RECURSO PEDAGÓGICO:
Hola gente!, aquí os pongo un enlace de una página que creo que os puede venir bien a cualquiera. Es una página catalana que ofrece un espacio para el diálogo, la comunicación, el intercambio y la cooperación entre desarrolladores, autores de materiales, educadores, y otras personas interesadas. También contiene una relación de enlaces a otras webs relacionadas con "Clic".
Es una página denominada "El rocó del clic" (El rincón del clic) que ofrece diversas actividades educativas para todos los cursos y materias. Seguir bien los pasos pues hay que bajarse un programa (creo que es un programa (Java), yo tuve problemas no sólo con su denominación, sino con su ejecución y configuración) para poder realizar bien las actividades.
Clic está formado por un conjunto de aplicaciones de software libre que permiten crear diversos tipos de actividades educativas multimedia. La zonaClic es un servicio del Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña creado con el objetivo de dar difusión y apoyo al uso de estos recursos, y ofrecer un espacio de cooperación abierto a la participación de tod@s los educadores/as que quieran compartir los materiales didácticos creados con el programa.
index5.htm
Creo que me pasé de lista, y que de esta forma no vais a poder llegar así que... http://clic.xtec.net/es/act/index.htm
Espero que os sirva para algo. Un saludo!
CRISIS DE IDENTIDAD:
-------------------Nosotros---------------El “uno”--------------- Yo-------------
*¿Quién soy? ¿En base a qué o quiénes me construyo?
Me construyo y me creo en base a los demás (para bien o para mal). En base a lo que hago para los demás, para que estos me reconozcan como individuo. Para significar algo dentro de la sociedad. Mi posición relacionada con el hacer y el representar respecto de los demás individuos en las sociedades. Me construyo también en base a unos valores sociales. Estos valores llevan al individuo a crearse en torno a la aceptación y al cumplimiento de estos. Así, conseguimos crear una imagen de nosotros mismos; una identidad, la cual pretendemos desarrollar a través de estos valores comunes por medio de acciones. Nuestro sentido es dotar de significado y continuidad a esos valores.

*Pensar en la manera de ser del Ser como parte integrante de una sociedad.
Pero, el hecho es que ante esto, el individuo sólo posee incertidumbre. El individuo se enfrenta ante una sociedad desordenada, desvinculada de todo valor moral y encerrada en un individualismo desolador y descorazonador. Con este individualismo, el ser humano se ha liberado de cualquier responsabilidad social, se ha quedado alienado y ha perdido la capacidad de apasionarse por un bien común. Sólo desea el cumplimiento inmediato de sus anhelos, los cuales generalmente pueden verse cumplimentados con capital. Esto hace que pasemos de considerar a los demás como fines en sí mismos, a considerarles como medios para llegar a unos fines individuales, con TODAS las consecuencias que esto conlleva.

*Es esta una época sin referentes para la acción social.
Yo decido por mí mismo mis reglas de vida. Concibo a los demás como los otros, no como un nosotros o un Yo. Al no concebirlos como un Yo o como un nosotros cercano, en sentido de pertenencia, y preocuparme por sus necesidades como si fueran las mías propias, toda pretensión de bien social pierde su sentido. Entonces, la pretensión individual pasa a ser la de TENER o POSEER. Tener algo inmediato, tener más que mi vecino. Tener 2 hijos (la parejita a poder ser) “guapetes” y estudiosos (ingenieros, abogados, médicos, arquitectos...), buenos chicos; que no den problemas, que se casen y que a su vez, puedan llegar a alcanzar lo que su “papi” alcanzó. Tener 6 televisores (uno para el salón, uno para la cocina, uno para cada niño, uno para los “papis” y otro por si se nos estropean los otros 5, ¡no vaya a ser que nos quedemos sin tele! Y ¿entonces qué hacemos? Tendríamos que hablar, buf! Qué horror...), 4 mini cadenas, 5 coches, un chalet (con piscina, a poder ser interior, para bañarse tanto en invierno como en verano), unas vacaciones lejos de mi lugar de residencia, un buen trabajo y un cierto estatus social. Hemos ganado en libertad individual, pero ésta ha llegado a atentar contra la libertad de l@s demás, y así nos pasamos los días: atentando un@s contra la libertad de otr@s...

*Y... ¿Qué importa lo de los demás? ¿Qué importa todo lo que conlleva mi individualismo y mi pequeño “estado de bienestar”?
Consecuencias:
Perdida de autoestima. Crisis de identidad social o cultural. Escepticismo. Desencantamiento del mundo. Pérdida de apasionamiento.
O como dice Taylor “la gente ya no tiene algo por lo que vale la pena morir”.

