Gunda
No recuerdo ya cuántas veces tuve que preguntar cómo era exactamente su nombre: Idelgunda. Me podía la curiosidad de conocer cuál se escondía detrás del apócope con el que la llamaban: Gunda.
Cuando la conocí vivía en aquella cabaña de un monte perdido sobre un pequeño pueblo de Cantabria. Allí cuidaba del ganado y de los pastos con su hermana Tina, Clementina, la abuela de mi mujer. Ella nunca se casó y pasó muchos años conviviendo con su hermana, casi aisladas del mundo. Parecían felices. No sé si lo eran del todo pero lo parecían. Ya habían hecho todo en la vida, ahora disfrutaban de las visitas de sus nietos y comenzaban a conocer a algunos biznietos.

Hace 10 años, Tina se separó de Gunda. Por su boca se le coló la más destructora de las enfermedades y la montaña cántabra se quedó sólo en manos de su hermana. A Gunda no le dieron pensión de viudedad por la muerte de su hermana, su compañera de tantos y tantos años: las leyes dicen que no eran pareja. No, no lo eran. Eran simplemente hermanas, ¿hay algún vínculo más fuerte?
Con 84 años, la montaña no era el mejor lugar para una mujer sola así que se vino a vivir con mi suegra, casi al lado de mi casa. La vida le dio un vuelco radical, su paseo era por asfalto, entre ruidos y coches. Su monte ya sólo era un pequeño barrio encima de una carretera. Sus animales quedaron allí, en Cantabria, al cuidado de un nieto.
A esas edades es mejor no parar, puede que no se vuelva a arrancar. Así que Gunda se hizo cargo de todas aquellas tareas de la casa para las que aún era útil, y lo era para casi todas. Con la labor hecha, bajaba las escaleras desde el tercero, sin prisa, ayudada por su bastón, y daba un pequeño paseo hasta sentarse en un banco a la sombra desde donde veía jugar a los niños del barrio.
Así veía crecer a sus nietos – no lo eran exactamente pero ¿cómo negarle el rango de abuela?-, sentada, con las manos apoyadas en su bastón, la mirada difusa tras sus gafas gruesas y la sonrisa perpetua de aquellos que ya apenas oyen. Muchas veces pienso si es que sus oídos ya no necesitaban recibir nuevos sonidos, tantos años y tanta vida no dejan sitio para más. Ahora sólo miraba, sólo descansaba, sólo disfrutaba de contemplar la vida a su alrededor.
Los años no respetan nada y, poco a poco, sus piernas fuero quedando débiles para bajar a la calle. Un tercero sin ascensor se convirtió en un abismo infranqueable y su mundo se redujo a un pequeño piso. Si hacía sol era fácil verla desde la calle sentada en una silla en su balcón. Allí pasaban las horas entre el desayuno, la comida y la cena.
Ya apenas hablaba. Su sordera le aislaba cada día más pero nunca perdía el gesto sonriente. A éstas alturas, ¿para qué enfadarse?. No sé lo que pasaría por su cabeza cada día pero parecía feliz. Algunas mujeres de su edad parece que fueron educadas para nunca quejarse de nada y sólo trabajar para los demás. Y no, ya no eran horas de comenzar una revolución, esa queda para las nietas.
Como si el ciclo vital quisiera darse la vuelta completamente se fue convirtiendo en una niña. Ya no se valía por sí misma, apenas comía sin ayuda, había que acostarla y levantarla y, en las últimas semanas, incluso necesitaba pañales. Se sonreía como los bebés, sin entender aquellos gestos que le hacían gracia, pero se sonreía.
El ayuntamiento designó una ayuda para mi suegra. Una mujer se hacía cargo de Gunda durante unas horas para que ella pudiese salir a la calle y despejarse un poco. Pero los ayuntamientos no entienden de la vida, sólo de números. Para diciembre no había presupuesto y retirarían a esa mujer hasta confeccionar nuevos presupuestos allá por enero. No, en diciembre Gunda y su sobrina no necesitaban ayuda, los ediles contables decidieron eso. Supongo que tampoco les llegaría para sus sueldos en diciembre... Lo preguntaré, pero supongo que no cobrarán diciembre. No creo que sean tan sinvergüenzas de dejar sin ayuda durante un mes a una anciana enferma con 94 años y tener dinero para su cesta de Navidad.
Y Gunda decidió que sería muy complicado para los demás llegar con nosotros a fin de año. Ni siquiera el sol vino a despedirla el domingo. Quizás el tiempo quiso homenajearla con el clima de su tierra: frío, nublado y lluvioso. Así fue la última tarde de Gunda, como ella: nada brillante pero intensa, olvidada por muchos pero más útil que nadie para generar vida a su alrededor.
Esta mañana, Doña Idelgunda, dejó de sonreír, dejó de contemplar, dejó de vivir.
Hasta siempre, vieja desconocida.
Cuando la conocí vivía en aquella cabaña de un monte perdido sobre un pequeño pueblo de Cantabria. Allí cuidaba del ganado y de los pastos con su hermana Tina, Clementina, la abuela de mi mujer. Ella nunca se casó y pasó muchos años conviviendo con su hermana, casi aisladas del mundo. Parecían felices. No sé si lo eran del todo pero lo parecían. Ya habían hecho todo en la vida, ahora disfrutaban de las visitas de sus nietos y comenzaban a conocer a algunos biznietos.

Hace 10 años, Tina se separó de Gunda. Por su boca se le coló la más destructora de las enfermedades y la montaña cántabra se quedó sólo en manos de su hermana. A Gunda no le dieron pensión de viudedad por la muerte de su hermana, su compañera de tantos y tantos años: las leyes dicen que no eran pareja. No, no lo eran. Eran simplemente hermanas, ¿hay algún vínculo más fuerte?
Con 84 años, la montaña no era el mejor lugar para una mujer sola así que se vino a vivir con mi suegra, casi al lado de mi casa. La vida le dio un vuelco radical, su paseo era por asfalto, entre ruidos y coches. Su monte ya sólo era un pequeño barrio encima de una carretera. Sus animales quedaron allí, en Cantabria, al cuidado de un nieto.
A esas edades es mejor no parar, puede que no se vuelva a arrancar. Así que Gunda se hizo cargo de todas aquellas tareas de la casa para las que aún era útil, y lo era para casi todas. Con la labor hecha, bajaba las escaleras desde el tercero, sin prisa, ayudada por su bastón, y daba un pequeño paseo hasta sentarse en un banco a la sombra desde donde veía jugar a los niños del barrio.
Así veía crecer a sus nietos – no lo eran exactamente pero ¿cómo negarle el rango de abuela?-, sentada, con las manos apoyadas en su bastón, la mirada difusa tras sus gafas gruesas y la sonrisa perpetua de aquellos que ya apenas oyen. Muchas veces pienso si es que sus oídos ya no necesitaban recibir nuevos sonidos, tantos años y tanta vida no dejan sitio para más. Ahora sólo miraba, sólo descansaba, sólo disfrutaba de contemplar la vida a su alrededor.
Los años no respetan nada y, poco a poco, sus piernas fuero quedando débiles para bajar a la calle. Un tercero sin ascensor se convirtió en un abismo infranqueable y su mundo se redujo a un pequeño piso. Si hacía sol era fácil verla desde la calle sentada en una silla en su balcón. Allí pasaban las horas entre el desayuno, la comida y la cena.
Ya apenas hablaba. Su sordera le aislaba cada día más pero nunca perdía el gesto sonriente. A éstas alturas, ¿para qué enfadarse?. No sé lo que pasaría por su cabeza cada día pero parecía feliz. Algunas mujeres de su edad parece que fueron educadas para nunca quejarse de nada y sólo trabajar para los demás. Y no, ya no eran horas de comenzar una revolución, esa queda para las nietas.
Como si el ciclo vital quisiera darse la vuelta completamente se fue convirtiendo en una niña. Ya no se valía por sí misma, apenas comía sin ayuda, había que acostarla y levantarla y, en las últimas semanas, incluso necesitaba pañales. Se sonreía como los bebés, sin entender aquellos gestos que le hacían gracia, pero se sonreía.
El ayuntamiento designó una ayuda para mi suegra. Una mujer se hacía cargo de Gunda durante unas horas para que ella pudiese salir a la calle y despejarse un poco. Pero los ayuntamientos no entienden de la vida, sólo de números. Para diciembre no había presupuesto y retirarían a esa mujer hasta confeccionar nuevos presupuestos allá por enero. No, en diciembre Gunda y su sobrina no necesitaban ayuda, los ediles contables decidieron eso. Supongo que tampoco les llegaría para sus sueldos en diciembre... Lo preguntaré, pero supongo que no cobrarán diciembre. No creo que sean tan sinvergüenzas de dejar sin ayuda durante un mes a una anciana enferma con 94 años y tener dinero para su cesta de Navidad.
Y Gunda decidió que sería muy complicado para los demás llegar con nosotros a fin de año. Ni siquiera el sol vino a despedirla el domingo. Quizás el tiempo quiso homenajearla con el clima de su tierra: frío, nublado y lluvioso. Así fue la última tarde de Gunda, como ella: nada brillante pero intensa, olvidada por muchos pero más útil que nadie para generar vida a su alrededor.
Esta mañana, Doña Idelgunda, dejó de sonreír, dejó de contemplar, dejó de vivir.
Hasta siempre, vieja desconocida.
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el mejor homenaje y la mejor manera en que podias recordarla: escribiendo sobre ella. un saludo.
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Un sentido y merecido mensaje.
Con tus palabras mes has traído a la memoría a mi abuela que también nos dejó en Julio de este año.
D.E.P.
Un abrazo José.
Con tus palabras mes has traído a la memoría a mi abuela que también nos dejó en Julio de este año.
D.E.P.
Un abrazo José.
Comentario:
Cuauando me pongo a leer lo que has escrito,me maravillo de lo que leo , me encanta la ternura, y de la manera que te expresas como te envidio, me encantaria saber expresarme como tu me da la sensacion de que lees mi manera pensar sobre muchas cosas. un musu
Comentario:
Lo de vieja desconocida lo malinterpreto, ojalá lo puedas quitar del texto.
De nuevo me ha pasado y tengo los ojitos encharcados de amor, es tanta la pasion que me produce imaginar lo que cuentas que no es dificil que me estremezca yo por como soy y por lo rodeada de abuelos que estuvo mi vida siempre y tu, por tus palabras y forma de contarlo.
Lloro por todas las Gunda del mundo, por la mia, por las mias,por los mios tambie y como el llanto no me trae a quien ya perdi me quedo con lo que me llevaré siempre, lo vivido con mi abuela paterna y abuelo paterno que no estan y cuesta acostumbrarme al vacio que me han dejado cada uno.
Yo que me alimente de ellos tanto tiemop y vivi con ellos hasta que desaparecieron del espacio fisico.
Jose, me encanta como transmites y lo que transmites, puede que no me canse de decirtelo.
De nuevo me ha pasado y tengo los ojitos encharcados de amor, es tanta la pasion que me produce imaginar lo que cuentas que no es dificil que me estremezca yo por como soy y por lo rodeada de abuelos que estuvo mi vida siempre y tu, por tus palabras y forma de contarlo.
Lloro por todas las Gunda del mundo, por la mia, por las mias,por los mios tambie y como el llanto no me trae a quien ya perdi me quedo con lo que me llevaré siempre, lo vivido con mi abuela paterna y abuelo paterno que no estan y cuesta acostumbrarme al vacio que me han dejado cada uno.
Yo que me alimente de ellos tanto tiemop y vivi con ellos hasta que desaparecieron del espacio fisico.
Jose, me encanta como transmites y lo que transmites, puede que no me canse de decirtelo.
Comentario:
Hola Jose, vengo sólo para informarte de mi cambio de domicilio.
Un beso
Un beso
Comentario:
Preciosa historia y como tú dices..como negarle el rango de abuela..
Besitos.
Besitos.
Comentario:
mas besitos salados de CHOI ;)
Comentario:
Qué bonito, Jose... qué tierno.
La pobre mujer pasó a mejor vida, seguro que muchos lo dicen... pero qué triste ver cómo se va una viejecita que seguía sonriendo apesar de estar tan gastada su vida...
Besitos ;)
Lara
La pobre mujer pasó a mejor vida, seguro que muchos lo dicen... pero qué triste ver cómo se va una viejecita que seguía sonriendo apesar de estar tan gastada su vida...
Besitos ;)
Lara
Comentario:
Me ha emocionado esta historia y creo que este homenaje además de llegar a mucho de nosotros, llegará hasta sus oídos de algún modo...
Saludos!!!
Saludos!!!
Comentario:
Lo siento mucho (se que no sirve de nada decir esto, pero me siento un estupido porque, en estos casos, nunca se que decir). Una mujer de las que quedan pocas y de las que deberiamos cuidar y aprender para el día de mañana. Ojala el día de mañana, se a la mitad de humilde y buena, que era esa señora.
Descanse en paz
Un abrazo desde el fondo del océano
Descanse en paz
Un abrazo desde el fondo del océano
Comentario:
Entranable homenaje, te he conocido por Scape y la verdad es que me has dejado emocionada con esta historia.
Me alegro haberte encontrado.
Saludos.
Me alegro haberte encontrado.
Saludos.
Comentario:
mmmmmm....no se que decir, pero queria que supieras que estoy aqui....
http://vatia.blogspot.com/
http://vatia.blogspot.com/
Comentario:
Ese cariño que has demostrado.. precioso post y precioso homenaje.
Besos (espero que alguno le llegue a Gunda también, de parte de una maia).
Besos (espero que alguno le llegue a Gunda también, de parte de una maia).
Comentario:
Me has emocionado bastante, lo cual no es facil, una narrativa muy hermosa...
Besitos de la ex
Besitos de la ex
Comentario:
Me sorprende tu facilidad para transmitir tanta ternura. Otra vez me he emocionado. Creo que ha sido una bonita despedida, triste pero bonita. No dejes de escribir así. Llena mucho.
Un recuerdo para Doña Idelgunda allá donde esté.
Besos.
Un recuerdo para Doña Idelgunda allá donde esté.
Besos.
Comentario:
Es precioso cómo describes las situaciones, cómo presentas a la gente, el cariño con que lo haces, las haces nuestras.
Un beso
Y muchas gracias por escribir así.
Un beso
Y muchas gracias por escribir así.
Comentario:
Me has emocionao...
Comentario:
precioso post!!! triste pero lleno de cariño
besitos salados de CHOI
besitos salados de CHOI
Comentario:
Es un maravilloso homenaje, Jose.
Descanse en paz.
Un abrazo.
Descanse en paz.
Un abrazo.
Comentario:
Mira por donde, nos has mostrado una persona que sí supo envejecer, aceptando los cambios tan drásticos a su edad sin renunciar a nada y sin convertirse en una plañidera como les sucede desgraciadamente a otras muchas.
Me encanta como cuentas todas estas historias.
Un abrazo
Me encanta como cuentas todas estas historias.
Un abrazo
Comentario:
En buena ley a una vida digna y sacrificada debería corresponderle una vejez también digna.Es lamentable que no haya "cuartos" para que las personas mayores puedan disfrutar en lo económico y en lo afectivo de sus últimos años... y que pasen hambre!!!, he dicho bien, con pensiones de vergüenza. Y que si están impedidas fisicamente y y tienen la suerte de ser atendidos por sus seres queridos, estos no tengan ayuda especializada a domicilio.Para esos deberían ser los dineros y no otras prioridades absurdas. Este es un pais que envejece, no se nos olvide...
Comentario:
Es muy triste cómo se van muchas personas de esta vida, espero que ahora esté mejor allá donde se encuentre ahora.
Un abrazo.
PD: Cada día me sorprendes más, Jose, con la forma cómo cuentas las cosas.
Un abrazo.
PD: Cada día me sorprendes más, Jose, con la forma cómo cuentas las cosas.
Comentario:
Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando
Tagore.
Parece que el invierno...va recogiendo las últimas hojas del otoño y acuna entre sus aires las almas que ya no pueden andar por la tierra.
Un biko solitario.
Tagore.
Parece que el invierno...va recogiendo las últimas hojas del otoño y acuna entre sus aires las almas que ya no pueden andar por la tierra.
Un biko solitario.







Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja.
Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica.
Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo.