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diario de barra
La vida desde detrás de una barra de bar
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Cerrado por vacaciones
El mejor momento de las vacaciones es cuando, el primer lunes que tienes libre, te despiertas a las 10 de la mañana, piensas "joder, me he dormido" y de pronto recuerdas que estás de vacaciones y que la maldición del despertador está inoperante al menos durante unos días.

Este es el despertar con el que soñamos todos durante todo un año, y cuando se acerca el verano se comienza a hacer patente la cercanía del momento anhelado porque todo el mundo viene al bar a desayunar con una sonrisa en los labios. En esta época, cualquier excusa es buena para hablar de las vacaciones:

-¿Uno solo?
-Sí, uno solo, yo sólo lo tomo con leche en Asturias, que la leche es más fresca y... ¿te he contado que voy de vacaciones a Asturias?


Como quince veces, campeón, pero total, una más...

Además, lo de las vacaciones me recuerda a las batallitas de la mili de algunos de mis amigos mayores. Siempre cuentan que todos los reclutas sabían los días exactos que les quedaban para terminar el servicio militar, y en el bar escuchas conversaciones que parecen propias de uno de estos cuarteles:

-Hombre, Miguel, ¿cuándo te vas de vacaciones?
-Dentro de una semana, tres días, seis horas, veinte minutos y (mirando el reloj) catorce, trece, doce, once segundos...

Esta ansiedad por irse y la alegría por la proximidad de las vacaciones contrastan con la mala leche digna de Fraga con un ataque de ira y la cara de sicario despiadado que caracterizan el síndrome postvacacional. El uno de septiembre, con la vuelta al trabajo de la mayoría de los clientes del bar, el clásico "buenos días, nene" con el que te suelen saludar los Manolos (nombre afectuoso que reciben los maridos de las Marujas) queda sustituido por un escueto "un carajillo de coñá, que me voy" que desaconseja cualquier intento de conversación. Durante un par de meses, los gruñidos y las caras de depresión profunda están a la orden del día.

A mí estos días me toca el síndrome prevacacional. Finalmente, y no sin un largo regateo, he conseguido un par de billetes a París. Me han asegurado que casi un 30 % de los aviones de la compañía con la que vuelo (Crashing Airlines, o algo así) no se estrellan y como he tenido suerte me ha tocado un asiento de los que no llevan pedales ("Con lo que paga, ¿qué quiere? ¿Que el avión lleve motor?") . Además me han dado un hotel junto al cementerio de Montparnasse, muy céntrico (a sólo dos días de camino de la Torre Eiffel) y con un vecindario al parecer muy tranquilo (¿Un hotel al lado de un cementerio? ¿Quién será el dueño? ¿Norman Bates?)

Cuando les he preguntado si en el precio iba incluido el traslado del aeropuerto al hotel, las dos chicas de la agencia (muy metrosexuales y muy desneuronadas) me han dado unas palmaditas en la espalda y me ha parecido oirles decir muy bajito: "Pobrecito, qué lástima".

En fin, que durante dos semanas estoy de vacaciones mochileras. Trataré de escribir algo desde allí, una especie de pequeña postal para los cuatro lectores que me alegráis los comentarios. Si no puedo escribir antes, os espero de vuelta en quince días. Portaos bien y no hagáis nada que yo no haría (así que, ¡carta blanca para todos!).

Hoy en los enlaces:

-jueguito para empresarios: triunfa en París! (algo complicado, pero distraido)

-Visita virtual al Louvre (vale mucho la pena, no sólo de Cronicas Marcianas, Grandes Hermanos y Operaciones Triunfo vive el hombre)

-Y un juego de propina: lleva el palo de una piscina a otra sin tocar los bordes.
 
zapping
Una de las cosas positivas de pasar muchas (demasiadas) horas al día detras de la barra es que no tienes tiempo para ver la tele. Gracias al horario asesino de un bar, he conseguido por primera vez no saber nada de Gran Hermano, Operación Triunfo ni lindezas similares, porque la programación que emite la tele de un bar es bastante reducida y no incluye este tipo de emisiones nocivas. El televisor de un bar emite fútbol, noticias o videoclips y se acabó lo que se daba. Una programación sencillita y poco agotadora para las neuronas de los clientes.

Como estaba un poco harto de la pelotita, del señor de la corbata que sólo habla de masacres y políticos y de las cantantes de moda que enseñan cuerpo serrano e interpretan canciones horrendas, hace poco decidí abonarme al canal satélite para poder ver algo interesante en casa al salir de trabajar.

Inocente de mí, pensé que entre tantos canales alguno habría en el que emitieran algo interesante a cualquier hora del día, pero lo único que descubrí es que el ser humano es capaz de pasar cerca de una hora cambiando de canal compulsivamente sin perder los nervios. ¿Cómo es posible hacer zapping entre más de 100 canales y no encontrar nada bueno? Curiosamente, en general los canales son de 3 temáticas: informativos, musicales y deportivos. ¿No querías caldo? Pues dos tazas. Ah, eso sí, también hay un canal Gran Hermano y un Canal OT por si pensabas que podías huir de los programitas de marras. ¡Socorro!

Al final, he acabado por pensar que la teletienda que dan en cualquier cadena a las 4 de la mañana tampoco está tan mal. Hasta le estoy cogiendo cariño a los presentadores. El día menos pensado me compro un ABShaper de esos y me pongo hecho un Ricky Martin (o no).

Hoy el enlace es a un juego que me ha enviado Mike (gracias!): Prepara pitas a toda pastilla!

Y un par de propina:

-un juego adictivo digno de una cadena de pelis japonesas: samurai!

-y para los canales de deportes, uno de bicis!
 
¡Socorro, mamá!
La gente suele pensar que un camarero es un amo de casa perfecto. Como nos pasamos el día sirviendo cafés, lavando platos y copas, limpiando el local y poniendo y recogiendo mesas, la suposición no es nada descabellada pero, al menos en mi caso, es más falsa que un Goya pintado con bolígrafos de colorines. Por razones ocultas para mí, en cuanto me enfrento a las tareas del hogar tengo más peligro que Hulk acariciando un pollito.

Lo peor es la cocina. Cuando voy de invitado a casa de alguien, siempre me preguntan si sé preparar tal o cual salsa, o cómo creo que va a quedar mejor el pollo. Viene a ser como preguntarle a un camillero cuál es el método más adecuado para hacer la incisión que permita operar a un paciente a corazón abierto.

-¿Te parece que lo podemos hacer a las finas hierbas o mejor lo preparamos con un poquito de salsa romesco para innovar?
(¿Mande lo qué?) -A las finas hierbas quedará buenísimo.


Si consigues decir esto último con cara de póker, todo el mundo asentirá con un gesto servil y el pollo se hará a las finas hierbas porque lo has sugerido tú, y después el cocinero o la cocinera hablará a sus amistades de tu buen criterio en la cocina. La realidad, sin embargo, es bien distinta. Yo admiro a Arguiñano porque para mí, la cocina es la máquina de quemarme las manos, y el cuchillo es la máquina de hacerme cortes en los dedos.

Esta torpeza es aplicable al resto de tareas domésticas. Mi microondas es de esos que sólo les falta arroparte cuando te acuestas, un aparato teóricamente de uso fácil e intuitivo, pero nunca he sabido más que conectarlo durante 2 minutos a máxima potencia para hacerme palomitas. Cuando intento descongelar un bistec, por ejemplo, me tengo que poner el equipo completo de artificiero para poder bregar con este otro cacharro asesino.

En cuanto a la lavadora, tantos años con ella y sólo sé ponerle un programa. Además, la muy puñetera se come un calcetín de cada par. ¿A alguien más le pasa? Yo creo que lo hace por vengarse de la monotonía a la que la tengo castigada. A veces parece estar a punto de decirme: "Anda, tonto, ponme a centrifugar... Si no te cuesta nada... Al menos me podrías poner un programa sencillito a media carga, ¿no?". Y lo de doblar la ropa no se me da mucho mejor. Creo que me resultaría más fácil aprender arameo que aprender a doblar una blusa como Dios manda.

Siempre me he preguntado cómo se las apañaba mi abuela para, con 80 años cumplidos, tender la ropa, poner otra lavadora, preparar la comida, poner la mesa y limpiar la cocina simultáneamente. La evolución debe estar dando marcha atrás para corregir errores o nuestros antepasados eran una panda de superdotados de agárrate y no te menees.

Hoy los enlaces van de tareas domésticas:

.-recoge los platos que te lanzan en la cocina! (dificilísimo)


-Curso de formación para hombres. A este me tenía que apuntar yo, pero no ponen la dirección ni el teléfono ni nada.
 
Viaje con nosotros
El lunes que viene me voy de vacaciones. Como sé lo que pasará si me quedo en la ciudad a descansar ("oye, que el lavavajillas no funciona, ¿puedes pasar por el bar un momento?", "oye, que fulanito está enfermo, ¿puedes venir esta tarde?", etc.), he ido a la agencia de viajes a consultar precios para poner pies en polvorosa durante mis días libres.

Mi primera idea era ir a París, un destino relativamente cercano y que, iluso de mí, pensaba que no sería extremadamente caro. Sin embargo, por lo que he podido comprobar, sale más barato viajar a Egipto en primera, alojarse en un hotel de cinco estrellas, comer como un rey, comprarse una pirámide con momia y todo, hacerla envolver en papel de regalo con un lacito gigante y traérsela de vuelta a España para plantarla en el jardín como si fuera un vulgar enanito que ir a París en tren borreguero y dormir dos noches bajo un puente del Sena. Total, que si no me surge ningún patrocinador, este año no hay viaje a París.

Como lo de ir por ahí comprando momias siempre me ha dado un poco de repelús, he pensado que lo mejor era hacer turismo nacional. Puedes viajar en tren, que es más barato, y una vez llegas al lugar elegido, te buscas la vida para encontrar alojamiento y te montas las excursiones por tu cuenta. La idea era atractiva hasta que he recordado qué pasó la última vez que lo hice. Fui a Cádiz por carnavales y, efectivamente, todo era barato. El problema es que cuando uno va de vacaciones pierde la cordura y quiere vivir a tutiplén, así que, como todo era tan barato, en los 15 días que estuvimos allí:

-compramos dos billetes de tren directo a Cádiz ida y vuelta (300 euros)
-alquilamos un buen apartamento con vistas al mar (600 euros)
-bebimos unas 30 pintas de Guinness (90 euros)
-y unas 60 coca-colas (60 euros)
-comimos unas 30 hamburguesas del bar de al lado (75 euros)
-realizamos unos 15 trayectos en taxi al centro (60 euros)
-compramos 25 CDs de chirigotas, coros y comparsas (250 euros)
-compramos un discman para escuchar los CDs (40 euros)
-y pilas (5 euros)
-compramos regalos para las respectivas familias (150 euros)-fuimos 8 veces al cine (40 euros)
-compramos un par de juegos de mesa para no aburrirnos por la noche (30 euros)
-y otros 250 euros se fueron en supermercados, bares, kioskos y otros gastos.

En total, se nos fueron 1950 euros en 15 días. ¡Lo que yo os decía, tirado de precio! Los del banco aún se sonríen cuando se cruzan conmigo por la calle.

En resumen: disculpe, señorita, ¿cuánto ha dicho que costaba el viaje a París?

-Si no os dan repelús las momias, entrad en el juego del siguiente enlace: Huye de la momia!

-Seguimos con juegos Egipcios: La tumba del faraón!

-Si queréis algo más parisino que os recuerde a Eurodisney, un juego más difícil que chuparse un codo (¿Lo habéis probado alguna vez?): Ala Delta chungo de la Disney!

 
La venganza de las Marujas
Esta mañana he ido a realizar, por segunda vez, el examen de conducir. Fracaso estrepitoso nuevamente, pero es que no me extraña: por algún motivo misterioso, todas las examinadoras de tráfico de Barcelona son Marujas y huelen a la legua que no las soporto.

La Maruja de hoy era de estampa clásica: vestido azul fluorescente (redecoraba el coche, porque con el reflejo del sol parecía que hubiéramos pintado el interior del Seat Ibiza con zumo de pitufos), permanente digno de la más exótica de las cacatúas y voz chirriante de abuelita que ha acumulado años y años de cazalla en su organismo. Para empezar con buen pie, se ha acercado al coche, me ha dicho: "Es mi hora del almuezo" y se ha ido a desayunar, dejándonos al profesor y a mí con un palmo de narices bajo un sol de justicia y sin saber a qué hora se le iba a antojar volver a la condenada.

Lo peor ha sido cuando ha subido al coche, me ha hecho firmar el acta y ha empezado a hablar:

-Adecúe la velocidad a las circustacias de la vía y si no le digo nada siga de fete. Si no le queda claro algún conceto o no m'entiede aguna idicación, pegunte lo que estime conveniete.

La primera consulta que se me ha ocurrido es "Señora, ¿qué le pasa en la boca?", pero no me ha parecido "conveniete peguntarlo" en voz alta. Tampoco le he preguntado lo segundo que me ha pasado por la cabeza: "Señora, ¿no cree que se toma los carajillos demasiado cargados?"

En el examen la cosa no iba tan mal hasta que me he intentado meter por una calle a cuya entrada había una señal vertical de "Prohibido autoescuelas". Nada que decir, he metido la pata hasta el fondo del cubo. Problema: mi profesor ha frenado el coche cuando las ruedas delanteras ya estaban dentro de la calle, con lo que estábamos detenidos completamente atravesados en mitad de una de las principales calles de la ciudad y sin mucho margen de maniobra si no me quería saltar la dichosa señal. Vamos, había metido la pata en el cubo y era difícil sacarla.

En ese momento ha atacado Murphy. El semáforo para los vehículos que circulaban por la calle principal, de cuatro carriles, se ha puesto en verde y algunos querían entrar a la calle en cuya entrada estaba yo atascado. Pronto el embotellamiento ha sido bestial, y la examinadora , señora de sangre fría, al ver que había coches por todos lados y que la salida era imposible ha dado su iluminada opinión.

-Ahora no podemos salir porque de fete no podemos ir. No sé yo si cotinuar.

Ah, pues nada, señora, ¡haberlo dicho antes! Si no podemos "cotinuar" nos bajamos los "tes" del coche y nos vamos a tomar una "cevecita". Total, sólo nos han pitado unos 30 coches, 20 me han dicho "mecagontostusmuertos" con voz aterciopelada y otros 10 han estado a punto de pegársela intentando esquivarme.

Al final he aplicado algo de lo que las Marujas carecen: el sentido común. Pasando de la histeria de la mujer, que miraba para todos lados muerta de miedo porque ella sí que veía venir coches por todas partes (yo no podía porque los coches que intentaban sortearme me quitaban visibilidad), he acelerado y, hablando en plata, me he pasado la señal por el forro. Total, ¿qué iba a hacer la bruja? ¿Suspenderme dos veces?

Cuando ha recuperado el color, la Maruja metida a funcionaria ha suplicado a mi profesor que la sacara de allí porque ella no conocía las calles y al final, milagrosamente, ha regresado sana y salva al punto de partida de los examenes. Ella me ha suspendido, de acuerdo, pero al menos me he dado el gustazo de torturar a una Maruja hasta el punto de que si me vuelve a examinar ella, creo que me aprobará sin arrancar el coche con tal de no tener que circular conmigo.

Para que no os pase como a mí, un enlace: juego de autoescueleros.
 
Los premios Darwin
En mis tiempos de universitario (sí, algunos camareros también tenemos estudios), un amigo me habló de los Premios Darwin. Hoy me he dado una vuelta por su web (el link está más abajo), y he podido comprobar que sigue activo.

La idea de los Darwin Awards es premiar a título póstumo a los individuos que favorecen la evolución de la humanidad borrando sus genes del mapa humano. Como os podéis imaginar, se trata de personajes que han viajado al otro barrio mediante un acto de estupidez suprema. Os traduzco un par de ejemplos de la página, publicada en inglés.

Mala puntería mortal

(7 de marzo del 2002, Colorado). El día que la policía obligó a Gerald a detener el coche por su conducción errática, nuestro hombre decidió que era preferible huir a pie del coche robado que conducía a ir a la cárcel por violación de la libertad condicional. Este fue el primero de los dos lapsus mentales que sufrió consecutivamente. Se desconoce el curso real de los pensamientos de Gerald, pero es posible que pensara algo parecido a lo siguiente: "Ahora mismo, los agentes sólo sospechan de mí... Voy a hacer que se acaloren, suden y se enfaden de veras obligándoles a emprender una furiosa persecución a través de callejones oscuros y descampados."

Durante la posterior persecución a pie, Gerald intentó disuadir a los agentes que le pisaban los talones disparando una Ruger semiautomática de 9 mm por encima de su hombro. Esta fue la segunda demostración de una deficiencia mental en potencia. "Los agentes me persiguen. Tienen pistolas. ¡Yo también tengo una pistola! Como tienen ojos en la cara, me pueden ver, así que pueden apuntar para dispararme. ¡Como yo no tengo ojos en el cogote, lo mejor será disparar hacia atrás y a ver qué pasa!"

Desgraciadamente, parece ser que Gerald era uno de esos tipos que son incapaces de masticar chicle y andar a la vez. Al menos no era capaz de huir y disparar al mismo tiempo. Mientras vaciaba el cargador por encima del hombro, Gerald se las apañó para pegarse un tiro en la cabeza y poner fin a la persecución súbitamente.

Hubo cuatro disparos y ninguno fue realizado por los agentes, que encontraron el arma de Gerald junto a su cuerpo. Gerald fue trasladado a un hospital local donde murió el día siguiente, con lo que libró al mapa genético de un juego de genes deficientes en lo referente al buen juicio y la coordinación.

Trabajando en el lavacoches

(29 de enero del 2003, Brasil) En su trabajo, Manoel Messias Batista Coelho era el encargado de limpiar los tanques de los camiones de transporte de gasolina. Llevaba dos meses en ese puesto cuando a su cerebro se le acabó el combustible.

Nuestro hombre, de 35 años, comenzó a llenar uno de los tanques de agua, un procedimiento habitual de seguridad que sirve para sacar los gases inflamables del interior de la cuba. Regresó una hora después para comprobar si el nivel del agua había alcanzado la altura adecuada para continuar el proceso, pero no conseguía decidirse porque el interior del tanque estaba muy oscuro.

Como Manoel era un hombre de recursos, olvidó el motivo por el que estaba llenando el tanque de agua y encendió un mechero para iluminar un poco la cosa. Su pequeña comprobación demostró exitosamente que el nivel del agua NO había alcanzado una altura que garantizara su seguridad. La explosión de los gases lo lanzó por los aires y aterrizó en el aparcamiento de la empresa, a 100 metros de distancia.

Manoel sufrió quemaduras muy graves, traumatismos por el impacto y una herida en la cabeza que dejó su cerebro al descubierto. Nuestro lavacoches de escasas luces había aprendido su última lección antes de que llegaran los bomberos.

La verdad es que cuando leo este tipo de historias, al principio no puedo evitar sonreir, pero tampoco dejo de pensar que cuando se usa la muerte de alguien como fuente de artículos de humor es que algo nos está pasando. Algo malo. En cualquier caso, que cada cual decida si es ético o no. Para los que quieran leer más historias como estas (en inglés, desafortunadamente), aquí va el enlace de la página:

-Darwin Awards
 
¿Fumadores o no fumadores?
Últimamente están los ánimos muy encendidos con el tema del tabaco. Al parecer, la tendencia prohibicionista se está imponiendo, y en el bar no es extraño ver a un tipo tosiendo en un rincón del bar porque alguien está fumando a tres mesas de distancia mientras dice a gritos que el tabaco debería estar prohibido porque es muy malo para la salud. Curiosamente, suele ser el mismo tipo que se castiga el hígado con una copa de coñac cada 10 minutos durante la hora que pasa en el bar, pero para él, este hecho suele ser anecdótico.

Lo cierto es que los fumadores cada día lo tenemos más difícil. Ya de entrada, al comprar un paquete de tabaco, te toca leer las esquelas (que nombre más apropiado) del tipo EL TABACO MATA, FUMAR PUEDE SER CAUSA DE UNA MUERTE LENTA Y DOLOROSA (mensajes sutiles, sí señor, pedagogía en estado puro) o SI FUMAS NO TE TRAERÁN NADA LOS REYES MAGOS Y TU PAPÁ Y TU MAMÁ SE MORIRÁN E IRÁN AL INFIERNO Y TUS AMIGUITOS YA NO TE QUERRÁN NI NADA. La cosa da mal rollito, especialmente si te tocan las de "Fumar puede reducir el flujo sanguíneo y provoca impotencia" o "Fumar puede dañar el esperma y reduce la fertilidad". La primera deja mal cuerpo porque ataca a lo más sagrado, pero la segunda es peligrosa porque da la idea de que pa' qué tanto preservativo y tanta gaita si te fumas tres paquetes de Ducados diarios y adiós a los embarazos no deseados. Cuánto genio suelto hay en el Ministerio de Sanidad, caramba.

Después está el tema de los anuncios televisivos. Esos también dan mal rollo, pero algunos hasta me parecen graciosos. Por ejemplo, el del tipo que se ducha y se pone colonia de un bote lleno de colillas que simboliza lo mal que hueles cuando fumas. Asqueroso, ¿no? Bueno, ahora pongamos que el protagonista de ese mismo anuncio no fuma. Sale de su casa oliendo a la mejor colonia de Adolfo Domínguez y se mete en una discoteca llena hasta los topes. Atención, pregunta: ¿A qué olerá nuestro ambipur con patas después de pasar 3 horas entre cuerpos sudados y cascarse 8 cubatas, vomitar 3 veces y bailar como un poseso en un ambiente con más humo que la Gran Vía en hora punta? Seguro que los que pasen junto a él se meten en una cloaca para respirar aire algo más fresco.

Un par de enlaces relacionados con el tabaco:
-esquelas para el paquete (el de tabaco)
-juego marranote: cuela tres colillas de tabaco por el retrete usando... esto... bueno, mejor lo véis vosotros mismos...
 
Cosas que no se deben decir en un bar
Los bares incitan a la conversación. En las horas de más ajetreo las puedes escuchar en cualquier mesa y en todos los rincones del local. Las hay de muchos tipos, desde las de fútbol (esas que empiezan con un "¿Viste el partido el domingo, colega?" y acaban con un "¡Y yo en la tuya!") a las discusiones de enamorados (que empiezan con un "Tenemos que hablar" y acaban con un "¡Y yo en la tuya!" más sonoro que el anterior), pasando por las charlas entre amigotes (que empiezan con un "Te invito a una copa" y acaban con un "¡Uy, qué tonto estoy, me he dejado la cartera en casa! ¿Llevas dinero?").

El abanico de posibilidades es amplio, pero hay algunas frases que están vetadas, como por ejemplo:

Si eres cliente:

1. Nene, un tímido. Pedir así un cortado es como preguntarle a alguien que estudia Derecho por qué no estudia sentado, que es más cómodo. Sólo se ríe del comentario el autor de la supuesta gracia. Una frase de este tipo hace que te conviertas en "el tonto de la mesa 4" para los camareros del bar durante el resto de la noche, que lo sepas.

2. Nene, ¿los donuts son de hoy? Como ya comenté en una ocasión, si sabes de antemano que el camarero te va a contestar que son de hoy aunque los dichosos donuts estén bailando claqué encima de la barra, ¿para qué preguntar? Si pronuncias esta frase en un bar, automáticamente pasas a ser "el pardillo de la mesa 4" para los camareros.

3. Nene, hay que ver la pinta de cabrón que tiene tu jefe. Error estratégico. El 80% de los bares son negocios familiares, así que tenéis un 80% de posibilidades de que el cabrón del jefe del camarero también sea su padre. ¿Adivináis quién se va a comer las sobras de la semana pasada que no se quiso zampar ni el perro?

4.Nene, un cafe con leche descafeinado de maquina corto de cafe en vaso de tubo con la leche templada, con dos sacarinas y con la cucharilla larga y sin grabados, que con grabados me da angustia. En realidad, esto sí se puede decir en un bar, pero lo pongo por si acaso lo lee alguna Maruja y se decide a pedir "un café con leche" o "un cortado" sin tantas florituras, caramba.

Si eres camarero

1. ¡Hola, señor Antonio! ¿Dónde está esa chica tan guapa que le acompañaba el otro día? Si el señor Antonio va con su mujer cuando escucha esta frase y no es capaz de poner cara de póker, te acabas de cargar un cliente y un matrimonio de una tacada. ¡Enhorabuena, machote!

2. ¡Hola, señor Antonio! ¿Cómo está su mujer? En este caso, si el señor Antonio va acompañado de una rubia explosiva, seguro que tú ya ex cliente te va a agradecer que le hayas chafado el primer rosco que se come en años. Si eres capaz de soltarle la frase 1 y la 2 al mismo señor Antonio en dos ocasiones distintas, puedes considerarte un sádico sin corazón.

3. Jefe, eso no se sirve así. Suicidio laboral. Cuando elabores tu currículum para buscar tu siguiente empleo, mejor no cites este local, porque para el jefe has pasado a ser "el gilipollas de [pon aquí tu nombre]".

Si se os ocurren más ejemplos, son bienvenidos en los comentarios. Mientras tanto, un enlace a un juego sobre algo que sí se puede hacer en el bar:

¡Bebe tanto como puedas!b> (Borrashos, gue shoish udosh borrashos)