-------------------------------RELATO:----------------------------------
(En realidad son dos relatos, del mismo autor. No tienen nada que ver uno con el otro, pero los he encadenado para que puedan tener cierto significado. Resulta ser un “relato/s” un poco largo, pero cargado de contenido. Me he planteado “muy mucho” la posibilidad de ponerlo o no, la posibilidad de ponerlo en dos partes o, incluso, de no ponerlo, por miedo a que no lo leyerais debido a su gran longitud, pero al final he decidido ponerlo de un tirón, pues sino perdería el significado que yo le he querido dar, aunque me arriesgue a no ser leída. De todas formas, invito a leerlo tranquilamente, 1, 2 ó 3 veces (jejjeje, ¡como me paso!), pues cada vez que lo leo me sugiere ideas nuevas...)
“RECUERDA: estabas en Berlín, apaciblemente sentado en la terraza del Hardenberg Café. No hace mucho que ha caído el Muro y hoy es el primer día de sol de la primavera – todo son risas. Y en eso a aparecido la figura menuda de un niño moreno, vestido con ropas que parecen de hace veinte años: va mostrando en silencio un papel minúsculo metido en una funda de plástico, mientras extiende una mano mendicante por entre las monumentales copas de helado y frutas. Un joven de la mesa de al lado, sin levantar la voz pero en una entonación que no deja lugar a dudas, le ordena que se vaya. Pero el muchacho continua ahí, impertérrito, con la mirada ausente y el brazo extendido. El estudiante se acalora, le zarandea el hombro, y finalmente le espeta en un grito la palabra habitual para alejar a los perros: ¡Raus!
Recuerda: en la plácida terraza del café, en un ambiente de música de Keith Jarret e indumentarias divertidamente alternativas, el grito sonó con la contundencia de un par de bofetadas. Avergonzados, algunos compañeros de mesa del energúmeno llaman al chiquillo y le dan unas monedas. Lo mismo sucede en algunas mesas vecinas. Cuando por fin el muchacho se aleja con el dinero en el puño cerrado sobre el pecho y la mirada ausente, la tensión parece relajarse –pero es evidente que algo se ha roto en la velada, y que es irrecomponible. Te retiraste entonces al interior del café, mientras un dolor sin perfiles comenzaba a crecer dentro de ti: cierras los ojos apretándote fuertemente los lagrimales con los dedos, la música es ya un puro desatino y tu cabeza juega al caleidoscopio con las imágenes del Mercado Polaco de Gleiesdreieck. En un metro cuadrado de hule extendido sobre el suelo embarrado, una mujer ofrece a la venta únicamente un sonajero de plástico usado –desgarrador, como el muñón de la mano de un niño. A su lado, unos ancianos decorosamente pobres venden insignias militares, condecoraciones, estampas religiosas, los espadines del honor incluso... El horror gira en círculo en tu cabeza: piezas sueltas de vajilla, juguetes que podrían haber sido de tu infancia, lencería como de nuestras abuelas... Por fin consigues controlar el vértigo por recurso a la imagen residual de lo último que viste antes de cerrar los ojos: un cartel anunciando una exposición de Chagall, con una reproducción de un cuadro suyo –posiblemente “El paseo”, aquel en el que dos amantes cogidos de la mano flotan sobre un fondo que es un centón de azules y verdes... Y piensas que precipitarse contra ese cielo y, abrazado a esa mujer, estrellarse contra su imposible fondo podría ser una buena muerte. Que ha sido una buena muerte, porque ahora ya puedes levantarte, urge salir a pasear –aunque el que sale no sea el mismo de antes, sino alguien mutilado en algún lugar, alguien que ha dejado algo de su piel en transparencia sobre el sofá, como el fantasma de un pedazo ido de mi vida que aún debe sobrevivirme por ahí, como tantas fotografías mías que perdí o regalé. Como algo mío que ahora ya sólo me acompañará en la memoria.
¿Recuerdas? Antes de salir, la pegatina que en la cristalera de la puerta rezaba “Berlín tut gut” te obligó a retroceder un paso, sacar tu cuaderno de notas y escribir: “Berlín no es una fiesta” – marcando tu distancia, la inclinación de esa arista de la memoria que debe permitirte seguir huyendo. Atrapado en el cepo, el lobo acaba por amputarse la mano para poder escapar. En adelante, el muñón será el nombre de su verdadera memoria. Así te has tatuado en la piel esa frase. Y cuando la repites sabes que ahí hay una historia, que es una consigna, un nombre de guerra –que reafirma la convicción de una actitud moral en tu interior: que no. Que no. Y en ella, el presentimiento de una patria que podría llamarse Fuga.
Eso eres –te dices: un superviviente, alguien que vive para contarlo.
AFUERA, cuando cruzas la terraza, no han pasado ni cinco minutos de la salida del muchacho cuando otra gitana, húngara o rumana, ha vuelto a extender el mismo papel y la misma mano sobre las copas de helado ya casi vacías. Y en las mesas se han cruzado las miradas, en silencio: miradas indecisas de las almas caritativas, desafiante el energúmeno. Y en todas las cabezas, idéntica pregunta: Y ahora ¿qué? Y en la pregunta ves de nuevo la inminencia del alambre de espino y el encierro masivo de poblaciones, el espíritu de la más cruel de las reservas -el huevo de la serpiente.
Ahora, mientras caminas no puedes dejar de repetir, como una impetración: Berlín no es una fiesta, Berlín no es una fiesta... Como si lo escribieras en lo más negro del cielo de tu ciudad, en algún antifonario ciego de la cabeza –caligrafiando ese relámpago en la pizarra donde escribe el maestro. Y sabes que el gran trueno no tardará en pregonar todo el horror de lo que ahora está ocurriendo, de lo que has visto. Ahora caminas, y solo te queda una pregunta: Y después, ¿qué va a ocurrir entonces?”
Miguel Morey “Deseo de ser piel roja”.
¿QUÉ ES LO QUE EL MUNDO ESPERA DE NOSOTROS?
“SABES, entonces comenzó el lento aprendizaje de la soledad, con sus trenes pavorosos que cruzan mi ciudad como un aullido, en todas las direcciones –de la frente a la nuca, y de sien a sien. Esas veces en las que la cabeza es una ciudad que no conoce el día: no se distingue la mañana de la tarde – siempre llueve y llueve, una lluvia fina que no llega a fecundar tierra ninguna. ¿Cuántos días han pasado ya bajo la monótona omnipresencia de la lluvia? – te preguntas de repente. Y tanto da el número porque seguro que son demasiados días y demasiadas noches tras los cristales, es seguro –contando una tras otra todas las presencias dormidas que se recogen en mí. Sin exterior ninguno, enteramente desposeídas de cualquier exterior: cada furia, cada dolor, cada ansia, cada espanto, cada tedio –todas han venido a ocupar como fierecillas dóciles su lugar en mí. Ya no campan a su aire por ningún afuera, sino que ovillan en mí –cada cual en su cubil. Si lo pienso, me digo que duermen todas: no siento nada. Y de nuevo me veo como el niño que despierta al alba en casa extraña y se sienta en el suelo del corredor, a esperar que los mayores pongan en marcha el día. Demasiados días ya que la lluvia es una astilla en la sien que me tiene tan rezagado como un preso esperando una carta de amor. Días de lluvia fina, persistente –días de gris interior: eso es lo que comenzó entonces. Y sin embargo, a cambio, también hubo esos momentos soleados de la tarde en los que la vida se detiene en un instante congelado hasta tal punto que es preciso tocarse, asirse, para saber que se sigue vivo –momentos en los que uno se pregunta: ¿Es esto la felicidad? Como enunciando una plegaria. Momentos que antes no había conocido.
Los tiempos que comenzaron entonces, fueron tiempos de vigilarse uno mismo, de escucharse, de hacerse caso: cuando sientes que vas aprendiendo algo de lo más elemental, como que es prudente no hacer más de una cosa a la vez, y hacerla lentamente, dialogando –y que lo más importante ahora es ser prudente. Cuando aprendes a dominar algo tan nimio como las sacudidas de las cosas de la casa, los coletazos de serpiente de la casa misma –y lavar los platos cada día, y afeitarse. Lentamente. Y casi te acostumbras a que, sin saber por qué, algo como tal noticia del periódico te hable a ti y sólo a ti, como si te guiñara el signo de lo que eres, de lo que fuiste, de lo que te espera –se pega a ti y te acompaña ya durante todo el día: ayer mismo fue el estribillo de una canción desde una radio vecina. Para volverse loco, para volverse loco... Y eso eres tú entonces, casi por completo –ese extraño personaje: Para Volverse Loco. Ese es tu nombre de guerra ahora, sentado como estás aquí, hierático, como con una pesada mochila a la espalda –insistiendo en el lento, interminable aprendizaje de un rigor que bien pudiera ser uno con el de la muerte. Y mientras lo piensas, casi sonríes: Parece que te hayas tragado una escoba –te acaba de musitar la voz del abuelo, asomándose a un oído de tu memoria. Y sonríes con ese recuerdo que por un instante te lleva más allá de la evidencia de cómo, poco a poco, has ido dejando de sentir tu carne: durante un tiempo eras sólo músculo, ahora únicamente sientes tus tendones –los alambres de la risa y el llanto que tensan una carpa vacía azotada por mil vientos. Y te niegas, te resistes, te revuelves: hay que salir de aquí –repites y repites. Y rehaces tus horarios una y otra vez, y pruebas diariamente otras rutinas. Lentamente. Y reencuentras el placer también de encender un cigarrillo con una cerilla de madera, o de proseguir estas páginas escribiendo a lápiz, borrando las palabras falsas en lugar de tacharlas –cuando ya empieza a vislumbrarse que éstas son notas para una imposible carta de despedida que no te enviaré, amor, que se las entregaré al viento. Que escribo simplemente para huir –porque el peso de tu irredimible ausencia desequilibra frecuentemente mis pasos con el hastío de saber demasiado bien lo que soy, con el presentimiento de estar condenado hasta el fin de mis días y sin alivio a continuar siendo sólo esto que soy: que ya no puedo seguir aupándome en la tarea de tratar de ser, para ti, más de lo que soy, que ya no puedo seguir vistiéndome como antaño tan a menudo con esos momentos felices de la elegancia prestada, compartida. Que las cosas de ahora, son sólo así, tan sólo cosas. Y el mundo va quedando cada vez más lejos y, al tiempo que uno comienza a percibir el cuerpo de otro modo, se atiende a los ruidos de la noche de una manera diferente –una vez que se está solo. Y lentamente –como si la paciencia fuera un arma. De este modo, uno acaba por hacerse con el valor suficiente como para encarar el guiño oscuro de una puerta entreabierta, el timbre repentino del teléfono, los batientes de una ventana que entrechocan con estrépito, la más grave amenaza en las aspas de un ventilador apagado. Es preciso todo el valor cuando se hacen evidentes las sombras que se esconden detrás de cada uno de los gestos más banales: abrir la puerta, encender la luz, descorrer las corinas del baño. ¿Sabes de lo que te hablo? Te hablo de un modo de creerse en una suerte de disciplina tranquila. Lentamente. Entonces es como si uno estuviera preparado para todo: para ver manar sangre de los grifos del lavabo, o cómo vomita la taza del retrete una mano amputada, o encontrar un feto cristalizado entre los hielos del congelador, envuelto en plástico. Tanto da. A partir de entonces te esperas ya cualquier cosa – o cualquier cosa te espera. Sabes que debes enfrentarte continuamente con lo que siempre parece estar a punto de ocurrir. Sabes que ya no te abandonará ese temor que acompaña cada uno de los gestos, ralentizándolos, dotándolos de un espesor frío que no es sino el aviso de que en cualquier cosa anida un riesgo extremo. Y que te acompañará ya siempre ese temor, con la omnipresencia que tiene lo invisible –también lo sabes. Te sabes en peligro, ¿comprendes? Pero también sabes que, en adelante, será la tuya una soledad sin deudas.
Y te dices, como quien no acaba de creérselo: Vivir sin deudas, ¿quién lo resistiría?”
Miguel Morey “Deseo de ser piel roja”.
A M.S para que sepa que puedo llegar a hacerme una idea de lo que siente. Que no está solo. Un besete.
*¿Quién soy? ¿En base a qué o quiénes me construyo?
Me construyo y me creo en base a los demás (para bien o para mal). En base a lo que hago para los demás, para que estos me reconozcan como individuo. Para significar algo dentro de la sociedad. Mi posición relacionada con el hacer y el representar respecto de los demás individuos en las sociedades. Me construyo también en base a unos valores sociales. Estos valores llevan al individuo a crearse en torno a la aceptación y al cumplimiento de estos. Así, conseguimos crear una imagen de nosotros mismos; una identidad, la cual pretendemos desarrollar a través de estos valores comunes por medio de acciones. Nuestro sentido es dotar de significado y continuidad a esos valores.

*Pensar en la manera de ser del Ser como parte integrante de una sociedad.
Pero, el hecho es que ante esto, el individuo sólo posee incertidumbre. El individuo se enfrenta ante una sociedad desordenada, desvinculada de todo valor moral y encerrada en un individualismo desolador y descorazonador. Con este individualismo, el ser humano se ha liberado de cualquier responsabilidad social, se ha quedado alienado y ha perdido la capacidad de apasionarse por un bien común. Sólo desea el cumplimiento inmediato de sus anhelos, los cuales generalmente pueden verse cumplimentados con capital. Esto hace que pasemos de considerar a los demás como fines en sí mismos, a considerarles como medios para llegar a unos fines individuales, con TODAS las consecuencias que esto conlleva.

*Es esta una época sin referentes para la acción social.
Yo decido por mí mismo mis reglas de vida. Concibo a los demás como los otros, no como un nosotros o un Yo. Al no concebirlos como un Yo o como un nosotros cercano, en sentido de pertenencia, y preocuparme por sus necesidades como si fueran las mías propias, toda pretensión de bien social pierde su sentido. Entonces, la pretensión individual pasa a ser la de TENER o POSEER. Tener algo inmediato, tener más que mi vecino. Tener 2 hijos (la parejita a poder ser) “guapetes” y estudiosos (ingenieros, abogados, médicos, arquitectos...), buenos chicos; que no den problemas, que se casen y que a su vez, puedan llegar a alcanzar lo que su “papi” alcanzó. Tener 6 televisores (uno para el salón, uno para la cocina, uno para cada niño, uno para los “papis” y otro por si se nos estropean los otros 5, ¡no vaya a ser que nos quedemos sin tele! Y ¿entonces qué hacemos? Tendríamos que hablar, buf! Qué horror...), 4 mini cadenas, 5 coches, un chalet (con piscina, a poder ser interior, para bañarse tanto en invierno como en verano), unas vacaciones lejos de mi lugar de residencia, un buen trabajo y un cierto estatus social. Hemos ganado en libertad individual, pero ésta ha llegado a atentar contra la libertad de l@s demás, y así nos pasamos los días: atentando un@s contra la libertad de otr@s...

*Y... ¿Qué importa lo de los demás? ¿Qué importa todo lo que conlleva mi individualismo y mi pequeño “estado de bienestar”?
Consecuencias:
Perdida de autoestima. Crisis de identidad social o cultural. Escepticismo. Desencantamiento del mundo. Pérdida de apasionamiento.
O como dice Taylor “la gente ya no tiene algo por lo que vale la pena morir”.

-------------------------------RELATO:----------------------------------
(En realidad son dos relatos, del mismo autor. No tienen nada que ver uno con el otro, pero los he encadenado para que puedan tener cierto significado. Resulta ser un “relato/s” un poco largo, pero cargado de contenido. Me he planteado “muy mucho” la posibilidad de ponerlo o no, la posibilidad de ponerlo en dos partes o, incluso, de no ponerlo, por miedo a que no lo leyerais debido a su gran longitud, pero al final he decidido ponerlo de un tirón, pues sino perdería el significado que yo le he querido dar, aunque me arriesgue a no ser leída. De todas formas, invito a leerlo tranquilamente, 1, 2 ó 3 veces (jejjeje, ¡como me paso!), pues cada vez que lo leo me sugiere ideas nuevas...)
“RECUERDA: estabas en Berlín, apaciblemente sentado en la terraza del Hardenberg Café. No hace mucho que ha caído el Muro y hoy es el primer día de sol de la primavera – todo son risas. Y en eso a aparecido la figura menuda de un niño moreno, vestido con ropas que parecen de hace veinte años: va mostrando en silencio un papel minúsculo metido en una funda de plástico, mientras extiende una mano mendicante por entre las monumentales copas de helado y frutas. Un joven de la mesa de al lado, sin levantar la voz pero en una entonación que no deja lugar a dudas, le ordena que se vaya. Pero el muchacho continua ahí, impertérrito, con la mirada ausente y el brazo extendido. El estudiante se acalora, le zarandea el hombro, y finalmente le espeta en un grito la palabra habitual para alejar a los perros: ¡Raus!
Recuerda: en la plácida terraza del café, en un ambiente de música de Keith Jarret e indumentarias divertidamente alternativas, el grito sonó con la contundencia de un par de bofetadas. Avergonzados, algunos compañeros de mesa del energúmeno llaman al chiquillo y le dan unas monedas. Lo mismo sucede en algunas mesas vecinas. Cuando por fin el muchacho se aleja con el dinero en el puño cerrado sobre el pecho y la mirada ausente, la tensión parece relajarse –pero es evidente que algo se ha roto en la velada, y que es irrecomponible. Te retiraste entonces al interior del café, mientras un dolor sin perfiles comenzaba a crecer dentro de ti: cierras los ojos apretándote fuertemente los lagrimales con los dedos, la música es ya un puro desatino y tu cabeza juega al caleidoscopio con las imágenes del Mercado Polaco de Gleiesdreieck. En un metro cuadrado de hule extendido sobre el suelo embarrado, una mujer ofrece a la venta únicamente un sonajero de plástico usado –desgarrador, como el muñón de la mano de un niño. A su lado, unos ancianos decorosamente pobres venden insignias militares, condecoraciones, estampas religiosas, los espadines del honor incluso... El horror gira en círculo en tu cabeza: piezas sueltas de vajilla, juguetes que podrían haber sido de tu infancia, lencería como de nuestras abuelas... Por fin consigues controlar el vértigo por recurso a la imagen residual de lo último que viste antes de cerrar los ojos: un cartel anunciando una exposición de Chagall, con una reproducción de un cuadro suyo –posiblemente “El paseo”, aquel en el que dos amantes cogidos de la mano flotan sobre un fondo que es un centón de azules y verdes... Y piensas que precipitarse contra ese cielo y, abrazado a esa mujer, estrellarse contra su imposible fondo podría ser una buena muerte. Que ha sido una buena muerte, porque ahora ya puedes levantarte, urge salir a pasear –aunque el que sale no sea el mismo de antes, sino alguien mutilado en algún lugar, alguien que ha dejado algo de su piel en transparencia sobre el sofá, como el fantasma de un pedazo ido de mi vida que aún debe sobrevivirme por ahí, como tantas fotografías mías que perdí o regalé. Como algo mío que ahora ya sólo me acompañará en la memoria.
¿Recuerdas? Antes de salir, la pegatina que en la cristalera de la puerta rezaba “Berlín tut gut” te obligó a retroceder un paso, sacar tu cuaderno de notas y escribir: “Berlín no es una fiesta” – marcando tu distancia, la inclinación de esa arista de la memoria que debe permitirte seguir huyendo. Atrapado en el cepo, el lobo acaba por amputarse la mano para poder escapar. En adelante, el muñón será el nombre de su verdadera memoria. Así te has tatuado en la piel esa frase. Y cuando la repites sabes que ahí hay una historia, que es una consigna, un nombre de guerra –que reafirma la convicción de una actitud moral en tu interior: que no. Que no. Y en ella, el presentimiento de una patria que podría llamarse Fuga.
Eso eres –te dices: un superviviente, alguien que vive para contarlo.
AFUERA, cuando cruzas la terraza, no han pasado ni cinco minutos de la salida del muchacho cuando otra gitana, húngara o rumana, ha vuelto a extender el mismo papel y la misma mano sobre las copas de helado ya casi vacías. Y en las mesas se han cruzado las miradas, en silencio: miradas indecisas de las almas caritativas, desafiante el energúmeno. Y en todas las cabezas, idéntica pregunta: Y ahora ¿qué? Y en la pregunta ves de nuevo la inminencia del alambre de espino y el encierro masivo de poblaciones, el espíritu de la más cruel de las reservas -el huevo de la serpiente.
Ahora, mientras caminas no puedes dejar de repetir, como una impetración: Berlín no es una fiesta, Berlín no es una fiesta... Como si lo escribieras en lo más negro del cielo de tu ciudad, en algún antifonario ciego de la cabeza –caligrafiando ese relámpago en la pizarra donde escribe el maestro. Y sabes que el gran trueno no tardará en pregonar todo el horror de lo que ahora está ocurriendo, de lo que has visto. Ahora caminas, y solo te queda una pregunta: Y después, ¿qué va a ocurrir entonces?”
Miguel Morey “Deseo de ser piel roja”.
¿QUÉ ES LO QUE EL MUNDO ESPERA DE NOSOTROS?
“SABES, entonces comenzó el lento aprendizaje de la soledad, con sus trenes pavorosos que cruzan mi ciudad como un aullido, en todas las direcciones –de la frente a la nuca, y de sien a sien. Esas veces en las que la cabeza es una ciudad que no conoce el día: no se distingue la mañana de la tarde – siempre llueve y llueve, una lluvia fina que no llega a fecundar tierra ninguna. ¿Cuántos días han pasado ya bajo la monótona omnipresencia de la lluvia? – te preguntas de repente. Y tanto da el número porque seguro que son demasiados días y demasiadas noches tras los cristales, es seguro –contando una tras otra todas las presencias dormidas que se recogen en mí. Sin exterior ninguno, enteramente desposeídas de cualquier exterior: cada furia, cada dolor, cada ansia, cada espanto, cada tedio –todas han venido a ocupar como fierecillas dóciles su lugar en mí. Ya no campan a su aire por ningún afuera, sino que ovillan en mí –cada cual en su cubil. Si lo pienso, me digo que duermen todas: no siento nada. Y de nuevo me veo como el niño que despierta al alba en casa extraña y se sienta en el suelo del corredor, a esperar que los mayores pongan en marcha el día. Demasiados días ya que la lluvia es una astilla en la sien que me tiene tan rezagado como un preso esperando una carta de amor. Días de lluvia fina, persistente –días de gris interior: eso es lo que comenzó entonces. Y sin embargo, a cambio, también hubo esos momentos soleados de la tarde en los que la vida se detiene en un instante congelado hasta tal punto que es preciso tocarse, asirse, para saber que se sigue vivo –momentos en los que uno se pregunta: ¿Es esto la felicidad? Como enunciando una plegaria. Momentos que antes no había conocido.
Los tiempos que comenzaron entonces, fueron tiempos de vigilarse uno mismo, de escucharse, de hacerse caso: cuando sientes que vas aprendiendo algo de lo más elemental, como que es prudente no hacer más de una cosa a la vez, y hacerla lentamente, dialogando –y que lo más importante ahora es ser prudente. Cuando aprendes a dominar algo tan nimio como las sacudidas de las cosas de la casa, los coletazos de serpiente de la casa misma –y lavar los platos cada día, y afeitarse. Lentamente. Y casi te acostumbras a que, sin saber por qué, algo como tal noticia del periódico te hable a ti y sólo a ti, como si te guiñara el signo de lo que eres, de lo que fuiste, de lo que te espera –se pega a ti y te acompaña ya durante todo el día: ayer mismo fue el estribillo de una canción desde una radio vecina. Para volverse loco, para volverse loco... Y eso eres tú entonces, casi por completo –ese extraño personaje: Para Volverse Loco. Ese es tu nombre de guerra ahora, sentado como estás aquí, hierático, como con una pesada mochila a la espalda –insistiendo en el lento, interminable aprendizaje de un rigor que bien pudiera ser uno con el de la muerte. Y mientras lo piensas, casi sonríes: Parece que te hayas tragado una escoba –te acaba de musitar la voz del abuelo, asomándose a un oído de tu memoria. Y sonríes con ese recuerdo que por un instante te lleva más allá de la evidencia de cómo, poco a poco, has ido dejando de sentir tu carne: durante un tiempo eras sólo músculo, ahora únicamente sientes tus tendones –los alambres de la risa y el llanto que tensan una carpa vacía azotada por mil vientos. Y te niegas, te resistes, te revuelves: hay que salir de aquí –repites y repites. Y rehaces tus horarios una y otra vez, y pruebas diariamente otras rutinas. Lentamente. Y reencuentras el placer también de encender un cigarrillo con una cerilla de madera, o de proseguir estas páginas escribiendo a lápiz, borrando las palabras falsas en lugar de tacharlas –cuando ya empieza a vislumbrarse que éstas son notas para una imposible carta de despedida que no te enviaré, amor, que se las entregaré al viento. Que escribo simplemente para huir –porque el peso de tu irredimible ausencia desequilibra frecuentemente mis pasos con el hastío de saber demasiado bien lo que soy, con el presentimiento de estar condenado hasta el fin de mis días y sin alivio a continuar siendo sólo esto que soy: que ya no puedo seguir aupándome en la tarea de tratar de ser, para ti, más de lo que soy, que ya no puedo seguir vistiéndome como antaño tan a menudo con esos momentos felices de la elegancia prestada, compartida. Que las cosas de ahora, son sólo así, tan sólo cosas. Y el mundo va quedando cada vez más lejos y, al tiempo que uno comienza a percibir el cuerpo de otro modo, se atiende a los ruidos de la noche de una manera diferente –una vez que se está solo. Y lentamente –como si la paciencia fuera un arma. De este modo, uno acaba por hacerse con el valor suficiente como para encarar el guiño oscuro de una puerta entreabierta, el timbre repentino del teléfono, los batientes de una ventana que entrechocan con estrépito, la más grave amenaza en las aspas de un ventilador apagado. Es preciso todo el valor cuando se hacen evidentes las sombras que se esconden detrás de cada uno de los gestos más banales: abrir la puerta, encender la luz, descorrer las corinas del baño. ¿Sabes de lo que te hablo? Te hablo de un modo de creerse en una suerte de disciplina tranquila. Lentamente. Entonces es como si uno estuviera preparado para todo: para ver manar sangre de los grifos del lavabo, o cómo vomita la taza del retrete una mano amputada, o encontrar un feto cristalizado entre los hielos del congelador, envuelto en plástico. Tanto da. A partir de entonces te esperas ya cualquier cosa – o cualquier cosa te espera. Sabes que debes enfrentarte continuamente con lo que siempre parece estar a punto de ocurrir. Sabes que ya no te abandonará ese temor que acompaña cada uno de los gestos, ralentizándolos, dotándolos de un espesor frío que no es sino el aviso de que en cualquier cosa anida un riesgo extremo. Y que te acompañará ya siempre ese temor, con la omnipresencia que tiene lo invisible –también lo sabes. Te sabes en peligro, ¿comprendes? Pero también sabes que, en adelante, será la tuya una soledad sin deudas.
Y te dices, como quien no acaba de creérselo: Vivir sin deudas, ¿quién lo resistiría?”
Miguel Morey “Deseo de ser piel roja”.
A M.S para que sepa que puedo llegar a hacerme una idea de lo que siente. Que no está solo. Un besete.
ENCUENTRO CONMIGO MISMA:
ENCUENTRO CONMIGO MISMA:

(Esto puede interpretarse como una posible o parcial respuesta/contestación sobre lo que me ha sugerido el extracto del libro de “El lobo estepario” que expongo en mi post anterior o como una conclusión del libro entero, aunque igualmente no deja de ser una experiencia personal vinculada a éste).
·Domingo 12 de noviembre: tras una tarde de “cañeo” por la zona del rastro con mis mig@s, compartiendo sonrisas y placeres diversos, aquell@s a l@s que el agotamiento y la responsabilidad les llama temprano, se disponen a irse a casa para cumplir con dicha llamada. Nosotr@s; (un amigo, una amiga y yo) l@s tranquil@s, l@s rezagados, l@s remolones, decidimos alargar dicha velada...
·Lunes 13 de noviembre: 2 de la mañana. Va a dar comienzo uno de esos momentos de los que escoges del amplio abanico de momentos especiales, lo agarras fuertemente con el puño apretado evitando que se esfume y te lo llevas directo al corazón. Lo aprietas contra éste y le haces un gran hueco en él.
Una conversación trascendental con mucho contenido de esos que ayudan a alimentar el espíritu. Una conversación sobre las miserias, las coherencias, las incoherencias, los modos de actuar, la anulación, la incapacitación, la efectividad, la frustración, la forma de encauzar lo “incauzable”, lo cotidiano, lo simple, lo complejo, la mente humana... A grandísimos rasgos.
·Mismo lunes 13 de noviembre: 8 de la mañana. Seis horas después, vencida por el cansancio y con mi sentido de la responsabilidad un poco dañado, me despido de mis dos contertulios, dos personas con las que a partir de ahora sé que tendré una complicidad especial, para irme a acostar. Un momento mágico e inolvidable, un momento para “enmarcar”, un momento de ascensión a un plano más allá, a un plano indescriptible...
·Seguimos en el lunes 13 de noviembre: 10.30 de la mañana. Riiinnnngggg!!! Me levanto. Me ducho. Me he descuidado de mí misma. Me dispongo a salir por la puerta y descubro que todavía no soy persona. Pero sin embargo, estoy pletórica, estoy colmada; satisfecha. No me importa para nada no estar bien físicamente, pues mentalmente es grandioso el estado en el que me encuentro. Me fascina haber llegado a ese punto de reflexión y análisis conmigo misma, y comprobar el punto al que llegaron mis contertulios, puesto que nos tomábamos la molestia de explicar minuciosamente y al detalle cada exposición o comentario que hacíamos cada un@.
14.20 del mediodía. Entrega de un trabajo. 14.30. Comida. 15.15. Clase de Filosofía de la Educación Social. 16.30. Decido tomarme el resto del día libre. Porque me da la gana, porque me lo merezco. Porque necesito tiempo para pensar, necesito tiempo para mí, para reencontrarme conmigo misma.
¿ENCUENTRO O DESENCUENTRO?
Voy caminando por las calles de Legazpi sin ningún destino en particular. Simplemente paseo. Llueve bastante, pero aún así, llevo el paraguas dentro del bolso y el momento especial fuertemente agarrado en el puño. Lo volví a extraer del corazón para manejarlo a mi antojo sin que me hiciera mucho daño. Camino intentando observar y analizar las cosas más simples que me encuentro para ver si contienen alguna respuesta “válida” a todas mis dudas y pensamientos. Esos que me ha causado el encuentro/desencentro.
Veo dos viejecitos pequeños, bajitos, sonrientes y arrugados bajo un paraguas de colores, juntos de la mano van charlando caminando en dirección hacia mí. Veo a un niñito latinoamericano que con ligeros golpes al cristal de una tienda de animales, intenta captar la atención de un perrito que se encuentra en una jaula exponiéndose al público, mientras el viejo tendero le regaña por poner los dedos en los cristales. Veo cuatro patrullas de la Policía Nacional en un radio de 300 m/2. Veo sucursales de bancos con letreros y publicidad luminosa, tiendas, bloques de viviendas. Veo una pareja regañando en plena calle y bajo la intensa lluvia, y otra pareja besándose en un portal intentando resguardarse del agua y el viento. Veo una madre que lleva a su bebé en un carrito cubierto con un plástico y al cual le dirige encantadores comentarios... Veo, veo ¿qué ves?
Eso digo yo, ¿qué veo? ¿veo respuestas? O por lo menos ¿respuestas buenas, válidas, respuestas que me convezcan de algo? Es de noche. Estoy calada y tengo frío. Entro en el “Día” a hacer la compra ¡Qué caro está todo! Compro comida y un regalito para mis compañeros de piso. Unas flores y unas copas de chocolate con nata. ¡Verás que contentos se van a poner con la sorpresa!
REFLEXIÓN:
Cada día, con cada experiencia, nos destruimos y nos volvemos a construir otra vez. El hecho de esta reconstrucción se encuentra en el afianzamiento de un hilo común en todas esas reconstrucciones, y en dotarle a ese hilo de un sentido y un significado.
El ser coherente con uno mismo también conlleva que, sabiendo, siendo consciente de que existen las incoherencias y sabiendo lo que éstas suponen y cómo nos pueden llegar a afectar, sabiendo que están ahí acechándonos constantemente, intentando martirizarnos, aceptarlas como tales, apreciarlas en sí mismas por hacernos dudar y valorarlas, puesto que forman parte de uno mismo y hay que aceptarse y quererse como somos, con todos nuestros aciertos y nuestro errores. Y, por tanto, buscarse y crearse estrategias para saber dominar los pensamientos y frustraciones que de ellas devienen. Saber buscar esas estrategias en lo más común, en lo cotidiano, en lo cercano, en lo simple, puesto que intentar hacer esto en un plano más allá no nos aportará grandes beneficios pues todo y tod@s tenemos nuestras miserias y es difícil encontrar herramientas personales en lo colectivo, cuando también existen esas miserias colectivas. Y dotar a lo simple y cotidiano de una gran complejidad personal que te permita vivir informado, consciente, inconforme y activo, pero que te permita vivir.
Dominar las incoherencias y las miserias y lo que éstas conllevan sentimentalmente, supone que ellas no te dominen a ti. No definirte de una forma completa y cerrada puede ayudarte a que esas reconstrucciones sean más llevaderas, menos pesadas, y por tanto, más completas.
Aprender a reírse de sí mism@, sentirse diversidad constante, cambio continuo. No importarnos mostrarnos como verdaderamente somos, después de todo ¿quién tiene más que perder?
----------------Al final de este viaje--------------------------------
Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos hinchados de ir
a la muerte, al odio, al borde del mar.
Al final de este viaje en la vida quedará
nuestro rastro invitando a vivir.
Por lo menos por eso es que estoy aquí.
Somos prehistoria que tendrá el futuro,
somos los anales remotos del hombre.
Estos años son el pasado del cielo;
estos años son cierta agilidad
con que el sol te dibuja en el porvenir,
son la verdad o el fin, son Dios.
Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.
Al final de este viaje en la vida quedará
una cura de tiempo y amor,
una gasa que envuelva un viejo dolor.
Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos tendidos al sol
como sábanas blancas después del amor.
Al final del viaje está el horizonte,
al final del viaje partiremos de nuevo,
al final del viaje comienza un camino,
otro buen camino que seguir
descalzos contando la arena.
Al final del viaje estamos tú y yo intactos.
Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.
(1970) . Silvio Rodríguez.

(Esto puede interpretarse como una posible o parcial respuesta/contestación sobre lo que me ha sugerido el extracto del libro de “El lobo estepario” que expongo en mi post anterior o como una conclusión del libro entero, aunque igualmente no deja de ser una experiencia personal vinculada a éste).
·Domingo 12 de noviembre: tras una tarde de “cañeo” por la zona del rastro con mis mig@s, compartiendo sonrisas y placeres diversos, aquell@s a l@s que el agotamiento y la responsabilidad les llama temprano, se disponen a irse a casa para cumplir con dicha llamada. Nosotr@s; (un amigo, una amiga y yo) l@s tranquil@s, l@s rezagados, l@s remolones, decidimos alargar dicha velada...
·Lunes 13 de noviembre: 2 de la mañana. Va a dar comienzo uno de esos momentos de los que escoges del amplio abanico de momentos especiales, lo agarras fuertemente con el puño apretado evitando que se esfume y te lo llevas directo al corazón. Lo aprietas contra éste y le haces un gran hueco en él.
Una conversación trascendental con mucho contenido de esos que ayudan a alimentar el espíritu. Una conversación sobre las miserias, las coherencias, las incoherencias, los modos de actuar, la anulación, la incapacitación, la efectividad, la frustración, la forma de encauzar lo “incauzable”, lo cotidiano, lo simple, lo complejo, la mente humana... A grandísimos rasgos.
·Mismo lunes 13 de noviembre: 8 de la mañana. Seis horas después, vencida por el cansancio y con mi sentido de la responsabilidad un poco dañado, me despido de mis dos contertulios, dos personas con las que a partir de ahora sé que tendré una complicidad especial, para irme a acostar. Un momento mágico e inolvidable, un momento para “enmarcar”, un momento de ascensión a un plano más allá, a un plano indescriptible...
·Seguimos en el lunes 13 de noviembre: 10.30 de la mañana. Riiinnnngggg!!! Me levanto. Me ducho. Me he descuidado de mí misma. Me dispongo a salir por la puerta y descubro que todavía no soy persona. Pero sin embargo, estoy pletórica, estoy colmada; satisfecha. No me importa para nada no estar bien físicamente, pues mentalmente es grandioso el estado en el que me encuentro. Me fascina haber llegado a ese punto de reflexión y análisis conmigo misma, y comprobar el punto al que llegaron mis contertulios, puesto que nos tomábamos la molestia de explicar minuciosamente y al detalle cada exposición o comentario que hacíamos cada un@.
14.20 del mediodía. Entrega de un trabajo. 14.30. Comida. 15.15. Clase de Filosofía de la Educación Social. 16.30. Decido tomarme el resto del día libre. Porque me da la gana, porque me lo merezco. Porque necesito tiempo para pensar, necesito tiempo para mí, para reencontrarme conmigo misma.
¿ENCUENTRO O DESENCUENTRO?
Voy caminando por las calles de Legazpi sin ningún destino en particular. Simplemente paseo. Llueve bastante, pero aún así, llevo el paraguas dentro del bolso y el momento especial fuertemente agarrado en el puño. Lo volví a extraer del corazón para manejarlo a mi antojo sin que me hiciera mucho daño. Camino intentando observar y analizar las cosas más simples que me encuentro para ver si contienen alguna respuesta “válida” a todas mis dudas y pensamientos. Esos que me ha causado el encuentro/desencentro.
Veo dos viejecitos pequeños, bajitos, sonrientes y arrugados bajo un paraguas de colores, juntos de la mano van charlando caminando en dirección hacia mí. Veo a un niñito latinoamericano que con ligeros golpes al cristal de una tienda de animales, intenta captar la atención de un perrito que se encuentra en una jaula exponiéndose al público, mientras el viejo tendero le regaña por poner los dedos en los cristales. Veo cuatro patrullas de la Policía Nacional en un radio de 300 m/2. Veo sucursales de bancos con letreros y publicidad luminosa, tiendas, bloques de viviendas. Veo una pareja regañando en plena calle y bajo la intensa lluvia, y otra pareja besándose en un portal intentando resguardarse del agua y el viento. Veo una madre que lleva a su bebé en un carrito cubierto con un plástico y al cual le dirige encantadores comentarios... Veo, veo ¿qué ves?
Eso digo yo, ¿qué veo? ¿veo respuestas? O por lo menos ¿respuestas buenas, válidas, respuestas que me convezcan de algo? Es de noche. Estoy calada y tengo frío. Entro en el “Día” a hacer la compra ¡Qué caro está todo! Compro comida y un regalito para mis compañeros de piso. Unas flores y unas copas de chocolate con nata. ¡Verás que contentos se van a poner con la sorpresa!
REFLEXIÓN:
Cada día, con cada experiencia, nos destruimos y nos volvemos a construir otra vez. El hecho de esta reconstrucción se encuentra en el afianzamiento de un hilo común en todas esas reconstrucciones, y en dotarle a ese hilo de un sentido y un significado.
El ser coherente con uno mismo también conlleva que, sabiendo, siendo consciente de que existen las incoherencias y sabiendo lo que éstas suponen y cómo nos pueden llegar a afectar, sabiendo que están ahí acechándonos constantemente, intentando martirizarnos, aceptarlas como tales, apreciarlas en sí mismas por hacernos dudar y valorarlas, puesto que forman parte de uno mismo y hay que aceptarse y quererse como somos, con todos nuestros aciertos y nuestro errores. Y, por tanto, buscarse y crearse estrategias para saber dominar los pensamientos y frustraciones que de ellas devienen. Saber buscar esas estrategias en lo más común, en lo cotidiano, en lo cercano, en lo simple, puesto que intentar hacer esto en un plano más allá no nos aportará grandes beneficios pues todo y tod@s tenemos nuestras miserias y es difícil encontrar herramientas personales en lo colectivo, cuando también existen esas miserias colectivas. Y dotar a lo simple y cotidiano de una gran complejidad personal que te permita vivir informado, consciente, inconforme y activo, pero que te permita vivir.
Dominar las incoherencias y las miserias y lo que éstas conllevan sentimentalmente, supone que ellas no te dominen a ti. No definirte de una forma completa y cerrada puede ayudarte a que esas reconstrucciones sean más llevaderas, menos pesadas, y por tanto, más completas.
Aprender a reírse de sí mism@, sentirse diversidad constante, cambio continuo. No importarnos mostrarnos como verdaderamente somos, después de todo ¿quién tiene más que perder?
----------------Al final de este viaje--------------------------------
Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos hinchados de ir
a la muerte, al odio, al borde del mar.
Al final de este viaje en la vida quedará
nuestro rastro invitando a vivir.
Por lo menos por eso es que estoy aquí.
Somos prehistoria que tendrá el futuro,
somos los anales remotos del hombre.
Estos años son el pasado del cielo;
estos años son cierta agilidad
con que el sol te dibuja en el porvenir,
son la verdad o el fin, son Dios.
Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.
Al final de este viaje en la vida quedará
una cura de tiempo y amor,
una gasa que envuelva un viejo dolor.
Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos tendidos al sol
como sábanas blancas después del amor.
Al final del viaje está el horizonte,
al final del viaje partiremos de nuevo,
al final del viaje comienza un camino,
otro buen camino que seguir
descalzos contando la arena.
Al final del viaje estamos tú y yo intactos.
Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.
(1970) . Silvio Rodríguez.
VAMOS A JUGAR A UN "JUEGO FILOSÓFICO":
Buenas compañer@s aprendices y compañer@s bloguer@s, anoche, terminando de leer un libro estupendo, se me ocurrió proponeros un pequeño “juego” filosófico. Voy a poneros un extracto de este libro, el cual para mí, encuadrándolo en su contexto (el libro completo), tiene mucho sentido, pero no sé o no puedo llegar a imaginar, cuál le podéis llegar a dar vosotr@s. Claro está, que de un mismo hecho, cada un@ interpretamos una cosa diferente y a cuál más enriquecedora, por ello, ya que para mí éste (extracto) significó “algo” a lo que yo le doto de un sentido, me gustaría poder saber qué diversos sentidos le podéis dar vosotr@s.

Sin más rodeos, ahí va:
“- La idea equivocada y funesta de que el hombre sea una unidad permanente, le es a usted conocida. También sabe que el hombre consta de una multitud de almas, de muchísimos yos. Descomponer en estas numerosas figuras la aparente unidad de la persona, se tiene por locura, la ciencia ha inventado para ello el nombre de esquizofrenia. La ciencia tiene en esto razón en cuanto es natural que ninguna multiplicidad pueda dominarse sin dirección, sin un cierto orden y agrupamiento. En cambio, no tiene razón en creer que sólo es posible un orden único, férreo y para toda la vida, de los muchos subs yos. Este error de la ciencia trae no pocas consecuencias desagradables; su valor está exclusivamente en que los maestros y educadores puestos por el Estado ven su trabajo simplificado y se evitan el pensar y la experimentación. Como consecuencia de aquel error pasan muchos hombres por “normales”, hasta por representar un gran valor social, que están irreversiblemente locos, y a la inversa, tienen a muchos por locos, que son genios. Nosotros completamos por eso la psicología defectuosa de la ciencia con el concepto de lo que llamamos arte reconstructivo. Al que ha experimentado la descomposición de su yo, le enseñamos que los trozos pueden acoplarse siempre en el orden que se quiera, y que con ello se logra una ilimitada diversidad del juego de la vida. Lo mismo que los poetas crean un drama con un puñado de figuras, así construimos nosotros con las figuras de nuestros yos separados constantemente grupos nuevos, con distintos juegos y perspectivas, con situaciones eternamente renovadas. ¡Vea usted!-“.
Hernann Hesse. “El lobo estepario”.
*Nota aclaratoria del juego propuesto:
1. Lo he planteado así, porque he pensado que tendría mayor significación que si simplemente lo “plantara” en mi blog sin más. Creo que es más motivador sólo por el simple hecho de denominarlo “juego filosófico”. Somos así, un simple atributo y ya puede que nos apasione…
2. No expongo yo en primer lugar mis pensamientos suscitados porque estaría limitando o guiando mucho los vuestros, y mi objetivo es poder comprobar qué podéis llegar a pensar vosotr@s, y si dichos pensamientos se asemejan a los míos.
3. He escogido este extracto y no otro, no sé muy bien por qué (puede que sea porque mi día de hoy a sido extremadamente extraño y éste respondía mejor a mis demandas mentales de hoy), porque todo el libro en sí es digno de reflexión cooperativa.
Un saludo y ánimo “participantes” os invito a jugar…

Sin más rodeos, ahí va:
“- La idea equivocada y funesta de que el hombre sea una unidad permanente, le es a usted conocida. También sabe que el hombre consta de una multitud de almas, de muchísimos yos. Descomponer en estas numerosas figuras la aparente unidad de la persona, se tiene por locura, la ciencia ha inventado para ello el nombre de esquizofrenia. La ciencia tiene en esto razón en cuanto es natural que ninguna multiplicidad pueda dominarse sin dirección, sin un cierto orden y agrupamiento. En cambio, no tiene razón en creer que sólo es posible un orden único, férreo y para toda la vida, de los muchos subs yos. Este error de la ciencia trae no pocas consecuencias desagradables; su valor está exclusivamente en que los maestros y educadores puestos por el Estado ven su trabajo simplificado y se evitan el pensar y la experimentación. Como consecuencia de aquel error pasan muchos hombres por “normales”, hasta por representar un gran valor social, que están irreversiblemente locos, y a la inversa, tienen a muchos por locos, que son genios. Nosotros completamos por eso la psicología defectuosa de la ciencia con el concepto de lo que llamamos arte reconstructivo. Al que ha experimentado la descomposición de su yo, le enseñamos que los trozos pueden acoplarse siempre en el orden que se quiera, y que con ello se logra una ilimitada diversidad del juego de la vida. Lo mismo que los poetas crean un drama con un puñado de figuras, así construimos nosotros con las figuras de nuestros yos separados constantemente grupos nuevos, con distintos juegos y perspectivas, con situaciones eternamente renovadas. ¡Vea usted!-“.
Hernann Hesse. “El lobo estepario”.
*Nota aclaratoria del juego propuesto:
1. Lo he planteado así, porque he pensado que tendría mayor significación que si simplemente lo “plantara” en mi blog sin más. Creo que es más motivador sólo por el simple hecho de denominarlo “juego filosófico”. Somos así, un simple atributo y ya puede que nos apasione…
2. No expongo yo en primer lugar mis pensamientos suscitados porque estaría limitando o guiando mucho los vuestros, y mi objetivo es poder comprobar qué podéis llegar a pensar vosotr@s, y si dichos pensamientos se asemejan a los míos.
3. He escogido este extracto y no otro, no sé muy bien por qué (puede que sea porque mi día de hoy a sido extremadamente extraño y éste respondía mejor a mis demandas mentales de hoy), porque todo el libro en sí es digno de reflexión cooperativa.
Un saludo y ánimo “participantes” os invito a jugar…
CRÓNICA DE UNA CARAVANA:
Al principio había pensado en haceros todo un análisis detallado (el cual ya había redactado) de la llamada "Caravana europea contra la valla de la muerte" en la que exponía mis más profundos pensamientos suscitados por esta experiencia tan conmovedora, pero luego pensé que era demasiado personal y que quizás os podía aburrir, y he decidido guardármela para mí y exponérosla de esta manera.
El sábado 5 de noviembre a las 12h. da comienzo la marcha en dirección a la valla. La población ceutí muestra su rechazo a l@s manifestantes propinandoles todo tipo de insultos, e incluso llegando a agredir a algun@ de l@s integrantes de ésta.
Casi unos 1000 inmigrantes; hombres, mujeres, ancian@s y niñ@s, se encuentran en este Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes ceutí con capacidad para albergar a 400.

¡NINGÚN SER HUMANO ES ILEGAL!
El objetivo principal de esta caravana es la de solidarizarnos con l@s inmigrantes, establecer redes de ayuda y rendir homenaje a los 6 asesinados en la valla el pasado 28 de septiembre. Para ello, nos desplazamos hasta ésta para dejar unas flores.

Sus (y nuestras) demandas presentadas personalmente al Delegado del Gobierno en Ceuta fueron:
·Regularización inmediata de l@s inmigrantes que se encuentran ahora en Ceuta y Melilla.
·Investigación independiente y rápida de los hechos ocurridos en la frontera. Juicio a los responsables de las muertes en la valla y en el desierto.
·Retirada inmediata del Ejército de la frontera. Su utilización frente a la población civil es absolutamente ilegal.
·Paralización de la actual política migratoria de la UE basada en la externalización de las fronteras.
·Cierre inmediato de los CETIs y regularización de todos l@s inmigrantes que se encuentran en ellos.
·Resolución favorable de todas las demandas de asilo político solicitadas desde que se desencadenaron las primeras muertes en Ceuta y en Melilla.

La valla de la vergüenza. ¡Tod@s somos inmigrantes!
¡Primera, segunda, tercera generación, tod@s somos hij@s de la inmigración!, gritaban a coro l@s manifestantes en el transcurso hasta la valla.

¡TUMBA LA VALLA, TUMBALÁ YA!

¡Abajo los muros de las fronteras...!

Derechos para tod@s
El sábado 5 de noviembre a las 12h. da comienzo la marcha en dirección a la valla. La población ceutí muestra su rechazo a l@s manifestantes propinandoles todo tipo de insultos, e incluso llegando a agredir a algun@ de l@s integrantes de ésta.
Casi unos 1000 inmigrantes; hombres, mujeres, ancian@s y niñ@s, se encuentran en este Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes ceutí con capacidad para albergar a 400.

¡NINGÚN SER HUMANO ES ILEGAL!
El objetivo principal de esta caravana es la de solidarizarnos con l@s inmigrantes, establecer redes de ayuda y rendir homenaje a los 6 asesinados en la valla el pasado 28 de septiembre. Para ello, nos desplazamos hasta ésta para dejar unas flores.

Sus (y nuestras) demandas presentadas personalmente al Delegado del Gobierno en Ceuta fueron:
·Regularización inmediata de l@s inmigrantes que se encuentran ahora en Ceuta y Melilla.
·Investigación independiente y rápida de los hechos ocurridos en la frontera. Juicio a los responsables de las muertes en la valla y en el desierto.
·Retirada inmediata del Ejército de la frontera. Su utilización frente a la población civil es absolutamente ilegal.
·Paralización de la actual política migratoria de la UE basada en la externalización de las fronteras.
·Cierre inmediato de los CETIs y regularización de todos l@s inmigrantes que se encuentran en ellos.
·Resolución favorable de todas las demandas de asilo político solicitadas desde que se desencadenaron las primeras muertes en Ceuta y en Melilla.

La valla de la vergüenza. ¡Tod@s somos inmigrantes!
¡Primera, segunda, tercera generación, tod@s somos hij@s de la inmigración!, gritaban a coro l@s manifestantes en el transcurso hasta la valla.

¡TUMBA LA VALLA, TUMBALÁ YA!

¡Abajo los muros de las fronteras...!

Derechos para tod@s
¿LA PRUDENCIA SE ENSEÑA O SE APRENDE?

Como ya comento brevemente en uno de los blogs de mis compañer@s, considero que la acción educativa está caracterizada por la instantaneidad de las respuestas, por la improvisación, la espontaneidad, la impulsividad, la inmediatez... y estos son conceptos, cuya acción no guarda mucha relación con las características que posee la acción prudencial.
Pero del mismo modo pienso, que un buen educador/a es tal, cuando a pesar de la improvisación y de la inseguridad de la acción educativa, sabe ser “prudente” con sus elecciones, o actuar con cierta prudencia. Es decir, cuando sabe salvar las complicaciones del momento, y actuar de forma estratégica, astuta, calculadora, o discernir entre lo “bueno” y lo “malo” que ofrece ese instante.
Las cualidades que se le atribuyen a la prudencia pueden llevarse a cabo en un contexto que no esté determinado por el tiempo y por la necesidad de intervenir inmediatamente exigiéndose a un@ mism@ elegir sobre lo “mejor” en cada ocasión. Una persona puede reflexionar sobre las "mejores" estrategias de acción educativa. Pero el saber responder de forma adecuada (“prudentemente”) en la inmediatez del momento, salvaguardando la inseguridad, es algo que sólo nos lo proporciona la experiencia.

Por desgracia, no tenemos una pócima mágica que permita a las personas hacerse con el don de la prudencia, pero sí que podemos incidir de alguna forma en que ésta se adquiera. Al incitar a las personas o a l@s aprendices a tener experiencias, a “vivir”, a ser individuos autónomos, al ofrecerles herramientas para que vayan adquiriendo progresivamente mayores grados de libertad y, por lo tanto, de vivencias, y a reflexionar sobre éstas, será entonces cuando estaremos influyendo en su capacidad de ser prudentes. Y digo esto, porque considero que la prudencia se conquista cuando al tener experiencias, somos capaces de realizar un análisis profundo de éstas, extrayendo estrategias de actuación que puedan ser extrapolables a diversos contextos y/o acciones educativas. También pienso que les “enseñamos” a ser prudentes través de nuestro propio ejemplo.
Aunque la acción educativa sea siempre insegura, y el educador nunca llegue a saber a “ciencia cierta” cómo o de qué forma ha llegado a influir en sus educandos, pienso que para que dicha inseguridad no sea tal o, por lo menos, sea de menor grado, es muy bueno el que exista una relación de cercanía entre educador y educando, para que el educando pueda manifestar su experiencia (y agradecimiento) al educador, y que exista un diálogo, a través del cual, el educador pueda comprobar qué clase de influencia a ejercido sobre ese sujeto.
NO A LA VALLA

TESTIMONIOS DE INMIGRANTES DEPORTADOS
"La situación es asfixiante, al menos antes si nos cogían nuestras vidas no estaban en peligro, ahora te devuelven al Sáhara y mueres. Tienes que elegir entre morir en el desierto o morir tiroteado en la alambrada.” L.C.
((i)) tánger: Hasta el momento es imposible contabilizar el número de desaparecidos, pero sabemos que desde el sábado hasta el miércoles de esta semana unos sesenta autobuses con una media de entre cuarenta y sesenta personas han sido deportadas a una zona del desierto, frontera entre Argelia y Marruecos. Quiere decir que más de 2400 personas estuvieron deportadas entre estos días...
De los diferentes grupos contactados, nos han denunciado treinta y seis muertes y un número indeterminado de desaparecidos... Al menos se han comprobado la deportación de diez mujeres con bebés y de unas cincuenta que decían estar embarazadas.
Otro testimonio: "Recuerdo los muertos y me muero yo también por dentro"...
"Nos metieron en autobuses. Creía que como siempre nos iban a llevar a la frontera de Oujda a veinte kilómetros. Eramos catorce autobuses pero nos dirigíamos hacia el sur, a unos seiscientos kilómetros de Oujda calculo.
Después los autobuses paraban y llegaban camiones militares y jeeps que nos separaban en pequeños grupos y nos adentraban en el desierto.
Nos dejaban allí sin agua ni comida.
A los lejos había luces, eran de Argelia decían los marroquíes. Hemos marchado toda la noche hacia las luces, algunos hemos llegado hasta allí y hemos visto que era un campamento militar argelino. Los militares nos daban agua y comida. No dejaban de llegar compañeros pero otros no llegaban. Les habíamos perdido en el desierto... Os juro que aquellos que no hayan llegado se han muerto de verdad..."
"Hay deportaciones de heridos, con las piernas rotas, que no pudieron andar y quedaron en el desierto. Pensamos no en nosotros que estamos bien, sino en los que quedaron adentro del desierto. Pedimos que los busquen en helicópteros por favor, las horas cuentan.”

MÁS DE 400 PERSONAS MARCHARÁN A CEUTA PARA DENUNCIAR LA SITUACIÓN DE LAS PERSONAS INMIGRANTES
El próximo sábado 5 de noviembre parte hacia Ceuta la “Caravana Europea contra la valla: Ninguna persona es Ilegal”. Esta iniciativa de grupos y espacios sociales autoorganizados, comunicadores sociales, ciudadanos europeos, asociaciones de vecinos, asambleas y foros de inmigrantes, pretende visualizar la situación crítica de los inmigrantes y denunciar la responsabilidad del Gobierno español, marroquí y de la Unión Europea.
El primer objetivo es la exigencia de una investigación “independiente y transparente” de los trágicos hechos ocurridos en la frontera, donde murieron 6 inmigrantes y hubo decenas de heridos.
Además, los colectivos participantes exigen la retirada de los efectivos militares desplegados en la frontera, ya que “nunca puede justificarse la actuación de militares contra población civil”. Los participantes solicitan la “regularización extraordinaria de los inmigrantes que ya han cruzado la frontera”, muchos de los cuales continúan heridos.
Por otra parte denuncian las irregularidades que se están cometiendo por parte de las fuerzas de seguridad españolas con repatriaciones ilegales, abuso de la fuerza y, sobretodo, “no respetando el derecho de asilo”.
Los organizadores pretenden denunciar el “régimen de fronteras” de la Unión Europea reivindicando la igualdad de derechos y la libertad de movimientos de todas las personas “independientemente de su situación económica”.
Se calcula la asistencia de entre 400 y 500 personas procedentes de Sevilla, Málaga, Cádiz, Granada, Barcelona, Madrid y algunas ciudades europeas. El sábado se celebrará una marcha desde el centro de la ciudad hasta la valla, donde se rendirá homenaje a las personas fallecidas. Tras el acto habrá un encuentro con las personas inmigrantes en el centro de estancia temporal de inmigrantes (CETI) a las afueras de la ciudad y el domingo, se acudirá a Delegación a pedir al Delegado de Gobierno que cumpla con los requisitos exigidos por los inmigrantes.
Ya os contaré qué tal fue la marcha...
Para más información:
http://estrecho.indymedia.org/
http://www.nodo50.org/
FILOSOFANDO: ¿QUÉ ES EL BIEN?

Como la mayoría de mis compañer@s han decidido centrar sus comentarios de esta semana en la relación existente entre teoría y práctica y en la aportación que realiza cada una, yo no he querido repetirme, al haber manifestado mi opinión sobre ello en el espacio de “comentarios” de algunos de sus blogs, y he preferido hacer hincapié en el concepto de bien o bondad al que se supone va enfocada la práctica educativa.
Según vimos el otro día en clase, los fines de la práctica educativa no se pueden planificar, puesto que vienen definidos por el BIEN, pero ¿Qué es el bien?. Aristóteles definía el BIEN como formas de acción heredadas. Pero, no son formas de acción que se repiten, sino que como la acción está en continuo cambio, el concepto de bien se va formando en un eterno proceso en base a aquello que se sospecha que está más enfocado a lo “bondadoso” en ese preciso momento.
Como existen muchas concepciones de bien, primero voy a intentar delimitar un poco el término para que podáis haceros una idea de hacia donde quiero ir. Teniendo en cuenta que tratamos con un concepto que queremos reconocer dentro de un uso moral, podemos decir que muchas veces “el BIEN” equivale a “la bondad” cuando con esta última palabra se expresa toda cualidad buena o cuando se trata de indicar que algo es “como debe ser”. También podríamos decir que un acto es moralmente bueno cuando tiene un carácter benéfico (o beneficioso) y un acto es moralmente malo cuando tiene un carácter maléfico (o dañino). Y aquí cabría preguntarse ¿beneficioso o dañino para quién? ¿Para quién lo realiza o para el/la que va dirigido?
El dudoso o discutible hecho, de que la idea de BIEN o BONDAD no esté definido o delimitado globalmente, nos lleva a plantearnos que en ese momento dado, en esa acción en la cual tenemos que ir definiendo la idea de BIEN en base a que algo es bueno porque participa de algún modo de la bondad, que ¿para quién o qué tipo de persona, o con qué criterios se está eligiendo lo más bueno o mejor y, por tanto, se está construyendo la idea de bien?.
Es entonces cuando nos cuestionamos también si la concepción histórica que se ha construido de BIEN está sujeta a individualidades, o bien, si hemos sabido a lo largo del tiempo salvar las diferencias y construir un concepto de BIEN “objetivo” dirigido a “lo bueno” o “bondadoso” porque verdaderamente existe algo bueno que podemos delimitar con cierta objetividad.
Ahora bien, volviendo al tema de la práctica educativa, cuando nos desenvolvemos en ésta, enfocamos nuestras acciones a esa idea de BIEN, la cual es tal, puesto que también la desearíamos para nosotr@s mism@s. Porque vemos en “eso” algo que nos beneficia, que nos “hace bien”, que nos perfecciona, nos mejora, nos hace más felices... Pero también es cierto, que no todo lo que perfecciona a un sujeto tiene por qué perfeccionar a otro.
No obstante, ¿sabemos que hay algunas cosas que nos proporcionan BIEN, que son buenas, que están dirigidas hacia un fin “objetivamente bondadoso”, como pueden ser la libertad, la justicia, la paz, etc, que nos ayudan a crear sujetos (libres) que actúen autónomamente y puedan decidir si no quieren aceptar esos conceptos como tales?.
¡¡¡¡Uuufffffff!!!! Creo que me he adentrado en un tema escabroso y que he pecado de “listilla”, puesto que después de releerlo, casi no me entero ni yo de lo que he querido decir, pero esta vez me cuesta mucho expresar lo que pienso, y que conste que no es por trasnochar... Pero bueno, ahí lo dejo.





