Se acabó
Se acabaron las navidades. Los contenedores de basura estan llenos de cajas vacías de juguetes y de papel de regalo rasgado y roto. Dentro de poco quitarán el alumbrado navideño de las calles, quitarán los belenes de los escaparates y los sustituiran por abrigos rebajados y por minifaldas de entre tiempo.
Las navidades cada vez me gustan menos y me cuestan más. Este año me han costado más que nunca, porque la familia es cada vez más grande y porque ahora a la hora de comprar regalos sólo cuento con un sueldo en vez de comprar las cosas a medias con mi ex, como antes.
Mi hijo tiene un cacao mental con los reyes magos, papá noel y el caga tió. Le dió la carta de los reyes a un papá noel de medio pelo que repartía caramelos a la puerta de el corte inglés, me preguntaba cómo era eso del caga tió, que en una excursión del cole le cagó un juguetillo, y para terminarlo de rematar, este año durante nuestro viaje a Cádiz, por razones logísticas, los reyes vinieron a las cinco de la tarde del día 28 de diciembre y se fueron por un callejón sin salida. Pero él esta contento, como no. Es un niño afortunado que no sabe la suerte que tiene. Como la mayoría. Con su bicicleta nueva y su nuevo circuito de coches de carreras y su maletín espía dotado de micrófono espía acoplado a unas gafas de pega, con el cual espiará las conversaciones a través de las paredes o a lo largo de los pasillos, para enterarse quizás de que nos lo hemos inventado todo. Y que todos esos personajes que él espera con ilusión nos cuestan una pasta y en realidad no existen.
Las navidades cada vez me gustan menos y me cuestan más. Este año me han costado más que nunca, porque la familia es cada vez más grande y porque ahora a la hora de comprar regalos sólo cuento con un sueldo en vez de comprar las cosas a medias con mi ex, como antes.
Mi hijo tiene un cacao mental con los reyes magos, papá noel y el caga tió. Le dió la carta de los reyes a un papá noel de medio pelo que repartía caramelos a la puerta de el corte inglés, me preguntaba cómo era eso del caga tió, que en una excursión del cole le cagó un juguetillo, y para terminarlo de rematar, este año durante nuestro viaje a Cádiz, por razones logísticas, los reyes vinieron a las cinco de la tarde del día 28 de diciembre y se fueron por un callejón sin salida. Pero él esta contento, como no. Es un niño afortunado que no sabe la suerte que tiene. Como la mayoría. Con su bicicleta nueva y su nuevo circuito de coches de carreras y su maletín espía dotado de micrófono espía acoplado a unas gafas de pega, con el cual espiará las conversaciones a través de las paredes o a lo largo de los pasillos, para enterarse quizás de que nos lo hemos inventado todo. Y que todos esos personajes que él espera con ilusión nos cuestan una pasta y en realidad no existen.





