Benidorm
Esto llega con algo de retraso pero el concurso de blogs (por cierto, ¿nadie más se va a animar?) y poner al día mis otros papeles me han tenido ocupado.
No quiero dar una mala impresión de lo que fue mi semana de vacaciones, lo pasé bien. Benidorm es uno de esos lugares en donde encuentras todo para disfrutar, pero primero hay que adaptarse al lugar. Es necesario comprender que estás en un gran parque temático en donde todo es de manipulado por el hombre. A veces dudo incluso si las olas de la playa estaban controladas por algún mecanismo.
La primera impresión que tuve de Benidorm no pudo ser más espantosa. Fue la que vi desde la autopista.
Tras unos kilómetros de áridos y angulosos picos de una cordillera que se asoma al mar, surgieron, como si de una película apocalíptica se tratara, unos afilados misiles de hormigón que parecían haber lanzado allí unas naves alienígenas en prácticas de tiro.
Recordé por un momento la escena final de “El planeta de los simios” en donde Charlton Heston comprobaba cómo el hombre había destruido toda una civilización. Aquí, la civilización ha destruido al hombre a base de construir.
Propongo que los últimos kilómetros de acceso a Benidorm se hagan mediante túneles. Hay que evitar esa panorámica al visitante.
Hay un cabo elevado que divide la ciudad en dos playas. Ese cabo y las calles que conducen hasta él conforman lo que debió ser en su día un tranquilo pueblo costero. Comencé a subir esas callejuelas con la ilusión de conocer lo que podría ser el alma de la ciudad. Al llegar a lo más alto hay una plaza y un pequeño parque donde unas pequeñas columnas soportan unas vigas que configuran una especie de cenador. Es un mirador elevado desde donde, puestos de espaldas al mar, tenemos una extraordinaria vista de las dos playas y de la ciudad. Sin embargo, algo rompía esa armonía.
No soy para nada religioso, más bien todo lo contrario, pero la imagen de aquella plaza me recordó un pasaje de los evangelios en donde Jesucristo perdió la templanza y arremetió contra los mercaderes que ocupaban la sinagoga. “Mi templo es para rezar y no una cueva de ladrones” (texto recordado de Jesucristo Superstar). Un paraje privilegiado para la contemplación estaba ocupado por pintores al spray, caricaturistas, peluqueros sólo para colocar extensiones, músicos folklóricos andinos y, el más sorprendente de todos, un quiromántico informatizado. Sí, “le leemos la mano por ordenador” rezaba el cartel. Una ciencia-timo (táchese lo que no proceda) milenaria mejorada con las nuevas tecnologías. No tardaremos en ver cómo, en vez de las cartas, nos echarán las tarjetas de crédito. O, en vez de echar mal de ojo, nos meterán un virus por la webcam... yo creo que éste ya lo tengo.
Un paseo nocturno junto a la playa tiene su encanto pero también tiene unos riesgos para los que no venía preparado, aunque sí advertido. Pero por muy advertido que fuera se me hizo difícil pasar por delante de las terrazas de los hoteles y de otros pubs musicales en los que un señor con bigote (puedo jurar que todos eran así) y teclado modelo BBC (bodas, bautizos y comuniones), con voz acomplejada pero sin complejos a la hora de cantar, entonaban canciones del tipo “se va el caiman, se va para Barranquilla”. En otros, una señoras, que parecían acabar de haber acostado a sus nietecitos y vestidas como damas de honor de alguna boda, trataban de poner ritmo a los últimos bailables de la música latina (¿alguien se ofrece a lavarle la camisa a ese que lleva diciendo todo el verano que la tiene negra?). Y, cuando me alejaba del último hotel con piscina y señor con bigote y organillo BBC, me di de frente con un cartel que anunciaba a Maria Jesús y su acordeón.... ¡Había que huir de allí! ¡En cualquier momento podía sonar su gran éxito: “Los pajaritos”!
A escasos metros de allí vimos aparcadas cuatro preciosas motos. Una Harley Davidson y otras tres similares. Arriba, un cartel donde se podía leer Daytona y, una vez activado el oído, que tuve que poner en stand by viendo (oyendo, mejor) el panorama anterior, me pareció distinguir las notas de un bajo eléctrico, con lo que, de un tirón, refugié a los míos en ese búnker.
Allí, cuatro “guardianes del sonido”, armados con tres guitarras y una batería, recordaban grandes canciones de Eric Clapton, Bob Dylan, Lynyrd Skynyrd,, Rolling Stones, Queen, Steppenwolf, REM, Bon Jovi e incluso de los Beatles.
Allí comenzaba a reinar la paz. Ambiente y decoración motera, un cubalibre en la barra (también he dado vacaciones a mi abstinencia), música de la que me gusta, mi familia junto a mí y , en especial, mi hijo sentado delante de mí, en un taburete entre mis rodillas, con quien conseguí acabar dando palmas a ritmo de rock y cantar en perfecto ingles(???) la frase “sweet home Alabama”.
Cuando éstos acabaron de tocar, vimos muy cerca otro antro similar pero la actuación también había terminado. Sin embargo la música era la misma, pero en disco y... no tuve fuerzas suficientes para librarme de caer allí también y escuchamos, sentados alrededor de una mesa, música de la que es difícil encontrar si uno no la tiene en casa.
Mi hijo, al final, acabó reconociendo que le gusta más esa música que la de cierta gente salida de algún programa (que prefiero no nombrar aquí por respeto a los artistas nombrados más arriba) o la de otros canta-guaperas de esa misma calaña.
Quizá no haya sido capaz aún de enseñarle a leer pero tengo que intentar enseñarle a escuchar música... ¡Y me importa un pimiento lo que diga el club de fans de Enrique Iglesias! ¡Viva Eric Clapton... y los demás!
Una mañana visitamos la que por donde vivo conocen como “la calle del coño”. Es una calle repleta de locales de nombre vasco, con las barras llenas de los pinchos más exquisitos y donde, antes o después, acabamos todos los que venimos de allí. Por eso, es frecuente encontrarse con algún conocido y la primera expresión que se oye es la de: “¡Coño! Fulanito, ¿cómo tú por aquí?”. A eso debe este sobrenombre la calle Sto. Domingo de la zona antigua de Benidorm.
Vimos bares como el Easo Berri, Santurtzi, Txapela, Sorginak, Ondartzara, y algunos más que no recuerdo. Pero el detalle que más me gustó fue en el bar Aurrera, donde en una pizarra que había en la parte alta de la barra se podía leer la siguiente pregunta: ¿Quién va el primero? Ese día, mi Atletic iba primero en la liga y para una vez que estamos ahí hay que hacerse oír. Debajo, en letras más pequeñas también ponía: ...Y el último? Lo siento, guipuzcoanos, hoy nos toca reir a nosotros.
Al cabo de unos días en Benidorm acabas comprendiendo que esto es como la isla de los juegos del cuento de Pinocho. Aquí hay todo lo que quieras buscar aunque todo tiene un precio... y qué precio!
No quiero desanimar a quien lo quiera visitar pero es necesario pasar primero por una aduana en donde dejemos nuestro concepto de la palabra “natural” y en su lugar coloquemos el término “ocio” a toda costa.
Una vez hecho este cambio, Benidorm puede resultar la ciudad ideal para unas vacaciones.
No quiero dar una mala impresión de lo que fue mi semana de vacaciones, lo pasé bien. Benidorm es uno de esos lugares en donde encuentras todo para disfrutar, pero primero hay que adaptarse al lugar. Es necesario comprender que estás en un gran parque temático en donde todo es de manipulado por el hombre. A veces dudo incluso si las olas de la playa estaban controladas por algún mecanismo.
La primera impresión que tuve de Benidorm no pudo ser más espantosa. Fue la que vi desde la autopista. Tras unos kilómetros de áridos y angulosos picos de una cordillera que se asoma al mar, surgieron, como si de una película apocalíptica se tratara, unos afilados misiles de hormigón que parecían haber lanzado allí unas naves alienígenas en prácticas de tiro.
