Hace 11 años, aquella noche...
Hernani (Guipúzcoa): martes 27 de septiembre del 94. Andrinúa marca el 3-0 al Anorthosis de Chipre y clasifica al Athletic de Bilbao para la siguiente ronda de la copa de la UEFA.
En un piso de alquiler, seis obreros de la construcción vimos el partido por la televisión y tres nos decidimos a salir después para tomar una cerveza o un café y, de paso, conocer el lugar.
Habíamos llegado allí el día anterior. Nuestra obra consistía en hacer zanjas por varias calles para instalar la red de tuberías de gas, algo que no era nuevo para nosotros. Hernani sólo era una obra más.
Era ya noche cerrada. Habíamos oído que era un pueblo conflictivo. Quizás por eso no nos pareció demasiado extraño que, nada más salir, viésemos un par de contenedores de basura volcados en una calle. No le dimos importancia y nos dirigimos al centro, a buscar por dónde se movía allí la gente. Llegamos a la plaza del ayuntamiento y de allí partían dos calles muy parecidas: La Calle Mayor y otra paralela llamada Kardaberaz.
A simple vista nos decidimos por ésta segunda, se veía más movimiento y más carteles luminosos de bares.
Componíamos la expedición Wally, un albañil bilbaíno de poco más de 30 años, Jose Luis, un palista extremeño de algo menos de 30 y yo, vizcaíno con 28 en aquel momento.
Casi nada más entrar en aquella calle empedrada y peatonal una chica joven se nos acercó:
-“Tenéis fuego?”- preguntó
Jose Luis se adelantó a contestar con cortesía, acercándole su mechero encendido.
Jose Luis llevaba varios años viviendo en Bilbao pero mantenía un cerrado acento extremeño, quizá por eso, cuando la chica aún no había terminado de encender su cigarrillo, escuchamos una voz varios metros detrás nuestro: “¡Tres cacos!”.
Era una mujer de edad cercana a la jubilación quien dio esa voz de alarma.
Pero no se refería a ladrones, no: hablaba de nosotros tres. Identificó a tres desconocidos jóvenes como si fuésemos miembros de algún cuerpo policial.
Nosotros seguíamos caminando con idea de entrar a tomar algo en un bar pero, tras esa voz, comenzó a salir de ellos gente que se colocaba frente a sus puertas y a lo largo de las aceras. Algunos comenzaron a corear dos palabras contra nosotros: txakurras (perros) y cipayos.
Esa sensación de estar en un lugar desconocido y en el momento equivocado no nos dejaba detenernos, ni siquiera girar el cuello. Movíamos los ojos rápidamente de derecha a izquierda para ver lo que nos esperaba y buscar la salida al otro extremo de la calle y los oídos estaban atentos a los gritos, los insultos y a cualquier ruido que nos viniera por detrás.
Afortunadamente, nadie bajó de la acera. No estábamos solos, éramos tres, pero sí estábamos ante el peligro. Quizá fuimos cobardes, quizá sensatos, pero era nuestro primer día allí y no parecía, con aquella confusión, el mejor momento para mezclarnos entre la gente de allí.
La calle terminaba en otra plaza y parecía que podía ser el final del “túnel del terror” que estábamos atravesando. Pero fue todo lo contrario. Allí nos esperaba la “atracción” más excitante.
Salimos de la calle como despedidos por el paso precipitado que llevábamos y nos dimos de bruces contra unos treinta individuos, muchos de ellos con la cara cubierta por pasamontañas o pañuelos, armados con barras de hierro o bates de béisbol, que se ensañaban con una cabina de teléfonos y algunos cajeros automáticos.
En unos momentos nos vimos rodeados por ellos pero no nos cerraron del todo el paso. Caminábamos ahora mucho más despacio pero entre los insultos y las amenazas, ahora más directas, de ellos.
En un momento, yo (bendita ingenuidad) le comenté a Wally sin girar la cabeza: “¿Y si nos damos la vuelta y les decimos que somos obreros del gas?”
Wally, mucho más curtido que yo en los ambientes callejeros, me contestó: “No dejes de andar, no digas ni una palabra y no te des la vuelta”
Wally me enseñó muchos trucos para las obras pero también me instruyó en muchas otras cosas de la vida. -Hace un par de años que no sé nada de él: esto hay que corregirlo.-
Así, desembocamos en una calle, no sabemos cuál, no conocíamos nada, y nos metimos en un bar apartado de allí donde tomamos algo rápido mientras tratábamos de normalizar el ritmo cardíaco y orientarnos para llegar a nuestro piso por un camino diferente al recorrido.
