Los sin nombre
Entre los clientes del bar hay un tipo de pelo largo y muy negro, barba desaliñada y gafas de psicópata, con una mirada que ya quisiera tener Hannibal Lecter. Cuando entra él, todo el mundo calla y tiembla. Es el dentista del barrio.
Los dentistas me dan pánico, y no me avergüenza decirlo, porque la consulta de un dentista es una especie de mazmorra sadomasoquista. Por desgracia, a veces el dolor nos puede y hay que ir como mal menor.
Para empezar la tortura te hacen entrar en una sala de espera con revistas del corazón en las que todavía salen fotos del viaje de novios de Carmen Sevilla, un hilo musical con los greatest hits de Perales y una Maruja con un niño. Yo creo que la Maruja y el niño forman parte de la plantilla de la clínica, porque siempre están ahí para darte ánimos.
-¿Qué dice, que le van a matar un nervio? ¡Uy, a una amiga mía le hicieron lo mismo hace poco y al dentista se le escapó la máquina y le rajó toda la encía, a la pobre! Todavía no puede comer sólido, y cuando bebe se le escapa el líquido por los lados de la boca.
Jo, el día que una Maruja se ponga a escribir historias de miedo, Stephen King se va a tener que jubilar. Lo peor, de todos modos, es cuando te viene a buscar una enfermera con bata blanca de las que salen en las pelis de miedo y por fin entras a la sala de visitas. Lo que más me aterroriza es la bandejita con las herramientas del dentista. Un taladro, un gancho de hierro, una pala... Al final no sabes si el tipo te va a arreglar la boca o si te va a montar una estantería dentro. Eso parece la mesa de trabajo de Pepe Gotera y Otilio.
En cuanto a la maquinaria, es difícil no soñar con ella. Los dos grandes clásicos son: 1. el tubito de plástico que no para de hacer GGGGGGGGJRRRRR que te absorbe toda la saliva de la boca y te la deja a punto para lijar todos los muebles de tu casa y 2. el taladro que hace SSSSSSSSSSSTSIAAAANIAAAAAAANIAAAAA, un ruido que da un mal rollo que te mueres. Por algún motivo, todos los dentistas se mueren de ganas de taladrarnos los dientes. Siempre me he preguntado si será por una tendencia natural al sadismo o si su actitud se debe a un empacho de programas de Bricomanía.
Al final, cuando el médico se da por satisfecho y te deja en paz de una vez, toca pagar una factura digna de la mejor joyería de la ciudad. Encima. Y al llegar a casa, cuando remite la anestesia, siempre notas ese dolor salvaje que hace que te preguntes: ¿será normal o se le habrá escapado el taladro y me ha rajado la encía? y ¿por qué cuando bebo se me cae el agua por los lados de la boca?
En fin, nueve de cada diez dentistas recomienda comer chicle sin azúcar. El décimo sabe cómo mantener a sus clientes.
Para todos los que no le tengáis miedo al dentista, una animación animal: la ardilla dentista (ojo, que es animal de verdad).
Los dentistas me dan pánico, y no me avergüenza decirlo, porque la consulta de un dentista es una especie de mazmorra sadomasoquista. Por desgracia, a veces el dolor nos puede y hay que ir como mal menor.
Para empezar la tortura te hacen entrar en una sala de espera con revistas del corazón en las que todavía salen fotos del viaje de novios de Carmen Sevilla, un hilo musical con los greatest hits de Perales y una Maruja con un niño. Yo creo que la Maruja y el niño forman parte de la plantilla de la clínica, porque siempre están ahí para darte ánimos.
-¿Qué dice, que le van a matar un nervio? ¡Uy, a una amiga mía le hicieron lo mismo hace poco y al dentista se le escapó la máquina y le rajó toda la encía, a la pobre! Todavía no puede comer sólido, y cuando bebe se le escapa el líquido por los lados de la boca.
Jo, el día que una Maruja se ponga a escribir historias de miedo, Stephen King se va a tener que jubilar. Lo peor, de todos modos, es cuando te viene a buscar una enfermera con bata blanca de las que salen en las pelis de miedo y por fin entras a la sala de visitas. Lo que más me aterroriza es la bandejita con las herramientas del dentista. Un taladro, un gancho de hierro, una pala... Al final no sabes si el tipo te va a arreglar la boca o si te va a montar una estantería dentro. Eso parece la mesa de trabajo de Pepe Gotera y Otilio.
En cuanto a la maquinaria, es difícil no soñar con ella. Los dos grandes clásicos son: 1. el tubito de plástico que no para de hacer GGGGGGGGJRRRRR que te absorbe toda la saliva de la boca y te la deja a punto para lijar todos los muebles de tu casa y 2. el taladro que hace SSSSSSSSSSSTSIAAAANIAAAAAAANIAAAAA, un ruido que da un mal rollo que te mueres. Por algún motivo, todos los dentistas se mueren de ganas de taladrarnos los dientes. Siempre me he preguntado si será por una tendencia natural al sadismo o si su actitud se debe a un empacho de programas de Bricomanía.
Al final, cuando el médico se da por satisfecho y te deja en paz de una vez, toca pagar una factura digna de la mejor joyería de la ciudad. Encima. Y al llegar a casa, cuando remite la anestesia, siempre notas ese dolor salvaje que hace que te preguntes: ¿será normal o se le habrá escapado el taladro y me ha rajado la encía? y ¿por qué cuando bebo se me cae el agua por los lados de la boca?
En fin, nueve de cada diez dentistas recomienda comer chicle sin azúcar. El décimo sabe cómo mantener a sus clientes.
Para todos los que no le tengáis miedo al dentista, una animación animal: la ardilla dentista (ojo, que es animal de verdad).
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He ido esta mañana y qué mal... me paso todo el rato agarrada al asiento hasta que se me ponen blancos los nudillos. Aún tengo media boca dormida. Nunca mais!!
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Hey, Donjon, mas quitao las ganas de ir al matasanos... Por cierto, que lo tuyo son las maris, ein? Te persiguen
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Es que los dentistas.....me los imagino de pequeños diciendo: "yo de mayor quiero hacer sufrir a la gente". Dentista fijo.
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Ay que ver como me has animado!
Y pensar que empiezo en Septiembre a arreglarme unos desperfectos dentales... ayssss...
Ahora mismo voy a cortarme las venas con la espumadera :´-(
kisses!
Y pensar que empiezo en Septiembre a arreglarme unos desperfectos dentales... ayssss...
Ahora mismo voy a cortarme las venas con la espumadera :´-(
kisses!
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vos si q tenes mala suerte con lo d los dentistas eh?.. x aki cuando yo voy t puedo asegurar no lo paso mal y no tengo ningun tipo de dolor :p, eso si el pago no es barato jajajaja...gracias x enlazarme