TESTIMONIO DE FELICIDAD

Súbditos de la noche mientras el viento estremece las ventanas… se escucha el sonido de los neumáticos al entrar en contacto con el asfalto húmedo desde el otro lado de la calle… una habitación de paredes blancas observando un punto en el que se concentra toda la atención.
Un punto envuelto de sábanas azules en contraste con una colcha teñida de tintes anaranjados que no se percatan en su totalidad ante la ausencia de luz… una cama donde se resume uno de los momentos más especiales por los que puede pasar un ser humano a lo largo de su vida…
Una colchón sobre el que reposan dos cuerpos, uno frente al otro, despojados de sus ropas… manteniendo un contacto que va más allá de lo puramente físico. Debajo de esas telas confidentes de todos y cada uno de los sueños, siempre dispuestas a establecer una protección (y nunca barrera) a todo aquel que se aloje dentro de ellas…
Pues bien, es en ese núcleo, en un momento y lugar concretos, donde esas dos personas se intercambian las miradas, las caricias, los besos… dando pie en muchas ocasiones a algún que otro arrebato pasional evidentemente imposible de negar, se convierte en algo más que a un simple lecho de complicidad.
SEÑORAS y SEÑORES, ¡en ese lugar se llora y se ríe! Pero de verdad. Como tambié se da paso a rincones de la memoria que sólo descubres ante tu pareja, y aunque parezca contradictorio, también te permite desconectar por completo de todas las preocupaciones que te atañen en el exterior. Te das cuenta que tienes delante de ti lo más aprecias en esta vida, y que a la mínima ausencia de ello tus sentidos se desatan en busca de aquello que por naturaleza les satisface: los recuerdos, el perfume en la almohada, el olor corporal en tus manos, la necesidad de abrazar a alguien y una habitación enorme con todo tipo de lujos que no cobran sentido alguno sin la persona a la que amas… porque, aunque parezca mentira, el amor existe por muy difícil que sea creer en ello. Yo lo estoy viviendo junto a la persona que más quiero y aprovechando cada minuto que puedo para compartirlo con el.
No pretendo alargarme mucho más, simplemente decirles que no se rindan, que no pierdan la esperanza, que no se den por vencidos nunca. El placer que se siente al levantarse junto a una persona así, (que nunca hubiera pensado encontrar) me deja en mi consciencia una idea muy clara… “ahora se porque vale la pena vivir”… y de esta forma te vas incorporando a un nuevo día mientras el sol va invadiendo las rendijas de las persianas, las cuales van dando paso al amanecer dentro de esa blanca habitación. El viento ha cesado, se escuchan ruidos del exterior, la calle va cobrando vida mientras que la simpática vecina se pone a cocinar con al radio de fondo, lo que te recuerda que… ¡el hambre no entiende de treguas! Jejeje. Saludos a todos.
Muchas gracias por todo amor, eres genial.
Dani





