LO QUE NOS QUEDA
Me gustaría, que la razón y el corazón
estuvieran siempre juntos.
Sentir del mismo modo, hace fuerte esta unión.
Vamos a resistir con golpes y esfuerzos.
Hay algo que nos queda...¡la forma de pensar!
El dinero no lo es todo, el control es cosa personal.
Mira donde pisas, no vayas a tropezar.
Tu pasado no lo conozco, el futuro no importa mucho más.
Defender o resistir es positivo, hay que vivir.
Pienso que...si no lo sientes. ¿Qué haces tú aquí?.
Me gustaría que estuviéramos siempre juntos.
Luchar del mismo lado, hace duradera la amistad.
Vamos a defender con manos y gritos,
lo único que queda... ¡la sinceridad!
La política no lo es todo, la libertad una palabra más.
La copa que vas a tomar procura que no sea para olvidar.
¿Quién te implica si tu no quieres?
Perteneces a ti mism@ ahá.
La cosa puede ir mas allá, está en tus manos...acógela o volará.
(Canción de Maniática "El lado oscuro").
Paradoja de la evolución humana:
"El ser humano es la única especie capaz de evolucionar hacia la involución"
estuvieran siempre juntos.
Sentir del mismo modo, hace fuerte esta unión.
Vamos a resistir con golpes y esfuerzos.
Hay algo que nos queda...¡la forma de pensar!
El dinero no lo es todo, el control es cosa personal.
Mira donde pisas, no vayas a tropezar.
Tu pasado no lo conozco, el futuro no importa mucho más.
Defender o resistir es positivo, hay que vivir.
Pienso que...si no lo sientes. ¿Qué haces tú aquí?.
Me gustaría que estuviéramos siempre juntos.
Luchar del mismo lado, hace duradera la amistad.
Vamos a defender con manos y gritos,
lo único que queda... ¡la sinceridad!
La política no lo es todo, la libertad una palabra más.
La copa que vas a tomar procura que no sea para olvidar.
¿Quién te implica si tu no quieres?
Perteneces a ti mism@ ahá.
La cosa puede ir mas allá, está en tus manos...acógela o volará.
(Canción de Maniática "El lado oscuro").
Paradoja de la evolución humana:
"El ser humano es la única especie capaz de evolucionar hacia la involución"
¿QUÉ ES ESA COSA LLAMADA NOSTALGIA?
Ayer fue un día duro, así que decidí irme a la cama no muy tarde (12h). Después de leer un rato tumbada, comencé a quedarme en fase “shock”. En esos momentos, ya no me enteraba de nada de lo que me contaba el libro y fue entonces cuando, embriagada por el sueño, decidí apagar la luz, pero… de pronto todo se volvió en mi contra:
El reloj-despertador, el cual la mayoría de las noches apenas sé ni que existe, reproducía su continuo tic-tac como si del reloj de la Puerta del Sol se tratase. El sonido de su escandaloso segundero se hizo un hueco en mi mente y comenzó a ponerme un pelín nerviosa (muy dada yo a ello) y a tener que cambiar de postura constantemente intentando encontrar aquella que me satisficiera y me hiciera sucumbir a los encantos del sueño…
Minutos después:
-¡Malo!, ya la he “cagado”, ¡verás hasta que me duerma…!
El insomnio se apodera de mí como si de un impertinente monstruo se tratase. Es entonces cuando mi mente, gobernada por la “tranquilidad” del momento (silencio sepulcral en la casa, tod@s acostad@s), aprovecha para ponerse en marcha. Es uno de sus momentos preferidos. A ella le gusta llevarme la contraria...
Yo, un poco angustiada por el paso de las horas, recurro a las técnicas más ridículas (de lo cual me suelo dar cuenta al día siguiente) e intento desesperadamente y sin respuesta alguna, intentar conciliar el sueño a toda costa. Entre alguna de estas técnicas se encuentra la de poner música relajante y practicar esa respiración profunda y controlada típica de las técnicas de relajación del yoga. Intento dejar mi mente en blanco, pero surgen nuevos y cada vez más buenos e interesantes pensamientos que echan por tierra mi propósito absurdo de no pensar en nada para poder dormir (no hay quien pueda con mi mente creadora cuando está en pleno apogeo).
Las 2 de la mañana, hora en la cual desisto, sucumbo a la constancia de mi mente y me dejo llevar por ésta. (Ya que procesa, que lo haga a gusto y bien).
Esta es una noche de las que promete!!! ¿Qué sorpresas me deparará? Mi mente se regodea de alegría y satisfacción por la cantidad de trabajo, y procesa a mil por hora multitud de pensamientos diferentes sin terminar de dar forma a ninguno de ellos en concreto. Mientras, mi moral se cae por los suelos, por tener que madrugar al día siguiente…
Mi retahíla de pensamientos va desde cómo elaborar un sillón-cama con 4 palés, unas cuantas grilletas y unos pernos (desde que me voy a vivir sola, me ha dado por hacer de mi puño -y sangre- los muebles de la casa y parezco la compañera del hombre del bricolaje), pensamiento que me lleva a volver a encender la luz y hacer un croquis detallado de la construcción del sillón-cama e intentar perfeccionarlo a cada instante, hasta la repetición de todas las cosas que tengo que hacer a la mañana siguiente (era como una especie de lista de la compra), pensamientos un tanto extraños (inconfesables) y, por último, algunos anhelos y recuerdos de mi más tierna infancia.
Tras el calor que azota estos días, incluso en la sierra y en el mes de septiembre, (aunque a lo mejor era el sofoco que provocaba el paso del tiempo en la cama sin poder dormir, no lo sé), surge la añoranza de mis juegos infantiles: las guerras de bolas de nieve con mis vecin@s; los muñecos de nieve en el patio de casa; el pequeño iglú familiar que construimos mis primos, mi hermana y yo para marcharnos de casa a los 7 años y hacer la típica vida esquimal; o el típico “Que vienen los patitos” en las tardes de otoño…

Las frecos baños en el Atlántico cuando íbamos a visitar a mis tíos a Huelva.

Las risas y buenos momentos tras hacer alguna de nuestras trastadas: desde llamar al timbre de las viejecitas más refunfuñonas del pueblo, que apenas podían correr, y las cuales cobraban su venganza al día siguiente cuando veían a nuestras madres en la compra y les hacían acopio de todo lo ocurrido, hasta enchufar con una jeringuilla llena de flash de fresa la calva de algún pobre viejo desde el balcón de mi antigua casa.

O la simpleza e inocencia de algunos de nuestros deseos más imposibles, en los cuales protagonizabas escenas fantásticas sin dar mucha cabida a la realidad…
HAY… ¡QUÉ NOSTALGIA…!
Pero ahora es cuando yo me pregunto, ¿Qué es esa cosa llamada nostalgia?
El diccionario nos dice que nostalgia es: 1. "Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos". 2. “Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida, añoranza”.
Pero… ¿Se puede sentir nostalgia de algo que aún no te ha pasado y puede que nunca te pase? ¿De algo que deseas? ¿Es eso nostalgia? ¿o quizás añoranza? ¿Nostalgia y añoranza es lo mismo?
¿Se puede sentir nostalgia de algo que se anhela?
Y por último, ¿nostalgia hace referencia a lo bueno o a lo malo? ¿A la pena o a la alegría?
Para mí, la nostalgia es un sentimiento complicado, difícil de catalogar, que comporta multitud de estados y afecciones, incluso algunos contrarios al mismo tiempo. Haciendo un breve repaso por todas aquellas veces que sentí nostalgia, tengo que reconocer que unas veces ese sentimiento surgía por hechos reales, otras por sueños, y otras por cosas imaginadas, inventadas, no ocurridas; no vividas. De todas éstas, unas veces ese recuerdo me provocaba una especie de melancolía que hacía que me pusiera un poco triste, apenada. Pero al mismo tiempo, hacía que me sintiera dichosa por haberlo vivido en su día y poder recordarlo claramente en la actualidad, por haber formado parte de mí ese recuerdo tan fantástico. Otras, me hacían sentirme simplemente abatida, o tremendamente satisfecha.
Por otro lado, creo que la nostalgia no tiene una concepción negativa, puesto que ésta evoca sentimientos estupendos que aunque nos hagan sentir morriña, también nos deleitan con su recuerdo y disfrute. Como dije antes, es una amalgama de sentimientos contrarios, donde se mezcla la tristeza del anhelo del pasado, con la alegría de la intensidad y recuperación del recuerdo vivido.
El reloj-despertador, el cual la mayoría de las noches apenas sé ni que existe, reproducía su continuo tic-tac como si del reloj de la Puerta del Sol se tratase. El sonido de su escandaloso segundero se hizo un hueco en mi mente y comenzó a ponerme un pelín nerviosa (muy dada yo a ello) y a tener que cambiar de postura constantemente intentando encontrar aquella que me satisficiera y me hiciera sucumbir a los encantos del sueño…
Minutos después:
-¡Malo!, ya la he “cagado”, ¡verás hasta que me duerma…!
El insomnio se apodera de mí como si de un impertinente monstruo se tratase. Es entonces cuando mi mente, gobernada por la “tranquilidad” del momento (silencio sepulcral en la casa, tod@s acostad@s), aprovecha para ponerse en marcha. Es uno de sus momentos preferidos. A ella le gusta llevarme la contraria...
Yo, un poco angustiada por el paso de las horas, recurro a las técnicas más ridículas (de lo cual me suelo dar cuenta al día siguiente) e intento desesperadamente y sin respuesta alguna, intentar conciliar el sueño a toda costa. Entre alguna de estas técnicas se encuentra la de poner música relajante y practicar esa respiración profunda y controlada típica de las técnicas de relajación del yoga. Intento dejar mi mente en blanco, pero surgen nuevos y cada vez más buenos e interesantes pensamientos que echan por tierra mi propósito absurdo de no pensar en nada para poder dormir (no hay quien pueda con mi mente creadora cuando está en pleno apogeo).
Las 2 de la mañana, hora en la cual desisto, sucumbo a la constancia de mi mente y me dejo llevar por ésta. (Ya que procesa, que lo haga a gusto y bien).
Esta es una noche de las que promete!!! ¿Qué sorpresas me deparará? Mi mente se regodea de alegría y satisfacción por la cantidad de trabajo, y procesa a mil por hora multitud de pensamientos diferentes sin terminar de dar forma a ninguno de ellos en concreto. Mientras, mi moral se cae por los suelos, por tener que madrugar al día siguiente…
Mi retahíla de pensamientos va desde cómo elaborar un sillón-cama con 4 palés, unas cuantas grilletas y unos pernos (desde que me voy a vivir sola, me ha dado por hacer de mi puño -y sangre- los muebles de la casa y parezco la compañera del hombre del bricolaje), pensamiento que me lleva a volver a encender la luz y hacer un croquis detallado de la construcción del sillón-cama e intentar perfeccionarlo a cada instante, hasta la repetición de todas las cosas que tengo que hacer a la mañana siguiente (era como una especie de lista de la compra), pensamientos un tanto extraños (inconfesables) y, por último, algunos anhelos y recuerdos de mi más tierna infancia.
Tras el calor que azota estos días, incluso en la sierra y en el mes de septiembre, (aunque a lo mejor era el sofoco que provocaba el paso del tiempo en la cama sin poder dormir, no lo sé), surge la añoranza de mis juegos infantiles: las guerras de bolas de nieve con mis vecin@s; los muñecos de nieve en el patio de casa; el pequeño iglú familiar que construimos mis primos, mi hermana y yo para marcharnos de casa a los 7 años y hacer la típica vida esquimal; o el típico “Que vienen los patitos” en las tardes de otoño…

Las frecos baños en el Atlántico cuando íbamos a visitar a mis tíos a Huelva.

Las risas y buenos momentos tras hacer alguna de nuestras trastadas: desde llamar al timbre de las viejecitas más refunfuñonas del pueblo, que apenas podían correr, y las cuales cobraban su venganza al día siguiente cuando veían a nuestras madres en la compra y les hacían acopio de todo lo ocurrido, hasta enchufar con una jeringuilla llena de flash de fresa la calva de algún pobre viejo desde el balcón de mi antigua casa.

O la simpleza e inocencia de algunos de nuestros deseos más imposibles, en los cuales protagonizabas escenas fantásticas sin dar mucha cabida a la realidad…
HAY… ¡QUÉ NOSTALGIA…!
Pero ahora es cuando yo me pregunto, ¿Qué es esa cosa llamada nostalgia?
El diccionario nos dice que nostalgia es: 1. "Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos". 2. “Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida, añoranza”.
Pero… ¿Se puede sentir nostalgia de algo que aún no te ha pasado y puede que nunca te pase? ¿De algo que deseas? ¿Es eso nostalgia? ¿o quizás añoranza? ¿Nostalgia y añoranza es lo mismo?
¿Se puede sentir nostalgia de algo que se anhela?
Y por último, ¿nostalgia hace referencia a lo bueno o a lo malo? ¿A la pena o a la alegría?
Para mí, la nostalgia es un sentimiento complicado, difícil de catalogar, que comporta multitud de estados y afecciones, incluso algunos contrarios al mismo tiempo. Haciendo un breve repaso por todas aquellas veces que sentí nostalgia, tengo que reconocer que unas veces ese sentimiento surgía por hechos reales, otras por sueños, y otras por cosas imaginadas, inventadas, no ocurridas; no vividas. De todas éstas, unas veces ese recuerdo me provocaba una especie de melancolía que hacía que me pusiera un poco triste, apenada. Pero al mismo tiempo, hacía que me sintiera dichosa por haberlo vivido en su día y poder recordarlo claramente en la actualidad, por haber formado parte de mí ese recuerdo tan fantástico. Otras, me hacían sentirme simplemente abatida, o tremendamente satisfecha.
Por otro lado, creo que la nostalgia no tiene una concepción negativa, puesto que ésta evoca sentimientos estupendos que aunque nos hagan sentir morriña, también nos deleitan con su recuerdo y disfrute. Como dije antes, es una amalgama de sentimientos contrarios, donde se mezcla la tristeza del anhelo del pasado, con la alegría de la intensidad y recuperación del recuerdo vivido.
¡¡¡INDIGNANTE!!!
No podía dejar de comentar con vosotr@s lo que me ha pasado este mediodía:
Es temprano, las 8:30 de la mañana. He cogido el autobus en mi pueblo y he ido hasta Madrid. En Moncloa he comprado el periódico,concretamente el " segundamano", para ver si de una vez por todas, encontramos algún piso decente...
Oporto.cerca metro, piso amueblado, 3 dormitorios, salón-comedor, baño, 2 terrazas, calefacción, gas natural, aval. 750 euros. Teléfono ----------
Uy! Estupendo, voy a llamar:
-Buenas tardes, llamaba por lo del piso del periódico-
-¿Eres española?-
-Sí-
-De dónde eres?-
-De un pueblo de la sierra de Madrid-
-No, que si eres de aquí, ¿eres española?.
-Señora que le he dicho que sí-
-Es que yo no le alquilo la casa a inmigrantes porque ya me la liaron una vez y he tenido que arreglar toda la casa-
-Quería saber cuántos metros tiene el piso, la calle en la que está situado y...-
-Pues está en la calle Luis Gómez, cerca del metro, tiene 98 m2. El piso es mu majo, es ideal para estudiantes, porque tiene los escritorios en cada habitación, éstas son espaciosas, y el salón también. Es todo exterior, con grandes ventanas y tiene piscina. ¿Sois estudiantes?-
-Sí, pero hay un problema, es que uno de los tres si que es inmigrante. Pero señora ¿no cree que es hora de que supere sus prejuicios?-
-Hay niña, no son son prejuicios, es lo que hay. La comunidad no los quiere ni ver, ya me lo han dicho, que no vuelva a meter inmigrantes en mi piso, porque no los quieren allí-
-Pues nada señora, para un piso decente que encontramos, la dueña dista mucho de serlo-
-Mira que lo siento-
-Más lo siento yo-.
pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi,pi, pi, pi...
Es temprano, las 8:30 de la mañana. He cogido el autobus en mi pueblo y he ido hasta Madrid. En Moncloa he comprado el periódico,concretamente el " segundamano", para ver si de una vez por todas, encontramos algún piso decente...
Oporto.cerca metro, piso amueblado, 3 dormitorios, salón-comedor, baño, 2 terrazas, calefacción, gas natural, aval. 750 euros. Teléfono ----------
Uy! Estupendo, voy a llamar:
-Buenas tardes, llamaba por lo del piso del periódico-
-¿Eres española?-
-Sí-
-De dónde eres?-
-De un pueblo de la sierra de Madrid-
-No, que si eres de aquí, ¿eres española?.
-Señora que le he dicho que sí-
-Es que yo no le alquilo la casa a inmigrantes porque ya me la liaron una vez y he tenido que arreglar toda la casa-
-Quería saber cuántos metros tiene el piso, la calle en la que está situado y...-
-Pues está en la calle Luis Gómez, cerca del metro, tiene 98 m2. El piso es mu majo, es ideal para estudiantes, porque tiene los escritorios en cada habitación, éstas son espaciosas, y el salón también. Es todo exterior, con grandes ventanas y tiene piscina. ¿Sois estudiantes?-
-Sí, pero hay un problema, es que uno de los tres si que es inmigrante. Pero señora ¿no cree que es hora de que supere sus prejuicios?-
-Hay niña, no son son prejuicios, es lo que hay. La comunidad no los quiere ni ver, ya me lo han dicho, que no vuelva a meter inmigrantes en mi piso, porque no los quieren allí-
-Pues nada señora, para un piso decente que encontramos, la dueña dista mucho de serlo-
-Mira que lo siento-
-Más lo siento yo-.
pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi,pi, pi, pi...
LA GRAN PARADOJA
Hola.
Soy una alumna de 5º de Pedagogía de la Facultad de Educación y Formación del Profesorado de la Universidad Complutense de Madrid.

En estos momentos (ayer), me encuentro estudiando una de las asignaturas que llevo para septiembre: “Diseño, Desarrollo e Innovación del Curriculum”. Asignatura cuyos contenidos abarcan el estudio de algunas de las más innovadoras teorías educativas (socioconstructivismo, paradigma socio-cognitivo, aprendizaje significativo, teoría del aprender a aprender, teoría de la asimilación, aprendizaje por descubrimiento, interaccionismo social…) lo que comporta toda una serie de cosas a tener en cuenta en la práctica educativa: disposición del aula, modelo de aprendizaje-enseñanza, papel del profesor, de los contenidos, objetivos, métodos-procedimientos, motivación, …
En esos momentos me encontraba en el sillón de mi casa, tras probar insistentemente un lugar “adecuado” de estudio, en una postura no muy buena (medio tumbada-medio incorporada), dejándome llevar por la monotonía del paso y repaso de mis apuntes. En la cocina, se encontraba mi madre, que a media tarde comenzaba a preparar la cena. Me acerco hasta ésta con la intención de beber un poco de agua fresca y desestabilizar por un instante esa rutina perniciosa que en ocasiones incluso me asfixia, y, según me voy acercando, escucho a uno de los presentadores de “Madrid directo” que se encuentra en una de las clases de preparación para la universidad para alumn@s de primer curso de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. De pronto, oigo a mi madre que comenta lo siguiente:
-¡Uy! ¡Que aulas más buenas!
Como guiada por la llamada de la naturaleza, miro hacia el televisor esperando encontrar una de esas aulas magníficas, prodigiosas, admirables, espaciosas, llena de materiales… la cual se convierte en una representación mental cuando nos hablan de las clases y la disposición de éstas en los temas pertinentes de todas estas teorías educativas.
Pero, para disgusto mío, me encuentro un aula similar a las que poseemos en nuestra facultad, con el mismo tipo de mobiliario (las mesas-bancos fijos o "fijados") pero dispuestas de forma escalonada para que de este modo, tod@s l@s alumn@s puedan visualizar la pizarra sin tener que sortear las cabezas de sus compañer@s a cada minuto.
Un repaso me lleva a otro y comienzo a recordar a esos predicadores de mentiras que hacen apología de innovadoras teorías educativas que ni siquiera se preocupan por consumar en lo más mínimo.
LA GRAN PARADOJA:
Resulta incomprensible que se pregonen ideas tan buenas desde un aula tan insignificante, tan insuficiente, en relación con lo que exigen dichas teorías educativas. Que se pregonen modelos tan ricos desde aulas con materiales para nada potencialmente significativos; con alumn@s nada comprometid@s con este tipo de educación; con exposiciones magistrales por parte del maestr@ sobre "el profesor/a como mediador/a del aprendizaje, mediador/a de la cultura social e institucional y arquitecto del conocimiento"; con el desarrollo de contenidos en vez de capacidades, destrezas, valores o actitudes; con el protagonismo del profesor/a y la enseñanza, en vez del aprendizaje y el aprendiz como constructor de su propio aprendizaje…
Y es que resulta indignante, que cada día pasemos por estas aulas, en las que se proclaman aires nuevos, ideas muy buenas, pero que se queden éstas en papel mojado porque ni siquiera somos capaces de poder aprender (en muchos casos) con el ejemplo, con la práctica, y ni siquiera, con el conflicto que podría generarse si por algún casual nos lanzáramos a romper con toda esta incongruencia.
Soy una alumna de 5º de Pedagogía de la Facultad de Educación y Formación del Profesorado de la Universidad Complutense de Madrid.

En estos momentos (ayer), me encuentro estudiando una de las asignaturas que llevo para septiembre: “Diseño, Desarrollo e Innovación del Curriculum”. Asignatura cuyos contenidos abarcan el estudio de algunas de las más innovadoras teorías educativas (socioconstructivismo, paradigma socio-cognitivo, aprendizaje significativo, teoría del aprender a aprender, teoría de la asimilación, aprendizaje por descubrimiento, interaccionismo social…) lo que comporta toda una serie de cosas a tener en cuenta en la práctica educativa: disposición del aula, modelo de aprendizaje-enseñanza, papel del profesor, de los contenidos, objetivos, métodos-procedimientos, motivación, …
En esos momentos me encontraba en el sillón de mi casa, tras probar insistentemente un lugar “adecuado” de estudio, en una postura no muy buena (medio tumbada-medio incorporada), dejándome llevar por la monotonía del paso y repaso de mis apuntes. En la cocina, se encontraba mi madre, que a media tarde comenzaba a preparar la cena. Me acerco hasta ésta con la intención de beber un poco de agua fresca y desestabilizar por un instante esa rutina perniciosa que en ocasiones incluso me asfixia, y, según me voy acercando, escucho a uno de los presentadores de “Madrid directo” que se encuentra en una de las clases de preparación para la universidad para alumn@s de primer curso de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. De pronto, oigo a mi madre que comenta lo siguiente:
-¡Uy! ¡Que aulas más buenas!
Como guiada por la llamada de la naturaleza, miro hacia el televisor esperando encontrar una de esas aulas magníficas, prodigiosas, admirables, espaciosas, llena de materiales… la cual se convierte en una representación mental cuando nos hablan de las clases y la disposición de éstas en los temas pertinentes de todas estas teorías educativas.
Pero, para disgusto mío, me encuentro un aula similar a las que poseemos en nuestra facultad, con el mismo tipo de mobiliario (las mesas-bancos fijos o "fijados") pero dispuestas de forma escalonada para que de este modo, tod@s l@s alumn@s puedan visualizar la pizarra sin tener que sortear las cabezas de sus compañer@s a cada minuto.
Un repaso me lleva a otro y comienzo a recordar a esos predicadores de mentiras que hacen apología de innovadoras teorías educativas que ni siquiera se preocupan por consumar en lo más mínimo.
LA GRAN PARADOJA:
Resulta incomprensible que se pregonen ideas tan buenas desde un aula tan insignificante, tan insuficiente, en relación con lo que exigen dichas teorías educativas. Que se pregonen modelos tan ricos desde aulas con materiales para nada potencialmente significativos; con alumn@s nada comprometid@s con este tipo de educación; con exposiciones magistrales por parte del maestr@ sobre "el profesor/a como mediador/a del aprendizaje, mediador/a de la cultura social e institucional y arquitecto del conocimiento"; con el desarrollo de contenidos en vez de capacidades, destrezas, valores o actitudes; con el protagonismo del profesor/a y la enseñanza, en vez del aprendizaje y el aprendiz como constructor de su propio aprendizaje…
Y es que resulta indignante, que cada día pasemos por estas aulas, en las que se proclaman aires nuevos, ideas muy buenas, pero que se queden éstas en papel mojado porque ni siquiera somos capaces de poder aprender (en muchos casos) con el ejemplo, con la práctica, y ni siquiera, con el conflicto que podría generarse si por algún casual nos lanzáramos a romper con toda esta incongruencia.





