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APRENDIENDO A APRENDER
"Hermosa encuentra la vida quien la construye hermosa" Otto René Castillo.
Acerca de
"Si yo no pienso en mí, quién lo hará.Si pienso sólo en mí, quién soy.Si no es ahora, cuándo". Hakim Bey
Sindicación
 
ANTE LA LEY

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.

La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:

-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.

El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.

Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:

-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.

Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.

-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.

-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?

El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:

-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

Fran Kafka.
 
Comentario:
Mmmm mi poderosa puerta anda medio abierta medio cerrada, jejjejeje. Estoy en una pequeña fase bloqueo, en la que no es que no me atreva o no me lance a escribir (que lo hago), sino que no me lanzo a subirlo... No sé que me ocurre, pero mientras me lo pienso, los post se me están acumulando en el espacio de "mis documentos". Así que a ver si me dedico un poco de tiempo y me decido.

En ese tiempo también incluyo leeros y contestaros. Un saludillo.
 
Comentario:
Hola... hacía ya unos tiempos que no me acercaba a tu poderosa puerta.
Hay una gran puerta abierta entre nuestra realidad, fácil pero fragil y el mundo que nos rodea. Sólo tenemos que presentarnos ante el guardián de la puerta y enseñarle nuestro pasaporte en regla. El resto es coser y cantar.
Del otro lado de las realidades mundanas, también, como nosotros, caminan hacia esas puertas abiertas. Pero no es suficiente mostrar una documentación para poder entrar. Años han de esperar en la puerta o sacrificar su vida para asomarse al gran esperado desconocido.
Y mientras todas estas puertas están abiertas y sólo unos pocos las franqueamos amablemente, yo me pregunto por la respuesta a esta gran incognita.
¿Parches o el caos?... ¿Me entiendes?
Un besillo
 
Comentario:
Los grandes guardianes de la Historia lograron doblegar la débil naturaleza humana, convenciéndola de que el miedo era aquello de lo que debía huir…

Cuántas veces la Muerte es nuestra única psicóloga…

Una bonita historia, Elia. Creo que me verás a menudo por tu blog, je je je.

Un besillo
No