencioso, pero no mudo, que no es vendedor de lo ya vendido ni adulador fácil.
Por eso es tal vez por lo que el nivel intelectual de algunas reuniones alcanza su plena expresión unos minutos después, en la charla informal en cualquier despacho o en la cafetería. Es allí donde todo parece tener un sentido, donde desplegamos de una manera generosa la intuición y la mirada por la que nos pagan a fin de mes.
Nosotros no estamos aquí después de haber pasado por entrevistas como las que se refieren en el artículo. Nuestra posición aquí tiene que ver con la confianza, aunque no esté muy seguro de todo ello. Lo cual no es un impedimento para que considere intolerables ciertos procedimientos humillantes de selección de personal. No podemos incorporar al mundo en que vivimos realidades como esta sin estremecernos, sin conmovernos, sin removernos, sin hastiarnos.
Tal vez hayan muerto las ideologías y cierta vesania se esté adueñando de todo, pero que no nos abandonen ni el sentido de la dignidad ni el de la justicia. O estaremos definitivamente perdidos.
 
Comentario:
Insisto: he estado leyéndote hacia atrás, y no entiendo cómo no te he descubierto antes. Me parecen unos textos muy buenos, muy sencillos (algo poco habitual en este medio, me temo) e inteligentes (si me lo permites).

Me verás por aquí, si no te importa. Gracias.
 
Comentario:
Cierta vesania se está adueñando de todo, sí. Pero hay ideologías bien vivas. Viven en nosotros (en tí, en mí). Te leo y lo demuestras. Sigue. Sigamos. Puede que sea más necesario que nunca. Aunque, nunca, haya "parecido" más desalentador el empeño. O, precisamente, por eso. No huyamos a la melancolía. Que no nos pueda Pessoa, "Ricardo Reis".
No