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La vida desde detrás de una barra de bar
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Desacato
Antes, los globos sonda eran mensajes de contenido polémico que algún político descerebrado transmitía a la opinión pública “a ver si cuela”. La aberración intelectual generalmente no colaba y el político se la envainaba al grito vehemente de “yo JAMÁS he dicho eso”, cuando no aplicaba el consabido donde dije digo, digo Diego y aseguraba que la afirmación de marras era una simple propuesta o alguna majadería semejante.

La actuación policial de ayer en la Plaça Catalunya de Barcelona fue una vergonzosa, chapucera y truculenta versión policial de esos antiguos mensajes impopulares seguidos de una huida por piernas del cobarde e inepto político responsable. Un desalojo “a ver qué pasa” camuflado entre los camiones de la basura y la excusa estomagante de una limpieza de la plaza que ha terminado consistiendo, fundamentalmente, en una incautación de material y un apaleamiento injustificable de ciudadanos. Mención especial merece el hecho de que los presuntos encargados de velar por nuestra seguridad no van identificados en modo alguno porque se cuidan bien de ocultar su número con el equipo, lo cual, sumado al hecho de que el casco les tapa completamente la cara, les garantiza un cómodo anonimato a la hora de dar rienda suelta a su agresividad.

Ante un desaguisado de este calibre, cabría esperar unas explicaciones de gran alcance y notable lucidez, pero Felip Puig, el consejero de Interior de la Generalitat de Catalunya no está a la altura. Ni por asomo. De hecho, su intervención ante los medios de ayer fue tan delirante que merece ser desmenuzada para que entendamos en manos de quién está la seguridad del pueblo catalán.

Este insidioso personaje justifica el uso de la fuerza alegando que hubo “resistencia y alteración del orden público por parte de algunas personas” en el momento de la entrada de los camiones de limpieza, y ahí lleva mucha razón. Hubo resistencia pacífica por parte de los manifestantes y alteración del orden público por parte de los Mossos d’Esquadra y la Policía Local. Os invito a mirar uno a uno a los integrantes de la primera línea de este grupo de manifestantes. Ahora veamos esta otra imagen. En esta otra fotografía se ve incluso una pieza de la silla de ruedas rota en el suelo. Claramente, esas personas con las manos levantadas, algunas descalzas, eran una muestra de los violentos a los que se refería Puig.

En un alarde de falta de concentración, el consejero prosiguió diciendo que él no ordenó el desalojo, sino que se permitiera la limpieza de la plaza de cara a la posible celebración mañana de los aficionados del Barça. A ver si nos vamos afilando las neuronas, señor consejero, que hablamos de asuntos serios: los servicios de deportes de TV3, mucho más ágiles mentalmente (aunque no así sus servicios informativos, que muestran una lamentable falta de valentía en la cobertura de las manifestaciones), han trasladado la posible fiesta al cercano Arc de Triomf y, que yo sepa, la Generalitat jamás se ha encargado de su organización. Por otra parte, la anteposición de una celebración deportiva a una manifestación ciudadana de esta magnitud, muestra hasta qué punto tienen razón los manifestantes cuando hablan de la corrupción de los valores éticos y morales de la clase política.

También sostiene el consejero que se intentó avisar a los manifestantes a las siete de la mañana de que se iba a hacer limpieza para que pudieran irse tranquilamente, pero que no hubo manera de negociar con ellos. Ante esto, caben dos alegaciones. En primer lugar, la limpieza no suele hacerse con pelotas de goma y a golpe de porra o, al menos, yo no limpio así en mi casa. Por otro lado, tremenda falta de competencia la de unos negociadores que intentan entablar diálogo con un grupo numeroso de gente (450 personas según el propio político) y desisten transcurridas apenas 3 horas.

En cuanto a la cifra de 37 agentes heridos, me la creo y no me extraña: conducen como locos y ni siquiera ven a los peatones, como puede verse en este vídeo, y en esta serie de fotos se ve claramente que incluso llevan medio cuerpo fuera de la furgona. Lo más normal es que hayan estrellado por lo menos un par de vehículos. Además, viendo que sus compañeros creaban altercados y atacaban a ciudadanos indefensos, es posible que hayan decidido golpearse los unos a los otros. En cuanto a la afirmación final de que “La policía ha tenido que intervenir, respondiendo siempre, ante la violencia de algunas personas”, basta con repasar la secuencia de fotos anterior o este vídeo. Y una última reflexión: si tantas agresiones ha habido por parte de “algunas personas”, ¿dónde están esas fotos? ¿Dónde están las imágenes que prueban que los Mossos se defendían?

Así pues, el responsable último de la carga contra la ciudadanía de ayer por la mañana miente. Simple y llanamente. De un modo miserable o por desinformación, lo cual sería doblemente deshonroso a tenor de su cargo. Las heridas en la espalda de los manifestantes gritan que les han golpeado mientras huían, los vídeos nos hablan de agresiones desproporcionadas y por detrás a manifestantes sentados, los testigos denuncian golpes a diestro y siniestro por parte de agentes sin identificar. A favor de la actuación policial tenemos sólo la palabra de los propios políticos desprestigiados que han incitado esta acción. Ni una foto. Ni un vídeo. Ni un testigo.

No, este globo sonda de última generación no cuela. Esto ha sido un ataque contra nuestras libertades civiles y les hemos pillado. Sigamos jugando, pues, como perros y gatos. Nosotros apenas hemos empezado y les van a faltar balas de goma para tanto gato. pero la próxima vez que nos echen a sus perros, en lugar de ir entre camiones de la basura, mejor que vayan dentro. En la caja. Será mucho más adecuado.
 
The Spanish Revolution
No lo entienden. Supongo que el sistema político en general está todavía lastrado por las costumbres achacosas de la transición y no lo entienden. ¿Cómo es posible que una protesta que el domingo movilizaba a cuatro gatos apenas cinco días después se haya convertido en una revolución de alcance nacional de la que se han hecho eco todos los medios del mundo? ¿Cómo puede ser que un pueblo en general dócil y atolondrado decida rebelarse contra una decisión de la Junta Electoral Central avalada por el Tribunal Supremo y oponerse a la prohibición de manifestarse? ¿Qué quieren los que gritan? ¿Qué piden?

Vuelvo a casa tras asistir a una de las concentraciones con un dulcísimo sabor de boca. La manifestación discurre con calma, en un ambiente festivo, sin banderas, sin etiquetas, sin diferencias insalvables. Una reunión festiva, sí, pero de ningún modo frívola. He escuchado a gente hablando de política sin que pudiera deducirse por sus palabras a qué partido iban a votar el domingo. He visto a gente jugando a ajedrez entre los manifestantes, ignorando en gran medida la carga política de la convocatoria pero prestándole apoyo con su presencia. He presenciado el llanto de gente mayor emocionada ante la protesta. Una multitud heterogénea en la calle, lejos del televisor, lejos de cualquier intento de manipulación, decidida a no dejarse engañar ni por “los suyos” ni por “los otros”. Gente que debate en asamblea justo lo que se preguntan los políticos: qué quieren.

Mientras tanto, las autoridades y la mayoría de representantes políticos actúan como las hormigas ante una lluvia de arena. El gobierno del PSOE trata de capear el temporal como buenamente puede, tratando de pescar votos de forma vergonzosa entre los manifestantes. Por su parte, la oposición del PP hace gala de una hipocresía sublime y pide que se desalojen las plazas usando todos los recursos necesarios (plazas llenas de gente mayor y niños, dato que conocen sobradamente), al tiempo que usan las manifestaciones como arma arrojadiza contra sus rivales. De su elegancia hacia los manifestantes, mejor no hablar . La Junta Electoral Central, indecentemente politizada , hace gala de una falta de documentación sonrojante y prohíbe las concentraciones a pesar de que su competencia para hacerlo es más que dudosa y aunque si algo queda claro al poco tiempo de pasearse entre los manifestantes es que no se pide en absoluto el voto para nadie ni se pretende aleccionar políticamente a los asistentes. Su argumento referente al derecho de los ciudadanos a acudir a las urnas sin que nadie les coaccione ni entorpezca su acceso a los colegios electorales es de una memez tan sublime que no merece mayores comentarios. El Tribunal Supremo, como si no estuviera ya lo bastante desacreditado, escurre el bulto y evita con un tecnicismo terciar en un problema histórico. El Constitucional también exhibe su incompetencia más absoluta y no se moja porque está de fin de semana. Está visto que el sábado y el domingo son días muy malos para que haya una crisis nacional.

No lo entienden y habrá que explicárselo. Este movimiento es un despertador. Una llamada desde la Tierra. Durante treinta y cinco años, la clase política ha sesteado entre debates vacíos y discusiones vergonzantes propias de tertulianos de programa infumable de la tarde, gobernando desde su mundo imaginario particular de coches oficiales y trajes caros de procedencia dudosa. Pan y circo para los ciudadanos y cheques para los amigos, con una conveniente rotación cíclica en el poder para que cobren los amigos de todo el mundo. El sistema funcionaba mientras el circo adormilaba las mentes, el pan calmaba los ánimos y los amigos hacían el agosto revendiendo los cheques al pueblo a un precio desorbitado pero asumible, pero se acabó el pan, los amigos han decidido invertir su dinero en cosas mejores y más rentables que el pueblo y la gente contrasta la información y ya no está dispuesta a tragarse el circo de los medios sin hacer preguntas. Se exige información y no pantomimas de vergüenza ajena. Los concentrados ya no son los contados parias idealistas de siempre; ahora tienen amigos de todas las edades y condiciones sociales. Las reglas están cambiando, y las imposiciones han hastiado a una gran parte de dormilones que han decidido levantarse de la cama y salir a jugar.

Queridos mandamases, queridos vigilantes: se acabó el domingo perpetuo, bienvenidos al doloroso lunes. Sin nosotros no sois nada, y nosotros ya no somos de nadie. Las amenazas ya no nos dan miedo. ¿Queréis calmarnos, amigos políticos? Pues a trabajar, holgazanes. ¿Quién vigila a los vigilantes? Nosotros. Nosotros vigilamos a los vigilantes. Y ahora estamos muy despiertos.
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