Sobre vencedores y vencidos
Hay un lugar en Barcelona que me gusta mucho y no sale en las guías. Está en la vila olímpica: el barrio levantado para los deportistas con ocasión de las olimpiadas de Barcelona 1992 y que se ha transformado después en un barrio residencial no apto para la mayoría de los bolsillos. El lugar al que me refiero se llama Plaza de los campeones y está semioculto por la vegetación descuidada de un parque. La plaza de los campeones es una plaza dura, enlosada de piedra caliza gris y salpicada de ladrillo rojo. No hay una fuente, no hay columpios, pero en una esquina hay una pequeña pérgola y debajo de ella, en el suelo, dejaron sus huellas impresas en el cemento algunos deportistas legendarios. La plaza es de planta cuadrada y en el extremo opuesto a la pérgola levantaron también un podium. Un podium de hierro.
Recuerdo hace años haber leído en el periódico cada vez que uno de esos deportistas venía y dejaba su huella allí para la posteridad y se hacía unas fotos sentado en el podium, con ropa de calle. Hace poco estuve allí. Bajo la pérgola, en un rincón, un indigente había levantado un refugio de cartones y el podium estaba oxidado, olvidado, sucio, rodeado de hojas secas, sin más compañía que las papeleras vacías y alguna jeringuilla usada tirada en el suelo. Las huellas impresas en el cemento siguen en su sitio, pero ahora parecen una broma cruel que nos recuerda a todos lo efímero del éxito y que la diferencia entre ser vencedores o vencidos, entre el recuerdo y el olvido, es a veces, una simple cuestión de tiempo.

Recuerdo hace años haber leído en el periódico cada vez que uno de esos deportistas venía y dejaba su huella allí para la posteridad y se hacía unas fotos sentado en el podium, con ropa de calle. Hace poco estuve allí. Bajo la pérgola, en un rincón, un indigente había levantado un refugio de cartones y el podium estaba oxidado, olvidado, sucio, rodeado de hojas secas, sin más compañía que las papeleras vacías y alguna jeringuilla usada tirada en el suelo. Las huellas impresas en el cemento siguen en su sitio, pero ahora parecen una broma cruel que nos recuerda a todos lo efímero del éxito y que la diferencia entre ser vencedores o vencidos, entre el recuerdo y el olvido, es a veces, una simple cuestión de tiempo.

Comentario:
siempre me gustó más estar en el lado de los perdedores. El éxito me da grima, quizá por mi consciente imposibilidad para alcanzarlo... o quizá por otro tipo de intereses, que ahora no vendrían a cuento ;-)
Un beso enorme
Un beso enorme
Comentario:
Segunda vez que escribo comment ¡GRRRRRRRRRRRRR....!
Creo que te decía que había que entonar el "Vae Victis" también por los vencedores olvidados.
Y que aquí cerca, había una placita con setos en forma de herradura y muchas flores. En el centro se instaló un pedestal con un busto de Rodriguez de la Fuente, y siempre había niños y alguna flor especial o un dibujo hecho por alguna criatura.
Hoy, apenas le queda espacio. Se lo han comido las ampliaciones de calzada y te juegas la vida si pretendes llegar a ella entre el tráfico. Solo los pájaros, aturdidos por el ruido, se acercan ya. La cabeza y los hombros de Féliz les sirven de posadero y descanso. Creo que a él le gustaría, pero ¡qué fácil olvidamos..!
Creo que te decía que había que entonar el "Vae Victis" también por los vencedores olvidados.
Y que aquí cerca, había una placita con setos en forma de herradura y muchas flores. En el centro se instaló un pedestal con un busto de Rodriguez de la Fuente, y siempre había niños y alguna flor especial o un dibujo hecho por alguna criatura.
Hoy, apenas le queda espacio. Se lo han comido las ampliaciones de calzada y te juegas la vida si pretendes llegar a ella entre el tráfico. Solo los pájaros, aturdidos por el ruido, se acercan ya. La cabeza y los hombros de Féliz les sirven de posadero y descanso. Creo que a él le gustaría, pero ¡qué fácil olvidamos..!