De vuelta a casa pudimos ver algunos carteles. El 27 de septiembre se celebraba el “gudari eguna”, el “día del luchador vasco”.
Creo que nunca llegaré a ser un gudari, no soy capaz de luchar de esa manera por mi pueblo. Yo sólo alcanzo a trabajar siempre aquí, donde he nacido, hacerlo del modo más eficaz posible, formar aquí una familia, educar a mi hijo en libertad, enseñarle a compartir y escuchar, a tolerar y opinar; ofrecer mi tierra a todo aquel que quiera venir, pagar aquí mis impuestos para el bien común, contribuir a que mi pueblo tenga las calles limpias, respetar el entorno natural, la propiedad privada, las normas de convivencia, llevar la verdad por delante y la mano abierta para quien la quiera estrechar. Se dar la mano en cualquier idioma... pero no me veo capaz de ser un gudari como ellos. Quizá yo no valgo para luchar por mejorar mi tierra.
Incluso yo dudaría de la veracidad de este relato pero, si os sirve mi palabra, todo esto sucedió exactamente así. Tampoco quiero que nadie piense que esto es habitual; se dieron varias coincidencias que derivaron en este episodio. Que nadie venda ahora que los vascos vivimos de esta manera.
Aquí acabó la aventura de aquella noche, hace hoy 11 años, pero la obra nos mantuvo allí dos meses. Esto fue lo más llamativo que nos pasó, pero no acabó todo esa noche. Pasaron cosas curiosas...que contaré.
En un piso de alquiler, seis obreros de la construcción vimos el partido por la televisión y tres nos decidimos a salir después para tomar una cerveza o un café y, de paso, conocer el lugar.
Habíamos llegado allí el día anterior. Nuestra obra consistía en hacer zanjas por varias calles para instalar la red de tuberías de gas, algo que no era nuevo para nosotros. Hernani sólo era una obra más.
Era ya noche cerrada. Habíamos oído que era un pueblo conflictivo. Quizás por eso no nos pareció demasiado extraño que, nada más salir, viésemos un par de contenedores de basura volcados en una calle. No le dimos importancia y nos dirigimos al centro, a buscar por dónde se movía allí la gente. Llegamos a la plaza del ayuntamiento y de allí partían dos calles muy parecidas: La Calle Mayor y otra paralela llamada Kardaberaz.
A simple vista nos decidimos por ésta segunda, se veía más movimiento y más carteles luminosos de bares.
Componíamos la expedición Wally, un albañil bilbaíno de poco más de 30 años, Jose Luis, un palista extremeño de algo menos de 30 y yo, vizcaíno con 28 en aquel momento.
Casi nada más entrar en aquella calle empedrada y peatonal una chica joven se nos acercó:-“Tenéis fuego?”- preguntó
Jose Luis se adelantó a contestar con cortesía, acercándole su mechero encendido.
Jose Luis llevaba varios años viviendo en Bilbao pero mantenía un cerrado acento extremeño, quizá por eso, cuando la chica aún no había terminado de encender su cigarrillo, escuchamos una voz varios metros detrás nuestro: “¡Tres cacos!”.
Era una mujer de edad cercana a la jubilación quien dio esa voz de alarma.
Pero no se refería a ladrones, no: hablaba de nosotros tres. Identificó a tres desconocidos jóvenes como si fuésemos miembros de algún cuerpo policial.
Nosotros seguíamos caminando con idea de entrar a tomar algo en un bar pero, tras esa voz, comenzó a salir de ellos gente que se colocaba frente a sus puertas y a lo largo de las aceras. Algunos comenzaron a corear dos palabras contra nosotros: txakurras (perros) y cipayos.
Esa sensación de estar en un lugar desconocido y en el momento equivocado no nos dejaba detenernos, ni siquiera girar el cuello. Movíamos los ojos rápidamente de derecha a izquierda para ver lo que nos esperaba y buscar la salida al otro extremo de la calle y los oídos estaban atentos a los gritos, los insultos y a cualquier ruido que nos viniera por detrás.
Afortunadamente, nadie bajó de la acera. No estábamos solos, éramos tres, pero sí estábamos ante el peligro. Quizá fuimos cobardes, quizá sensatos, pero era nuestro primer día allí y no parecía, con aquella confusión, el mejor momento para mezclarnos entre la gente de allí.
