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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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La última luz (IV de IV)
Cogió su maleta y entró cerrando la puerta tras de sí. Dejó la chaqueta en una silla, las cartas encima de una pequeña mesa de cristal y la maleta en el suelo. Sentía una gran curiosidad por conocer el contenido de aquella nota, que estaba vuelta hacia abajo. La cogió y la acercó a sus ojos. La nota era muy corta, decía: “Papá, necesito verte. Quiero que me ayudes. Volveré otro día.”
Lo leyó varias veces. No podía creerlo. Aún tenía la posibilidad de recuperar a Roberto. Comenzó a sentirse intranquilo, responsabilizado por la tarea que se le venía encima. Debía, por segunda vez, educar a su hijo. Pero ahora iba a ser mucho más difícil; más difícil para él y, sobre todo, para Roberto, que debería luchar contra un enemigo muy poderoso y dañino. Le entusiasmaba el reto. No tenía nada que perder y, a cambio, podía recuperar a su hijo, lo podía recuperar para la vida.
Con prisa, se puso a deshacer la maleta. Guardó toda la ropa limpia en el armario, con la sucia preparó una lavadora. Sentía hambre y buscó una lata de conservas que abrió y esparció en un plato. Se ayudó de un palillo para, sin sentarse, ir picando algo de vez en cuando mientras deambulaba por la casa. Los nervios no lo dejaban parar. Miraba todas las cosas; impulsivamente cogía algunas, las miraba unos segundos y las volvía a dejar donde estaban.
De esta forma reparó en las cartas que había dejado sobre la mesilla de cristal. Las cogió y miró con más detenimiento que antes su procedencia. Todas tenían el mismo formato: del banco, del banco, del banco... y una del juzgado. Esta última atrajo el interés de Martín. Tenía fecha de hace dos días. Se ayudó para abrirla del palillo que tenía entre los dientes y comenzó a leer:
“Estimado señor D. Martín.. Nos vemos en la obligación de comunicarle que en el día de ayer, con fecha... su hijo, D. Roberto... ingresó cadáver en el Hospital de ... como consecuencia de un accidente de tráfico ocurrido en la carretera...
El vehículo era conducido por D. ... que también ingresó cadáver.
El informe del forense reveló que ambos se encontraban bajo los efectos de estimulantes...”
Martín sintió como si de pronto alguien le oprimiera la garganta. No podía tragar saliva, incluso le costaba respirar. No quiso leer más. Dejó caer el papel en la mesilla y, suavemente, se acercó las dos manos a la cara, cubriéndosela. Respiró profundamente varias veces, aunque con dificultad. Pasó las manos por su cabeza, como echándose el pelo hacia atrás y entrelazó los dedos en la nuca.
Después se dirigió a la ventana, retiró la cortina y abrió las dos hojas. Apoyó las manos una a cada lado del marco, a la altura de los hombros y miró hacia el frente. Luego miró hacia abajo y vio a la gente, que deambulaba igual que siempre, igual que lo vieron hace años él, su mujer y sus dos hijos. Para la ciudad todo continuaba igual; para Martín todo había acabado.
Unos minutos después levantó la mirada hacia el cielo y vació sus pulmones en un grito en el que sólo dijo: “¡Dios!”. La mirada le cayó, sin vista hasta sus pies, y repitió la misma palabra en un tembloroso suspiro. Por última vez cayeron, tímidas, unas lágrimas de sus ojos.
Más tarde, se acomodó en un butacón, delante de la televisión y estuvo allí sentado, con la mirada perdida en la pantalla, mientras duró la película, una película que nunca vio. Cuando ésta acabó, se levantó, apagó el televisor y, sin cenar, se fue a la cama. Al día siguiente tenia tantas cosas por hacer..

En memoria de mi prima Itziar, que aún estaba con nosotros cuando escribí este relato.
 
Comentario:
Me gusta tu estilo, es depurado, ágil, correcto. El texto se hace fácil de leer y está muy bien estructurado. Por otra parte, sabes como trasmitir sentimientos. Sobre esa base, lo tienes todo para seguir escribiendo relatos, todo es ponerse... Mi consejo, por si te sirve, es que no le pongas límites a la creatividad, hay que lanzarse.
Gracias por el consejo que me has dejado en mi blog, lo tendré muy en cuenta. En cuanto al tema de la publicidad, jeje, para eso estamos aquí, para dar a conocer nuestro trabajo...

Un saludo
 
Comentario:
Bueno, ya me puse al día leyendo toda la historia, me gustó mucho aunque es un poco triste, volveré para ver que escribes ahora.
Un saludo
 
Comentario:
Preciosa la historia... aunque espero que la próxima sea un poco más alegre, para contrarrestar :/

Un abrazo desde las lejanas tierras inglesas,
 
Comentario:
Joder, qué tragedia, cuando la vida le pone en bandeja recuperar a su hijo, pierde la ocasión por estar de viaje. Se puede vivir con el remordimiento de no haber estado cuando alguien tan cercano te necesitaba???, no sé.......
Saludorris.
 
Comentario:
Hay cosas inevitables...un amigo me ha dicho apenas hace dos días, que aún a pesar de todo el dolor siempre se tiene que continuar, porque así es la vida. Una lección de vida, un cuento que engancha, por real.

Biko y buena semana :)biko azul
 
Comentario:
Y a pesar de todo, la vida sigue...

Gracias por la lección.

Besos de una maia.
 
Comentario:
Gracias por tu visita y refiriéndome a tu comentario, nunca te niegues a estudiar nada pues ¿quien te dice que ahora no te pique el gusanillo y cuando quieras regalar flores inconscientemente tu pensamiento vuele hasta su lenguaje?, jajaja, es broma, sencillamente en mi blog se trata de muchos temas diferentes y ese me pareció que sería interesante.
Veo al leer este post que llegué tarde pues es la última parte de un largo relato, tendré que leerme los anteriores para enterarme bien.
Un saludo, volveré.
No