ENCUENTROS ESPECIALES…

Resulta paradójico que todos mis encuentros “especiales” tengan lugar en el metro o esperando el autobús, pues el que me ha acontecido hoy, también ha sido dentro del subterráneo.
Se abren las puertas y entro en el metro en la estación de Moncloa, otra vez ese susurro que intenta ser más alto que el de l@s demás comienza a llegar hasta mis oídos. Busco a su portavoz. Si no fiera porque cada día me encuentro con una historia y una cara diferente, diría que siempre es la misma persona, ya que es impresionante como la pobreza y la marginación pueden llegar a hacer estragos en los rostros de la gente hasta convertirlos todos casi en idénticos.
Pero esta vez, su retahíla es melodiosa, es dulce, rítmica. Este hombre intenta regalarnos los oídos con sus poesías. Recita especialmente bien, aunque su voz está un poco desgastada y maltratada por las duras condiciones de vida y el paso del tiempo.
Como es “normal”, la gente comienza a ignorarle, pero la fuerza de sus versos hace que vuelva a captar su atención. Para restar importancia a sus palabras y para justificar de algún modo su escucha, los oyentes hacen comentarios irrisorios y burlescos sobre él -¡Mira, el poeta perdido de la Generación del 27!- parafrasean unos chavales jóvenes cercanos a mí.
Pero… parece que el tiempo nos acompaña, a él para poder terminar su trabajadísimo recital y a mí para que me dé tiempo a escucharlo, pues el metro se ha detenido repetidas veces entre las estaciones de Moncloa y Ciudad Universitaria.
Hasta la presentación de su breve actuación y su justificación, con la consiguiente disculpa por las molestias causadas a los viajer@s rimaban como la más armoniosa de las poesías. Hubo una que especialmente me gustó, una oda a la libertad llevada a cabo por el pueblo y desde el pueblo, con un toque final humorístico.
Acaba su laboriosa tarea y comienza a hacer el recorrido por el vagón para obtener su correspondiente recompensa. Abro la mochila y cojo de la cartera algunas monedas. Me ha encandado su espectáculo, y en especial, esa poesía, así que no me puedo resistir y aunque sé que muchos ojos me van a mirar de forma inquisidora, le paro y le pregunto de quién es esa bella poesía. Él me responde que es suya, que es de invención propia. Entonces, le doy la enhorabuena y le hago saber lo mucho que me ha gustado. La gente de mi alrededor parece que me apuñalan con la mirada, están deseando que el poeta se aleje, pues su desagradable olor comienza a ser muy fuerte.
Él, muy amablemente, me dice que la va a escribir y me la va a regalar la próxima vez que me vea por allí, ya que antes las llevaba encima hasta que unos skins le quemaron la rulote donde vivía, con todas sus pertenencias dentro. Yo, un poco asombrada y dolida por la impotencia de la situación, le doy ánimos para que continúe luchando por su vida lo más dignamente posible.
Se marcha dando bandazos de un lado al otro del vagón, chocándose con la gente, al ponerse en marcha el metro para ir desde Ciudad Universitaria hasta Metropolitano. La gente me sigue mirando con ojos de puñales, pues su olor ha penetrado en nuestras narices convirtiendo el trayecto en un viaje “insoportable” pero encantador, que me va a hacer pasar un gran día...
GRAN DIA
Hoy me levanté temprano empapado de color,
este va a ser un gran día, hoy estoy contenta.
Doy un salto de la cama y olvido aposta el reloj,
para salir a la calle hoy quiero que me toque el sol,
y que me entierre entre caricias el viento fresco,
y que eche leña a mi paseo alguna sonrisa,
me ocuparé en satisfacer todos mis deseos,
le digo a la señora que se asustó cuando grité
lerererei, lerererei…
Me encuentro una terraza y me invito a descansar,
me invito a un refrigerio, ¡vaya me entró el hambre!
Escuche camarero lo que le voy a indicar,
tomaré una comida sin sufrimiento animal.
De primer plato me pondrá: la, la, la, la
Sin prisa alguna, me bebo un cafelito y me hecho a la carrera,
no soy yo quien lo iba a pagar
Larararai, larararai, larararai…
Sonrisa tras sonrisa veo a l@s niñ@s jugar,
construyen ilusiones en la plaza de Prosperidad.
Se encienden las farolas de la serenidad,
decido volver a casa que allí me quiero enamorar
y ver los guiños que me hacen las estrellas,
susurrarle todos mis secretos a la luna llena,
dormir desnuda y descansar a pierna suelta…
Ahí va la hostia esta mañana tenía que ir a trabajar,
menos mal que no fui, mañana ya se verá
lalalalai, lararaaaaaaaa...
Paso a paso
¿MARGINADOS O MARGINALIZADOS?
EL NIÑO CINCO MIL MILLONES
En un día del año 1987 nació el niño Cinco Mil Millones. Vino sin etiqueta, así que podía ser negro, blanco, amarillo, etc. Muchos países, en ese día eligieron al azar un niño Cinco Mil Millones para homenajearlo y hasta para filmarlo y grabar su primer llanto.
Sin embargo, el verdadero niño Cinco Mil Millones no fue homenajeado, ni filmado, ni acaso tuvo energías para su primer llanto. Mucho antes de nacer, ya tenía hambre. Un hambre atroz. Un hambre vieja. Cuando por fin movió sus dedos, éstos tocaron la tierra seca. Cuarteada y seca. Tierra con grietas y esqueletos de perros o de camellos o de vacas. También toparon con el esqueleto del niño número 4.999.999.999.
El verdadero niño Cinco Mil Millones tenía hambre y sed, pero su madre tenía más hambre y más sed y sus pechos oscuros eran como tierra exhausta. Junto a ella, el abuelo del niño tenía un hambre y una sed más antiguas aún, y ya no encontraba en sí mismo ganas de pensar o de creer.
Una semana después, el niño Cinco Mil Millones era un minúsculo esqueleto y en consecuencia disminuyó en algo el horrible riesgo de que el planeta llegara a estar superpoblado.
MARIO BENEDETTI (Despistes y Franquezas 1990).

En un día del año 1987 nació el niño Cinco Mil Millones. Vino sin etiqueta, así que podía ser negro, blanco, amarillo, etc. Muchos países, en ese día eligieron al azar un niño Cinco Mil Millones para homenajearlo y hasta para filmarlo y grabar su primer llanto.
Sin embargo, el verdadero niño Cinco Mil Millones no fue homenajeado, ni filmado, ni acaso tuvo energías para su primer llanto. Mucho antes de nacer, ya tenía hambre. Un hambre atroz. Un hambre vieja. Cuando por fin movió sus dedos, éstos tocaron la tierra seca. Cuarteada y seca. Tierra con grietas y esqueletos de perros o de camellos o de vacas. También toparon con el esqueleto del niño número 4.999.999.999.
El verdadero niño Cinco Mil Millones tenía hambre y sed, pero su madre tenía más hambre y más sed y sus pechos oscuros eran como tierra exhausta. Junto a ella, el abuelo del niño tenía un hambre y una sed más antiguas aún, y ya no encontraba en sí mismo ganas de pensar o de creer.
Una semana después, el niño Cinco Mil Millones era un minúsculo esqueleto y en consecuencia disminuyó en algo el horrible riesgo de que el planeta llegara a estar superpoblado.
MARIO BENEDETTI (Despistes y Franquezas 1990).

REQUISITOS DE UN BUEN EDUCADOR/A.
Muchas de estas ideas las extraje de la reflexión que me suscitó el libro: “El tacto en la enseñanza” de Max Van Manen.
El maestr@ en la actualidad posee mucha responsabilidad sobre sus alumn@s, ya que en esta sociedad individualista que nos acontece, much@s de ell@s se encuentran indefens@s ante los constantes “ataques” que emergen de nuestra cultura, y el maestr@, tiene que saber afrontar esta responsabilidad para intentar encauzar las necesidades del niñ@, viéndose en algunas ocasiones “obligad@” (obligación pedagógica) a actuar tanto como maestr@, como con una cierta actitud, llamémosla de padre/madre. Por ello, es muy importante que un pedagog@ posea una serie de cualidades especiales. Cualidades, que aunque no tod@s poseamos en un primer momento, podemos adquirir por medio de la experiencia, aprovechando y esgrimiendo al máximo la formación que estamos recibiendo, siendo conscientes de lo que ésta nos aporta y, por lo tanto, comprometiéndonos con ella. Teniendo muy en cuenta, que de los errores también se aprende, también se avanza, pero que para conseguir este avance, hay que ser consciente de ello. Manteniendo una actitud de escucha, reflexiva, autocrítica, de análisis, dialógica, comunicativa…
En la vida como profesionales, se nos va a presentar el problema de tener que elegir entre lo que es bueno (o se supone que es bueno o mejor) y lo que no, para en base a esto, obrar con l@s niñ@s. Y cuando hablamos de elegir entre una cosa y otra para presentársela a est@s, tenemos que tener en cuenta también, que al mismo tiempo que le ofrecemos un acercamiento sobre los conocimientos y acontecimientos de nuestra sociedad y de las demás, hay que ofrecerle también herramientas para crear en él/ella una conciencia crítica, y que pueda valorar luego por sí mism@ esa información que le damos. Y para ello, es necesario presentar lo que creemos que es bueno con ejemplos de nuestra experiencia, pero siendo humildes, sin aires de superioridad.
Para que el maestr@ no caiga en contradicciones constantes (ya que es imposible no caer en alguna) es imprescindible que elabore su propia teoría educativa, aunque ésta tiene que ser una teoría abierta a nuevos conocimientos, y por lo tanto, a futuros cambios. El pedagog@ tiene que intentar ser coherente en la realidad educativa con su teoría, pero aceptando que ésta se tiene que adaptar a las necesidades que presenten sus alumn@s. Para que esto se dé de una forma correcta, el educador/a tiene que relacionarse con sus educandos como un igual, como alguien que está abierto a aprender de ell@s, intentando a la vez mantener el respeto, pero rompiendo con esa postura de “profesor/a” idolatrado o al que se le tiene temor, que le aleja de ell@s. Actuando como guía o mediador/a entre la cultura y el alumn@, como alguien que no tiene la verdad absoluta y siendo consciente de que sus aprendices pueden hacerle/la feliz tanto reafirmando lo que dice como contradiciéndolo. Ofreciendo herramientas y pudiendo influir, pero teniendo en cuenta que, la influencia requiere respetar al educando tal y como éste desee o se manifieste ser.
Siempre se nos van a plantear cuestiones como la de ¿cómo actuar de una forma pedagógica en un mundo como este? Bueno, pues considero que siendo reflexiv@, coherente, actuando con bondad, con tacto, siendo flexibles, conscientes de las posibles necesidades de nuestr@s alumn@s e intentando interpretarlas en su contexto. Proporcionándoles seguridad pero sin caer en la sobreprotección.
"La existencia, en tanto humana, no puede ser muda, silenciosa, ni tampoco nutrirse de falsas palabras sino de palabras verdaderas con las cuales los hombres transformen el mundo. Existir, humanamente, es "pronunciar" el mundo, es transformarlo. El mundo pronunciado, a su vez, retorna problematizado a los sujetos pronunciantes, exigiendo de ellos un nuevo pronunciamiento.
Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión"
Paulo Freire (Pedagogía del oprimido)
El maestr@ en la actualidad posee mucha responsabilidad sobre sus alumn@s, ya que en esta sociedad individualista que nos acontece, much@s de ell@s se encuentran indefens@s ante los constantes “ataques” que emergen de nuestra cultura, y el maestr@, tiene que saber afrontar esta responsabilidad para intentar encauzar las necesidades del niñ@, viéndose en algunas ocasiones “obligad@” (obligación pedagógica) a actuar tanto como maestr@, como con una cierta actitud, llamémosla de padre/madre. Por ello, es muy importante que un pedagog@ posea una serie de cualidades especiales. Cualidades, que aunque no tod@s poseamos en un primer momento, podemos adquirir por medio de la experiencia, aprovechando y esgrimiendo al máximo la formación que estamos recibiendo, siendo conscientes de lo que ésta nos aporta y, por lo tanto, comprometiéndonos con ella. Teniendo muy en cuenta, que de los errores también se aprende, también se avanza, pero que para conseguir este avance, hay que ser consciente de ello. Manteniendo una actitud de escucha, reflexiva, autocrítica, de análisis, dialógica, comunicativa…
En la vida como profesionales, se nos va a presentar el problema de tener que elegir entre lo que es bueno (o se supone que es bueno o mejor) y lo que no, para en base a esto, obrar con l@s niñ@s. Y cuando hablamos de elegir entre una cosa y otra para presentársela a est@s, tenemos que tener en cuenta también, que al mismo tiempo que le ofrecemos un acercamiento sobre los conocimientos y acontecimientos de nuestra sociedad y de las demás, hay que ofrecerle también herramientas para crear en él/ella una conciencia crítica, y que pueda valorar luego por sí mism@ esa información que le damos. Y para ello, es necesario presentar lo que creemos que es bueno con ejemplos de nuestra experiencia, pero siendo humildes, sin aires de superioridad.
Para que el maestr@ no caiga en contradicciones constantes (ya que es imposible no caer en alguna) es imprescindible que elabore su propia teoría educativa, aunque ésta tiene que ser una teoría abierta a nuevos conocimientos, y por lo tanto, a futuros cambios. El pedagog@ tiene que intentar ser coherente en la realidad educativa con su teoría, pero aceptando que ésta se tiene que adaptar a las necesidades que presenten sus alumn@s. Para que esto se dé de una forma correcta, el educador/a tiene que relacionarse con sus educandos como un igual, como alguien que está abierto a aprender de ell@s, intentando a la vez mantener el respeto, pero rompiendo con esa postura de “profesor/a” idolatrado o al que se le tiene temor, que le aleja de ell@s. Actuando como guía o mediador/a entre la cultura y el alumn@, como alguien que no tiene la verdad absoluta y siendo consciente de que sus aprendices pueden hacerle/la feliz tanto reafirmando lo que dice como contradiciéndolo. Ofreciendo herramientas y pudiendo influir, pero teniendo en cuenta que, la influencia requiere respetar al educando tal y como éste desee o se manifieste ser.
Siempre se nos van a plantear cuestiones como la de ¿cómo actuar de una forma pedagógica en un mundo como este? Bueno, pues considero que siendo reflexiv@, coherente, actuando con bondad, con tacto, siendo flexibles, conscientes de las posibles necesidades de nuestr@s alumn@s e intentando interpretarlas en su contexto. Proporcionándoles seguridad pero sin caer en la sobreprotección.
"La existencia, en tanto humana, no puede ser muda, silenciosa, ni tampoco nutrirse de falsas palabras sino de palabras verdaderas con las cuales los hombres transformen el mundo. Existir, humanamente, es "pronunciar" el mundo, es transformarlo. El mundo pronunciado, a su vez, retorna problematizado a los sujetos pronunciantes, exigiendo de ellos un nuevo pronunciamiento.
Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión"
Paulo Freire (Pedagogía del oprimido)
"NO, ESCUCHA, LO QUE OCURRIÓ FUE ESTO"

AL FIN Y AL CABO... ¿QUÉ ES PEDAGOGÍA SOCIAL?
Triste historia de una anciana…
Hoy, no bastándome el valiosísimo y aprovechadísimo tiempo de estos seis días de puente, decidí saltarme la última clase para llegar pronto a casa y seguir haciendo cosas.
Llego corriendo al intercambiador de Moncloa, y justo en ese momento, el autobús 691, “mí autobús”, está arrancando para irse. Me pongo en frente del conductor un poco fatigada (de ir tan deprisa escaleras arriba para poder pillarle), para ver si me abre, pero éste me mira y se va.
La verdad es que lo pienso y… ¡mejor!, porque lo mismo me suelta una de sus “agradables” frases en plan: - ¡Si no nos quedáramos mirando tantos escaparates… nos daría tiempo a llegar….!-. En fin, entonces es cuando tú le miras y le sonríes como haciendole ver que no te ha hecho ninguna gracia lo que ha dicho y continuas pasillo atrás hasta que eliges un asiento.
Pero no, decidí no insistir y esperar al próximo autobús, que vendría en media hora. Mientras, me dispongo a no perder el tiempo y saco el texto de "Pedagogía social especializada" para comenzar a leerle, cuando una anciana mujer interrumpe mi lectura y comienza a hablarme.
Ella, sin ningún reparo, empieza a contarme lo que yo he bautizado como “La historia de su vida”. De lo que dice, la entiendo la mitad, ya que el ruido que hay en el intercambiador y el parkinson que afecta a su mandíbula, y en general, a toda su cara, impide que me llegue mucho de lo que dice.
Decido guardar el texto en la carpeta, y me propongo prestarla atención. Ella, me sigue contando, en cantada de que alguien la escuche, que va hasta la sierra porque su marido está muy enfermo tras haber sufrido un trastorno cerebral, y que se encuentra ingresado en una clínica adjunta al Hospital Clínico situada en Cercedilla.
Todos los días, la mujer sale de Carabanchel, espera 45 minutos en Moncloa a que llegue el autobús que la lleva hasta allí, otros 10 minutos en Cercedilla fuera de la clínica, para ver a su marido de 4 a 5 de la tarde, el cual, a causa de la enfermedad, la agrede por no quedarse más tiempo visitándole, e incluso, por no quedarse a dormir con él, habiendo un horario establecido de visitas y el impedimento de que algún familiar pernocte allí.
La mujer, mientras me cuenta todo, comienza a llorar. Yo la acaricio el brazo y la intento consolar diciéndola que no se preocupe, que es la edad, que por lo menos está vivo…. Hasta que termina de desahogarse y se seca las lágrimas, para seguir con la triste historia.
Es entonces, cuando miro para las dársenas y veo que mi otro autobús también se está marchando…. (Esperando al próximo autobús) La mujer continua contándome que ahora van a cambiar al marido de residencia trasladándole a un pueblo que se encuentra por la carretera de Burgos, y ésta se encuentra desconsolada porque no sabe como ir hasta allí.
Saco mi mapa del metro y la explico unas tres veces el recorrido que tendrá que hacer, pero como no le queda muy claro, lo subrayo en rosa fosforito y le regalo el mapa. La mujer, encantada, sigue con la historia: contándome todo tipo de desgracias que le han acontecido desde su juventud hasta ahora; la viudez de su marido, el abandono de l@s hij@s de éste, las enfermedades que poseen ella y él, las agradecidas atenciones que recibe por parte de sus hermanas (y las que no recibe por parte de la familia del marido), las carreras universitarias, vivienda, localidad y trabajo de todos sus sobrinos, lo injusto de dejarle la herencia a l@s hij@s de su pareja... Todo esto, acompañado de algún que otro arrebato de lágrimas y su correspondiente consuelo por mi parte.
Hasta que llega la hora de salida de su esperado autobús, el cual coge ilusionada todos los días para poder ver a su compañero durante una miserable hora. Una hora en la cual sólo recibe golpes y amenazas porque su pareja ha perdido la cabeza, y para la cual ha invertido, al menos 3 horas de ida y otras 3 horas de vuelta.
Ella se levanta del asiento y me dice:
-Gracias maja, sólo le pido a Dios salud para ti-
-Igualmente señora, espero que las cosas le vayan bien, cuídese-.
Llegados a este punto, creo conveniente decir, que considero que Pedagogía Social es saber hacer, y que en este caso, Pedagogía Social era saber escuchar. Un buen pedagog@, y en general, una buena persona, tiene que aprender a escuchar, todo lo demás viene después... y con este, me referiré a otro caso:
“Ladybird, Ladybird” 1993(Ken Loach):
Esta es la historia de amor de Maggie y Jorge ,y su lucha por formar una familia. Maggie pretende conseguir la felicidad través de ésta, sin embargo, la burocracia de la asistencia social insiste en que ella, en un primer momento, y luego Jorge (o ambos), no son aptos para cuidar de un bebé.
Maggie es una mujer que ha tenido un pasado violento, que sufre precariedad laboral, mal estar sentimental, falta de vivienda digna, falta de recursos económicos, temperamento tormentoso... Además, la mujer se debe enfrentar también a problemas xenófobos cuando comienza una relación sentimental con un emigrante paraguayo (Jorge). Pero, por otra parte, sí que posee una cosa muy importante y especial para criar a unos hij@s; amor hacia estos. Su vida cada vez es más dura porque los servicios sociales se empeñan en separar de su lado lo único bueno que le ha dado la vida... y así lo único que consiguen es una espiral de odio y rencor, de dolor y sufrimiento, de tristeza y desesperación.
Jorge, es una persona con una templanza y una paciencia admirables. Es bueno, cariñoso, inteligente, preocupado por el bienestar de los demás, comprometido, respetuoso, pero tiene un problema; es “ilegal”, y encima, “exiliado político” huido de Paraguay por ayudar a la gente pobre a encontrar un hogar, y por estar en contra de la dictadura y de los crímenes que ésta practicaba.
Much@s dirán que hace falta algo más que amor y un padre “ilegal” (ningún ser humano es ilegal) para criar a un@s niñ@s, pero la culpa no está en Maggie y en Jorge, sino en las barreras que les pone el sistema para poder vivir de una forma digna, para poder vivir como seres humanos. En este caso, los servicios sociales actúan por el bien de los niñ@s, y para ello, les separan del cariño y la convivencia con sus padres...
A mi parecer, estos servicios sociales están procediendo de una manera equivocada e injusta. Están mal planteados. Analizan el caso desde una interpretación propia, externa a las circunstancias familiares, y se supone que lo hacen por el bienestar de l@s niñ@s, pero ¿quién les asegura a ell@s que estos niñ@s van a estar mejor con unos padres que posean mayor estabilidad (laboral, económica, social...) que con unos padres que tienen mucho cariño que ofrecer a sus hij@s, aunque con cierta inestabilidad? ¿Quién actualmente en su familia no padece (de una forma u otra) cierta inestabilidad, y no por ello desearía haberse criado en otro contexto familiar, o con otros padres? ¿Por qué no centran su ayuda los servicios sociales en intentar mejorar el contexto del niñ@, en vez de, arrebatarle ese contexto?
Mi modesta opinión es que los servicios sociales tendrían que “saber escuchar” los problemas a los que se enfrenta esa familia, y de ahí “saber interpretar” cada caso, para luego obrar. Destrozar personas, familias, y por tanto, vidas, no creo que sea el objetivo de los servicios sociales. Estos tendrían que dedicarse a mejorar las condiciones inestables que padecen las familias para que sean ellas quienes eduquen a sus hij@s, no arrebatárselos para “solucionar” el problema, porque entonces estarán generando otros tantos. Tienen que prestar ayuda para superar los problemas, no evitarlos.
Pero si aún así, seguimos obcecados en juzgar y cuestionar la actuación de Maggie, decirme ¿qué habríais hecho vosotr@s en su caso? ¿Cuántas familias hay que salen adelante con niveles económicos bajos e inestables?
Y por último, ¿habríais renunciado a formar una familia? ¿Habríais renunciado a ser felices a través de ésta?
Creo que el tesón, el valor y la valentía que caracterizaba a esta familia es digno de admirar. Los que trabajan o trabajaremos por el bienestar de los demás tenemos que aprender a regalar los oídos y los ojos, imprescindible para luego obrar de forma adecuada.
Hoy, no bastándome el valiosísimo y aprovechadísimo tiempo de estos seis días de puente, decidí saltarme la última clase para llegar pronto a casa y seguir haciendo cosas.
Llego corriendo al intercambiador de Moncloa, y justo en ese momento, el autobús 691, “mí autobús”, está arrancando para irse. Me pongo en frente del conductor un poco fatigada (de ir tan deprisa escaleras arriba para poder pillarle), para ver si me abre, pero éste me mira y se va.
La verdad es que lo pienso y… ¡mejor!, porque lo mismo me suelta una de sus “agradables” frases en plan: - ¡Si no nos quedáramos mirando tantos escaparates… nos daría tiempo a llegar….!-. En fin, entonces es cuando tú le miras y le sonríes como haciendole ver que no te ha hecho ninguna gracia lo que ha dicho y continuas pasillo atrás hasta que eliges un asiento.
Pero no, decidí no insistir y esperar al próximo autobús, que vendría en media hora. Mientras, me dispongo a no perder el tiempo y saco el texto de "Pedagogía social especializada" para comenzar a leerle, cuando una anciana mujer interrumpe mi lectura y comienza a hablarme.
Ella, sin ningún reparo, empieza a contarme lo que yo he bautizado como “La historia de su vida”. De lo que dice, la entiendo la mitad, ya que el ruido que hay en el intercambiador y el parkinson que afecta a su mandíbula, y en general, a toda su cara, impide que me llegue mucho de lo que dice.
Decido guardar el texto en la carpeta, y me propongo prestarla atención. Ella, me sigue contando, en cantada de que alguien la escuche, que va hasta la sierra porque su marido está muy enfermo tras haber sufrido un trastorno cerebral, y que se encuentra ingresado en una clínica adjunta al Hospital Clínico situada en Cercedilla.
Todos los días, la mujer sale de Carabanchel, espera 45 minutos en Moncloa a que llegue el autobús que la lleva hasta allí, otros 10 minutos en Cercedilla fuera de la clínica, para ver a su marido de 4 a 5 de la tarde, el cual, a causa de la enfermedad, la agrede por no quedarse más tiempo visitándole, e incluso, por no quedarse a dormir con él, habiendo un horario establecido de visitas y el impedimento de que algún familiar pernocte allí.
La mujer, mientras me cuenta todo, comienza a llorar. Yo la acaricio el brazo y la intento consolar diciéndola que no se preocupe, que es la edad, que por lo menos está vivo…. Hasta que termina de desahogarse y se seca las lágrimas, para seguir con la triste historia.
Es entonces, cuando miro para las dársenas y veo que mi otro autobús también se está marchando…. (Esperando al próximo autobús) La mujer continua contándome que ahora van a cambiar al marido de residencia trasladándole a un pueblo que se encuentra por la carretera de Burgos, y ésta se encuentra desconsolada porque no sabe como ir hasta allí.
Saco mi mapa del metro y la explico unas tres veces el recorrido que tendrá que hacer, pero como no le queda muy claro, lo subrayo en rosa fosforito y le regalo el mapa. La mujer, encantada, sigue con la historia: contándome todo tipo de desgracias que le han acontecido desde su juventud hasta ahora; la viudez de su marido, el abandono de l@s hij@s de éste, las enfermedades que poseen ella y él, las agradecidas atenciones que recibe por parte de sus hermanas (y las que no recibe por parte de la familia del marido), las carreras universitarias, vivienda, localidad y trabajo de todos sus sobrinos, lo injusto de dejarle la herencia a l@s hij@s de su pareja... Todo esto, acompañado de algún que otro arrebato de lágrimas y su correspondiente consuelo por mi parte.
Hasta que llega la hora de salida de su esperado autobús, el cual coge ilusionada todos los días para poder ver a su compañero durante una miserable hora. Una hora en la cual sólo recibe golpes y amenazas porque su pareja ha perdido la cabeza, y para la cual ha invertido, al menos 3 horas de ida y otras 3 horas de vuelta.
Ella se levanta del asiento y me dice:
-Gracias maja, sólo le pido a Dios salud para ti-
-Igualmente señora, espero que las cosas le vayan bien, cuídese-.
Llegados a este punto, creo conveniente decir, que considero que Pedagogía Social es saber hacer, y que en este caso, Pedagogía Social era saber escuchar. Un buen pedagog@, y en general, una buena persona, tiene que aprender a escuchar, todo lo demás viene después... y con este, me referiré a otro caso:
“Ladybird, Ladybird” 1993(Ken Loach):
Esta es la historia de amor de Maggie y Jorge ,y su lucha por formar una familia. Maggie pretende conseguir la felicidad través de ésta, sin embargo, la burocracia de la asistencia social insiste en que ella, en un primer momento, y luego Jorge (o ambos), no son aptos para cuidar de un bebé.
Maggie es una mujer que ha tenido un pasado violento, que sufre precariedad laboral, mal estar sentimental, falta de vivienda digna, falta de recursos económicos, temperamento tormentoso... Además, la mujer se debe enfrentar también a problemas xenófobos cuando comienza una relación sentimental con un emigrante paraguayo (Jorge). Pero, por otra parte, sí que posee una cosa muy importante y especial para criar a unos hij@s; amor hacia estos. Su vida cada vez es más dura porque los servicios sociales se empeñan en separar de su lado lo único bueno que le ha dado la vida... y así lo único que consiguen es una espiral de odio y rencor, de dolor y sufrimiento, de tristeza y desesperación.
Jorge, es una persona con una templanza y una paciencia admirables. Es bueno, cariñoso, inteligente, preocupado por el bienestar de los demás, comprometido, respetuoso, pero tiene un problema; es “ilegal”, y encima, “exiliado político” huido de Paraguay por ayudar a la gente pobre a encontrar un hogar, y por estar en contra de la dictadura y de los crímenes que ésta practicaba.
Much@s dirán que hace falta algo más que amor y un padre “ilegal” (ningún ser humano es ilegal) para criar a un@s niñ@s, pero la culpa no está en Maggie y en Jorge, sino en las barreras que les pone el sistema para poder vivir de una forma digna, para poder vivir como seres humanos. En este caso, los servicios sociales actúan por el bien de los niñ@s, y para ello, les separan del cariño y la convivencia con sus padres...
A mi parecer, estos servicios sociales están procediendo de una manera equivocada e injusta. Están mal planteados. Analizan el caso desde una interpretación propia, externa a las circunstancias familiares, y se supone que lo hacen por el bienestar de l@s niñ@s, pero ¿quién les asegura a ell@s que estos niñ@s van a estar mejor con unos padres que posean mayor estabilidad (laboral, económica, social...) que con unos padres que tienen mucho cariño que ofrecer a sus hij@s, aunque con cierta inestabilidad? ¿Quién actualmente en su familia no padece (de una forma u otra) cierta inestabilidad, y no por ello desearía haberse criado en otro contexto familiar, o con otros padres? ¿Por qué no centran su ayuda los servicios sociales en intentar mejorar el contexto del niñ@, en vez de, arrebatarle ese contexto?
Mi modesta opinión es que los servicios sociales tendrían que “saber escuchar” los problemas a los que se enfrenta esa familia, y de ahí “saber interpretar” cada caso, para luego obrar. Destrozar personas, familias, y por tanto, vidas, no creo que sea el objetivo de los servicios sociales. Estos tendrían que dedicarse a mejorar las condiciones inestables que padecen las familias para que sean ellas quienes eduquen a sus hij@s, no arrebatárselos para “solucionar” el problema, porque entonces estarán generando otros tantos. Tienen que prestar ayuda para superar los problemas, no evitarlos.
Pero si aún así, seguimos obcecados en juzgar y cuestionar la actuación de Maggie, decirme ¿qué habríais hecho vosotr@s en su caso? ¿Cuántas familias hay que salen adelante con niveles económicos bajos e inestables?
Y por último, ¿habríais renunciado a formar una familia? ¿Habríais renunciado a ser felices a través de ésta?
Creo que el tesón, el valor y la valentía que caracterizaba a esta familia es digno de admirar. Los que trabajan o trabajaremos por el bienestar de los demás tenemos que aprender a regalar los oídos y los ojos, imprescindible para luego obrar de forma adecuada.