La calle terminaba en otra plaza y parecía que podía ser el final del “túnel del terror” que estábamos atravesando. Pero fue todo lo contrario. Allí nos esperaba la “atracción” más excitante.
Salimos de la calle como despedidos por el paso precipitado que llevábamos y nos dimos de bruces contra unos treinta individuos, muchos de ellos con la cara cubierta por pasamontañas o pañuelos, armados con barras de hierro o bates de béisbol, que se ensañaban con una cabina de teléfonos y algunos cajeros automáticos.
En unos momentos nos vimos rodeados por ellos pero no nos cerraron del todo el paso. Caminábamos ahora mucho más despacio pero entre los insultos y las amenazas, ahora más directas, de ellos.
En un momento, yo (bendita ingenuidad) le comenté a Wally sin girar la cabeza: “¿Y si nos damos la vuelta y les decimos que somos obreros del gas?”
Wally, mucho más curtido que yo en los ambientes callejeros, me contestó: “No dejes de andar, no digas ni una palabra y no te des la vuelta”
Wally me enseñó muchos trucos para las obras pero también me instruyó en muchas otras cosas de la vida. -Hace un par de años que no sé nada de él: esto hay que corregirlo.-
Así, desembocamos en una calle, no sabemos cuál, no conocíamos nada, y nos metimos en un bar apartado de allí donde tomamos algo rápido mientras tratábamos de normalizar el ritmo cardíaco y orientarnos para llegar a nuestro piso por un camino diferente al recorrido.
De vuelta a casa pudimos ver algunos carteles. El 27 de septiembre se celebraba el “gudari eguna”, el “día del luchador vasco”.
Creo que nunca llegaré a ser un gudari, no soy capaz de luchar de esa manera por mi pueblo. Yo sólo alcanzo a trabajar siempre aquí, donde he nacido, hacerlo del modo más eficaz posible, formar aquí una familia, educar a mi hijo en libertad, enseñarle a compartir y escuchar, a tolerar y opinar; ofrecer mi tierra a todo aquel que quiera venir, pagar aquí mis impuestos para el bien común, contribuir a que mi pueblo tenga las calles limpias, respetar el entorno natural, la propiedad privada, las normas de convivencia, llevar la verdad por delante y la mano abierta para quien la quiera estrechar. Se dar la mano en cualquier idioma... pero no me veo capaz de ser un gudari como ellos. Quizá yo no valgo para luchar por mejorar mi tierra.
Incluso yo dudaría de la veracidad de este relato pero, si os sirve mi palabra, todo esto sucedió exactamente así. Tampoco quiero que nadie piense que esto es habitual; se dieron varias coincidencias que derivaron en este episodio. Que nadie venda ahora que los vascos vivimos de esta manera.
Aquí acabó la aventura de aquella noche, hace hoy 11 años, pero la obra nos mantuvo allí dos meses. Esto fue lo más llamativo que nos pasó, pero no acabó todo esa noche. Pasaron cosas curiosas...que contaré.
Comentario:
Fue lo mejor que pudisteis hacer.... seguir andando, no decir nada y no mirar atras....
pero no te creas que solo pasa en el pais Vasco,en las fiestas de la Merce en Barcelona este Septiembre.. parecia una batalla campal... entre mossos y juerguistas o gamberros mas bien y encima solo por .... seguir con el botellon...
Yo no creo en la fuerza ni en la intimidación para defender nada de nada, pero hay mucha gente que no opina igual y no entiende la máxima de " mi libertat termina donde empieza la de otras personas..."
Un beso.
Nairoa
pero no te creas que solo pasa en el pais Vasco,en las fiestas de la Merce en Barcelona este Septiembre.. parecia una batalla campal... entre mossos y juerguistas o gamberros mas bien y encima solo por .... seguir con el botellon...
Yo no creo en la fuerza ni en la intimidación para defender nada de nada, pero hay mucha gente que no opina igual y no entiende la máxima de " mi libertat termina donde empieza la de otras personas..."
Un beso.
Nairoa
Comentario:
yo soy más partidaria de la forma de luchar que tú tienes. No todo el mundo se atreve a expresar sus opiniones. Saludos
Comentario:
bonito post
un saludo
un saludo
Comentario:
que fuerte... y luego se empeñan en hacernos creer que allí se está muy tranquilo.
Increible!
que viva extremadura y olé!
Increible!
que viva extremadura y olé!
Comentario:
Jose....me he perdido en las dudas de traducción, en lo tuyo o en lo mío??
Musu distraido...:/
Musu distraido...:/

Comentario:
pfff... vaya historia. Muy fuerte. un saludo
Comentario:
Tras leer tu relato sólo se puede decir, que afortunadamente no paso nada..
Hay muchos vascos que como tú, luchan por su país día a día, en paz..
Un beso :)
Hay muchos vascos que como tú, luchan por su país día a día, en paz..
Un beso :)
Comentario:
Uf! Menuda situación, menos mal que tu amigo supo como reaccionar.
Yo también creo que esa no es manera de luchar por un pueblo, me aproximo más a tu forma de pensar.
Un beso y espero más historias.
Por cierto, que guapo es tu hijo!
Yo también creo que esa no es manera de luchar por un pueblo, me aproximo más a tu forma de pensar.
Un beso y espero más historias.
Por cierto, que guapo es tu hijo!
Comentario:
Menudo susto...gracias a Dios no os paso nada..
Besitos.
Besitos.
Comentario:
Puffff, yo me hubiera muerto de miedo en esas circunstancias... No se, yo creo que también hace falta valor para estar allí...
Un abrazo.
Un abrazo.
Comentario:
A través de una ventana(Azul),he llegado hasta tu puerta...y me ha sorprendido.Aprovechola hospitalidad para decirte que hoy, como todos los día algún tertuliano, algún político, algún exaltado hablará del "problema vasco". Hoy pienso apagar la tele y colocarme en tu zanja, indudablemente la mejor trinchera.
Comentario:
Llego hasta tu blog tomando impulso desde la órbita de un blog color azul, y tras haber leido tu post, te aseguro que el viaje ha merecido la pena.
Me sorprende la fecha en la que datas tu vivencia, año 94, yo lo lo hubiera situado algunos años mas atras, puesto que me tocó vivir alguna situacion similar
Me da coraje que en tu tierra (que por cierto, tambien es la mia es la mia) tengamos que sufrir esas situaciones. Aunque me reconforta ver que hay mas gente en euskadi que sustituye etiquetas, patrias y banderas por valores universales. Laster arte. Y aupa Athletic!!
Me sorprende la fecha en la que datas tu vivencia, año 94, yo lo lo hubiera situado algunos años mas atras, puesto que me tocó vivir alguna situacion similar
Me da coraje que en tu tierra (que por cierto, tambien es la mia es la mia) tengamos que sufrir esas situaciones. Aunque me reconforta ver que hay mas gente en euskadi que sustituye etiquetas, patrias y banderas por valores universales. Laster arte. Y aupa Athletic!!
Comentario:
Joderrrrr, qué acojono........
Besurris.
Besurris.
Comentario:
Me gusta mas tu forma de luchar por tu tierra que la de los gudaris, es mucho mas positiva para todos los vascos, espero que algún día se den cuenta y rectifiquen demostrando que realmente quieren a su tierra.
Un abrazo y espero por esas cosas curiosas que te pasaron.
Un abrazo y espero por esas cosas curiosas que te pasaron.
Comentario:
Tú sí que vales para luchar por tu tierra, y lo haces (por ejemplo) escribiendo post como éste. Con Paz.
Tengo algunas buenas razones para querer mucho al Pais Vasco y a su gente (con excepción, claro, de esos "valientes" encapuchados).
Tengo algunas buenas razones para querer mucho al Pais Vasco y a su gente (con excepción, claro, de esos "valientes" encapuchados).
Comentario:
Lo más curioso de todo es que ellos nunca sabrán que "vosotros" les mejorásteis la infraestructura de agua que tenían, que trabajasteis para ellos.
Lamentable.
Un beso
Lamentable.
Un beso
Comentario:
Es increible la forma en que la vida nos enseña cosas, a través de conocidos, de circunstancias, de coincidencias o causalidades, y más aún poder compartirlas por un medio como este y que puedas al leer, transportarte a ese momento y sentir...no todos lo logran al contar algo Jose...:)
Musu fuerte...(aún no sé como se dice fuerte...aprenderé). Ah! y una mirada de las que escuchan bien atentas!
Musu fuerte...(aún no sé como se dice fuerte...aprenderé). Ah! y una mirada de las que escuchan bien atentas!







Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja.
Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica.
Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo.