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diario de barra
La vida desde detrás de una barra de bar
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El ataque de las Marujas asesinas
Hoy ha sido un largo día en el bar. Eterno, diría yo, y es que hacer las vacaciones en septiembre implica cubrir todas las suplencias del personal que pasa el mes de agosto tumbado a la bartola en la playa. Así que a mi turno habitual de tarde, de 3 del mediodía a 12 de la noche, le he tenido que añadir 5 horitas más por la mañana, de 8 a 1.30, para ser exactos.

Lo peor no ha sido tener que hacer muchas horas. Lo peor ha sido que los lunes por la mañana, en la plaza en la que está el bar, hay mercadillo. Y donde hay un mercadillo, impepinablemente hay Marujas.

La ropa a buen precio ejerce sobre las Marujas un efecto comparable al que provoca en los tiburones un barril de 500 litros de sangre. El olor, o en este caso los gritos de: "¡Hala, nena tres bragas 3 eurooooos!" atraen a manadas de Marujas excitadas y dispuestas a morderse con saña las unas a las otras por llevarse la mejor ganga y, claro, tras el fragor de la batalla, todas van en tromba a los bares a reponer fuerzas.

54 Marujas (el aforo del bar al completo) gritan tanto que yo creo que las escucha un heavy y se le caen las greñas de puro acojone. Además, en estas fechas en las que no hay cole, vienen armadas con misiles infantiles listos para la acción. Una Maruja con un niño es más peligrosa que un Gremlin en un parque acuático. En serio.

Los niños no paran de gritar y de correr por todo el bar, y si ya es cansado e irritante servir a tantas Marujas sedientas de caféconlechedescafeinadoenvasoconlalechedesnatadaynaturalconsacarinayconlacucharillasingrabadoquecongrabadomedaangustia (en serio, yo creo que debería haber clínicas de rehabilitación para adictas al café con leche), imaginaos lo que es hacer el mismo trabajo con obstáculos que gritan como posesos (la niña del exorcista es una monja comparada con los nietos de las Marujas). Lo curioso es la reacción de una Maruja cuando intentas decirle educadamente que controle al muñeco diabólico que tiene por nieto.

-Señora, ¿podría echarle un vistazo al niño?

-Sí claro... ¡Yonataaaan! ¡Estate quieto o te suelto un guantazo que te arranco la cabeza! (Pedagógico, muy pedagógico, pero inútil porque el Yonatan sigue corriendo y gritando).

Entonces, lo más habitual es que la Maruja sienta que ya ha cumplido con su deber, se gire hacia su amiga y continúe con su cháchara inacabable:

-Pues sí, sí, la muy warra había salido de la peluquería con un tinte que parecía que le hubieran echao aguarrás. ¡Y qué vestido! ¡Y qué bolso!

Uno tiene la tentación de chivarse la próxima vez que la vea venir con la "warra" y decirle constantemente: "¡Ay, cariño, que guapísima y que jovencísima te deja el peluquero! Es divino, cúidalo."

Por más vueltas que le doy, el mundo de las Marujas siempre será un misterio para mí. Cuánto daño han hecho los programas de cotilleos...
 
 
Comentario:
Lo has clavado, cagondio, lo has clavado!!! Aunque claro, no tienes un capitulo especial para los vasos de agua? Son un clasico. Saludos oceanicos y enhorabuena por el post
 
Comentario:
cuidado con las marujas eh?????? me temo son asi como un mal inevitable pero...al menos ella no saben todo lo q decis d ellas aki jejejeje una inteligente venganza...
x cierto muchas gracias x tus palabras ;)
bye
No