Recordé por un momento la escena final de “El planeta de los simios” en donde Charlton Heston comprobaba cómo el hombre había destruido toda una civilización. Aquí, la civilización ha destruido al hombre a base de construir.
Propongo que los últimos kilómetros de acceso a Benidorm se hagan mediante túneles. Hay que evitar esa panorámica al visitante.
Hay un cabo elevado que divide la ciudad en dos playas. Ese cabo y las calles que conducen hasta él conforman lo que debió ser en su día un tranquilo pueblo costero. Comencé a subir esas callejuelas con la ilusión de conocer lo que podría ser el alma de la ciudad. Al llegar a lo más alto hay una plaza y un pequeño parque donde unas pequeñas columnas soportan unas vigas que configuran una especie de cenador. Es un mirador elevado desde donde, puestos de espaldas al mar, tenemos una extraordinaria vista de las dos playas y de la ciudad. Sin embargo, algo rompía esa armonía.
No soy para nada religioso, más bien todo lo contrario, pero la imagen de aquella plaza me recordó un pasaje de los evangelios en donde Jesucristo perdió la templanza y arremetió contra los mercaderes que ocupaban la sinagoga. “Mi templo es para rezar y no una cueva de ladrones” (texto recordado de Jesucristo Superstar). Un paraje privilegiado para la contemplación estaba ocupado por pintores al spray, caricaturistas, peluqueros sólo para colocar extensiones, músicos folklóricos andinos y, el más sorprendente de todos, un quiromántico informatizado. Sí, “le leemos la mano por ordenador” rezaba el cartel. Una ciencia-timo (táchese lo que no proceda) milenaria mejorada con las nuevas tecnologías. No tardaremos en ver cómo, en vez de las cartas, nos echarán las tarjetas de crédito. O, en vez de echar mal de ojo, nos meterán un virus por la webcam... yo creo que éste ya lo tengo.
Un paseo nocturno junto a la playa tiene su encanto pero también tiene unos riesgos para los que no venía preparado, aunque sí advertido. Pero por muy advertido que fuera se me hizo difícil pasar por delante de las terrazas de los hoteles y de otros pubs musicales en los que un señor con bigote (puedo jurar que todos eran así) y teclado modelo BBC (bodas, bautizos y comuniones), con voz acomplejada pero sin complejos a la hora de cantar, entonaban canciones del tipo “se va el caiman, se va para Barranquilla”. En otros, una señoras, que parecían acabar de haber acostado a sus nietecitos y vestidas como damas de honor de alguna boda, trataban de poner ritmo a los últimos bailables de la música latina (¿alguien se ofrece a lavarle la camisa a ese que lleva diciendo todo el verano que la tiene negra?). Y, cuando me alejaba del último hotel con piscina y señor con bigote y organillo BBC, me di de frente con un cartel que anunciaba a Maria Jesús y su acordeón.... ¡Había que huir de allí! ¡En cualquier momento podía sonar su gran éxito: “Los pajaritos”!
A escasos metros de allí vimos aparcadas cuatro preciosas motos. Una Harley Davidson y otras tres similares. Arriba, un cartel donde se podía leer Daytona y, una vez activado el oído, que tuve que poner en stand by viendo (oyendo, mejor) el panorama anterior, me pareció distinguir las notas de un bajo eléctrico, con lo que, de un tirón, refugié a los míos en ese búnker.
Allí, cuatro “guardianes del sonido”, armados con tres guitarras y una batería, recordaban grandes canciones de Eric Clapton, Bob Dylan, Lynyrd Skynyrd,, Rolling Stones, Queen, Steppenwolf, REM, Bon Jovi e incluso de los Beatles.
Allí comenzaba a reinar la paz. Ambiente y decoración motera, un cubalibre en la barra (también he dado vacaciones a mi abstinencia), música de la que me gusta, mi familia junto a mí y , en especial, mi hijo sentado delante de mí, en un taburete entre mis rodillas, con quien conseguí acabar dando palmas a ritmo de rock y cantar en perfecto ingles(???) la frase “sweet home Alabama”.
Cuando éstos acabaron de tocar, vimos muy cerca otro antro similar pero la actuación también había terminado. Sin embargo la música era la misma, pero en disco y... no tuve fuerzas suficientes para librarme de caer allí también y escuchamos, sentados alrededor de una mesa, música de la que es difícil encontrar si uno no la tiene en casa.
Mi hijo, al final, acabó reconociendo que le gusta más esa música que la de cierta gente salida de algún programa (que prefiero no nombrar aquí por respeto a los artistas nombrados más arriba) o la de otros canta-guaperas de esa misma calaña.
Quizá no haya sido capaz aún de enseñarle a leer pero tengo que intentar enseñarle a escuchar música... ¡Y me importa un pimiento lo que diga el club de fans de Enrique Iglesias! ¡Viva Eric Clapton... y los demás!
Una mañana visitamos la que por donde vivo conocen como “la calle del coño”. Es una calle repleta de locales de nombre vasco, con las barras llenas de los pinchos más exquisitos y donde, antes o después, acabamos todos los que venimos de allí. Por eso, es frecuente encontrarse con algún conocido y la primera expresión que se oye es la de: “¡Coño! Fulanito, ¿cómo tú por aquí?”. A eso debe este sobrenombre la calle Sto. Domingo de la zona antigua de Benidorm.
Vimos bares como el Easo Berri, Santurtzi, Txapela, Sorginak, Ondartzara, y algunos más que no recuerdo. Pero el detalle que más me gustó fue en el bar Aurrera, donde en una pizarra que había en la parte alta de la barra se podía leer la siguiente pregunta: ¿Quién va el primero? Ese día, mi Atletic iba primero en la liga y para una vez que estamos ahí hay que hacerse oír. Debajo, en letras más pequeñas también ponía: ...Y el último? Lo siento, guipuzcoanos, hoy nos toca reir a nosotros.
Al cabo de unos días en Benidorm acabas comprendiendo que esto es como la isla de los juegos del cuento de Pinocho. Aquí hay todo lo que quieras buscar aunque todo tiene un precio... y qué precio!No quiero desanimar a quien lo quiera visitar pero es necesario pasar primero por una aduana en donde dejemos nuestro concepto de la palabra “natural” y en su lugar coloquemos el término “ocio” a toda costa.
Una vez hecho este cambio, Benidorm puede resultar la ciudad ideal para unas vacaciones.
Comentario:
Despues de veranear muchos años en Benidorm he llegado a la conclusión de que me encanta la tranquilidad y que sera dificil que vuelva, me encantan tus descripciones ,un musu
Comentario:
A mi benidor nunca me atrajo, la verdad...pero no puedo opinar, nunca estuve...así que vasquito y de cerca de cruces, eh???
Musu handi bat...
Ikusten zaiutugu
Musu handi bat...
Ikusten zaiutugu
Comentario:
Me alegro que hayas disfrutado tus vacaciones (y tú hijo también, que conste).
Y con respecto a Benidorn... vivo en la Costa del Sol... así que no voy a comenar nada :P
Besos de una maia.
Y con respecto a Benidorn... vivo en la Costa del Sol... así que no voy a comenar nada :P
Besos de una maia.
Comentario:
qué envidia...
Comentario:
Pues uchas gracia spor este post...ya se que si alguien em proponer ir por ahi o digo no rapidamente o em invento toda clase de excusas.
Jajaja.. un beso grande!
Jajaja.. un beso grande!
Comentario:
pff... la verdad es que no tenía pesando visitar Benidorm, pero sin que te ofendas, después de tu post me parece que menos todavía. Es que me pongo a pensar en las playas de cabo de gata y demás parajes naturales y se me hace la boca agua. Seguro que quien mejor lo pasó fue tu hijo y eso sí que ya mereció la pena.
Una besoo!
Una besoo!
Comentario:
Buen fin de semana Jose.
Un musu txiki bat!
Un musu txiki bat!

Comentario:
No conozco Benidorm, pero no creo que vaya por ahora no es el tipo de vacaciones que necesito.
Un beso y me alegro de tu vuelta.
Un beso y me alegro de tu vuelta.
Comentario:
Hace muchos años me pasé un mes entero en Benidorm y bueno... no tengo palabras... a lo mejor cuando tenga 65 años y me lleven por 20 mil pesetas 15 días cambio de opinión. De momento prefiero ir girando por otras ciudades. Un beso y fuerza: entre todos enseñaremos a tu hijo rock and roll!
Comentario:
Hace muchos años me pasé un mes entero en Benidorm y bueno... no tengo palabras... a lo mejor cuando tenga 65 años y me lleven por 20 mil pesetas 15 días cambio de opinión. De momento prefiero ir girando por otras ciudades. Un beso y fuerza: entre todos enseñaremos a tu hijo rock and roll!
Comentario:
la verdad es que las playas son algo asfisiantes ya.
besos
besos
Comentario:
Me ha encantado el relato de tus vacaciones,no conozco Benidorm peor si algún dia voy...ya estoy prevenida.
Besitos.
Besitos.
Comentario:
Pues yo no conozco Benidorm, pero no sé si animarme, porque me gusta lo natural, tranquilo, pacifico y alejado del mundo...(que se le va a hacer una que es medio ermitaña). Pero como siempre haces unas descripciones maravillosas...del entorno que visitas...Un musu bat!

Comentario:
Sólo he pasado una vez por delante de Benidorm, por la carretera, y coincido con tu visión inicial. A mí me asustó, la verdad. Y pasé de largo, supongo que para nunca volver.
Pero me alegra saber que hay algunos oasis de paz dentro de la ciudad. Es bueno saberlo antes de hablar de lo que no se sabe (como hago yo, ejem).
Ehhhhh, mi padre también es del Athletic! ;)
Pero me alegra saber que hay algunos oasis de paz dentro de la ciudad. Es bueno saberlo antes de hablar de lo que no se sabe (como hago yo, ejem).
Ehhhhh, mi padre también es del Athletic! ;)
Comentario:
Hola tocayo:
Ya respondí tu sugerencia, a ver que te parece.
Has dado la mejor definición de Benidorm, la de parque temático.
Un abrazo
José
Ya respondí tu sugerencia, a ver que te parece.
Has dado la mejor definición de Benidorm, la de parque temático.
Un abrazo
José
Comentario:
Me temo que soy la única española que no conoce Benidorm y además seguiré sin conocerlo, no me gustan los sitios tan masificados.
Me alegro que al final hayas disfrutado de tus vacaciones.
Un abrazo
Me alegro que al final hayas disfrutado de tus vacaciones.
Un abrazo
Comentario:
mira, mira, mira... Yo no creo que vuelva a pisar Benidorm en mi vida, probablemente ni siquiera aunque me extiendan un cheque y menos si corro el peligro de encontrarme con... bueno da igual. Benidorm NUNCA MAIS!!! al menos para mi, solo de pensar en el se me ponen los pelos de escarpiaaaaaaaaaassss. ay ay ay. que malita estuve. en fin serafin., me alegro de que tu lo hayas disfrutado mas. ciao
Comentario:
Me alegro mucho de que tus vacaciones fueran requetebien. Me gustan tus gustos musicales e imagino que tuvo que ser precioso compartirlo con tu hijo. Yo he tenido que veranear bajo un flexo en la piscina de mi residencia, eso me pasar por bueno. Espero que no se te hiciese muy pesada la vuelta al trabajo y que sigas escribiendo tan bien como hasta ahora.
Un abrazo desde el fondo del oceano
Un abrazo desde el fondo del oceano






Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja.
Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica.
Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo.