logotipo

img_google
APRENDIENDO A APRENDER
"Hermosa encuentra la vida quien la construye hermosa" Otto René Castillo.
Acerca de
"Si yo no pienso en mí, quién lo hará.Si pienso sólo en mí, quién soy.Si no es ahora, cuándo". Hakim Bey
Sindicación
 
AUTOINTERPRETÁNDOME:
(Creíais que os ibais a librar de mí en estas vacaciones… pues estabais muy equivocad@s, jejej!)

A colación del artículo de Larrosa, J “Narrativa, identidad y desidentificación” y de un comentario informal que me hicieron el otro día, surge este post, considerando las narraciones como medio de autoconciencia o descubrimiento de la identidad personal.

Voy a incidir en el hecho de que “quién soy Yo”, depende de las historias que contamos o nos contamos (incluyendo las que escribimos) y que a su vez, éstas son construidas en base a aquellas historias que nos cuentan o leemos y que, de alguna manera, nos conciernen (incluyendo también comentarios o críticas constructivas, incluso, destructivas), y la autointerpretación que nosotr@s hacemos de ellas/ellos.

En este sentido, decir que, todas esas autointerpretaciones que realizo de los libros y textos que he leído últimamente, de las historias o lecciones que he escuchado a lo largo de mi vida, y de esas críticas o comentarios que me han dirigido quienes me interpretan, me han ayudado a narrar mis propias historias y, por lo tanto, a ir creando mi propia identidad.

Ahora trataré de centrar mi narración relacionándola con mis últimos textos en el blog, con los sucesos de los que han surgido y con las “historias” que de ellos devienen. Estos últimos textos denotan cierto escepticismo, crisis, duda, malestar, preocupación, interés, afán por descubrir, cuestionamiento incesante, inquietud, identidad incompleta, en construcción, etc. Pero de igual modo suscita otro tipo de cosas para aquell@s que los leen y me interpretan: demasiada preocupación, cierta paranoia, identidad muy social, o incluso, excesivamente política, idealismo, falta de amor…

Pues bien, todas estas interpretaciones que la gente hace de mis textos, y que en un contexto u otro, me son comunicadas (la mayor parte de las veces, muy amablemente) se convierten en un medio de retroalimentación que me permite volver a reinterpretarlas, y por tanto, a reinterpretarme. Con respecto a este último ejemplo de interpretación (falta de amor en mis textos), indagué un poco más en él, preguntando a una persona que me conoce bien, que me quiere, pero que a la vez, estaba segura de que iba a ser crítica y que me iba a dar su verdadera opinión sin ningún tipo de prejuicio. Pues bien, como respuesta obtuve un: -Elia eres demasiado sistemática en tus pensamientos, cuando indagas en algo y te sientes identificada con ello, te identificas de una forma total, completa, integral, sin dar lugar a una pequeña duda, a un posible “si pero…”. Eres como un poco “o todo o nada”, pero las cosas no son así, no son negras o blancas, sino que existe la posibilidad de que sean grises-. En este caso, la falta de amor en mis textos ¿qué tendría que ver con la sistematicidad en mis pensamientos?

Cuando me atrae un pensamiento o idea, me aferro a ésta, y lucho porque sea constante y continua en mi ser, no doy pie a que pueda ser mínimamente autocuesionada, pues seguramente esto me causaría una especie de “dolor”, inseguridad o frustración al cual no me quiero enfrentar. Por eso, al exigirme a mí misma ser una persona lo más coherente posible, y que dentro de esta coherencia me exija además ser persona coherentemente política (en el sentido que le di a “política” en uno de los post anteriores), me lleva a escatimar en mis pensamientos mas humanos, o incluso a reprimirlos, y por consiguiente, a anular o desprestigiar cualquier posibilidad de amor en mis textos (¿y en mi vida?), cualquier síntoma de “debilidad”. Pero ¿qué tipo de consecuencias negativas (y positivas) puede acarrearme esto? ¿Y por qué lo hago?

Autoengaño, baja tolerancia a la frustración, autoimagen distorsionada, identidad falsa, malestar general… Parezco una psicóloga haciéndome mi propio diagnóstico, jejejje! Y ¿cómo puedo combatirlo? ¿Siendo más humana y exigiéndome menos coherencia/correspondencia política? ¿O no tengo porque rechazar esto pudiendo ser ambas cosas a la vez? ¿Son incompatibles? ¿En el fondo me agrada ser exigente conmigo misma y por eso me mantengo así? ¿O puede que no sucumba a “la tentación” por miedo?

Haciendo un breve recorrido por mi vida sentimental y emocional, veo que esta especie de “caparazón” ha sido resultado de un proceso un tanto doloroso, pero de igual forma, analizar mis sentimientos y emociones y contrastarlos con una entidad social, me ayuda también a comprender el mundo en que vivo. Me permite adquirir conciencia de mis propias limitaciones y tratar de que no interfieran de forma negativa en mi vida. Es como si, al asumir la comprensión y repercusión de nuestros propios sentimientos, asumiésemos también la responsabilidad ante el mundo. Pues en la comprensión de mis propios sentimientos reside la clave del dominio de mí misma; la verdadera independencia. Esto a su vez posibilita el mostrar una dirección a esos sentimientos, a fin de que estos se transformen en aliados, en lugar de enemigos de nuestro propio desarrollo. Pero a la vez reconociendo que no siempre la razón va a poder dirigirlos, sino que ésta actúa como guía. Pues como decía Davis Viscott:

“Los más altos logros del hombre no se encuentran en la precisión de su ciencia, sino en la perfección de su arte. El arte del hombre es la celebración de sus sentimientos en su punto de mayor coherencia”.

El lenguaje de los sentimientos

Mmmmm! Seguiré pensando sobre esto. Feliz año a tod@s!!!
 
Comentario:
Mmmmm David, últimamente me cuesta mucho comunicarme contigo, los términos que utilizo para expresarme no siempre los interpretas de la forma que yo pretendo sean entendidos. También puede deberse al hecho de que en estos momentos mi mente parece un puzzle de 1000 piezas, en el cual ninguna de ellas casa correctamente con la otra. No logro encontrar una salida, una respuesta un poco convincente y sostenible (al menos en mí) a preguntas que atormentan mis pensamientos y los convierten en meras ideas sueltas sin ningún tipo de nexo que las respalde…

Por otro lado, no trato de dotar al amor de una frialdad tal que se convierta en un puro y simple instrumento de análisis, sino en utilizarlo de forma implícita como una herramienta interpretativa carente (o no) de la posibilidad de razonamiento. Y no pretendo hacer una simple reducción y simplificación del mismo convirtiéndolo en un sentimentalismo puro y duro que no puede ser guiado, o incluso construido por la razón, pero al mismo tiempo con esa pizca de “pasionalidad” que lo caracteriza. Creo que lo que me ocurre es mucho más complicado que todo esto, pero no puedo expresarlo hasta que no comience a unir alguna de esas piezas de una forma un tanto coherente, hasta que no me sitúe, pero vendrá. Tranquilidad que vendrá, sólo necesito tiempo material para indagar en mi misma.

Mi línea de investigación va por: sé que hay cosas que la razón no puede explicar y que no deberían hacerlo porque perderían esa particularidad que las hace tan especiales y tan sumamente humanas, pero en el momento en que reflexiono sobre qué tipo de cosas son esas, mi mente trata de analizarlas, creo que como un mecanismo de defensa (algo también un tanto humano). Por lo que, no sé si es más humano intentar defenderme por medio de la racionalización de lo amoroso y pasional, o dejarme llevar por ello sin intentar razonarlo. Uf! Conflicto. No voy a seguir intentando verbalizar aquello que no he podido razonar (aaaaaahhhhhh!!! Una pescadilla que se muerde la colaaaaaaaaa).

 
Comentario:
¿El amor un instrumento de análisis? ¿el amor un sentimentalismo? No iba yo por ahí. Creo que el pecado de análsis como los de Foucault y otros está en que se quedan en muy en la superficie de lo que son las relaciones personales auténticas. Resultan juegos mentales interesantes, pero yo soy incapaz de reconocerme en ellos y sí en algunas buenas historias. Elia, la razón especulativa no puede captarlo todo, es más, a veces (y eso que me dedico a esto) dudo de que pueda captar lo más importante.
 
Comentario:
mmmm!
mira que noy no estoy lo que se dice inspirada... más bien ando completamente desubicada... pude que sea mi iedentidad actúal.

Al tema... creo que cuando se habla de amor en el discurso, no creo q tenga tanto q ver con que tu pensamiento sea extremadamente racional.... sino que a la hora de interpretar la vida, las relaciones educativas, de poder, la razón vital del hombre, su identidad... no nos podemos generalizar a que todas las relaciones son póliticas, son hechos culturales... sino que detrás de todas acción del hombre, que configuran su identidad, está también el amor, lo afectivo, los sentimientos... que pueden más que roles aprendidos o asignados... a no ser que pienses que lo afectivo también es cultural y pólitico! no se!

seguire reflexionando! besos
 
Comentario:
No te agobies con esto,las cosas son más sencillas de lo que parecen,no puedes andar autoanalizándote todo el día, porque aparte de no servir de nada,te puedes acabar infravalorándote...

Yo creo que muchas cosas las hacemos sin pensar en las consecuencias,y que estas cosas son las que crean dinamismo en nuestra vida, y nos separan de las abstracciones filosóficas, que no son más que herramientas para intentar comprender la realidad y la forma de aprenderla.

Cuidate, y si reralizas las cosas pensando al mismo tiempo en ti y los demás, con más probabilidad serán justas.
 
Comentario:
Mmmmm ya que os veo un poco vaguetes sigo yo interpretándome a mi misma:

Me falta el amor como instrumento de análisis (el amor, y a lo mejor, algún otro instrumento), el cual niego o rechazo por "alguna extraña razón" (no tan extraña, pero la cual desarrollaré en un comentario posterior, pues me encuentro en un momento de duda existencial y no sé muy bien si todo tendría o no que pasar por el filtro de la razón). Pero también puede que haya cosas que sean de inmaculada pureza, y puede que en ellas no haya juegos de poder. Situaciones en las que nadie puede probar nada ni lograr nada de nadie. Situaciones que no se pueden o deben racionalizar.
No