El ruído de un túnel
Aún recuerdo el día en que, por primera vez, entré a trabajar a los túneles que después serían los del Metro de Bilbao. Era una mañana soleada. Para llegar abajo había que recorrer un túnel de entrada en forma de espiral. Bajaba girando sin parar mientras iba desapareciendo la luz. Al llegar abajo ya había perdido completamente la orientación y sólo algunas indicaciones, escritas con spray en la pared, hacían saber hacia dónde ir. Entré por la plaza Moyúa y me habían indicado que debía dirigirme dirección San Mamés.
Me encontraba en un punto más iluminado por ser una confluencia de túneles, pero al dirigirme hacia mi tajo la luz sólo provenía de unas tristes bombillas que había en lo alto del túnel, una cada 40 metros aproximadamente. Yo iba sólo, conduciendo una excavadora, y sólo veía la bombilla de delante y la de atrás. Todo lo demás era oscuridad y agua por todos los lados; paredes húmedas y una película de lodo por todo el suelo. No puedo negar que estaba tenso, pero me olvidaba de eso mientras admiraba aquellas enormes excavaciones bajo las calles de Bilbao.
Pero en un momento mi corazón se puso a mil. Detuve la máquina. Había escuchado un enorme estruendo. Pasé miedo. No sabía lo que estaba ocurriendo. Me quedé en el mismo lugar unos minutos esperando saber las consecuencias de aquella explosión. Por un momento pensé que todo aquello se podía venir abajo. Pero pasaba el tiempo y se quedó todo en silencio. Aún con pánico en el cuerpo decidí continuar mi camino.
Más adelante llegué a un lugar en el que había movimiento de camiones y descubrí el motivo de aquella “explosión”. Volví a ver otra con mis propios ojos. Era mucho más sencillo de lo que yo había pensado.
En aquellos días había una huelga de transportes así que los camiones movían su carga sin salir al exterior. Estaban descargando allí, delante de mí. Los camiones abren su portón de atrás con el peso de la carga cuando levantan el volquete y, cuando ésta termina de caer, ese portón vuelve con violencia hasta golpear la caja del camión produciendo un gran estruendo metálico. Eso lo había visto miles de veces en el exterior pero la sensación que me produjo allí dentro fue de un pánico atroz. El ruido se multiplicaba por 100 allí dentro. Era sobrecogedor, retumbaba todo el túnel.
Ahora pienso lo que debió pasar toda aquella gente en Londres. Yo viví desde lejos el golpeo de dos chapas metálicas. No puedo ni imaginar la sensación que tiene que ser estar donde explosiona una bomba. Sólo estar allí debe de ser algo que tiene que dejar unas secuelas para siempre. Pero es que además, aquellos afortunados que sólo recibieron el impacto sonoro de aquello, tras recobrar el sentido, pudieron abrir los ojos y mirar a su alrededor.
Después de una sensación de pánico le sigue otra peor. No sé qué nombre ponerle, quizás terror. Se me ocurre esta palabra pensando en quienes provocan estos atentados pero no creo que sea esa la más correcta. Puede que se le aproxime más la palabra desolación.
Entre la destrucción de un ingenio mecánico que sólo se puede valorar en dinero, aparecen arrancadas de sus dueños una gran cantidad de sueños, proyectos, ilusiones, compromisos; desgajados de sus familias, de su pueblo, de su trabajo, de su familia. Aparece la muerte en el más crudo significado de la palabra. No me cabe en la cabeza lo que llevará a unas seres humanos a provocar estas matanzas pero de lo que sí estoy seguro es de que no es ninguna reclamación política, religiosa o territorial. Son gente con una personalidad muy débil a la que se une una deficitaria educación. Estos deshechos humanos son reclutados por algún loco, pero no idiota, con poder y los convierte en virus de laboratorio y a los demás nos convierte en cobayas.
A lo que me niego en rotundo es a escuchar valoraciones políticas de todo ésto a gente que no estaba en ese túnel o en ese autobús. Preguntadle a ellos, a ver si están preocupados por el G-8 o por la guerra de Irak. Id al hospital para que un lisiado por este u otros atentados os den una explicación diplomática coherente sobre porqué está él allí.
Los únicos responsables de colocar bombas son los que las ponen y quienes las mandan poner. La clase política hará las cosas muy mal, siempre pueden hacerlo mejor, pero no ponen bombas. Debemos exigirles mayor control sobre esta gentuza, mejor aplicación de las penas, eficacia al trabajo policial, pero nunca les podemos cargar con la responsabilidad de estas masacres.
Desde Inglaterra nos han dado una lección. Había un terrorista enemigo y un pueblo unido como víctima... y nada más. Los cadáveres son sólo para sus familias y el país sigue, dolido y angustiado, con su rutina. Allí el terrorismo ha perdido la batalla, eso sí, se ha cobrado un precio altísimo. Ha matado a mucha gente pero no ha roto un país.
Porqué nos cuesta tanto ver a TODOS los lideres políticos de cada país, de cada región, de cada bando, unidos a TODOS los líderes religiosos de cada doctrina, haciendo una declaración conjunta y A UNA SOLA VOZ gritar que esa gente no está amparada por ninguno de nosotros?
Me encontraba en un punto más iluminado por ser una confluencia de túneles, pero al dirigirme hacia mi tajo la luz sólo provenía de unas tristes bombillas que había en lo alto del túnel, una cada 40 metros aproximadamente. Yo iba sólo, conduciendo una excavadora, y sólo veía la bombilla de delante y la de atrás. Todo lo demás era oscuridad y agua por todos los lados; paredes húmedas y una película de lodo por todo el suelo. No puedo negar que estaba tenso, pero me olvidaba de eso mientras admiraba aquellas enormes excavaciones bajo las calles de Bilbao.
Pero en un momento mi corazón se puso a mil. Detuve la máquina. Había escuchado un enorme estruendo. Pasé miedo. No sabía lo que estaba ocurriendo. Me quedé en el mismo lugar unos minutos esperando saber las consecuencias de aquella explosión. Por un momento pensé que todo aquello se podía venir abajo. Pero pasaba el tiempo y se quedó todo en silencio. Aún con pánico en el cuerpo decidí continuar mi camino.
Más adelante llegué a un lugar en el que había movimiento de camiones y descubrí el motivo de aquella “explosión”. Volví a ver otra con mis propios ojos. Era mucho más sencillo de lo que yo había pensado.
En aquellos días había una huelga de transportes así que los camiones movían su carga sin salir al exterior. Estaban descargando allí, delante de mí. Los camiones abren su portón de atrás con el peso de la carga cuando levantan el volquete y, cuando ésta termina de caer, ese portón vuelve con violencia hasta golpear la caja del camión produciendo un gran estruendo metálico. Eso lo había visto miles de veces en el exterior pero la sensación que me produjo allí dentro fue de un pánico atroz. El ruido se multiplicaba por 100 allí dentro. Era sobrecogedor, retumbaba todo el túnel.
Ahora pienso lo que debió pasar toda aquella gente en Londres. Yo viví desde lejos el golpeo de dos chapas metálicas. No puedo ni imaginar la sensación que tiene que ser estar donde explosiona una bomba. Sólo estar allí debe de ser algo que tiene que dejar unas secuelas para siempre. Pero es que además, aquellos afortunados que sólo recibieron el impacto sonoro de aquello, tras recobrar el sentido, pudieron abrir los ojos y mirar a su alrededor.
Después de una sensación de pánico le sigue otra peor. No sé qué nombre ponerle, quizás terror. Se me ocurre esta palabra pensando en quienes provocan estos atentados pero no creo que sea esa la más correcta. Puede que se le aproxime más la palabra desolación.
Entre la destrucción de un ingenio mecánico que sólo se puede valorar en dinero, aparecen arrancadas de sus dueños una gran cantidad de sueños, proyectos, ilusiones, compromisos; desgajados de sus familias, de su pueblo, de su trabajo, de su familia. Aparece la muerte en el más crudo significado de la palabra. No me cabe en la cabeza lo que llevará a unas seres humanos a provocar estas matanzas pero de lo que sí estoy seguro es de que no es ninguna reclamación política, religiosa o territorial. Son gente con una personalidad muy débil a la que se une una deficitaria educación. Estos deshechos humanos son reclutados por algún loco, pero no idiota, con poder y los convierte en virus de laboratorio y a los demás nos convierte en cobayas.
A lo que me niego en rotundo es a escuchar valoraciones políticas de todo ésto a gente que no estaba en ese túnel o en ese autobús. Preguntadle a ellos, a ver si están preocupados por el G-8 o por la guerra de Irak. Id al hospital para que un lisiado por este u otros atentados os den una explicación diplomática coherente sobre porqué está él allí.
Los únicos responsables de colocar bombas son los que las ponen y quienes las mandan poner. La clase política hará las cosas muy mal, siempre pueden hacerlo mejor, pero no ponen bombas. Debemos exigirles mayor control sobre esta gentuza, mejor aplicación de las penas, eficacia al trabajo policial, pero nunca les podemos cargar con la responsabilidad de estas masacres.
Desde Inglaterra nos han dado una lección. Había un terrorista enemigo y un pueblo unido como víctima... y nada más. Los cadáveres son sólo para sus familias y el país sigue, dolido y angustiado, con su rutina. Allí el terrorismo ha perdido la batalla, eso sí, se ha cobrado un precio altísimo. Ha matado a mucha gente pero no ha roto un país.
Porqué nos cuesta tanto ver a TODOS los lideres políticos de cada país, de cada región, de cada bando, unidos a TODOS los líderes religiosos de cada doctrina, haciendo una declaración conjunta y A UNA SOLA VOZ gritar que esa gente no está amparada por ninguno de nosotros?
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No lo sé ,realmente no sé...por que nos matamos unos a otros..y no sé si algun dia la humanidad sera capaz de entenderse...
Besitos.
Besitos.
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Yo, que tengo claustrofobia, he entendido perfectamente tu sensación de pánico. Te aseguro que en tu lugar yo no hubiera permanecido ahí averiguando que sería ese ruido, yo habría huído como una ratita ;) Eres muy valiente.
Me encanta, casi siempre, todo lo que escribes, revivo leyéndote sensaciones que a veces están olvidadas. Es mucho lo que pones en cada escrito y debemos agradecértelo por compartirlo con todos nosotros.
Seguiré leyéndote, te aviso. Un besote enoooorme.
Me encanta, casi siempre, todo lo que escribes, revivo leyéndote sensaciones que a veces están olvidadas. Es mucho lo que pones en cada escrito y debemos agradecértelo por compartirlo con todos nosotros.
Seguiré leyéndote, te aviso. Un besote enoooorme.
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Creo que yo ya estoy de vuelta de muchas cosas, como de tener esperanza de que en España pueda haber esa unión de todos a una. Sería fantástico, pero no serviría de nada, pues los hombres (a nivel mundial, me refiero ahora) estamos muy divididos religiosa y políticamente, y aunque nosotros veamos algunas cosas muy claras, a otro se las han hecho ver igual de claras, y no van a parar, lo se, y me gustaría no tener razón en esto, de verdad.
Un abrazo.
Un abrazo.
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Guau, que post, me has dejado helada. Es la primera vez que te leo, me ha gustado mucho, voy a seguir explorando tu blog mas detenidamente... hasta pronto!
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Hoy he bajado contigo a ese túnel, todos hemos bajado a laguno que otro, todos hemos sentido esa sensación de pánico cuando algo desconocido nos amenaza. Muy bueno el post, muy bueno.
Un abrazo desde el sur
Un abrazo desde el sur
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Jamás aceptaré el ojo por ojo como venganza ante un año. Tampoco responderé igual al daño que me ofrecen (y mucho menos ante inocentes).
Besos de una maia.
Besos de una maia.
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Fantástico tu post de hoy, estoy en todo de acuerdo contigo.
Describiste tan bien tu bajada al tunel que sentí como si fuera yo la que hubiera estado allí y la verdad, pasé miedo.
Un abrazo
Describiste tan bien tu bajada al tunel que sentí como si fuera yo la que hubiera estado allí y la verdad, pasé miedo.
Un abrazo
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Ojalá entendieramos de una vez que derramar sangre de otros, no es la solución a nuestras diferencias, sea cual sea su origen.
Un biko fuerte...y que tengas un buen inicio de semana. :)
Un biko fuerte...y que tengas un buen inicio de semana. :)

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Nada de politica ni religión ni cosas por el estilo. Desde los mas antiguos tiempos TODAS las guerras, TODAS las masacres y todos los genocidios del mundo han sido por lo mismo.
El dinero.
El dinero.






Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja.
Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica.
Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo.