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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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La obra en Hernani
En el artículo del 27 de septiembre que titulé:”Hace 11 años, aquella noche...” conté un inesperado incidente que tuvimos unos compañeros de obra y yo en Hernani. Dejé pendiente contar algunas cosas sorprendentes que sucedieron los días siguientes y hoy retomo el tema para terminar con la historia de aquella obra. Si no habéis leído lo anterior os aconsejo que pinchéis en el enlace que dejo aquí para que tenga más sentido el artículo de hoy.

La obra duró dos meses. En la zona en donde estábamos trabajando nuestra presencia se hacía notar. Todo el mundo ha padecido cerca de su casa obras de canalización y sabe de qué hablo. Ocupamos gran parte de un aparcamiento público con dos excavadoras, un dúmper de obra, una caseta metálica donde cambiarnos y guardar la herramienta de mano y varios acopios, de tuberías y de material de relleno. No pasábamos inadvertidos.

Enseguida nos integramos entre la gente de aquel barrio: un bar en donde comíamos, otro en donde tomábamos café o alguna cervecita en alguna escapada, una tienda en donde comprábamos pan y embutidos para el bocadillo de por la mañana, un estanco, el kiosko... aquellos vecinos jubilados que siempre trabajaron en obras como la nuestra y vienen a explicarnos cómo antes se trabajaba mejor, las vecinas que se quejaban del ruido y del polvo que levantábamos, sus hijas que... bueno, sus hijas; todo el barrio nos conocía en pocos días.

De este barrio a la calle Kardaberaz, donde ocurrió el incidente, había menos de 200 metros. Sólo había que cruzar una carretera local y pasar bajo un arco que daba acceso a la Plaza Mayor. Sin embargo para nosotros aquel arco era algo así como Stargate, una puerta a otra dimensión, una frontera, una valla tras la cual nos sentíamos indefensos, discriminados y maltratados.

El día siguiente al altercado, y después de saber que todo fue debido a que se celebraba el “gudari eguna” (día del luchador vasco), decidimos ir a dejar claro quiénes éramos. Para ello regresamos a la misma hora al “lugar del crimen”.
Esta vez, José Luis prefirió no pasar por un mal trago y se quedó en casa. En su lugar vino otro compañero: Chema.
Chema era otro bilbaíno de nuestra edad. Entre sus aficiones estaba la de adiestrar perros. Digo esto por algo que sucedió más tarde.

Planeamos entrar en esa calle con paso decidido y meternos en el primer bar que viéramos con mucha gente. Ese día era un día “normal”, sin celebraciones, y la calle se suponía más tranquila.
Quisimos que los del día anterior reflexionaran. No podíamos ser tan estúpidos como para volver a provocarles si fuésemos lo que ellos pensaban.

Nos acercamos a la barra del bar y pedimos algo para tomar. A escasos metros a nuestra derecha había un grupo de unos 5 ó 6 que se nos quedó mirando descaradamente. Todos eran muy jóvenes excepto uno, que se mantenía en el centro del grupo apoyado de espaldas contra la pared del bar, frente a nosotros. A sus pies permanecía sumiso e inmóvil un perro pastor alemán.
Hablaron entre ellos y, en poco tiempo, uno se nos acercó:
“Vosotros, ¿sois cipayos o qué?”
Fue Chema quien aceptó el diálogo:
“¡Mira qué manos! Estos callos no salen patrullando por ahí, somos obreros de la construcción. ¿No nos habéis visto metiendo el gas en aquella calle?”
Chema se quedó mirando al más adulto, que permanecía callado pero que se veía que dominaba al grupo y le dijo:
“...Además, tú ya has pasado por la obra” y añadió señalando ostensiblemente a su perro “que me suelo fijar mucho en los perros y os he visto pasar por allí alguna vez”
Aquel hombre sólo quería polémica porque hizo como si lo entendiera al revés y contestó: “¿Me estás llamando perro acaso?”
Nos obligó a una aclaración tan innecesaria como absurda sobre su perro, la afición de Chema a adiestrar perros y el trabajo que estábamos haciendo.

Salimos de aquel bar y cruzando la calle entramos en otro, repleto de gente. Era un bar largo y estrecho. La barra ocupaba toda la derecha y entre ella y la pared izquierda habría no más de dos metros. Ocupamos un hueco hacia la mitad de la barra. Chema y yo apoyados en ella y Wally por fuera cerrando el triángulo.

A los pocos minutos entraron los jóvenes de la cuerdilla de antes y pasaron hacia el fondo. Desde allí nos miraban por turnos, con escaso disimulo, y no tardaron demasiado en volver a salir.
Cruzaron por detrás nuestro para lo que nos tuvimos que apretar bastante, lo mismo que cuando entraron. Nada más salir ellos Wally exclamó: “¡Ese hijo p. me ha cacheado!”. Aprovechó el apretón para palparle de arriba abajo en un instante. Luego supimos que a aquel sujeto le conocían por los rasgos de su cara como “el chino”.

Nos fimos a casa al de un rato. Lo más surrealista estaba por llegar al día siguiente.

Desde primeras horas de la mañana, una moto Vespa blanca aparecía por la obra, nos observaba y se iba para asomarse más tarde desde otro punto. Así, tres o cuatro veces aquella mañana. Y hacia el mediodía, una pequeña furgoneta color hueso se detuvo casi en la misma zanja. De ella bajó un tipo con un paquete que entregó al primer obrero que se acercó mientras le explicaba que se habían equivocado con nosotros y que el paquete contenía algo para disculparse. Era una tarta.

No soy capaz de describir las caras que se nos quedaron según nos íbamos enterando. Llevamos la tarta al bar donde comíamos y se lo explicamos a su dueña. Nadie se fiaba de aquella tarta. Ella reconoció en el envoltorio el nombre de una pastelería conocida y de fiar. Al final, nos sirvió de postre ese día aunque nos costó mucho que alguno se decidiera a ser el primero en hincarle el diente. Entre risas y bromas, nadie estaba del todo convencido.

Volvimos poco por aquella zona de Hernani. Los jueves, algunos de nosotros salíamos pero íbamos hasta San Sebastián; nos veíamos más cómodos camuflados entre una multitud de, sobre todo, universitarios.
Muchas tardes, otros compañeros cenaban en una pizzería de una calle paralela a la de la obra. Yo no iba allí por mi fobia al queso. La chica que lo atendía trató siempre con simpatía y normalidad a mis compañeros, nunca hubo ningún problema.
La zanja rodeó la manzana y se acercó hasta la misma puerta de la pizzería. Ya llevábamos más de un mes en Hernani. La chica de la pizzería se asomó a la puerta y nos reconoció:
“¡O sea que al final sois obreros!”. Nos contó cómo alguien se había acercado a ella alguna tarde, mientras mis compañeros cenaban en una mesa al fondo y le comentó: “¡Qué bien protegida estás!”, Haciéndole ver que eran policías.

Otra tarde nos animamos todo el grupo a cenar en una hamburguesería del casco viejo, la zona conflictiva. Nos sentamos y esperamos pacientemente a que atendieran a todos los demás. Pero nuestro turno nunca llegaba. Entró más gente después que nosotros y fueron atendidos enseguida. No quisimos montar jaleo, al de un rato nos fuimos de allí. ¿Casualidad?...Nunca volvimos para corroborarlo.

No me queda un grato recuerdo de aquella obra, sin embargo, entre la gente del barrio al que instalamos la tubería dejamos muy buenas relaciones. Estos sí son como la gran mayoría de la gente que uno se puede encontrar en esta tierra.
Pero no puedo negar que se mantienen pequeños rincones de nuestra preciosa geografía en donde algunos caciques crean ghettos inexpugnables. Lo malo es que esa es la imagen que se exporta de aquí.
Todos solemos cometer el mismo error: vemos una hermosa coreografía y nos olvidamos de la belleza del conjunto cuando vemos que un bailarín falla en un movimiento; sólo nos fijamos en aquel y dejamos de apreciar la armonía del conjunto.
En el ballet de Euskadi tenemos a algunos especialmente torpes pero os invito a mirar cómo se mueve el resto, seguro que os gusta.
 
Comentario:
Da miedo que este tipo de cosas pasen, la verdad.
Sin embargo comparto contigo el que merece la pena conocer un conjunto, que es precioso y tiene buena gente, sobre unos pocos que necesitan sentirse fuertes subyugando al resto.
Gracias por compartirlo José.
Un abrazo.
 
Comentario:
Wolas!

Una historia impresionante, Jose!

La verdad es que es una pena la "estampa social" con la que se ha lacrado a tu tierra. Yo la he visitado un par de veces y es preciosa.

Aún teniendo tu final un cierre bastante "humano", es triste, al menos para mí.

Un saludo
 
Comentario:
como bien se ha dicho por aqui, eso ocurre tantas veces... a veces juzgamos gratuitamente. me gusta la manera de escribir que tienes. ciao
 
Comentario:
Particularmente, yo no me hubiera atrevido a volver... daba miedo.

En todos los sitios cuecen habas, como se dice, y no se juzga el conjunto por el acto de unos pocos.

Un abrazo.
 
Comentario:
Desgraciadamente, el ojo siempre se dirije al fallo, hay que aprender a mirar el conjunto. En tu tierra, como en todas partes, hay de todo. Como dicen, todo depende del cristal con que se mire.
Muy valiente el volver a dar la cara al lugar de los hechos, os la podían haber partido.....
Besurris.
 
Comentario:
Impresiona. No sólo la historia, sino tu manera de introducir al lector en ella. Algún día, me animaré a conocer tu tierra en profundidad, aunque me encuentre con aquellos árboles que no dejan ver el bosque. Con tu permiso, me lo imprimo y lo saborearé con un buen Cubalibre en compañía de TerminAITOR y BIBI. Recuerdos...de todos para todos.
 
Comentario:
Menudas cosas os pasaron..lo afrontasteis todo con valentía y caracter..
A mi me pasa con el queso como a ti..
Besitos.
 
Comentario:
AYUDA EN MI BLOG, PLEASE. (PERDÓN POR NO DEJAR MENSAJE PERSONAL... PERO VOY A SACO SEMBRANDO ESTE...)


http://blogs.ya.com/eraseunavezunangel/
 
Comentario:
Hola Jose.
No sabes lo arropada que me siento con tus comentarios.
Tu blog es impresionante, creo que ya te lo había dicho.
Demuestras una gran inteligencia emocional. Me encanta tu forma de ver las cosas.
Gracias por estar ahí.
 
Comentario:
Conozco Hernani por motivos laborales, tambien ese arco, y conozco a ese tipo de gente. Son expertos en desentonar en la coreogafia general, y desgraciadamente, suelen estar en primera linea del escenario, por eso se les ve mas durante la representacion, y convierten un ballet clásico en una happening surrealista que nadie llega a entender, creo que ya ni ellos mismos. Aunque lo malo no es que bailen desacompasados. Lo malo es que lo hacen con odio. Tal vez por eso mismo, son tan torpes.

Un saludo
 
Comentario:

Las cosas se pueden decir de muchas maneras, pero el sentir de un pueblo sólo se justifica desde la postura que manifiestas y aunque a veces parece no sirve de mucho, se siente cercano, legítimo y universal al mismo tiempo.
Un saludo.







Los hay que lo dicen con la rotundidad del miedo y afortunadamante los hay que lo legitiman en lo cotidiano...eso se nota...y se agradece







 
Comentario:
Me levanto el sombrero ante tu post y corrobor que siendo de fuera he tenido en mis estancias en Euskadi, veladas inolvidables por la hospitalidad de las personas que conocí y que me abrieron su casa sin ninguna duda y días en los que sólo me faltaba llorar o gritar en mitad de la calle por la dictadura del miedo en la que me veía envuelta.
Saludos y, como siempre que llego a tu blog, felicidades por esa "peasso cabeza" que te acompaña por la vida.
 
Comentario:
Siguiendo con el ejemplo que pusiste, te diré que hay mas espectadores de los que se cree que saben apreciar el conjunto de la obra aunque algún bailarín tropiece.
Estupendo post.
Un abrazo
 
Comentario:
"Lo esencial es invisible a los ojos". El Principito.

Gracias por tu visita...tu también eres metafórico. En sintonía...Besitos miles
 
Comentario:
Interesante texto. Y tienes razón, hay muchísima buena gente en Euskadi, la inmensa mayoría. Aunque los que hacen ruido son esos matones de barrio que temen perder sus privilegios.

Salu2!!
 
Comentario:
Desgraciadamente eso ocurre en todo el mundo, la "vista" que ofrece cualquier error en nuestras tierras es más difundido que la valia en si de todo un pueblo.

En mi caso particular, no fue sino al conocer a alguien muy especial de tu tierra, que pude ir más allá de la historia que se cuenta, de las personas que lo viven y del corazón que se tiene sin importar donde se nazca o bajo que ideologias predominantes se conviva, lo importante es esto...lo que cada persona es, vive y piensa, en cualquier lugar del mundo.

Un musu muy fuerte...:)biko azul
No