Prensa
En todo bar que se precie hay un camarero con cara de mala leche, una botella de coñac caro cubierta de polvo y pelusilla y, como mínimo, un periódico.
El periódico de un bar dice mucho tanto del local como de sus clientes. Un consejo: si a las tres de la tarde te sientas en un bar a comer y el periódico tiene más aceite que la freidora y está lleno de garabatos, puedes darte una comilona con total tranquilidad porque el bar tiene una nutrida parroquia y por algo será. Sin embargo, si el periódico está impecable y ni siquiera tiene resueltos los crucigramas... ¡Tiembla! Y de paso no seas maleducado y saluda a la ensaladilla rusa, que con el tiempo que debe llevar ahí probablemente debe haber cobrado vida.
El tipo de periódico que encuentras sobre la barra también dice mucho acerca del local. Si el bar es moderno y elegante, seguro que encuentras El País y alguna revista del tipo MUY INTERESANTE . SI es un bar de barrio, no suelen faltar el Marca o El mundo deportivo (según los colores delequipo del dueño), y por último, si es un bar de los castizos con fotos de Franco colgadas en las paredes y un dueño-camarero más de derechas que Le Pen, pensad que siempre es mejor hojear el ABC que mirar el techo. Además, en este último tipo de locales tampoco suele faltar la famosa revista que todo el mundo lee por sus interesantes reportajes: ¡el Interviú!.
Por otra parte, tampoco tiene desperdicio la actitud de los clientes ante el periódico. En principio, y ya que las páginas están numeradas, lo normal sería que los clientes lo leyeran comenzando por la primera plana y fueran pasando las páginas hasta el final, pero en el bar he visto de todo. Los más numerosos son los que empiezan por la página de deportes o por la programación de la tele, pero también hay quien hace todo un ritual semisatánico de la lectura del diario. El cliente más raro que he visto en este aspecto es uno que entra de vez en cuando y empieza el periódico por las esquelas, como si quisiera comprobar que no se ha muerto. Lo peor es que va comentando quién ha fallecido como el que comenta un partido de fútbol. Sobre gustos no hay nada escrito, pero el de este tipo da algo de miedo.
Yo, por si acaso me acabo volviendo igual de raro que el tipo este, seguiré leyendo El Jueves y las noticias ya las veré por la tele.
P.S. Hoy he sido la afortunada víctima de un pequeño episodio paranormal. A media mañana, al echarle un ojo al contador de visitas de la página como todos los días para comprobar si me quedaban lectores, la cifra que ha aparecido me ha dejado de piedra. Cerca de 100 visitas a una hora en la que los días más concurridos tengo unas 15. Hacia la una del mediodía, el contador rozaba las 170 y la cifra ha seguido subiendo hasta pasar las 220 a las 3. Finalmente, alguien me ha sacado de mi asombro al dejarme un comentario en el que me explicaba que había aparecido una pequeña reseña de la bitácora en El País. Al final, el número total de visitas ha sido de 384, una barbaridad para una página que tenía unas 40 de media.
Para acabar, un enlace para los que pensaban que en el arte ya estaba todo dicho:
-Arte con arena.Es un vídeo que hay que descargar pero vale la pena, hacedme caso. Ah, y está libre de virus, que lo sepáis. (enlace encontrado en la web de one, imprescindible por sí misma).
El periódico de un bar dice mucho tanto del local como de sus clientes. Un consejo: si a las tres de la tarde te sientas en un bar a comer y el periódico tiene más aceite que la freidora y está lleno de garabatos, puedes darte una comilona con total tranquilidad porque el bar tiene una nutrida parroquia y por algo será. Sin embargo, si el periódico está impecable y ni siquiera tiene resueltos los crucigramas... ¡Tiembla! Y de paso no seas maleducado y saluda a la ensaladilla rusa, que con el tiempo que debe llevar ahí probablemente debe haber cobrado vida.
El tipo de periódico que encuentras sobre la barra también dice mucho acerca del local. Si el bar es moderno y elegante, seguro que encuentras El País y alguna revista del tipo MUY INTERESANTE . SI es un bar de barrio, no suelen faltar el Marca o El mundo deportivo (según los colores delequipo del dueño), y por último, si es un bar de los castizos con fotos de Franco colgadas en las paredes y un dueño-camarero más de derechas que Le Pen, pensad que siempre es mejor hojear el ABC que mirar el techo. Además, en este último tipo de locales tampoco suele faltar la famosa revista que todo el mundo lee por sus interesantes reportajes: ¡el Interviú!.
Por otra parte, tampoco tiene desperdicio la actitud de los clientes ante el periódico. En principio, y ya que las páginas están numeradas, lo normal sería que los clientes lo leyeran comenzando por la primera plana y fueran pasando las páginas hasta el final, pero en el bar he visto de todo. Los más numerosos son los que empiezan por la página de deportes o por la programación de la tele, pero también hay quien hace todo un ritual semisatánico de la lectura del diario. El cliente más raro que he visto en este aspecto es uno que entra de vez en cuando y empieza el periódico por las esquelas, como si quisiera comprobar que no se ha muerto. Lo peor es que va comentando quién ha fallecido como el que comenta un partido de fútbol. Sobre gustos no hay nada escrito, pero el de este tipo da algo de miedo.
Yo, por si acaso me acabo volviendo igual de raro que el tipo este, seguiré leyendo El Jueves y las noticias ya las veré por la tele.
P.S. Hoy he sido la afortunada víctima de un pequeño episodio paranormal. A media mañana, al echarle un ojo al contador de visitas de la página como todos los días para comprobar si me quedaban lectores, la cifra que ha aparecido me ha dejado de piedra. Cerca de 100 visitas a una hora en la que los días más concurridos tengo unas 15. Hacia la una del mediodía, el contador rozaba las 170 y la cifra ha seguido subiendo hasta pasar las 220 a las 3. Finalmente, alguien me ha sacado de mi asombro al dejarme un comentario en el que me explicaba que había aparecido una pequeña reseña de la bitácora en El País. Al final, el número total de visitas ha sido de 384, una barbaridad para una página que tenía unas 40 de media.
Para acabar, un enlace para los que pensaban que en el arte ya estaba todo dicho:
-Arte con arena.Es un vídeo que hay que descargar pero vale la pena, hacedme caso. Ah, y está libre de virus, que lo sepáis. (enlace encontrado en la web de one, imprescindible por sí misma).
Cualquier tiempo pasado fue mejor (o no)
Últimamente parece estar de moda la nostalgia. Cada vez más, la gente de mi generación (nacidos entre el 73 y el 78, más o menos) recuerda con melancolía nuestras meriendas, los programas de la tele, los juguetes de la época y un montón de cosas que, al parecer, te tienen que emocionar mucho si no eres un desarraigado. Las series del tipo "Cuéntame..." y los documentales sobre la transición triunfan que da gusto entre los mayores y las reapariciones de artistas como los Hombres G o María Jiménez invitan a volver la vista atrás en el tiempo.
Por mucho que triunfe la nostagia, viendo la vida que lleva mi sobrino de doce años me siento como si mi infancia hubiera transcurrido en la prehistoria. Y es que ahora a un niño le preguntas "¿Cómo va todo?" y lo más probable es que te conteste algo así como "K qres k te dg, n v ml".
La cosa no se limita sólo a que en vez del walkie talkie cutre con el que jugábamos de pequeños los niños de ahora lleven unos móviles de última generación que provocarían la envidia de Bill Gates. La infancia de los críos de hoy en día le pega cien mil patadas a la que llevamos nosotros en su momento, por mucho que nos duela admitirlo. ¿Que tú te ponías las botas con los Tigretones y las Panteras Rosas? Ellos se las ponen con sus yogures bioenergéticos y sus zumos multifrutas. ¿Que tú te pasabas tardes enteras en el futbolín? Ellos se las pasan jugando al FIFA 2005 con una técnica que si los ve Ronaldinho se echa a llorar. ¿Que tú tirabas dos mochilas al suelo, decías que eran una portería y te ponías a jugar a fútbol con los amiguetes? Ellos juegan igual (con las mismas patadas asesinas y todo), pero en unas instalaciones de colegio que ya las quisieran para sí el Madrid o el Barça.
Y lo peor eran los dibujos. Vale que nosotros alucinábamos con Dragones y Mazmorras o Mazinger Z, pero es que había series realmente infumables que nos enganchaban hasta convertirnos en auténticos yonquis de la tele. La que más recuerdo era Campeones, los dibujos animados de fútbol con los lanzamientos de penalty más largos de la historia y los balones de fútbol más pesados del mundo. ¿A qué velocidad iría el balón en esos partidos para que entre el momento en que un jugador lo chutaba y el instante en que llegaba a la portería al protagonista le diera tiempo a hacer un flashback que duraba tres episodios?
Oyes, que sí, que lo nuestro era una infancia artesanal, pero leches, con que gusto hubiera cambiado yo mi Sega Master System por una buena Play Station 2.
Hoy un link para nostálgicos: ¿Te acuerdas? Muy útil para rellenar esos incontables test de Excell sobre series antiguas de dibujos animados.
Y en otro orden de cosas, un juego nuevo de teagames: recoge estrellitas con la bici (seré muy malo, pero no me paso ni la primera pantalla).
Por mucho que triunfe la nostagia, viendo la vida que lleva mi sobrino de doce años me siento como si mi infancia hubiera transcurrido en la prehistoria. Y es que ahora a un niño le preguntas "¿Cómo va todo?" y lo más probable es que te conteste algo así como "K qres k te dg, n v ml".
La cosa no se limita sólo a que en vez del walkie talkie cutre con el que jugábamos de pequeños los niños de ahora lleven unos móviles de última generación que provocarían la envidia de Bill Gates. La infancia de los críos de hoy en día le pega cien mil patadas a la que llevamos nosotros en su momento, por mucho que nos duela admitirlo. ¿Que tú te ponías las botas con los Tigretones y las Panteras Rosas? Ellos se las ponen con sus yogures bioenergéticos y sus zumos multifrutas. ¿Que tú te pasabas tardes enteras en el futbolín? Ellos se las pasan jugando al FIFA 2005 con una técnica que si los ve Ronaldinho se echa a llorar. ¿Que tú tirabas dos mochilas al suelo, decías que eran una portería y te ponías a jugar a fútbol con los amiguetes? Ellos juegan igual (con las mismas patadas asesinas y todo), pero en unas instalaciones de colegio que ya las quisieran para sí el Madrid o el Barça.
Y lo peor eran los dibujos. Vale que nosotros alucinábamos con Dragones y Mazmorras o Mazinger Z, pero es que había series realmente infumables que nos enganchaban hasta convertirnos en auténticos yonquis de la tele. La que más recuerdo era Campeones, los dibujos animados de fútbol con los lanzamientos de penalty más largos de la historia y los balones de fútbol más pesados del mundo. ¿A qué velocidad iría el balón en esos partidos para que entre el momento en que un jugador lo chutaba y el instante en que llegaba a la portería al protagonista le diera tiempo a hacer un flashback que duraba tres episodios?
Oyes, que sí, que lo nuestro era una infancia artesanal, pero leches, con que gusto hubiera cambiado yo mi Sega Master System por una buena Play Station 2.
Hoy un link para nostálgicos: ¿Te acuerdas? Muy útil para rellenar esos incontables test de Excell sobre series antiguas de dibujos animados.
Y en otro orden de cosas, un juego nuevo de teagames: recoge estrellitas con la bici (seré muy malo, pero no me paso ni la primera pantalla).